viernes, 31 de julio de 2015

Futuro... Vacaciones

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«¡O sea, que era eso lo que querían!», la Camarera está para pocas bromas esta mañana, «¿aliarse con los/as anteriores, hasta el cuello de corrupción? ¿Dónde están los procesos en común prometidos, el bienestar de la gente?  Se sientan en las poltronas y se descubren sus afanes, mejor dicho, sus ambiciones. Al final, vas a tener razón ‒dice mirándome, que acabo de entrar‒: los barrotes están ya fuertemente enraizados, solo nos dejan el espacio suficiente para que nos lancemos piedras».
«Vale, mujer», le digo, «ponme un café y echemos mano del sesgo de optimismo, que pronto comenzamos las vacaciones. Además, la provincia está llena de actuaciones, el tiempo nos deja disfrutar de casi todo. En fin, ya sabes el Futuro de Ángel González».
Pero el futuro es diferente
al porvenir que se adivina lejos,
terreno mágico, dilatada esfera
que el largo brazo del deseo roza,
bola brillante que los ojos sueñan,
compartida estancia
de la esperanza y de la decepción, oscura
patria
de la ilusión y el llanto
que los astros predicen
y el corazón espera
y siempre, siempre, siempre está distante
.

Dichosos días augustos.

lunes, 27 de julio de 2015

Servicio público. Paisajes

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Hace tiempo ‒demasiado‒ que deseo escribir aquí sobre el Servicio Público para proponer algo así como que tendríamos que idear una máquina del Sentido Común por la que pasaran quienes desean dedicarse a la Cosa Pública. Pero, claro, esta es una bitácora cultural y, al iniciar el borrador de la entrada susodicha, termino pensando que los polituits que he leído estos días no se parecen nada a la creación humana. En todo caso me darían para hablar de la logorrea y no me siento capaz de tratar, con un mínimo de rigor, las impulsividades expresivas.
Además, aparte de que esta mañana estaban acampadas tres tiendas en el prado libre de la rivera del Arlanzón por la zona de Fuentecillas, estoy embebido en otros paisajes, los de Johan Moritz Rugendas (1802-1858), pintor al que Alexander Humboldt (1769-1859) admiraba por su destreza y su espiritualidad. El naturalista había ideado una manera de aprehender gráficamente lo que nos rodea: la Physique du Monde o Erdtheorie, suerte de geografía artística, captación estética del mundo y ciencia del paisaje, pues en ella no ponía el punto de interés en un elemento o símbolo, sino en el conjunto de imágenes coordinadas dentro de un cuadro ‒fisionomía del paisaje‒, las cuales reproducen los rasgos característicos de la naturaleza. Ello es lo que logra transmitir a la sensibilidad (intuitiva) de quien lo observa la suma de información deseada: clima, historia, costumbres, economía, raza, fauna, flora, régimen de lluvias, de vientos…
Y, para ello, nada mejor que los trópicos. Es César Aira ‒«escritor original, imaginativo, inteligente y delirante»‒ quien nos hace la narración del viaje central de Rugendas, en el que se interna en el centro de lo impensable, en el núcleo de lo existente, en la esencia de su respirar, a través de un recorrido por la pampa, viniendo desde Chile, tras atravesar las altas montañas y llegar a Mendoza.

Allí ocurrió… nada que ver con la política.

miércoles, 22 de julio de 2015

Libro destructor. Libros constructores (China)

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Los patitos, en recua zigzagueante, van creciendo cada día detrás de su madre. Conocemos a Luo Ying a través del colombiano Fernando Rendón, iniciador de ese evento tan singular como es el Festivalde Poesía de Medellín, que pone la palabra recitada en las calles. Luo es un constructor a gran escala, incluido en la lista Forbes, que edifica un enorme jardín en las afueras de Pekín para homenajear a los cien poetas mayores de la historia humana ‒a mí, eso del número nunca me ha parecido acertado, pero como mi opinión no va hasta allí…‒. Y, sobre todo, es un enorme poeta. Alguien con quien me estremezco.
Nace en 1956, en la provincia de Ningxia, donde a los tres años fusilan a su padre por contrarrevolucionario, siendo que había peleado por la revolución. «Los recuerdos de mi patria empiezan con el hambre y la pobreza abyecta / Pero los recuerdos de mi padre terminan con su arresto en público». Su madre, con tres hijos y una hija, amasa barro para vender y, en una escombrera, queda coja. «Cuando pasaba, los niños en la calle imitaban sus gemidos y pataletas / Cuando pasaba, los vecinos a lo largo de la calle fruncían sus labios con desprecio». «De rostro sombrío», su madre, «nunca parecía bañarse ni ponerse ropa nueva […] en una furia repentina podía golpearme hasta que yo temblara de miedo [pero …] Una vez incluso gastó 5 centavos en una torta de frijol verde para mí / Aquel pastel tenía un sabor celestial que nunca olvidaré».
Si le golpeaba a su hijo, tenía sus razones. Este era algo asilvestrado, casi rufián, peleaba sin medir las consecuencias, tiraba objetos a la gente, destrozaba ventanas… y era sometido a sesiones de vergüenza. Entonces, a los ocho años, se publica el Libro Rojo de Mao, obligatorio en colegios y en citas científicas, da inicio en 1966 a la Revolución Cultural, en la que Luo Ying ‒entonces Huang Yuping‒ se hace guardia rojo y, con otros compañeros, humillan y ridiculizan a los maestros, campando por la ciudad, envueltos en la vorágine de distintas facciones, en unos años en que la vida deja de tener valor ‒«la revolución no olvida el odio de clases ni las rencillas de sangre».
Y, a finales de 2012, Luo Ying escribe Memorias de la Revolución Cultural (que publica Visor de Poesía), con esos largos versos impactantes de su autor. Integrante del Movimiento Poético Mundial.

"Finalmente, una vez más, permítanme maldecir lo que pasó -en nombre de la poesía".

viernes, 17 de julio de 2015

Carmen (versos y jardines. Documentos)

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Ayer pensaba haber escrito esta entrada sobre lo que me impresiona la poesía de Luo Ying. Pero lo dejaremos para otra ocasión, pues esta mañana he recordado la conversación mantenida anoche con mi amiga Carmen, cuando le felicité el santo, y, además, me he encontrado con Piedad, que estaba dando un paseo de primera hora en los jardines del paseo de la Quinta y me inclino por hablar del nombre Carmen. Todavía recuerdo la sorpresa de conocer en el bachillerato que, en lengua romana, carmen, carminis… era verso o poema (convertidos en profanos en los carmina) y, poco después que, en la cultura árabe, era la casa de campo con huertos y jardines.
Hace 110 años, en Béjar (Salamanca), «á las siete de la tarde, descargó sobre esta ciudad una horrorosa tormenta, acompañada de violentísimo huracán que tronchó bastantes árboles. Los truenos eran imponentes y se dice que cayeron algunas chispas en las inmediaciones, aunque sin causar desgracias. Cuando la tempestad era más violenta, recorría las calles un procesión [la del Carmen], que tuvo que refugiarse en la iglesia de El Salvador, desde donde hoy ha continuado su itinerario
»Durante la procesión interrumpida ayer y continuada hoy, ha surgido un lamentable incidente. El conocido librepensador don José María Blázquez que regresaba del cementerio, á donde había ido en el acompañamiento de un entierro, se encontró en la calle Mayor con la procesión y siguió su camino sin descubrirse. Esta actitud le valió millares de insultos de las devotas, que además le zarandearon de lo lindo, sin que él, según me han referido, perdiera la calma ni contestase á las ofensas». Así escribe el corresponsal de El Adelanto salmantino (20 de julio de 1905, pág. 4).

Lo curioso es que el zarandeado fue procesado y condenado a cinco días de cárcel, por su gesto del Carmen, que penó en los calabozos de la antigua villa.

lunes, 13 de julio de 2015

Transformación (por qué)

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"No porque parezca delicado a primera vista, debe ocultarse: la total falta de amor que hubo en Julio Camba por los seres y las cosas".
Cuando bajaba andando hacia el trabajo, a orillas del Arlanzón, viendo las campánulas blancas reposando en la alta hierba de las orillas y escuchando las alegres voces de los aviones cuando descienden a beber, iba pensando que no sé si a la gente nos gustaría que dijeran algo parecido a lo que encabeza esta anotación después de nuestra muerte. Eso es lo que dijo César González-Ruano sobre su amigo después de este muriera, refiriéndose sobre todo a los últimos años de su vida.
Julio Camba (1884-1962) es uno de los periodistas más inteligentes y sagaces que ha tenido España, según opinaba Ortega y Gasset. Un niño con inteligencia innata, que escapa con frecuencia de la escuela de Villanueva de Arosa (Pontevedra) y se niega a ir a un seminario, por lo que a los doce años trabaja de mozo en una farmacia de Santiago de Compostela, oficio que extiende hasta los quince, edad en la que se embarca de polizonte hacia Argentina. Con el tiempo, logra hacerse una cultura notable, escribe en periódicos cada vez de mayor tirada y termina como columnista de ABC, lo que le permite vivir desde 1949 en la habitación 383 del hotel Palace de Madrid, una vez que ha coqueteado con el franquismo durante la guerra (por lo que se se aplica el calificativo de fascista); además de la aceptación de sus libros, así Londres, Aventuras de una peseta o Mis páginas menores.
Pero no siempre fue así. Con ese empuje juvenil, transformador de la sociedad, con el que llega a Buenos Aires, está entre los 16 y los 22 años en primera fila de las luchas sociales de su época. Tanto que, rondando los 18 años, es expulsado de Argentina por ser uno de los cabecillas de la huelga general de la capital en noviembre de 1902. Llega a España y es procesado y encarcelado en numerosas ocasiones por sus ideas. Entre 1903 y 1905 publica, con Antonio Apolo, un periódico de nombre El Rebelde, de sumo interés, con matices stirnerianos, donde clama por la libertad y por el cultivo personal: «Y es que es en él, en nuestro interior, donde tenemos que edificar la obra anhelada. Nuestras entrañas son las que deben arden en fuego de pureza para que vayamos, como focos vivientes, iluminando el mundo». Ama a la Humanidad.
Esas entrañas que se le quedaron heladas, bullían antes con una palabra novadora: ¡Germinal!
[¡Ah!, también estaba contra los toros].

miércoles, 8 de julio de 2015

Danzar en Grecia (Danzas sin Fronteras)

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Caminar hacia los orígenes.
Sentimos la necesidad de danzar con sonidos de caracolas porque en la vida cotidiana quienes habitan los Olimpos son de oro y no nos proporcionan la satisfacción del vientre. El ruido del enjambre está alejando las abejas polinizadoras.
Por ello, el viernes, rostros desconocidos hasta ese momento viajan a El Tilo, casa-jardín en Ribota de Ordunte (Norte de Burgos). Llega el sonido que convoca ‒Shalom Aleikhem‒. Los pasos se dirigen al umbrío salón. Se va conformando el círculo en las manos que ofrecen y que reciben ‒Hassapikos‒; las mismas que convierten los ojos en fuentes. El cansancio es sudor; el sudor, euforia ‒Hora romaneasca‒. Los Urales no son fronteras para el vuelo eterno de los cuerpos armonizados, distraídos a veces de su curso natural ‒Pivna yagoda‒. En un movimiento que ya es espiral.
En otro lugar, la política juega con las urnas. Todo tiempo es propicio para comprender el mareo:
«Que no dé más vueltas. Que crea otra vez en la vida verdadera. Que me enfrente a mis derrotas. Que suba una montaña. Que vigile un panal. Que llore, que ría, que luche, que rece. Que empuñe una hoz, una tiza o un verso.
He descubierto que hay millones de gavillas. No tienen la fuerza de un bosque pero son dueñas del cordel que sujeta sus espigas. Así que, con vehemencia, me he unido a ellas». (Viene el texto de Voces del extremo. Poesía antidisturbios).
[Allí, en las Merindades están Cuca y Javi. Gracias. La próxima parada en el XIV Festival Anual de Danzas sin Fronteras].

Un reportaje gráfico del lugar y del fin de semana lo hace Margarita en Más que danzas del mundo Valencia.
Regresar al futuro.

viernes, 3 de julio de 2015

Enigma de la poesía o mi amiga Daniela

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Hace unos días, mi amiga Daniela comentaba que leer un poema para ella es hallar algo enigmático, refrescarse con síncopas. «No está nada mal la definición», pensé, sin decírselo, con la intención de apropiármela (pues no se iba a enterar, ya que no lee esta bitácora). Pero… sentiría algo de culpabilidad cada vez que la viera y, por ello, la nombro.
Hay libros de poesía que se pueden tomar por experimentos de lenguaje, juegos o ejercicios literarios al albur de modas vanguardistas. Tal vez, lo mejor es dejarlos que suenen, como fórmulas matemáticas que resuelven el cimbreante vuelo de pompas de jabón. Nada de intentar comprenderlos y caer en la depresión juvenil de las obligaciones escolares.
En todo caso, cuando el poeta o la poeta va entrando en su propia voz (por lo general, ya pasada la cuarentena), da con palabras únicas, normales pero nuevas. Leemos a Carmen Conde en Cancionero de la enamorada:
El vino quiere morir
en una sangre rebelde,
y ser sangre derramada
en los apretados dientes.
Ebrio quiere que te sientas
para que sueñes conmigo,
y me jures un amor
duradero como el vino.
Bebe para que soñemos,
que quiero entrar en el juego.
A mí me gusta olvidarme…
Tú no tienes pensamientos…
Le digo a Daniela que lo que yo hago muchas veces es contestar a lo que dice el poema, aunque no se entienda. Suele ocurrir que se abren veredas que llevan a hontanares donde brota esa agua que le refresca.

Dichosos días.