lunes, 21 de abril de 2014

Bailar. Danzas

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«Vas. Bailas y conectas. Un círculo del que formas parte. Un círculo creado en torno tuyo. Extiendes las manos y se unen a otras manos extendidas.  Se balancea el cuerpo. Los ojos dejan de identificar objetos. La mente pierde recorrido en la sociedad de cada día. Aparece la música allá a lo lejos acercándose por momentos hacia ti, y aquí se queda. Paso paso paso cruza el izquierdo empareja el derecho tacón izquierdo hacia delante cae la espalda en su movimiento natural vuelven a su sitio tacón derecho delante de nuevo la espalda inclinada ligeramente… Los sonidos llegan a ese lugar en que tienes el ritmo. Las manos en contacto se alzan a la altura de los hombros y descienden atraidas por la luz de los pies. Apenas necesitas escuchar las indicaciones. Solamente dejar el cuerpo abierto al continuo movimiento.
»Gritas y contactas. Los sonidos brotan de la garganta hacia el centro del círculo a donde las otras miradas confluyen sorprendentes tranquilas sonrientes. Este los atiende. Se unen con los del resto de gente que lo rodea. Y en su vórtice diluyen la espesura del clamor.
»No sé muy bien qué sucede allí. Paso paso paso se balancea el cuerpo. ¿Solo el cuerpo? El invernal frío de los espacios deshabitados resiste la soleada primavera hasta que la lluvia riega las plantas florecidas tempranamente. En la mesa se conjugan gestos y palabras.
Vuelves y los problemas continúan aquí. O, tal vez, no. Quizá están ahí».
[Puede verse el programa del XII festival Danzassin Fronteras. O actividades como las que realiza El Tilo, en Ribota de Ordunte (Burgos), así danzas rumanas con Daniel Sandu y Noemi Bassani. La ilustración primera es de Matija Jama, El círculo de la danza].

martes, 15 de abril de 2014

Silencio

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«”Tendríamos que aprender a convivir así. Ya somos adultas las tres”, dice ella. “Es cierto ‒contesto‒, solo tenemos que atender nuestros íntimos deseos”. Quedamos en silencio, envueltas en la certeza de estar vivas. Miramos por la ventana, las frentes apoyadas en los visillos transparentes, hombro con hombro con hombro, dejando que los ojos ojos ojos caminen hasta los blancos manzanos de la ladera del sur, atravesando el moderno bulevar que ha construido la gente de esmoquin retirando las vías de tren. (Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa hacia dónde en el tiempo dividido, escribe René Char en Furor y magia).
»Ella yo y ella convivimos. Resulta bastante más fácil de lo que hubiéramos pensado. Flores hojas y frutos. La anciana de la frente arrugada nos narra historia. La mirada fija en una una y una. Nos separan sus palabras. Ella aparece en el desierto, los labios y la piel resecos, da tumbos por las dunas gritando demenciada por el abrasador sol. Yo caigo en furioso río, jugueteada por torbellinos que en la bajada rozan las rocas de la orilla rasgando mi piel. Ella tiene en la boca sabor de fresas. Nos consuela. Le da agua a pequeños sorbos. Apoca mis lancinantes llagas. La anciana grita, pero caminamos sin preocuparnos de sus oraciones, cada vez más alejadas».
Solo tocar la arcilla
Hoy, que poseo el barro y el aliento,
puedo hacerte surgir
de cualquier pentagrama lluvioso,
de cualquier escondido rincón
            donde sueñen las sombras y las arpas giman.
Puedo hacerte emerger,
revestida de espuma,
de un mar enigmático y secreto.

Solo será preciso
acariciar la arcilla,
trazar un simple garabato
            sobre el agua o el suelo
y esperar que el aire pueble las troneras vacías.

[El poema es de Pascual Izquierdo en Alba y ocaso de la luz y los pétalos (2013). Los cuadros: Tres mujeres, de Leger, y The Misses Wickers, de Sargent Singer].

miércoles, 9 de abril de 2014

Golondrinas

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Hace unos días que me asomo al balcón, oteando hacia el sur, por ver si aparece alguna golondrina. No recuerdo bien cuándo llegan otros años, pero es que las estoy echando de menos ya. Será que mi cuerpo las presiente. En realidad (si dejo a un lado las rosas), los gladiolos y las golondrinas son dos de las compañías que más me agradan. Realizan un viaje de treinta días a través de África, cruzan desiertos y cada vez encuentran un ambiente más hostil. Parece que cada año se merma su población en España alrededor de un millón.

La bella golondrina y el viento (Badajoz, 2009), es un breve texto de María José Fernández Sánchez, ilustrado por Juan Manuel Calderón, que podemos llevar (sin necesidad de abrirlo) en el asiento libre del coche, cuando vamos en busca del pájaro azul. O El canto triste de la golondrina (2001), de María Trinidad Crespo. A las que podemos sumar otras muchas golondrinas impresas de este nuestro siglo veintiuno: La golondrina peregrina, Corazón de golondrina, La golondrina roja, Los dos amigos de la golondrina, La golondrina valiente, La golondrina y el colibrí, La golondrina viajera, Liberación de una golondrina, Mariana o La golondrina hija de la libertad, Paulina y la golondrina azul, Sofía la golondrina, La torre de la golondrina, Trayectoria de una golondrina, etc.

El cuento La golondrina enamorada. La novela del maquis La golondrina. Construir El palacio de las golondrinas. Observar Las golondrinas de Kabul. Sin privarnos de los poemas de La risa de la golondrina me despierta, de Dobrina Nikolova. Casi todas ideadas por mujeres.

viernes, 4 de abril de 2014

Arte, camelias, guerras y el camino

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Puede verse estos días en Burgos la delicada exposición El pincel y laespada, referida a Japón, más en concreto a la época Edo (1615-1868), la del proverbial aislamiento del país, en el que una rígida estructura social, con el emperador en la cúspide, era mantenida por gobernadores y samuráis, los cuales se divertían en barrios especiales de las grandes ciudades, donde florecía el arte flotante (Compórtate como la calabaza en el río). Con algunas piezas del período Meiji (1868-1912), ya con intercambio occidental.
La Naturaleza como espectáculo. Las camelias que retornan a nuestro barrio en esos todavía diminutos arbolillos que plantaron hace unos años. Cuenta el afamado narrador japonés Natsume Soseki (1867-1916) que, cuando estuvo estudiando en Londres (donde malvivió), en una ocasión invitó a unos jóvenes londinenses a contemplar  la nieve cayendo y se mofaron de él.
Y, luego, la guerra. Cuántas obras literarias del momento dan fe de la alegría desbordante que se apodera de la juventud cuando se declaran la guerra unos países a otros. Stefan Zweig (1881-1942), testigo de lo que sucede en Salzburgo, lo hace en El mundo de ayer, al anunciarse la entrada de Austria en la primera guerra mundial. Y otro de los que era casi un niño, Ernest Glaesser, confirma el hecho en Los que teníamos doce años (traducido en 1930 en España, época muy antiguerrera en nuestro país). Hoy lo podemos leer en uno de los libros editados al calor (o el frío) de aquel acontecimiento, 14, de Jean Echenoz.
A cada cual, nos queda ese dilema que plantean los versos de Robert Frost (1874-1936) en «El camino no tomado (o no elegido)»: Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo, / Y apenado por no poder tomar los dos /  Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie / Mirando uno de ellos tan lejos como pude, / Hasta donde se perdía en la espesura; […]Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, / Yo tomé el menos transitado, / Y eso hizo toda la diferencia.

lunes, 31 de marzo de 2014

Amor... y algo más

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El pasado jueves me decía la Camarera que había leído unos comentarios de Alessandro Baricco sobre su novela talismán, Seda (1996), en los que decía que si solo fuera una novela de amor no habría merecido la pena escribirla. Y, después ‒mientras me dejaba una teja extra en el platillo, con ese gesto de que sabe que me gustan a rabiar‒, casi me recitó completo un poema que había leído en enero en un sitio web donde colocan uno cada mes, llamado Poesía a pie de calle.
«A ese poeta lo conozco bien», le dije. Roque Dalton (1935-1975) nace y muere en San Salvador, si bien estudió en Santiago de Chile y viajó por Rusia y Polonia. «Y sí, en muchas ocasiones tiene ese algo más»:
Como tú
Yo, como tú,
amo el amor, la vida, el dulce encanto
de las cosas, el paisaje
celeste de los días de enero.
También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan, de todos.
Y que mis venas no terminan en mí
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.
Poesía a pie de calle es una colección de poesía mural, iniciada en junio de 2013, promovida por Asociación Cultural La Zagüía, en la que participan diversos colectivos: La Palabra Itinerante, La Casa con Libros, etc.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Libros (¿perniciosos?)

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Si habitamos en el número 55 de la Avenida Dropsie, en pleno Bronx, en uno de cuyos extremos podemos tomar el metro alto en la estación volada que allí se levantó (sobornando el constructor del barrio al ingeniero jefe), es que andamos por un espacio literario privilegiado, estamos en las páginas de Contrato con Dios (1978), novela gráfica esencial en la literatura de este género, debida a la pluma y el lápiz de Will. E. Eisner (1917-2005). «Relatos costumbristas, rebosantes de ternura debido a la condición humana» de quienes viven aquí. Solo podríamos añadirle alguno de los personajes que pululan por las páginas de la obra de E. L. Doctorow, tal los vendedores de periódicos ‒canillitas‒ de principios del siglo XX y tenemos en las manos, entre los dedos, ese mundo de papel.
Pero, cuántas veces discutiremos todavía sobre este regalo del destino. ¿Perecerá en su forma clásica? ¿Serán digitales dentro de veinte años? No lo sabemos. Lo que sí me gustaría ahora es reflexionar sobre lo que escribía Ramón Pérez de Ayala (1880-1962) acerca de la lectura temprana: «Sí, Urbano mío; los libros son mi vida, mi mundo, mi naturaleza, y no podría vivir sin ellos. No hagas caso si los abomino. Pero, ¡por Dios!, no leas libros. Quiero decir, no leas libros todavía. Léelos luego, todos los que puedas, a tu tiempo; que colaboren en tus reflexiones sobre tu vida pasada, pero que no se antepongan a tus experiencias provocándote la embriaguez de una vida imaginaria que te dejará inútil para la vida verdadera.

»Los libros son como las fuerzas elementales, como el agua, el fuego, el aire, la tierra, el amor; mortales si te dominan y envuelven, el mejor don de los cielos si los señoreas y limitas en el cauce, en el hogar, en la vela, bajo los pies, en el pecho. ¡Abrázate recio con la vida y con el amor! Oye mis palabras como el grito de angustia de un hombre que quiere salvarse. Tu tabla salvadora la tienes cerca. ¡Abrázate con la vida y con el amor!».
Tal vez el contrato realizado en las lecturas de la niñez..., no se cumple.

viernes, 21 de marzo de 2014

Engaños y Universidad

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Cuando Kangjie observó por primera vez los dibujos de las huellas de los pájaros y creó la escritura, la vida se llenó de engaño y artificio.
Así habla la tradición china respecto de la invención de la escritura por parte del ministro del Emperador Amarillo. Y otros poetas de esta civilización ‒Li Bai (Alzo mi copa y convido a la luna. / Con mi sombra, ahora somos tres), Du Fu (La guerra fue la causa de mi vagar. / Si he logrado sobrevivir, / ha sido por casualidad), o Bai Juyi (¿Quiénes son esa gente? / pregunta un curioso. / Son los mandarines / que nos gobiernan)‒ llegan a ser consejeros del emperador y, al ver que el engaño y la adulación es la monedad corriente del Poder, reniegan de sus cargos y vuelven a su beatus ille.
Yo, en esta isla de conocimiento como es una biblioteca universitaria, me conformo con volver de vez en cuando a Krisnamurti (1895-1986), el hombre al que quisieron endiosar y entronizar, pero que se negó a fundar su religión. En una conferencia que da en la argentina Universidad de La Plata, en 1935, le preguntan: «¿Qué hacer de la universidad oficial?» Y responde: «Estáis educando aparte. Un sistema semejante crea desórdenes en el mundo. Se os prepara para profesionales o educadores. Se os prepara para ensamblaros en un régimen hecho; os guste o no. Este régimen se basa en el espíritu de adquisición, miedo y explotación. Estos tres factores dejan libres en el hombre ciertos deseos que son los que crean entre los individuos las divisiones y las barreras.
»Tomemos por ejemplo el problema de la Historia. Veréis que cada país ensalza sus héroes y patriotas en detrimento de los de otros países. En esta forma se cultiva el nacionalismo. Con libros, diarios, discursos, mítines hemos sido forzados a aceptar el nacionalismo como un hecho real, de modo que gradualmente se nos va preparando así para ser usados con fines de explotación. En esta forma, el nacionalismo se convierte en una barrera para la humanidad».

¿Será verdad lo que dice la tradición china?