martes, 15 de octubre de 2019
Grecia (in)finita
La Hélade tiene disperso su pasado en acrópolis, en estadios, en santuarios, en islas, en tumbas, en olivos, en mitos, en caballos, en costas… Por allí campan diosas, príncipes, hetairas, atletas, pitonisas, guerreros, filósofos, esclavos, ciudadanos, jinetes, navegantes… Los podemos ver andando, oficiando, tramando, peleando, escribiendo, compitiendo, asesinando, dirimiendo, juzgando, deduciendo… Solo hay que dejar la vista libre y, de inmediato, se posa en sus columnas acanaladas, en sus moles ciclópeas, en sus campos de olivos, en sus escenarios trágico-cómicos, en sus ofrendas votivas…
Y la Hélade tiene su mar, sus mares jónico y egeo, con sus batallas, con su comercio, con sus raptos, con sus islas, con su odisea… Inmenso.
Grecia tiene turismo, demasiado turismo (o no), que busca la cuna de la civilización y se encuentra una sociedad sin glorias, sin laureles. ¿Será aquel un peso difícil de soportar? ¿Puede integrarse un pasado pleno?
Y es que Grecia tiene siglos de historia de subyugación bajo la religión bizantina y la dominación otomana. Apenas doscientos años de independencia, después de duras luchas con Turquía, de intercambio de población exiliada. Más las guerras civiles, las guerras mundiales, las dictaduras, las desapariciones. Como si los altares no dejaran de pedir su hecatombe.
Grecia tiene una crisis (como casi todo el mundo) y una multitud de gente refugiada. Perséfone asoma en el brocal.
lunes, 30 de septiembre de 2019
Versos en una biblioteca de verano
Cálmate,
dolor mío. Y serena tu angustia.
Anhelabas
la noche. Ya desciende. Aquí está.
La Ceguera y la Literatura se llevan estupendamente. Símbolos, metáforas o parábolas pueden construirse con el oxímoron del ver sin ver. Tiresias, incluso cuando atravesamos la tierra baldía de Eliot. Y en este territorio es donde se inicia la historia que nos cuenta Mary Ann Clark Bremer (1928-1996) en Una biblioteca de verano (2012, para la traducción).
La
autora, nacida en una familia judía cosmopolita, viajera, quedó
ciega en un ataque que el ejército alemán lanzó contra el barco en
el que viajaba (con sus padres, los cuales murieron). Años después,
comenzó a escribir sus memorias en «forma de breves novelas de un
alto lirismo y de una sobriedad excepcional», y esta que comentamos
es la que narra la recuperación de su vista (y de su espíritu), al
hacerse cargo de una pequeña biblioteca en un pueblo incógnito de
Francia, la cual habilita en un cobertizo que estaba destartalado,
dentro de una finca noble.
De
ahí que la mayor parte de la literatura que nos propone sea del país
galo. Pero son tan escogidos los momentos en que lo hace, que no
podemos decirle que peque de chauvinismo. Además de que está
Gustave Kahn, Katherine Mansfield o William Hazlitt (de cuya
inteligencia y finura se enamoró al momento).
Es
Baudelaire el que prima, según vemos en los dos versos que encabezan
esta anotación. «Se encontraba mi cuna junto a la biblioteca, /
Babel sombría, donde novela, ciencia, fábula, / Todo, ya polvo
griego, ya ceniza latina, / Se confundía». «Detrás de los hastíos
y los hondos pesares / Que abruman con su peso la neblinosa vida, /
Feliz aquel que puede con brioso aleteo / Lanzarse hacia los campos
luminosos y calmos».
Salud
jueves, 19 de septiembre de 2019
La mujer helada (Annie Ernaux)
Leo unas biografías que no me acaban de enganchar: Un capítulo de mi vida, de Bárbara Honigmann, y Memorias de una joven católica, de Mary Mcarthy, si bien reconozco que la segunda es un relato atractivo. Por continuar con lo autobiográfico, pues sus novelas están recorridas por sus vivencias, me decido por Annie Ernaux (1940), en su primera novela, La mujer helada. Esta escritora, nacida en la pequeña localidad de Yvetot, en la que se crio, es hija de comerciantes, sin duda una pareja peculiar para un pueblo, aunque sea de la Francia europea.
No sé si se ha traducido con algo de retraso, pues la obra fue publicada en el país vecino en 1981 y aquí ha visto la luz por vez primera en 2015. Retrata la infancia, juventud y madurez primera de una mujer ─la autora─ que se ve atrapada por las tareas del matrimonio convencional (es decir, con un hombre que defiende, en la apariencia del desarrollo, su patriarcado), sucedido en los años sesenta. De ahí que mencionemos el posible retraso en su traducción.
No obstante, el texto merece la pena. Desde el primer párrafo envuelve. Al mezclar tiempos ─pasado, presente y futuro─ en las mismas frases, compone párrafos similares a la persona que está describiendo. ¿Qué otra cosa somos que lo acontecido en nuestra existencia? ¿Qué otra cosa somos que lo reflexionado?
La obra se detiene en narrar la alteración de lo cotidiano, el empobrecimiento de las sensaciones, la disolución de la identidad. “Esclavitud a la que las mujeres son empujadas como a un desafío”. Y... los hombres.
martes, 10 de septiembre de 2019
Seda en el Ampa (2019-2020)
Saludos
En los inicios del año, comenzamos una actividad (mejor diríamos una experiencia) en el Ampa, de la que nos intrigaba su resultado: un club de lectura. Nuestra sencilla sala acogía un viernes de cada mes, a las 16:30 h, a quienes nos apuntamos a ello. Lo hemos llamado Seda (por el primer libro leído) y su resultado no ha podido ser más satisfactorio. El último encuentro lo tuvimos en el pueblo de Quintanalara, que tiene una biblioteca sorprendente, abierta las veinticuatro horas del día.
Aquí señalamos las fechas y lecturas que hemos realizado:
25/I/2019 Sesión
inaugural
15/II/2019 Seda,
de Alexandro Baricco
15/III/2019 Una
lectora nada común,
de Alan Bennett
29/III/2019 Arte,
de Yasmina Rezza
26/IV/2019 Cuentos
de los días raros,
de José María Merino
07/VI/2019 Tuya,
de Claudia Piñeiro (en Quintanalara)En este curso que ya camina, deseamos continuar con el club. Al quedar algunas plazas libres, puedes animarte y asistir a la sesión inaugural, que será el día 20 de septiembre, viernes, a las 16:30 h en nuestra sede. Ya sabéis, nos proporcionan el libro y, al mes, nos reunimos y manifestamos nuestros pareceres. Una hora de charla y contrastes, más lo que se prolongue, entre infusiones, café, risas, pastas (a veces, de chocolate), etc.
Hay
alguna floración
que
nadie ve
un
roble interno en los bosques
(Sonome, poetisa japonesa
de principios del siglo XVIII)lunes, 2 de septiembre de 2019
Tesoros en el país de las rana (Pina Rita Fo)
«Una joya secreta de la literatura rural italiana», reza la propaganda editorial, y podemos decir que, por esta vez, no nos engaña. Por lo demás, termina diciendo que es «un bello y luminoso relato de gran sencillez y, al mismo tiempo, hondura». Se trata de El país de las ranas, de Pina Rita Fo (1907-1990). Novela autobiográfica ─si bien, coral─, redactada en la década de los cincuenta del pasado siglo, en la que asistimos al devenir de una familia rural, de ocho miembros, que describe las duras condiciones de vida que acompaña a cada uno de sus componentes, en especial a las mujeres.
La autora, que no será escritora, en el sentido fatuo del término, pues esta es la única obra que tiene publicada, sí fue lectora desde la niñez y observadora atenta del entorno, presenta la particularidad de ser madre de un Premio Nobel ─el de 1997─, Darío Fo. Sin duda, trasvase generacional. El paisaje de fondo es una granja (compleja) entre los arrozales de Lomellina, entre Piamonte y Lombardía, con el Po como canal que transporta las vidas del campo a la ciudad, de agro a la fábrica, de padres y madres a hijas e hijos. El paisaje cercano queda representado en el progenitor, de carácter fuerte y socarrón; en la madre, que ejerce el trabajo de amar; en las hijas, que salen del hogar; en los hijos, que se van enfrentando a la autoridad. Dos guerras mundiales, fascismo, socialismo…
P. D.: pensaba haber dedicado esta entrada a El chal, de Cynthia Ozick, tremenda (y literaria) descripción de la tragedia vital de una Rosa, pero… se han cruzado otras nieblas menos espesas.
Salud.
miércoles, 7 de agosto de 2019
Aniversario. In memoriam. Carmen Jodra
En un día de agosto de 1980 nacía Carmen Jodra Davó, la que sería la ganadora más joven de Premio de Poesía Hiperión en 1999 con Moras agraces, libro ya descatalogado, al que siguió en 2004 Rincones sucios. Un cáncer ha podido con ella en julio de este año. En "Conócete defínete a ti mismo" decía que "intentaré publicar artefactos (arte+hacer) en que los sentimientos que no son nada nuevo puedan aparecer como objetos de belleza". Y publicaba haikus: ¿Por qué sonríes? / Porque hay sol en las hojas / ¿Por qué sonríes?
Aquí le dejamos un homenaje -"Oremos"- con sus versos
Líbranos de la pena porque ella
destroza el corazón larvadamente
y trae sombra a los ojos de los niños.
Líbranos de la dicha porque a ella
le siguen siempre penas que la hacen
aún más amarga que las penas mismas.
Líbranos del dolor que nos reduce
a tristes bestias de ojos humillados
que solo buscan un rincón caliente.
Líbranos del placer que nos obliga
a creer que este mundo es dulce y bueno
justo hasta que salimos del encanto.
Líbranos del mal hado y la pobreza
que no azotan con mano invisible
hasta que maldecimos nuestros nombres.
[...]
Salud.
jueves, 25 de julio de 2019
Lecturas ligeras
Buscaba en la Biblioteca del barrio una lectura acorde con este tiempo caluroso, en el que el entendimiento está relajado, algo que puede que incorporemos al organismo ─se me ocurre─ al igual que nos sucede con el ritmo circadiano. En estas que vi en la mesa de novedades un libro con una ilustración de Remedios Varo, Papilla estelar (1958), pintora que me resulta sugerente. Sin pensármelo mucho más, lo cogí. Se trata de Las mil caras de la luna (2019), de Eva Villaver, doctora en Astrofísica, que trabaja en el estudio de cómo se apagan lentamente las estrellas más comunes y cómo su muerte afecta a sistemas planetarios como el nuestro.
Pero no son las páginas de este (entretenido) trabajo divulgativo las que acaparan la atención de mis horas a la sombra, sino una ficción ilustrada: El legado de Catherine Elliot (2018), con texto de Gemma Camblor e ilustraciones de Esther Gili. Abunda en la rehabilitación de la memoria de esas mujeres que escribieron bajo seudónimo masculino o cuyas obras quedaron sepultadas en los almacenes del tiempo. En este caso, al tratarse de una supuesta novela, El legado, se inicia la acción en una casona de la campiña inglesa en las primeras décadas del siglo diecinueve y, tras nueve capítulos, finaliza en una librería de la Malasaña madrileña en nuestros días.
Los capítulos, titulados con sentido, indican la capacidad que tiene El legado al transformar el ánimo de mujeres con diversos oficios: la institutriz, la viuda, la modernista, la coleccionista, la nieta de la encuadernadora, la saqueadora, la bibliotecaria, la investigadora y la librera.
Terminamos la lectura deseando que fuera tan simple.
Salud.
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jueves, 18 de julio de 2019
El coste de vivir (Deborah Levy)
No soy escritor(a), a pesar de que me prodigue en estas anotaciones, de que me estire en textos biográficos o de que, de vez en cuando, me embarque en alguna microficción. Lo sé cuando leo a quienes sí lo son.
En esta ocasión, hablo de El coste de la vida (2019), de Deborah Levy (1959), autora nacida en Johannesburgo, dramaturga, novelista, cuentista y poeta, que, en el caso de la obra que nos ocupa, aborda la segunda parte de su autobiografía ─la primera es Cosas que no quiero saber (que no he leído)─, y que anuncia la continuación en una tercera próxima. La comienza con una cita de Marguerite Duras (de La vida material): «Siempre te resultas más irreal que los demás».
Puede decirse que el libro trata de la libertad, del esfuerzo que supone el conquistarla y de los sacrificios que exige el mantenerla. Puede decirse que trata de literatura o, mejor, de escritura, del proceso de madurez que se produce al describir la subjetividad, del momento en que puede utilizarse con propiedad la palabra yo, sabiendo que es algo cercano a ti, pero que no eres tú. Puede decirse que trata de la vida (y, por tanto, de literatura; ahora sí), de descubrir la conexión entre puntos distantes. Puede decirse que trata de ser mujer, un interrogante de su esencia y circunstancias. Puede decirse que trata de nombres: «Si no tenemos nombre, ¿quiénes somos?».
Del libro, me quedan fotografías mentales de algunos de sus pasajes. Creo, además, acertada la fórmula fondo-forma que se le ha impuesto a la autora: ¿cómo describir una etapa desestructura de una vida que tiene que reinventarse?, pues a trozos, a párrafos con interlineados amplios, a capítulos breves, a citas en cuerpo diez, a símbolos de calor frío, de cobertizos y sextos pisos, a…
Salud.
jueves, 11 de julio de 2019
Salvadora, en versos, cárceles y periódicos
Salvadora Medina Onrubia (1894-1972), argentina, es poeta, dramaturga, directora del periódico "Crítica" (de 1946 a 1951), además de haber sido la primera mujer argentina encarcelada por motivos políticos (en 1931), ante lo que una parte de la intelectualidad bonaerense solicitó su excarcelación al general Uriburu, por su "triple condición de mujer, poeta y madre", lo que ella rechazó.
Se nos figura adecuada la lectura veraniega de sus sonetos, entre los que se encuentra
Transmigración
Yo soy la hierofántica de la Melancolía
custodio en sus altares grandes vasos votivos
mi voz grave, ennoblece, serena, los motivos
piadosos de los salmos que canto cada día.
En los divinos tiempos que Grecia florecía
yo los fuegos sagrados mantuve siempre vivos
y ya sola en el templo con mis dioses esquivos
de un tajo abrí mis venas... En mi larga agonía
de las turbas cristianas yo escuchaba las voces
¡fui la última pagana que murió con sus dioses!
Hoy mi alma rediviva presiente que como antes
al templo que custodia llega la turba ansiosa...
Volveré a abrir mis venas, y a los pies de la diosa
las gotas de mi sangre serán como diamantes.
Mantuvo siempre una actitud crítica del matrimonio y a favor del amor libre.
Se nos figura adecuada la lectura veraniega de sus sonetos, entre los que se encuentra
Transmigración
Yo soy la hierofántica de la Melancolía
custodio en sus altares grandes vasos votivos
mi voz grave, ennoblece, serena, los motivos
piadosos de los salmos que canto cada día.
En los divinos tiempos que Grecia florecía
yo los fuegos sagrados mantuve siempre vivos
y ya sola en el templo con mis dioses esquivos
de un tajo abrí mis venas... En mi larga agonía
de las turbas cristianas yo escuchaba las voces
¡fui la última pagana que murió con sus dioses!
Hoy mi alma rediviva presiente que como antes
al templo que custodia llega la turba ansiosa...
Volveré a abrir mis venas, y a los pies de la diosa
las gotas de mi sangre serán como diamantes.
Mantuvo siempre una actitud crítica del matrimonio y a favor del amor libre.
miércoles, 3 de julio de 2019
El mar será... (el Maestro en el páramo)
La literatura social cumple su papel a la
hora de acercarse a la realidad. En épocas de opresión, difunde mensajes
prohibidos, tal como sucedió en España en las dos últimas dictaduras con las
novelitas ideales que circulaban en tiempos de Primo de Rivera, y los versos en
poemas y canciones en tiempos de Franco. En épocas de libertad, posibilitan
difundir acontecimientos o vidas memorables dirigidas a un público que no suele
detenerse en los ensayos o las biografías.
Así nace El
mar será… (2018), de Sebastián Gertrudix (1951) y Sergi Bernal (1973), para
difundir la historia de los últimos años de un maestro freinetista, Antonio
Benaiges Nogés (1903-1936), que transcurrieron en Bañuelos de Bureba, en el
páramo cerealístico burgalés, y la de las criaturas que asistían a la escuela
del pueblo -hoy Asociación Escuela Benaige-. El título afortunado (ideado por Gema Marchamalo, correctora de las
primeras versiones, que sustituye a Els vaig prometre el mar) alude a la promesa hecha por el maestro de llevar al mar a
las alumnas y alumnos en el verano de 1936 (en concreto, a su pueblo natal,
Montroig, en Tarragona), motivo por el cual elaboran en la escuela mediante la
imprenta ─práctica conocida de la técnica Freinet─ el cuadernillo El mar, la visión de unos niños que no lo
han visto nunca y comienzan muchos de sus textos con la expresión «el mar
será».
No hay duda de que la profesión de maestro de
Gertrudis contribuye a buscar el tono que precisa el relato y que la dedicación
de Bernal a esta historia, desde 2010, proporciona elementos con los que construirlo.
Ambos lo insuflan de entusiasmo. Para ello, se han servido de documentos
originales del maestro Benaiges, de los cuadernillos de la escuela 1935-1936 y
de algunas contribuciones de los más modernas, que presentan en esta extensa
obra que se acerca a las quinientas páginas.
miércoles, 26 de junio de 2019
Club de Lectura La Recolectora (fin de temporada)
Al igual que en los diez
años anteriores, llega junio y tenemos que despedir la temporada del Club de
Lectura La Recolectora, ubicado en la Biblioteca Pública de Burgos. En esta
ocasión, el encuentro último lo hemos realizado en compañía de la escritora
local Esther Pardiñas, con énfasis en su libro de relatos La mirada del tiempo, que incluye algunos ambientados en lugares de
la ciudad, en épocas más o menos remotas; así que, en una tarde agradable,
hemos paseado con ella rincones en torno al castillo y la iglesia de San
Esteban, para finalizar en un bar de las Llanas.
Aquí ‒como en los diez años
anteriores‒, dejamos constancia de nuestras lecturas quincenales:
El perseguidor y otros
relatos, Julio Cortázar
Neverhome. (Ella era más
fuerte), Laird Hunt
El beso de la mujer araña, Manuel Puig
También esto pasará, Milena Busquets
El Aleph, Jorge Luis Borges
Los restos del día, Kazuo Ishiguro
Primavera con una esquina
rota, Mario Benedetti
Dulce hogar, Dorothy Canfield Fisher
Madre e hija, Jenn Díaz
Fruta prohibida, Jeanette Winterson
El coleccionista de sonidos, Fernando Trías de Bes
Los combates cotidianos (cómic), Manu Larcenet
Volver a casa, Yaa Gyasi
Trenes rigurosamente
vigilados, Bohumil Hrabal
Las bicicletas son para el
verano, Fernando Fernán Gómez
Tres días y una vida, Pierre Lemaitre
Y siempre con un homenaje a
nuestra recolectora de miel, nuestra antecesora.
Salud.
miércoles, 19 de junio de 2019
Retorno (desde Costa Rica)
Desde hace un mes, aproximadamente, leo a
ratos una novela de la que no tenía ni idea hasta que se encontró en mis manos.
La cogí de las estanterías de una zona de cruce de libros de intercambio
situada en el pueblo de Quintanalara, llamada Entre libros, una iniciativa de
la Asociación de este lugar, que se encuadra entre las concebidas para el
desarrollo de Tierra de Lara, comarca natural en la que hay lugares tan
emblemáticos como San Pedro de Arlanza (bastante en ruinas, que se está rehabilitando),
con entidad histórica y literaria, según se aprecia en aquel conocido poema de
los siete infantes. Por supuesto, el ejemplar tiene su BCID: 196-13912431.
Se trata de Retorno, obra de Zeneida Fernández de Gil (1926-2003), que Trejo
Hermanos editaron e imprimieron en San José de Costa Rica en 1954. Por
entonces, desconocía que Zeneida fuera una autora ligada al campo espiritual,
que deja patente en el resto de obra literaria que produjo (según señala la valoraciónhecha por Benedicto Víquez Guzmán). La verdad es que ya no estoy acostumbrado a
leer este tipo de obras, con una puesta en escena parecida al teatro, con
cambios bruscos de un párrafo a otro, con personajes estereotipados, que
conforman dos triángulos amorosos, en los que, a la par de los tiempos actuales, el centro está
ocupado por mujeres.
Por una asociación, cuyo motivo desconozco,
se me figura que esta novela ha quedado desfasada tanto como Viaje al fin de la noche. Tienen algo
antiguo en las formas, en los personajes, en las reacciones.
miércoles, 12 de junio de 2019
Narrativas precarias
La crisis económica que atravesamos y
padecemos, ya camino de la docena de años, puede ser motivo central en la
ficción literaria o simple decorado, pero de una u otra forma condiciona parte
de la producción narrativa de nuestros días en España. De ahí los estudios que
se realizan en Narrativas precarias
(2019), que cuenta con la coordinación de Christian Claesson y está publicada
por una de esas editoriales que se nutren o denuncian (o ambas cosas) de las
características sociales de estos años: crisis griega, copyright, femen,
democracy now!, etc.
Con anterioridad, existían novelistas que se
ocupaban de la realidad inmediata ─ya sabemos, Gopegui, Rosa, Sanz, Riechmann, etc.─,
la llamada creación crítica, que en la década actual se han incrementado con
plumas que reflejan el repliegue individualista a que nos impele la crisis,
para guarecernos de ella, abandonando los espacios colectivos que, en
principio, ayudarían a superarla más fácilmente. La supervivencia, que genera
las individualidades nómadas globalizadas, que huyen de sus lugares de origen
en busca de una vida distinta, pero que suelen terminar reproduciendo los
valores que habían rechazado.
Aparecen, así, nombres como los de Blanca
Riestra, con la distopía Greta en su
laberinto (2016) o el tratamiento del feminismo y la inserción laboral en Pregúntale al bosque (2013). Aparte de
Iván Repila, que recrea una sociedad violenta en Prólogo para una guerra (2017), pueden leerse los relatos de Miguel
Serrano Larraz en Réplica (2017),
entre los que se encuentra «Frontera», en la que discurre la experiencia de una
chica inmigrante llegada a España, que recala en una familia que, a su vez, fue
emigró a Europa.
Tiene algo de esperanza el libro. La que
proporciona la política literaria frente a la política literal. La segunda nos
atrapa en las leyes de mercado, en las obviedades de quien las hace. La primera
─la literaria─ nos desdobla, permite que experimentemos la posibilidad de ser
otras personas y, desde ese momento, generamos efectos de realidad. Según
Rancière, la ficción política realiza tres operaciones: crea un nombre o
personaje colectivo, produce nueva realidad e interrumpe la que hay.
miércoles, 5 de junio de 2019
Enciclopedistas en la Vida
Por circunstancias algo conturbadoras,
me ha llegado el cuento Así es la vida(de Ana-Luisa Ramírez y Carmen Ramírez), que viene a restañar la herida de una
ausencia. La lectura, y mucho más la lectura en grupo, conmueve nuestro ser o
condiciona nuestros días o disuelve la bruma del pesar o rompe el círculo que entretiene
nuestros pensamientos o abre la jaula que abarrota
nuestra actividad. Va por ella.
Hoy traía la luz de una
época, la que se desprende del tebeo Los
enciclopedistas (de José A. Pérez Ledo, por el guion, y Alex Orbe, por los
dibujos y el color). La época en la que una parte de la sociedad francesa
intentaba hacerse mayor (y mejor), liberarse del opresor yugo de la ignorancia,
propiciada por la religión. La ficción introduce a Mary, una joven ilustradora,
intrépida a la postre, que se codea con Diderot, D’Alembert, Hume o el barón d’Holbach
y que aumenta la nómina de participación femenina en esta aventura del
pensamiento, en la que estaban mujeres como Madame Naigeon o Madame Pompadour.
La trama incluye una
organización reaccionaria, Los Cruzados, que no dudan en utilizar la violencia
hasta llegar al asesinato de algunos ilustrados, y dejan la firma de la cruz
cristiana. Lo terrible de quienes masacran (o incitan a ello) es que lo hacen para preservar la esencia de la humanidad.
Tenemos aquí la estética
franco-belga, a la que se le añade la intriga y la actuación de personajes
históricos conocidos, referentes del pensamiento occidental. Hay gente a la que
le arrebataron la vida por crear una obra que compendiara el conocimiento
humano, a margen de los dictados monárquicos y religiosos, sabiendo que ello
estaba perseguido.
miércoles, 29 de mayo de 2019
Alma rusa (gulag)
Ahora que ya dejan de oírse los ruiseñores al
abrir la ventana por las mañanas, pueden verse los narcisos en la orilla del
Arlanzón. Trazos de belleza que conviven a nuestro alrededor, a los que es
fácil acercarse en uno u otro momento del día que sea tranquilo. Algo más
difícil es hacerlo en condiciones complicadas, de ahí que me está sorprendiendo
el libro testimonio Vestidas para un
baile en la nieve (2017), elaborado por Monika Zgustová a partir de las
entrevistas que tuvo con una serie de mujeres rusas que estuvieron presas,
durante los años cincuenta, en el sistema de campos de trabajo forzado de la
Unión Soviética.
Yo mismo me he sorprendido al iniciar y
continuar con estas memorias, pues estaba con algunos de los ensayos sobre
escritura de Steiner -Pasión intacta-, lo cual me resultaba muy atractivo, pero lo he aparcado.
La narración de Zgustová es simple, lejos de la densidad del filósofo, y además
puede parecer oportunista, basada en dolores mediáticos, que cuentan con salida
editorial segura, y no obstante la he leído. Se trata de mujeres entonces
jóvenes, casi adolescentes, hijas de padres que habían sido purgados en los
años treinta, y cuyas madres también estaban presas.
Varios aspectos llaman la atención en estas
páginas, pues están presentes en la mayoría de los testimonios de la época del
gulag. El primero es que no son relatos angustiosos ni denuncian directamente
que se cometiera con ellas una injusticia. El segundo, a diferencia de lo que
yo creía, es que la supervivencia de ellas era mayor en el caso de las mujeres
con cultura que procuraban mantenerla viva; es decir, darse cuenta de la
belleza natural que las rodeaba, cuidar su aspecto después de doce horas de
trabajo y mantener vivos en la memoria poemas o escritos. Por último, afirman
que su vida sería incompleta si no hubieran vivido esos años en los campos de
trabajo en condiciones tan penosas; allí encontraron lo más auténtico de sí
mismas y de las personas que les rodeaban.
¿Será el alma rusa?
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miércoles, 22 de mayo de 2019
Frutos en el jardín de las delicias (Hrabal y Zgustová)
Cuando, por fin, las
autoridades checas permitieron publicar a Bohumil Hrabal (1914-1997) al
acercarse la década de los sesenta ‒Las alondras
colgadas en un hijo (1959), La perla
en el fondo (1962), Trenes
rigurosamente vigilados (1965), etc.‒, las ediciones de sus libros se agotaban
en poco tiempo, aun llegando a tiradas de 150 000 ejemplares. Estas obras,
según sabemos, servían de argumento para las películas de la Nova Vlná, Nueva
Ola Checoeslovaca, significativa en calidad, que en nuestra tierra quedó
eclipsada, entre otros motivos, por el deslumbramiento que producía la Nouvelle
Vague.
Durante la semana pasada he
estado enfrascado (cuando lo permitían las tareas y actividades) en los libros
de Hrabal, que se leen tan inocentemente, en especial los Trenes… y Una soledad
demasiado ruidosa ‒títulos, como dijera Bajtin, preñados de significados‒.
Y, para redondear el paso por las letras de este solitario subversivo, estoy
ojeando la biografía que le hizo (durante cuatro años) Monika Zgustová, la cual
tituló Los frutos amargos del jardín de
las delicias, que en España vio la luz en 1997, justamente el año que
Hrabal murió, no se sabe muy bien si de manera accidental o voluntaria, al
darle de comer a las palomas desde un piso alto del hospital en el que estaba
ingresado.
Según cuenta la propia
autora, una notable parte de lo que cuenta procede de las conversaciones que
tuvo con Hrabal, a veces en la casa que este tenía en los bosques de Kersko, «o,
más a menudo, compartía sus cotidianos ratos en las cervecerías del barrio
antiguo de Praga». De estos lugares y de los distintos oficios que tuvo, sacaba
este los personajes de sus novelas, antihéroes trágicos e irónicos, a los que
fascinan (como a su autor) los objetos triviales y las historias banales, a las
que atribuía un sentido metafísico.
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miércoles, 15 de mayo de 2019
Lucía Sánchez Saornil y Burgos
Quiero en mi ley cumplirme
Ni la bestia
ni el ángel,
quiero mejor
la exacta medida de lo humano;
a través de
mi carne
hacer
tangible el soplo
divino que me
mueve;
quiero mascar
con gusto
el puñado de
tierra que me llena la boca,
complacerme
en el pan
que mi sudor
amasa,
en el canto
que brota de mi lado encendido
y,
apasionadamente,
hacer mis
días densos, de olor y sabor míos,
en torno a mí
apretados.
Ni el ángel
ni la bestia,
ni pezuñas ni
alas.
Prefiero pies
ligeros para medir andando
los caminos
del mundo
y unos brazos
abiertos,
saetas
disparadas a los cuatro horizontes
en una
incontenida efusión de ser vivo.
Quiero en mi
ley cumplirme;
escuchar el
obscuro redoble de la sangre,
sentir la
escocedura de la lágrima
y el fresco
rezumar del gozo.
Me complace
la exacta medida de lo humano;
pero si la
pasión desborda la medida
amo sentir
como se trueca en fuego
la arcilla ordinaria.
Estaba esperando que se
publicara este artículo en Culdbura,revista digital actual de Burgos, para traer aquí la primicia de este poema, aparecido
en la revista Estrofa, cuaderno mensual de los artistas burgaleses,
número 22, octubre de 1955, pág. 8. La razón es porque hasta hace unos meses,
se ha afirmado que la conocida poeta ultraísta Lucía Sánchez Saornil (1895-1970), desde su vuelta a España en los
años cuarenta, no había publicado nada durante su exilio interior; y, desde hace unos meses, se conocía el
título de este poema, pero no se había encontrado la revista Estrofa.
Así que aquí está el poema,
en Burgostecarios, para deleite de quien desee disfrutarlo.
miércoles, 8 de mayo de 2019
Encuentros casuales (con Caroline)
Desde hace días, al abrir la ventana por las
mañanas, se escuchan algunos ruiseñores pregonando su territorio. Camino del
trabajo, los puntos blancos de margaritas cerradas se agolpan por sectores en
El Parral, abiertas ya a la vuelta si el día está soleado, superadas por el
amarillo de botones de oro y dientes de león. Incluso, entre los yerbales de
los costados y encimeras de las tapias de la Ermita de San Amaro, se pavonean
algunas amapolas. Paisaje agradable para pasear en compañía.
Llegado a las estanterías de la biblioteca,
olvidé el apellido exacto de la autora que buscaba y, por aproximación, caí en
Willa Carter (1876-1947), aquella mujer independiente que estudió en la
Universidad de Nebraska vestida de hombre como William, y allí me quedé. Me
decidí por Más allá de los cuarenta
(1936), aunque tuve mis dudas de si releer la deliciosa Mi enemigo mortal, en todo caso, obras breves, tal como buscaba.
Coincidimos con su afirmación de la dicha que experimentamos en ciertos momentos
«todos los que hemos tenido la grandísima suerte de haber conocido a los
grandes maestros por puro accidente, y no bajo la espeluznante guía de un
instructor». Letraherida.
Y es que, en el primer relato de este libro,
transmite la excitación que sintió al saber que una anciana con la que llevaba
tratando unos días en el Grand-Hotel de Aix-les-Bains ‒Willa vivía aprovechando
su economía desahogada, y allí estaba con su compañera Edith Lewis (1881-1972)‒,
era Caroline Groud , la sobrina de Flaubert criada con este (y su abuela) en
Croisset al morir la madre de la niña cuando ella nació, a la que el novelista
dedicó una serie de cartas tiernas y vivificadoras durante veinticinco años,
las cuales publicó la mujer en Lettres à
sa nièce Caroline. Ella fue la albacea nombrada en el testamento y conservaba
en su Villa Tanit, en Antibes, manuscritos y documentos originales e, incluso,
los muebles del salón escritorio de su tío, en el que, de niña, se sentaba en
una esquina de la alfombra mientras este escribía.
Algo de Flaubert hay en Willa ‒¡ah, madame
Arnoux!‒. Hasta sus deficiencias.
miércoles, 1 de mayo de 2019
Esclavitud. Volver a casa (Yaa Gyasi)
Cuando
regrese el sol
Y
llame la primera codorniz
Sigue
la calabaza para beber
Porque
el viejo espera
Para
llevarte a la libertad
Si sigue la calabaza para
beber
La calabaza remitía de un
modo simbólico a las constelaciones. Esta es una estrofa de la canción Follow the Drinking Gourd, que ofrecía
instrucciones en clave para guiar hacia el norte a los esclavos que escapaban
de las plantaciones del sur de Estados Unidos (El río para entre dos cerros / Sigue
la calabaza para beber / Hay otro árbol del otro lado / Sigue la calabaza para
beber).
La traemos a colación porque
estamos leyendo el libro Volver a casa
(2016), de Yaa Gyasi (1989), una mujer nacida en Ghana, trasladada
tempranamente con su familia a EE. UU., en donde lo ha publicado, después de realizar un viaje
(becado) a su lugar de origen. La verdad que la obra es pretenciosa. Trata de
unificar secuencialmente la existencia de dieciséis generaciones, nacidas del
mismo tronco, la mitad en tierra africana, la otra mitad en suelo estadounidense.
Gran parte de la literatura
que nos viene en la actualidad está cocinada en los talleres de escritura
creativa de las universidades. Es difícil deshacerse de una enseñanza
semejante, más cuando se escribe una novela primeriza. No escapan a ella las
incoherencias, pero hemos de resaltar los valores que contiene, tal el de
abarcar vidas tan distintas, mostrar costumbres tan diferentes y construir
imágenes sugestivas.
Sin duda, una autora a tener
en cuenta (El viejo espera / Para llevarte a la libertad / Si sigues la
calabaza para beber).
jueves, 25 de abril de 2019
Anécdotas y biografías
Cuando alguien cuenta una
anécdota de su vida, por sencilla que sea, suele atraer mi atención. A veces
maldigo mi pérdida de audición ‒que achaco al ruido de las máquinas de la
carpintería en la que trabajé durante años‒, pues me priva de escuchar relatos
en los sitios más dispares, tal los trenes o las estaciones. Tal vez por ello,
me digo, me atraen tanto las biografías y las autobiografías. En estos días de
fiesta, paseando por las estribaciones del Moncayo (en el que ha nevado un poco
en la cumbre), en los alrededores de mi pueblo, he estado disfrutando de dos
libros de estas características. No sabría con cuál quedarme.
El primero es la biografía Emmy Noether. Una matemática ideal (2011),
realizada por David Blanco Laserna, que editó Nivola en la colección La
matemática en sus personajes. Su condición de mujer más la de judía le
complicaron bastante la vida, pero aun así ha logrado una influencia que pocos
matemáticos han logrado. Entre otros logros, Noether (1882-1935) dotó de una
base sólida a la teoría general de la relatividad.
El segundo también
corresponde a alguien emigrado, exiliado, pero se trata de una autobiografía,
la de Atiq Rahimi (1962), titulada La
balada del cálamo (2018), un despliegue de recursos en los que entran
caligrafías (y calimorfías) y poemas para aderezar recuerdos y reflexiones. Cuerpo
y palabras devenidas en dibujos, con una sensibilidad exquisita. Para mi
sorpresa, habla del místico persa del siglo XV Rajab Borsi:
Los
significados de las letras se encuentran
en la
Inteligencia; sus modalidades sutiles,
en
el Espíritu; sus formas se hallan en el
Alma;
sus huellas están en el Corazón; su
fuerza
enunciadora, en la Lengua; su secreto
configurador, en la
Audición.
(Así que cada vez lo tengo
peor).
Etiquetas:
Atiq Rahimi,
autobiografías,
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