domingo, 7 de febrero de 2016

Con ojos de niña

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Quería regalarle un libro a la Camarera. El tiempo y nuestros caracteres han ido transformando la distante cortesía que se establece en una barra, llegando a una afabilidad contenida (y aun diría a una amena dulzura) en los frecuentes encuentros de las mañanas. Claro que siempre suceden en su terreno, pero al no ser dueña del Café, podemos disfrutar de esa complicidad proletaria nacida de la despreocupación de quien no posee negocios. Y me acordé de aquel libro, Con ojos de niño, de Frato, que tanto me hizo disfrutar y pensar.
Así que ‒me dije‒ seguro que funciona. Claro, adaptándolo a lo presente en Con ojos de niña (2013). Francesco Tonucci (el de La ciudad de los niños) ha vuelto a dibujar en papel transparente las viñetas que recogen frases que escuchamos en los cuentos de hadas, en nuestras casas, en la calle, en el trabajo, en las tertulias… A ellas ha unido unos textos Amparo Tomé que «evocan el pasado, miran al presente con ojos críticos y buscan un futuro libre y justo». Muchos de ellos han sido sugeridos por las mujeres con las que ella comparte la vida, por las alumnas que tiene o por los cuentos que lee.
Y ya lo creo que funciona. Hay días en que entro a la cafetería y la Camarera habla con clientes de alguna de estas viñetas. O les cuenta que las ciervas del parque de Doñana, en años de sequía, comen unas bayas que son abortivas, algo que no hacen en años de lluvia; y que las hembras del papión, al tener amigas, reducen el cortisol que debilita el sistema inmunitario; o que las leonas amamantan a las crías de sus compañeras.

A las niñas ‒con su humor‒ se dirigen estas páginas. A aquellas que saben que no existe el «príncipe azul».

viernes, 5 de febrero de 2016

La sobrecarga de información

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INFOXICACION
El término "infoxicación" lo introdujo Alfons Cornella en 1996, refiriéndose a la sobrecarga de información que recibe un usuario, en especial de internet en todas sus formas.
La expresión "sobrecarga informativa" la acuñó Alvin Toffler en su libro Future Shock (1970) y se refiere al estado de contar con demasiada información para tomar una decisión o permanecer informado sobre un determinado tema.
La sobrecarga de información puede afectar nuestro rendimiento personal y profesional. El exceso de información nos hace estar mentalmente dispersos y no prestar una atención concreta a un tema determinado. De esta forma no finalizamos una tarea empezada, porque ya nos estamos informando de otra cosa, y asi la mente se sobrecarga e incluso nos produce agotamiento y ansiedad.

En realidad un exceso de información al final sólo conduce a información vacia; perdemos la capacidad de análisis y reflexión ya que la mente se centra más en la acumulación informativa.

Para saber más de este tema:

Los riesgos de la infopolución - Joël de Rosnay
http://www.inisoc.org/rosnay65.htm

Infopolución - Campo conceptual
http://revistacaracteres.net/campoconceptual/tag/infopolucion

La infoxicación o los riesgos de la intoxicación informativa - Dardo Gómez
http://www.revistaelobservador.com/opinion/35-me-quieren-oir/8162-la-infoxicacion-o-los-riesgos-de-la-intoxicacion-informativa

¿Qué riesgos ocasiona a la salud la infoxicación ? - Raul Beneyto
https://documania20.wordpress.com/2013/09/23/que-riesgos-ocasiona-a-la-salud-la-infoxicacion/

¿Qué es la infoxicación y cómo escapar de ella? - Papeles de inteligencia
http://papelesdeinteligencia.com/que-es-la-infoxicacion/ Evitar la infoxicación:

lunes, 1 de febrero de 2016

Coplas de la infancia en digital

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Dijo a la lengua el suspiro:
échate a buscar palabras
que digan lo que yo digo
Desde la infancia tengo acostumbrado el oído a escuchar letras populares, las que antes se cantaban en los pueblos los domingos por la tarde en las meriendas del café o en las labores del campo y de la casa. En mi caso, al vivir en La Rinconada soriana del Moncayo, eran jotas aragonesas y navarras lo que se tenía a mano. Con el tiempo he comprobado que los motivos y, con frecuencia, las formas de estas coplas o estribillos son muy parecidas entre las diversas regiones y cantes.
La que encabeza esta entrada la escuché, en un encuentro casual, al poeta jerezano Juan Ruiz Peña, que, después de pasar 19 años por Burgos, vivía en Salamanca (que le dedica una calle junto a Pessoa) por motivos profesionales (añorando, claro, las bulerías y calor de su tierra), que llevaba la revista Álamo. No es que me entusiasmara su poesía, que me parecía intimista en exceso, pero me encantaban las anécdotas y letras que contaba. Por entonces, cuando le dieron el Premio Nacional de Literatura en 1975, hubo su notable polémica (que no es del caso recordar aquí). Sí que resultó sorprendente su muerte, ocurrida en el hotel de Sevilla al que había acudido a ver la Expo92.
Soy como el pájaro aquel
que va a la fuente a beber
y para no enturbiar el agua
se vuelva muerto de sed
Me han venido a la cabeza los motivos de estos párrafos porque estos días estoy consultando con cierta frecuencia las colecciones de Biblioteca Digital Hispánica, que se aloja en la Biblioteca Nacional, y escucho, para humedecer los desiertos de leyes y decretos bibliotecarios, la Lista de reproducción de sonoros y, entre ellos, el de Flamenco, con muchas de estas letras que sonaban en las aradios de mi infancia. Un lujo a nuestro alcance este de disponer del rico elenco sonoro, grabados muchos de ellos en discos de pizarra, de que dispone esta Biblioteca.
Padecía mal de amores
en la sierra una pastora
y como allí no hay doctores
ella se curaba sola
con aroma de las flores
[Las fotografías de niebla son de Manuel Carlos].

martes, 26 de enero de 2016

Pendientes (libros de mañana)

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Cada vez que paso ante el anaquel del rincón siento un pequeño escalofrío, producido por las voces recortadas que salen de los libros a la espera. Allí, el montón algo desordenado se me figura los escombros de un bombardeo, aquel sucedido en Berlín en 1945, bajo los que estuvo enterrada (junto a un perro) durante tres días Inge Müller, algo de lo que sus poesías no pudieron desprenderse (Dormí bajo el ladrido de las cañerías de hierro / ya agarrada por la mano de la tierra […] y desperté cuando en algún lugar del corazón de los / continentes / empezó a subir humo desde el mar abierto). Aquí la tengo, en el libro de ensayos En la trampa de Herta Müller, ansiando mi mano amiga.
Menos mal que goza de la compañía de Iván Illich, con La sociedad desescolarizada, en una versión que me regalaron en verano. Y de Amos y Fania Oz. Y… y… Yo distraigo al entendimiento, me tapo los ojos y consuelo la las manos con versos de Piedad Bonnett en Las herencias (2008):
Nostalgia de lo imposible
Desde la estantería
los libros no leídos me miran con la misma
herida indiferencia de una novia agraviada.
Hoy, como tantas otras veces,
su silencioso estar ahí
- en mi tarde
que rumia perezosa los instantes –
chirría como una puerta de goznes oxidados
que el viento lleva y trae, y que me impide
concentrarme en las líneas del poema.
El pajarraco del desasosiego
vuela estrellándose en las paredes.
Los libros no leídos me contemplan
con una obstinación orgullosa y distante.
Y logran inquietarme,
porque me hacen pensar en esas calles
- que jamás transité-
en donde lo esperado me esperaba.
(Y dice Inge: No me llevarás, muerte, pesaré mucho / hasta que lleguen y excaven / hasta que den conmigo / tú te irás de vacío).

miércoles, 20 de enero de 2016

Margarita y la miel (regalo sin ofensa)

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Margarita me ha regalado un broche con la imagen de la Recolectora de miel de la cueva de la Araña, cercana al río Escalona, en Bicorp, Valencia. Es una representación prehistórica única de esta actividad, que puede situarse entre 8.000 y 5.000 años atrás. Hace tiempo ‒desde que se puede copiar y pegar‒ que utilizo la imagen como elemento ilustrativo en la solapa de algunos textos que voy elaborando, incluso en los de seriedad académica, en su momento. Me gusta pensar que es posible la convivencia armónica entre seres humanos y, abundando, entre seres humanos y el entorno en el que viven. Y esta imagen ‒no sé por qué‒ me lleva a imaginar que ha habido épocas en que ello se ha dado.
Lo curioso de la situación es que Margarita (de Salamanca) conoce mi atracción por este grabado, pero desconoce que el club de lectura en el que estoy (de Burgos) se llama precisamente así, La Recolectora, y que tiene adoptada a la rampante mujer como imagen del mismo. ¿Qué otra cosa son la escritura y la lectura que abejas elaborando miel desde las flores y recolectoras saboreando sus dulces palabras?
El lunes fui con mi regalo en el jersey a la Casa Redonda de La Recolectora y la gente se moría de envidia. Ayudó a paliar el asunto del día: el comentario al libro La ofensa, de Ricardo Menéndez Salmón. Una lúcida exposición de la insensibilidad hacia el horror que se produce en las guerras ‒continuada en Derrumbe y El corrector con los estragos de la mentira y con la doxa que alimentan la mayoría de personalidades públicas que nos arengan y nos gobiernan, le pouvoir est maudit‒, la cual dio pie a una sesión memorable para quienes asistimos a ella. Lecturas a las que puede acudirse para escapar y, tal vez, paliar el vocerío presente, pues, en palabras de su autor, "un buen libro es una mala noticia para el poder".

[Las fotografías son de Chus, memoria de nuestra actividad, aunque faltan cinco].

jueves, 14 de enero de 2016

La Cautiva (Heroína en cómic)

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Ya ha llegado la cigüeña a la espadaña. (Y yo con la pequeña rama de acebo que pongo en la puerta del piso en el paso de los años, todavía sin recoger, sobre la mesa de la cocina). El barrio tiene esta nueva compañía surcando incansable los cielos al aprovisionar materiales con los que rediseñar el nido. El ave zancuda que sustituye (o sustituía) a las mujeres madres en la infancia.
Precisamente del trato recibido en la historia por estas he estado pensando estos días. Por los libros, claro. Compré no hace mucho el Crisolín número 170 (1946), que no es otro que el extenso poema argentino Martín Fierro, de José Hernández. Estaba a precio (que me parece) razonable, de 6 euros. Ese papel de oleaje, con más de cien pequeñas ilustraciones. En mi tierna juventud, sus versos, por vez primera, hicieron que me parase a considerar la condición social de la mujer, especialmente en la lectura del capítulo «La cautiva» ‒Ansí le imponía tarea / de juntar leña y sembrar / viendo a su hijito llorar; / y hasta que no terminaba / la china no le dejaba / que le diera de mamar‒ y en la lucha a muerte con el indio que la esclaviza, del siguiente capítulo, cuando la cautiva salva de una muerte segura a Martín Fierro y esta queda libre. Toda una película en versos.
Y otra heroína es Sally Heathcote, una sirvienta (o trabajadora doméstica, según la corrección verbal) que se convierte en sufragista (ya ves, aliterativo del nombre) por obra y gracia de Mary Talbot, que  le hace recibir conciencia de su señora, Emmeline Panckhurst, una de las fundadoras del movimiento. Este no lo he comprado. Está sacado de la biblioteca. La singularidad de la misma es que se desenvuelve entre viñetas, pues se trata de una novela gráfica, con sus buenas 170 páginas, que aprovecha para insertar carteles y proclamas de la época.  A mi parecer, acertadas decisiones.
Todo a la vista de la cigüeña del barrio, dueña de su cubil.

jueves, 7 de enero de 2016

Océano profundo. Tal vez cansado (Melville Stager)

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Cuando se contempla la belleza tranquila y el brillo de la piel del océano, uno se olvida del corazón felino que late por debajo, y no está dispuesto a recordar que esa zarpa aterciopelada oculta unos colmillos despiadados (escribe Herman Melville en Moby Dick)
Sucumbo al ambiente consumista de los días presentes y adquiero un (breve) bestseller, La sociedad del cansancio, de Byung-Chul Han, filósofo que está haciendo furor desde Alemania. Su tesis es sencilla: disponemos de tantas cosas que, utilizarlas compulsivamente, produce cansancio y depresión. Nuestro objetivo es el rendimiento, lo que lleva al cansancio por exceso de positividad. Es el signo del siglo XXI en la sociedad occidental. Para evitar las pastillas habría que recurrir a las soluciones que señalaba Nietzsche: aprender a mirar, a pensar, y a hablar y a escribir. (Y no está lejos de aquí el Bartleby, de Melville).
Parece que esos colmillos despiadados de los que habla Melville irán desapareciendo en caso de que continuemos acidificando el agua de los océanos. Esa es la opinión de la “comunidad científica”. La leo en un libro no catastrofista de Curt Stager, El futuro profundo, escrito por este paleoecólogo y paleoclimatólogo, que analiza los fenómenos del planeta con la perspectiva de miles de años hacia atrás y hacia adelante. Según él, nos estamos saltando un periodo glaciar debido al calentamiento por emisión de carbono. En principio, ello no es que sea para echarse las manos a la cabeza, pues de no haber sido así, la glaciación correspondiente se tragaría parte del hemisferio norte americano y euroasiático, desapareciendo países como Canadá dentro de unos miles de años.
Resultado de imagen de cansancio
Lo significativo de esta época, iniciada en el siglo XVIII, a la que llama Antropoceno, es que podemos decidir como especie humana la incidencia de nuestra actuación sobre el planeta, rompiendo así su trayectoria natural. Aun decidiendo no emitir más dióxido de carbono, el que ya está en la atmósfera tardaría cientos de años en normalizarse.

Los tres recomendables para este sobresaliente año.