Leo el libro de Héloïse Guerrier y David Sánchez, Cagando leches (Astiberri, 2015), colorista en sus ilustraciones y ameno en sus textos, que son una relación de dichos utilizados con frecuencia en nuestras conversaciones. "Marear la perdiz" por un azor que da vueltas sobre ella hasta aturdirla, lo que lleva a "perdiz azorada, medio asada". O la recomendación de ingerir un trago de aguardiente para "matar el gusanillo" que nos produce hambre en el estómago. Y, claro, si nos ha tocado la lotería, revitalizar aquella costumbre que se introdujo en 1763, con la instauración de la lotería por Carlos III, de "tirar la casa por la ventana".
Pero, a lo que íbamos. Me detengo especialmente en el "Diálogo de besugos" -Dialogue of breams, Dialolgue de daurades, pues está en tres idiomas-, que es "Conversación carente de lógica y que resulta absurda. (Vamos, que no nos entendemos y continuamos erre que erre). La voz besugo comprende dos acepciones: pez o, por extensión, persona necia. Así, es recurrente en el coloquio el uso metafórico de pez -vertebrado acuático de poso seso- para personificar la majadería. Es el caso de ser un merluzo o estar pez".
Dichoso Año.


































