jueves, 15 de noviembre de 2018

Decrecimiento (el pescador mexicano con Carlos Taibo)

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Suele contar en sus charlas Carlos Taibo La parábola del pescador mexicano, la cual sirve de título a uno de sus libros, que lleva el significativo subtítulo Sobre trabajo, necesidades, decrecimiento y felicidad. Significativo porque expresa algunos de los elementos que intervienen en el planteamiento que realiza acerca de nuestro planeta. Más en concreto, acerca del modo en que estamos llevándolo a un colapso, al sobreexplotar sus recursos, en especial por parte de quienes habitamos los territorios “avanzados”.
Sostiene Taibo que las soluciones a las necesidades de recursos que conlleva el aumento demográfico mundial pasan por rebajar notablemente nuestros niveles de consumo y conseguir un reparto equitativo de los bienes. Sería actuar como ese pescador mexicano que con dos horas de trabajo tenía suficiente para poder vivir, con lo cual le quedaba tiempo para levantarse tarde, jugar con la progenie, sestear con la parienta y salir, sin prisa, con la cuadrilla (a ello, lógicamente, habría que añadir las tareas caseras), todo ello sin esperar a jubilarse para llevar esa vida.
Introduce su libro con dos citas. Una es de Óscar Wilde, «El trabajo es el refugio de quienes no tienen nada que hacer», con la inevitable ironía de este autor. Otra, de Robert Frost, algo más extensa, «El cerebro es un órgano maravilloso. Empieza a trabajar nada más levantarnos y no deja de hacerlo hasta que entramos en la oficina».
Se dice que una comunidad no occidentalizada sería tediosa. Así presentaba una monja salesiana una comunidad “primitiva” que había conocido en la selva de Venezuela: «No hay quien les haga trabajar; cuando consiguen la comida que necesitan, están una semana charlando. Viven en una choza grande. Tienen todo en común y todo el mundo se ocupa de todo; hasta de los niños. Van desnudos, por lo que es urgente vestirlos. En el terreno sexual hacen lo que les da la gana y, además, disponen de unas hierbas que permiten que las mujeres no queden embarazadas».

viernes, 9 de noviembre de 2018

Aliento de Eva (Carmen Plaza)

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El otoño no ha llegado todavía a las moreras (al menos a las del Parral), en esos momentos en que se cubren de fosforescencia crema. Las veo aún demasiado verdes mientras paso con los versos de Carmen Plaza. Esta economista burgalesa, radicada desde niña en Barcelona ‒Se esconde el mar, se esconde. / Todas las olas vuelven / al fondo de tus ojos‒, desde los inicios de siglo se prodiga en versos y relatos. Nos hace traspasar la triste línea de la gente que se toma los símbolos como destino:
Eva
Nos dirán
que la cosecha será escasa,
que el invierno helará nuestros párpados
y habrá llegado el tiempo
de olvidar la simiente.
No lo creas. Mira a tu alrededor
la luz frondosa,
el sol y el agua vistiéndose de gala,
todos los animales que nos ceden el paso,
sobre todo mi amiga la serpiente,
que nos invita a ser felices como dioses,
las espigas de trigo ofreciendo
el perfil afilado,
los árboles que muestran sus impúdicos frutos,
como esta roja pulpa que te entrego
con todo mi amor, en este instante.
Se permite sugerir algunas indicaciones: No hay que tirar nada en tiempos de escasez. Ni siquiera los disgustos. Se zurcen y pueden servir para otro traje.
[La fotografía está tomada de Escritores Recónditos].

sábado, 3 de noviembre de 2018

El perseguidor (Cortázar de cine)

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Hemos madrugado un poco para llegar con tranquilidad al trabajo por la tarde. Queríamos parar en las alamedas amarillas del Duero en Soria. Atrás han quedado las brumas del Moncayo ‒inicio de nuestro viaje‒ que dejaban entrever la nieve acumulada estos días en sus cumbres. En el camino, los páramos con algún sembrado iniciando el verde y, sobre todo, la gama de pardos y marrones de los barbechos. Cielo de otoño. Breves ráfagas de lluvia. Sol fugaz. Azules de interior. El espejo de las aguas del río soriano hasta San Saturio redobla la sensación de irrealidad que se tiene paseando sobre las hojas de sus orillas.
Un café, y continuamos la marcha. El rojo púrpura (de la hiedra japonesa) enciende el frente de algunos tapiales. Suena en la radio la viola en esta versión de Álbum para niños de Chaikovsky. A la llegada al Campo de Lara ‒ya en tierras burgalesas‒, las nubes bajas transparentan los picos de Las Mamblas; en la otra vertiente de la carretera se suceden las laderas arcillosas, fuertes, salpicadas de sabinas, emitiendo cantos de sirena. Nos tapamos los oídos con la cera del deber: hay que fichar a las 14:00 horas, una vez comidas.
Queríamos hablar en esta entrada de las narraciones de Cortázar (1914-1984) llevadas al cine, que se editaron hace unos años (2009): Los buenos servicios, que inspiró Monsier Bébé, dirigida por Claude Chabrol; Las babas del diablo, que fascinó a Michelangelo Antonioni tanto como para rodar Blow up; El perseguidor ‒¡quién da más!‒, que se asimila a Bird, de Clint Eastwood; y La autopista del sur, llevada a la pantalla por partida doble en Week end, de Jean-Luc Godard, y El gran atasco, de Luigi Comencini.
Quede así. Saludos otoñales de cine.

domingo, 28 de octubre de 2018

Breviario mediterráneo (Predag Matvejevic)

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Hace años conocimos este libro que nos entusiasmó. Quedamos sorprendidos por la mezcolanza de narraciones, personajes o lugares, además de por las formas de imbricarlos que realiza Predrag Matvejevic (1932-2017) en Breviario mediterráneo (1991). Este autor yugoslavo, nacido en Mostar en 1932, que enseñaba literaturas comparadas en París, fallecido recientemente, escritor en croata y francés, denunciante posterior de la guerra patria y su depuración, aunó aquí libros de viajes, novelas, crónicas, tratados poético-filosóficos, atlas, aforismos, etc. para dar a luz este texto, que sirve de libro de cabecera, pues puede leerse aleatoriamente, no secuencial.
Con el tiempo, discutimos con un amigo porque no le parecía que el libro señalara en la medida que él deseaba la singularidad mediterránea, como si quienes están a sus orillas constituyeran una sociedad única, no accesible a quienes no lo habitan. Matvejevic recorre la pluralidad de comunidades que contiene y afirma que «los mediterráneos pertenecen más a la ciudad que a la nación» o que «el Mediterráneo es algo más que una simple pertenencia».
Islas, ciudades, puertos, cabos, golfos, rutas, corrientes, temperaturas, vientos, naufragios, mitos, sirenas, galeones, odiseas, faros… Breviario mediterráneo es una filología del mar, «mezcla de rigor y temeridad, precisión científica y manifestación del infinito» (dice Magris en el prólogo). Espacio histórico-cultural, estudiado por Braudel; espacio místico-lírico, celebrado por Camus. Lo magistral y lo vital.
Todavía lo tengo a mano.

lunes, 22 de octubre de 2018

Historias de Chimamanda Ngozi, ideas de Marina Garcés

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La filósofa Marina Garcés (1973) elabora el epílogo de la pequeña obra El peligro de la historia única (2018), de Chimamanda Ngozi Adichie. No es que sea novedoso, hoy en día, lo que dicen, pero merece la pena abundar en ello. Expone Garcés que la Filosofía es la historia única por excelencia, en la que se canoniza a unos señores capaces de pensar, cuyo pensamiento lineal ha sido heredado por las sociedades “desarrolladas” que han luchado por conseguir sociedades modernas. Frente a ello, pone en valor las ideas de la gente corriente, acostumbradas a los “cuentos chinos” ‒asimilados, en notable medida, con mujeres y niños‒, pues estos aportan una gran variedad de conocimientos, desalojados de los manuales académicos, que, incluso leídos en el encierro del lavabo, sirven «para escapar, en definitiva, como el pintor chino a través de su cuadro y poder ir al encuentro de lo que aún no sabemos de nosotras mismas».
Chimamanda Ngozi Adichie (1977) es de sobra conocida por su literatura y su feminismo. Nacida en Nigeria en una familia acomodada, fue a Estados Unidos a estudiar en la universidad. Fue su discurso Todos deberíamos ser feministas el que la introdujo en la viralidad y convirtió sus palabras en fuente para mucha gente. Al tiempo, obras como Americanah muestran la estética, cotidianidad y poder en que basa su obra. El pelo se convierte en símbolo que muestra la historia y política subyacente a sus formas. La otra gran manifestación de sus personajes es el amor, o la forma de vivir la sexualidad.
Su propósito es crear una red de bibliotecas para escuelas, y talleres de escritura para quienes deseen narrar las numerosas historias de la vida cotidiana. «Cuando rechazamos el relato único, cuando comprendemos que nunca existe una única historia sobre ningún lugar, recuperamos una especie de paraíso».

martes, 16 de octubre de 2018

El abogado descalzo (Chen Guangcheng)

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Hoy, que he dado un rodeo para llegar al trabajo por no atravesar por el paseo de los castaños (pues te puede caer alguna en la cabeza), he terminado de leer El abogado descalzo (2015), de Chen Guangcheng (1971). Hace un tiempo, un amigo extremeño me comentó que había estado en la biblioteca del barrio de Villaverde (Madrid) y, en la estantería de novedades, se detuvo en ojear el libro de ensayos de Lewis Mumford, Interpretaciones y pronósticos (1922-1972), estudios sobre literatura, historia, biografía, técnica y sociedad contemporánea, y El abogado descalzo, el cual se llevó prestado y, a pesar de sus ocupaciones, leyó, quedando impresionado por la lucha de este hombre.
Chen Guangcheng había nacido en la China rural y perdió la vista. Entrado en la adolescencia, asistió a una escuela especial para invidentes, de la que pasó a cursar medicina tradicional china en la universidad, una de las escasas carreras que le estaba permitido estudiar. Volvió a la aldea y dedicó sus energías a defender a la gente discapacitada y al empeño por conseguir que llegase agua potable a la población, además de a denunciar las esterilizaciones forzosas que conllevaba la política del descendiente único.
Su activismo era molesto y traspasó fronteras. Era acusado de abogado descalzo ‒abogado sin título‒. Tanto que, en 2006, fue condenado a cuatro años de cárcel y, a la salida, a permanecer dos años más recluido en su casa. Fue en esta época cuando planificó la huida, que emprendió en una mañana de abril de 2012. En su invidencia, tenía interiorizado el recorrido, que pudo finalizar sin toparse con ningún guardia de los que le vigilaban. Llegó a la embajada de EE. UU. en Pekín y, desde allí, a Wahsington C. D.
Como bien decía mi amigo, es un libro duro, pero un ejemplo de quien lucha contra los monstruos que agitan la ley y se oponen con violencia a los atisbos de dignidad humana.

miércoles, 10 de octubre de 2018

De lo geek a la Generación del 98 (Kameron y Carmen)

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Por una u otra razón, esta temporada (iniciada en septiembre) no termina de presentarme su normalidad; una y otra vez se acercan los días de renovar la entrada, sin que haya tenido tiempo de disfrutar de la anterior y de pasarme, con cierta tranquilidad, por otras bitácoras. Y no es por falta de material; sin ir más lejos, dejo de lado Breve historia de la verdad (2018) de Julian Baggini, o La meditación y el arte de dibujar (2018) de Wendy Ann Greenhalgh, publicada esta en la colección Tiempo de Mirar. Cualquiera de estas obras daría para una anotación.
Esta vez cabalgaremos entre lo geek ‒recordemos que el término referencia a quienes apasiona la informática y los ordenadores‒ y la Generación del 98 de la mano de dos mujeres: Kameron Hurley y Carmen Baroja Nessi. ¡Qué diferencias tan abismales ofrece la sociedad para desenvolverse en unas épocas o en otras! Especialmente, si se pertenece a un colectivo que no detenta los poderes esenciales del patriarcado. K. Hurley escribe La revolución feminista geek (2018), tomada en parte con material de su blog; su lenguaje es beligerante y su estilo es directo, sin que falte el toque de calidad literaria en su elocuente prosa; reflexiona sobre la lucha contra la invisibilización de las mujeres, la perseverancia necesaria para progresar como escritora, la importancia del cambio cultural... que encuentran eco en muchas personas, interesadas o no en la cultura geek.
Por su lado, Carmen Baroja Nessi (1883-1950), también escritora de relatos y estudiosa de lo popular, se vio obligada a vivir bajo el aura de escritores y pintores, que entendían que el trabajo doméstico no les atañía, de ahí que tuviera que trabajar y solucionar los problemas de cualquier hogar, empleando en ello buena parte de su existencia. Es lo que narra en las memorias Recuerdos de una mujer de la Generación del 98 (rescatadas en el centenario de esa fecha por Amparo Hurtado). Casada con el editor Rafael Caro Raggio, la vida defraudó sus expectativas juveniles, salvo por sus hijos Julio y Pío, que se compenetraron con ella. (No así el Pío hermano, a quien reprocha su excesivo egoísmo, al igual que a Ricardo). A veces, aparece la duda y, además, la culpa por la falta de rebeldía: «Según mi familia, no tenía derecho a nada más que a mis labores domésticas, o acaso yo lo pensaba».