miércoles, 22 de octubre de 2014

In Memoriam (pálida muerte)

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La muerte se esconde en la niebla. Paseando en el sol, nos dirigimos al teatro donde transcurre el espectáculo. La cabizbaja misteriosa extiende el pañuelo de seda sobre el confiado cuerpo que espera ser transformado en paloma. Se difumina la luz y, ante el asombro general, la fina tela cuelga ahora pesada y oscura. Es el telón, la cuarta pared, sin ni siquiera haber sido precedido por The End.
omnes eodem cogimur, omnium
versatur urna serius ocius
sors exitura et nos in aeternum
exilium impositura cumbae.
La barca, aquella que abría caminos en la mar, iluminando lo antiguo, desparece paulatinamente ante nuestra vista. Para los peces permanece la estela.

Era joven. Y eso duele. Que le llegue la paz.

viernes, 17 de octubre de 2014

Compasión y éxito

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Stig Dagerman (1923-1954) es otro más de los escritores llegados de joven a la fama, que sucumben a sus exigencias y se quitan la vida. No sólo por la dictadura del éxito, claro, sino por su manera de soportarlo. Su madre lo trae el a este mundo en la granja de sus abuelos y a las dos semanas desaparece sin dar ya señales de vida. Su padre trabaja en Estocolmo. Así que se cría en un caserón de campo con abuela, abuelo, tíos, tías, primas, primos y gente asistente más una pléyade de transeúntes que pasan por allí: pordioseros, gitanos, vagabundos, heridos de guerra… que duermen alguna noche en el establo. La muerte de su abuelo  en un incidente grotesco y la de su abuela, por la conmoción sufrida, resultan ser unas pérdidas que el joven Stig no supera, dedicándose a la literatura.
Los estudios de bachiller y de universidad los realiza en Estocolmo, donde se afilia a la SAC, en la que milita su padre. Es un tiempo en el que escribe artículos en revistas revolucionarias y en el que la policía le lee el correo, mientras él trabaja de chófer, repartidor o lo que encuentra, pues no concibe la existencia parásita. Cuatro novelas entre los 21 y 26 años (iniciadas con La Serpiente) lo catapultan al reconocimiento, completadas con teatro, crónicas de viaje y artículos. Las exigencias editoriales le angustian tanto como el panorama social, cuya destrucción de vidas es tan evidente. No logra o no se aviene a la disciplina, a ese horario de trabajador de la pluma que saca libros sobre temas de interés.
Sus cualidades humanas quedan de sobra probadas en la solidaridad hacia la gente desfavorecida y, en especial, hacia los exiliados españoles de la guerra 1936-1939 asentados en Suecia. Las expresa en versos como éstos:
Mejor es aprender
a perdonar a tiempo
a los otros primero
a uno mismo después.
Mejor es aprender
a juzgar tarde
pero si
pero cuándo
a los otros después
a uno mismo primero.

Salud.

lunes, 13 de octubre de 2014

Música infantil

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Las obras de creación quedan. Permanecen en su burbuja. Pero las hay que pueden pincharse y dejar que lluevan sus elementos mientras alguien sopla desde detrás de la cortina celeste y dirige la refrescante humedad hacia quienes pasan por allí abajo. Es lo que sucede con la música. A diferencia que una pintura, una escultura o una arquitectura e, incluso, un relato (aunque este es susceptible de traducción), la música puede interpretarse. Puede desmigajarse. Esparcirse en finas gotas o en súbitos chaparrones. Con independencia de quien la ha creado. El soplo es quien decide.

¿Puede una criatura saber lo que hay en la burbuja creada por alguien adulto? Lo que sí puede es interpretarla. Se dice que para ello se necesita una lógica distinta de la que es necesaria para crear. Es algo más parecido a lo que sucede en el ajedrez. Con entrenamiento se puede dominar la técnica que permite llevar adelante la actividad. Pero no deja de sorprenderme el ver unas manos infantiles delante de un piano, haciendo de mayor. Imagino que  todos los casos son distintos, que habrá infantes a quienes apenas les suponga renuncia el tiempo que exige dominar el instrumento, y que habrá otros que preferirían estar jugando a las tabas o a los bolos.
Queda una sensación hueca, de algo fuera de lugar. Pero, tal vez, no tiene mucho de diferente con el anuncio de entrada.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Cuatreras de tinta

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Jessie Hickman es una mujer nacida en Australia a finales del siglo diecinueve. No pasa a la Historia por ser alguien que aporte un invento o una idea, sino que es conocida por haberse ganado la vida apropiándose de caballos u otros elementos necesarios para la vida que se cruzan en su camino, lo que le aboca ineludiblemente ‒con lentitud‒ a toparse con las normas que rigen la sociedad para quien infringe el sagrado derecho de la propiedad privada.
Sobre esta azarosa vida, otra mujer australiana, Courtney Collins, ha entretejido un relato, devenido en novela ‒Un mal día para nacer, según han traducido The Burial‒, que expande la crudeza de la trayectoria cuatrera por sus páginas, a través de palabras depuradas. Según le va al guión como anillo al dedo, capítulos cortos, diálogos de apenas una línea, espacios en blanco con construcciones aúreas, apariciones cortas en escena, naturaleza de río, bosque y montañas, intercambio de tiempos. Tal vez sobran algunas obviedades de novelista primeriza, pero no puede negársele a la obra el atractivo que le confiere esa voz recién nacida ‒intemporal‒ que nos narra el entorno hostil y libre en el que vaga la amazona bandolera y el resto de personajes.

No hay muchos libros que reúnan tantos comentarios en tan escaso tiempo en este mundo de bitácoras. Ahí tenemos a Devoradora de libros, y a Cómplice de tus lecturas, y a Adivina quién lee o  a Especulacions d’un Neardenthal.
Tal vez no sea para tanto, pero agradecemos lo eléctrico. 

viernes, 3 de octubre de 2014

Otoño cultural

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Durante el reciente Festival de San Sebastián podía verse en sus calles el cartel anunciador de uno de los documentales que se proyectaban: Ciutat Morta. Las letras del título se superponen al rostro de uno de los exalcaldes de Barcelona, pues en esa ciudad es donde fue arrestada en febrero de 2006 Patricia Heras, estudiante de filología en la Universidad Autónoma barcelonesa, la misma chica que se tiró por la ventana en abril de 2001, fecha en la que estaba de permiso penitenciario, al no poder aguantar la presión que le suponía la situación. Fue a topar en una sala de espera del Hospital del Mar con gente que había sido herida en el desalojo de una casa okupa, y allí fue la policía urbana y ‒sin más preguntas (para qué)‒ la detienen.
Después todo un montaje político, policial y mediático (de esos medios que se dirigen sonrientes a nuestras vidas), que desarrolla este documental de 128 minutos, y que resume Albano Dante Fachin Pozzi en cafèambllet. « Por un lado silencio. Por otro, desinformación al servicio de los planes urbanísticos del ayuntamiento».
Otra narración visual (de la que ponemos aquí una breve muestra) la tenemos en el documental de Ric Esther Bienstock y sus cuentos del comercio de órganos ‒Tales from the organ trade‒, ganador del Premio de Amnistía Internacional. «El largometraje denuncia la vulnerabilidad de las personas empobrecidas frente al tráfico de órganos, narrando de manera eficaz desde un punto de vista informativo las conexiones de un mercado negro que no conoce fronteras». Fases del proceso y agentes macabros a la vista.

Cuentos que cuentan.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Días únicos

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Algunos días, la Camarera, los vive igual que si fueran los únicos de su vida. Dice que los presiente al despertar. Entonces se levanta, abre el balcón y no se encuentra con preocupaciones. No importa que las golondrinas ‒hace ya un tiempo‒ hayan volado hacia el sur o que, al ir camino del trabajo, vea que han podado hasta los huesos al sauce más hermoso de la rivera. Nada de recuerdos que alteren su jornada. Yo lo veo al entrar en el café aunque esté vuelta de espaldas. Su cuerpo tiene el aura del día único. Al volverse, sus ojos inundan mis barbechos. No, no estamos enamorados. Le pregunto qué es lo que más agradece de estos días. «No sentir rencor por nada ni por nadie», me dice, y me pone tres tejas de sésamo con sus blancos dedos.
En estos días ‒para estos días‒ rebusco en mis bolsillos, colmados de papeles. Ahí está El puente que cruza la luna, el diálogo de Tess Gallagher con su marido muerto, Raymon Carver (1938-1988):
Si me quedo mucho rato junto al río
en noches de luna,
no creáis que mi atención obedece
a lo meramente estético, aunque
eso salve a la luz del día.
Sólo lo que alguna vez llamamos adoración
tiene los pies lo bastante ligeros como para transportar
a los vivos por esa brecha de fulgor.
Y quién dirá que no he cruzado el puente
porque lo haya utilizado como testigo,
para que el agua siguiera siendo agua
y las incongruencias de la luna cartografiaran
la unión de la que estaba segura.

Y es que hoy, a la Camarera, no le importa el extrañamiento.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

China, ese país... en la escritura de Mai Jia

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«Oriente es Oriente y Occidente es Occidente», expresa el dicho popular. Parece que solo por conquista o por colonización aumenta o disminuye el nivel del fluido de cada uno cuando están juntos. O en la literatura. La escritura de la mente matemática de Mai Jia (Jiang Benhu) no desorienta nuestras costumbres lectoras, si bien muestra un singular juego de voces en el desarrollo de El don (traducido en 2014), al que hemos llegado por casualidad.
[El profesor Jan Liseiwichz] delante de sus discípulos, de pie sobre su plataforma, parecía un poeta, o tal vez un general.
[El alumno Rong Jinzhen lograba desconcertarlo, ya que] a menudo los cálculos demuestran ser un método muy torpe para determinar el futuro, porque hacen pasar lo posible por imposible. Con frecuencia, las personas no se comportan con la pulcritud de los números. Pueden hacer que lo imposible se vuelva posible y que la tierra se convierta en cielo, lo que significa que, en realidad, la distancia entre la tierra y el cielo no es insalvable.
Y casi todo parece inmenso por allá. Mai Jia (que ha sido militar) pasa tres años en el Tíbet, durante los cuales lee un único libro. Después, comienza a escribir este Decoded en julio de 1991, en Pekín, y lo termina en agosto de 2002, en Chengdu. «Durante dos años pasé todas mis vacaciones en los trenes del sur de China, recorriendo el país para entrevistar a los cincuenta y un testigos, de edad media o avanzada, que habían presenciado los acontecimientos de esta historia». Después viene el éxito de ventas y, con sus posteriores novelas, supera los cinco millones de ejemplares. ¿Cómo medir algo así, cuando aquí el vender trescientos ya es motivo de notable orgullo?

Jinzhen se casa con Di Li a los tres días de conocerse, pues ella lo ama como ama a su patria. Apenas unos días después, él ya no aparece por casa y vive en un edificio cercano. Pero ella abriga la esperanza de que él albergue amor en algún espacio de su cuerpo. Así, Mai Jia le hace escribir en su libreta un pasaje del Cantar de los Cantares: «Levántate, viento del norte; ven tú también, viento del sur; soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado al jardín y coma de su dulce fruta».