miércoles, 7 de agosto de 2019

Aniversario. In memoriam. Carmen Jodra

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En un día de agosto de 1980 nacía Carmen Jodra Davó, la que sería la ganadora más joven de Premio de Poesía Hiperión en 1999 con Moras agraces, libro ya descatalogado, al que siguió en 2004 Rincones sucios. Un cáncer ha podido con ella en julio de este año. En "Conócete defínete a ti mismo" decía que "intentaré publicar artefactos (arte+hacer) en que los sentimientos que no son nada nuevo puedan aparecer como objetos de belleza". Y publicaba haikus: ¿Por qué sonríes? / Porque hay sol en las hojas / ¿Por qué sonríes?

Aquí le dejamos un homenaje -"Oremos"- con sus versos

Líbranos de la pena porque ella
destroza el corazón larvadamente
y trae sombra a los ojos de los niños.

Líbranos de la dicha porque a ella
le siguen siempre penas que la hacen
aún más amarga que las penas mismas.

Líbranos del dolor que nos reduce
a tristes bestias de ojos humillados
que solo buscan un rincón caliente.

Líbranos del placer que nos obliga
a creer que este mundo es dulce y bueno
justo hasta que salimos del encanto.

Líbranos del mal hado y la pobreza
que no azotan con mano invisible
hasta que maldecimos nuestros nombres.

[...]

Salud.

jueves, 25 de julio de 2019

Lecturas ligeras

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Buscaba en la Biblioteca del barrio una lectura acorde con este tiempo caluroso, en el que el entendimiento está relajado, algo que puede que incorporemos al organismo ─se me ocurre─ al igual que nos sucede con el ritmo circadiano. En estas que vi en la mesa de novedades un libro con una ilustración de Remedios Varo, Papilla estelar (1958), pintora que me resulta sugerente. Sin pensármelo mucho más, lo cogí. Se trata de Las mil caras de la luna (2019), de Eva Villaver, doctora en Astrofísica, que trabaja en el estudio de cómo se apagan lentamente las estrellas más comunes y cómo su muerte afecta a sistemas planetarios como el nuestro.

Pero no son las páginas de este (entretenido) trabajo divulgativo las que acaparan la atención de mis horas a la sombra, sino una ficción ilustrada: El legado de Catherine Elliot (2018), con texto de Gemma Camblor e ilustraciones de Esther Gili. Abunda en la rehabilitación de la memoria de esas mujeres que escribieron bajo seudónimo masculino o cuyas obras quedaron sepultadas en los almacenes del tiempo. En este caso, al tratarse de una supuesta novela, El legado, se inicia la acción en una casona de la campiña inglesa en las primeras décadas del siglo diecinueve y, tras nueve capítulos, finaliza en una librería de la Malasaña madrileña en nuestros días.
Los capítulos, titulados con sentido, indican la capacidad que tiene El legado al transformar el ánimo de mujeres con diversos oficios: la institutriz, la viuda, la modernista, la coleccionista, la nieta de la encuadernadora, la saqueadora, la bibliotecaria, la investigadora y la librera.

Terminamos la lectura deseando que fuera tan simple.

Salud.

jueves, 18 de julio de 2019

El coste de vivir (Deborah Levy)

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No soy escritor(a), a pesar de que me prodigue en estas anotaciones, de que me estire en textos biográficos o de que, de vez en cuando, me embarque en alguna microficción. Lo sé cuando leo a quienes sí lo son.
En esta ocasión, hablo de El coste de la vida (2019), de Deborah Levy (1959), autora nacida en Johannesburgo, dramaturga, novelista, cuentista y poeta, que, en el caso de la obra que nos ocupa, aborda la segunda parte de su autobiografía ─la primera es Cosas que no quiero saber (que no he leído)─, y que anuncia la continuación en una tercera próxima. La comienza con una cita de Marguerite Duras (de La vida material): «Siempre te resultas más irreal que los demás».
Puede decirse que el libro trata de la libertad, del esfuerzo que supone el conquistarla y de los sacrificios que exige el mantenerla. Puede decirse que trata de literatura o, mejor, de escritura, del proceso de madurez que se produce al describir la subjetividad, del momento en que puede utilizarse con propiedad la palabra yo, sabiendo que es algo cercano a ti, pero que no eres tú. Puede decirse que trata de la vida (y, por tanto, de literatura; ahora sí), de descubrir la conexión entre puntos distantes. Puede decirse que trata de ser mujer, un interrogante de su esencia y circunstancias. Puede decirse que trata de nombres: «Si no tenemos nombre, ¿quiénes somos?».
Del libro, me quedan fotografías mentales de algunos de sus pasajes. Creo, además, acertada la fórmula fondo-forma que se le ha impuesto a la autora: ¿cómo describir una etapa desestructura de una vida que tiene que reinventarse?, pues a trozos, a párrafos con interlineados amplios, a capítulos breves, a citas en cuerpo diez, a símbolos de calor frío, de cobertizos y sextos pisos, a…
Salud.

jueves, 11 de julio de 2019

Salvadora, en versos, cárceles y periódicos

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Salvadora Medina Onrubia (1894-1972), argentina, es poeta, dramaturga, directora del periódico "Crítica" (de 1946 a 1951), además de haber sido la primera mujer argentina encarcelada por motivos políticos (en 1931), ante lo que una parte de la intelectualidad bonaerense solicitó su excarcelación al general Uriburu, por su "triple condición de mujer, poeta y madre", lo que ella rechazó.

Se nos figura adecuada la lectura veraniega de sus sonetos, entre los que se encuentra

Transmigración

Yo soy la hierofántica de la Melancolía
custodio en sus altares grandes vasos votivos
mi voz grave, ennoblece, serena, los motivos
piadosos de los salmos que canto cada día.

En los divinos tiempos que Grecia florecía
yo los fuegos sagrados mantuve siempre vivos
y ya sola en el templo con mis dioses esquivos
de un tajo abrí mis venas... En mi larga agonía

de las turbas cristianas yo escuchaba las voces
¡fui la última pagana que murió con sus dioses!
Hoy mi alma rediviva presiente que como antes

al templo que custodia llega la turba ansiosa...
Volveré a abrir mis venas, y a los pies de la diosa
las gotas de mi sangre serán como diamantes.
Mantuvo siempre una actitud crítica del matrimonio y a favor del amor libre.

miércoles, 3 de julio de 2019

El mar será... (el Maestro en el páramo)

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La literatura social cumple su papel a la hora de acercarse a la realidad. En épocas de opresión, difunde mensajes prohibidos, tal como sucedió en España en las dos últimas dictaduras con las novelitas ideales que circulaban en tiempos de Primo de Rivera, y los versos en poemas y canciones en tiempos de Franco. En épocas de libertad, posibilitan difundir acontecimientos o vidas memorables dirigidas a un público que no suele detenerse en los ensayos o las biografías.
Así nace El mar será… (2018), de Sebastián Gertrudix (1951) y Sergi Bernal (1973), para difundir la historia de los últimos años de un maestro freinetista, Antonio Benaiges Nogés (1903-1936), que transcurrieron en Bañuelos de Bureba, en el páramo cerealístico burgalés, y la de las criaturas que asistían a la escuela del pueblo -hoy Asociación Escuela Benaige-. El título afortunado (ideado por Gema Marchamalo, correctora de las primeras versiones, que sustituye a Els vaig prometre el mar) alude a la promesa hecha por el maestro de llevar al mar a las alumnas y alumnos en el verano de 1936 (en concreto, a su pueblo natal, Montroig, en Tarragona), motivo por el cual elaboran en la escuela mediante la imprenta ─práctica conocida de la técnica Freinet─ el cuadernillo El mar, la visión de unos niños que no lo han visto nunca y comienzan muchos de sus textos con la expresión «el mar será».
No hay duda de que la profesión de maestro de Gertrudis contribuye a buscar el tono que precisa el relato y que la dedicación de Bernal a esta historia, desde 2010, proporciona elementos con los que construirlo. Ambos lo insuflan de entusiasmo. Para ello, se han servido de documentos originales del maestro Benaiges, de los cuadernillos de la escuela 1935-1936 y de algunas contribuciones de los más modernas, que presentan en esta extensa obra que se acerca a las quinientas páginas.

miércoles, 26 de junio de 2019

Club de Lectura La Recolectora (fin de temporada)

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Al igual que en los diez años anteriores, llega junio y tenemos que despedir la temporada del Club de Lectura La Recolectora, ubicado en la Biblioteca Pública de Burgos. En esta ocasión, el encuentro último lo hemos realizado en compañía de la escritora local Esther Pardiñas, con énfasis en su libro de relatos La mirada del tiempo, que incluye algunos ambientados en lugares de la ciudad, en épocas más o menos remotas; así que, en una tarde agradable, hemos paseado con ella rincones en torno al castillo y la iglesia de San Esteban, para finalizar en un bar de las Llanas.
Aquí ‒como en los diez años anteriores‒, dejamos constancia de nuestras lecturas quincenales:
El perseguidor y otros relatos, Julio Cortázar
Neverhome. (Ella era más fuerte), Laird Hunt
El beso de la mujer araña, Manuel Puig
También esto pasará, Milena Busquets
El Aleph, Jorge Luis Borges
Los restos del día, Kazuo Ishiguro
Primavera con una esquina rota, Mario Benedetti
Dulce hogar, Dorothy Canfield Fisher
Madre e hija, Jenn Díaz
Fruta prohibida, Jeanette Winterson
El coleccionista de sonidos, Fernando Trías de Bes
Los combates cotidianos (cómic), Manu Larcenet
Volver a casa, Yaa Gyasi
Trenes rigurosamente vigilados, Bohumil Hrabal
Las bicicletas son para el verano, Fernando Fernán Gómez
Tres días y una vida, Pierre Lemaitre
Y siempre con un homenaje a nuestra recolectora de miel, nuestra antecesora.
Salud.

miércoles, 19 de junio de 2019

Retorno (desde Costa Rica)

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Desde hace un mes, aproximadamente, leo a ratos una novela de la que no tenía ni idea hasta que se encontró en mis manos. La cogí de las estanterías de una zona de cruce de libros de intercambio situada en el pueblo de Quintanalara, llamada Entre libros, una iniciativa de la Asociación de este lugar, que se encuadra entre las concebidas para el desarrollo de Tierra de Lara, comarca natural en la que hay lugares tan emblemáticos como San Pedro de Arlanza (bastante en ruinas, que se está rehabilitando), con entidad histórica y literaria, según se aprecia en aquel conocido poema de los siete infantes. Por supuesto, el ejemplar tiene su BCID: 196-13912431.
Se trata de Retorno, obra de Zeneida Fernández de Gil (1926-2003), que Trejo Hermanos editaron e imprimieron en San José de Costa Rica en 1954. Por entonces, desconocía que Zeneida fuera una autora ligada al campo espiritual, que deja patente en el resto de obra literaria que produjo (según señala la valoraciónhecha por Benedicto Víquez Guzmán). La verdad es que ya no estoy acostumbrado a leer este tipo de obras, con una puesta en escena parecida al teatro, con cambios bruscos de un párrafo a otro, con personajes estereotipados, que conforman dos triángulos amorosos, en los que, a la par de los tiempos actuales, el centro está ocupado por mujeres.
Por una asociación, cuyo motivo desconozco, se me figura que esta novela ha quedado desfasada tanto como Viaje al fin de la noche. Tienen algo antiguo en las formas, en los personajes, en las reacciones.