miércoles, 28 de diciembre de 2011

Velero en viento de Castilla

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¿Puede subsistir un sencillo velero en tierra castellana? Aire, agua, tierra y fuego en la duradera mentira de la sangre. En los días, con la hierba parlante; en las noches, con las cálidas estrellas. Mástil enramado al que acuden las aves, posadas en su desnuda superficie de escarcha (que el sol regala durante la mañana), mientras otean el redondo valle. Cuerpo-alma a la que nos abocan las religiones; pensamiento-materia en la que nos sume Descartes; arte-ciencia, altivos chopos en la vera del arroyo –Burgostecarios–, vereda hasta el Duero, camino a la mar. Bohemio titiritero viviendo en la ciudad.

La pintura surrealista de Wladimir Kush (1965) es de esas creaciones que responden a la pregunta que nos hacíamos al inicio de esta anotación. Los componentes de sus cuadros no tienen lógica (externa) y, si nos apuran, carecen de profundidad, pero reúnen los elementos que unifican las verdades contrarias; se mueven (como pez en el agua) entre imaginación, música y pasión, proporcionando asiento en la borda a las letras (con las que se describen las Personas) y a los números (con los que escribe la Naturaleza). Así es como La Vela Blanca va y viene entre la nieve, la niebla, las flores, el dolor, el trigo, la humillación, los interrogantes…

Un año más, ¿por qué no?. Salud.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Canción de cuna (berceuse)

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La Bibliotecaria me habla de sus canciones de cuna y tararea versos del “Libro de nanas” (Editorial Mediavaca, 2005) –“Duérmete niño, un jilguerillo vuela al campanario. Duérmete niño, y aposenta los sueños en tu cuna de hojas y tiernos leños”−. A mí, en cambio, no me cantaron ninguna. Tengo la seguridad de ello, pues, de haber sucedido, recordaría una voz melodiosa semejante; y alguna parte de mi cuerpo o de mi mente vibraría al oír sonidos o canciones como las que ahora escucho –“A dormir va la rosa de los rosales. A dormir va mi niño porque ya es tarde”−. Lo recordaría, sin duda, cuando vienen las noches frías y el fuego del hogar extiende las sombras en las paredes del cuarto –“Ea, ea, ea, que mi niña no es tan fea. Y si lo es, que lo sea, ea, ea, ea”.

La Bibliotecaria me dice que me consuele con su arrorró y con las nanas de la música culta. No es que no la escuche con agrado, tiene su dulce personalidad. Pero no, no es lo mismo. Así que tengo que completar mis carencias –lejos ya el bebé asustado− con algunas “berceuse”, esas canciones de cuna compuestas en música clásica (que incluso se han versionado en ritmo comercial y circulan por nuestra vida adulta). Ravel, Balákirev, Stravinsky o Listzy las compusieron. Sin duda, una de las más conocidas es la de Brahms (1833-1897): Wiegenlied, opus 49, n.º 4. El pianista (criado en los suburbios de Hamburgo) la escribió hacia 1868, al nacer el segundo hijo de su amiga Bertha Faber, cantante de ópera, las cual se la susurraría después en numerosas ocasiones en sus paseos por Viena.



[Si se quiere escuchar nanas populares, ahí queda la página arrorrolullabies.com.ar/]

lunes, 19 de diciembre de 2011

Colores ateos

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La Bibliotecaria me convenció para que, este fin de semana, fuéramos a ver los colores del campo –«Ya sabes que Díaz Caneja pintaba a Castilla como quien pinta a una mujer»–. El retraso de las lluvias este otoño ha llevado a que se haya labrado tardíamente, con lo cual se ha sembrado poco cereal temprano y, en correlación, la mayoría de las piezas están ahora en espera del tardío. Bordeamos Soria, atravesando el Duero por su puente más reciente, y nos encaminamos en dirección a Narros. Pasados unos kilómetros, tomamos el camino que sube a un alcor, dejando el coche al abrigo de unas encinas. Casi llegando a la cima, en una caprichosa hondonada, se nos cortó la respiración. Eran tres ensenadas rojas en medio de una mar de hierba seca. Nos cogimos de la mano. El color de la tierra labrada había vaciado nuestros músculos y temimos caer.

Transcurrieron los minutos. Recuperadas, subimos a la cima, desde donde contemplamos la gama de pardos en el redondo valle, remendado con el tierno verde de algunas tablas. Casualmente, en estos días estamos leyendo (Hitch-22) al recién fallecido Cristopher Hitchens (1949-2011), un hombre que perdió la fe en sus días de juventud, sin creer por ello que accedía a la razón irrefutable –¡qué lección!–. Pocas personas, durante la segunda mitad del siglo veinte, han estado en el ojo del huracán como él. No es de extrañar ello, si reparamos en que señalaba que a Teresa de Calcuta y a Lady Dy no les interesaba la gente pobre, sino la pobreza, con el objetivo de congratularse (o tener identidad) ante la gente rica. Trató de vivir contra los totalitarismos. De ahí que dijera que es menos nocivo pensar en Dios que actuar como Dios.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Silencio

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Escribe el hombre de letras Walter Benjamin (1892-1940) que al final de los libros está el silencio. Ése es su objetivo. O sea, que el caudal de palabras que contienen −ya nos llegue a raudales ya gota a gota, dependiendo de la apertura que hayamos dado a nuestro cuerpo y mente, o dependiendo de la capacidad del texto para seducirnos− se sumerge abruptamente al acabar la última línea (se ha suprimido de los relatos el tan sugerente FIN), cual si discurriera por tierras kársticas, y nos deja ante el silencio.

El mismo Benjamin, en un artículo dedicado a Robert Walser (1878-1956), hace referencia a la Tertulia de los Parcos, grupo compuesto por los pintores Arnold Böcklin (1827-1901), Carlo Böcklin (1870-1934) y el novelista Gottfried Keller (1819-1890), los cuales adoraban el silencio. Cuenta que en una de sus reuniones en el café de costumbre, pasado un buen rato, el joven Böcklin habló al aire: «Hace mucho calor». Su padre, al cabo de un cuarto de hora, corroboró: «¡Y que poco corre el viento!». Keller, dejando correr los minutos sin prisa, se levantó y dijo: «¡Ya basta! No puedo permanecer más entre charlatanes».

Y tenemos que recurrir a palabras para nombrarlo.

[La fotografía es Noviembre, de Juan Sevilla, en Flickr].

viernes, 9 de diciembre de 2011

Clarice y Lilith

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Hablando con la Bibliotecaria de lo intrincado que resulta el libro La pasión según G.H. (1964), me comentaba que su autora, Clarice Lispector (1925-1977), le recordaba la figura de Lilith, primera mujer de la creación, anterior a Eva, que se negó a recibir órdenes de Adán y, voluntariamente, se marchó del Paraíso. Cuenta el mito sobre esta mujer, que no veía por qué tenía que estar acostada debajo del hombre cuando realizaban el acto sexual de la unión, a lo que Adán replicaba que porque lo ordenaba él. Y ello fue suficiente para que Lilit saliera volando del Edén y se marchara a la costa del Mar Rojo, lugar en el que convive con los demonios en frecuentes francachelas.

La verdad, hay motivos para la semejanza. Clarice es de origen judío (ruso) y Lilith es un personaje originado por este pueblo, al parecer en los tiempos en que estuvo exiliado en Babilonia. La etimología de la palabra (con la raíz li, que significa noche) hace referencia al movimiento de torsión o a lo que envuelve la tierra. En todo caso, G.H. es un personaje que se emparenta con lo primigenio, que se confunde con la Naturaleza, que se vuelve Silencio, en una narración ya no muy habitual, con alusiones al existencialismo de la época en que se escribió, con pretensiones metafísicas.

No por ello hemos de desecharla, guarda en sus páginas bocados exquisitos.

[Lilith (1892), de John Collier]

lunes, 5 de diciembre de 2011

Imágenes (de palabras)

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Pertenecemos al segmento de quienes piensan que una imagen no vale más que mil palabras. Desde luego, que hay instantáneas que impactan o que reflejan –con elocuencia− lo que está ocurriendo en un determinado lugar. Pero sabemos que ese conmover está demasiado relacionado con el sentimiento que provoca en quien las mira, y que va diluyéndose a medida que se repite la visión mostrada. En cambio, la palabra es capaz de argumentar reflexiones duraderas y, por lo tanto, dar lugar a la actuación consciente y no impulsiva a la que lleva la imagen.

Pero hoy hablaremos de las imágenes construidas con palabras. Las que ha elaborado la literatura desde que nació. Qué sería de ella sin las imágenes, sin esas metáforas que dotan al lenguaje de una singularidad impensable en el habla de la vida cotidiana. Que se lo pregunten a Tomas Tranströmer, actual Premio Nobel, que competía con el también poeta sirio Adonis. Que se lo pregunten a la anterior poeta galardonada: la polaca Wislawa Szymborska. De Tomas –imágenes de naturaleza y música− dirá Lars Gustafsson, que sus poemas reflejan el momento en que la niebla se disipa, cuando por un breve instante se rompe la cotidianeidad.

«Mañana, trabajo en otra ciudad. Yo me largo hacia allá a través de la mañana / que es un gran cilindro azul oscuro. Orión cuelga sobre / la escarcha. Los niños se agrupan en un montón silente a la espera / del autobús escolar, niños por los que nadie ruega. La luz aumenta / lentamente como nuestro pelo».

En 1990 sufre una apoplejía y, desde entonces, su esposa Mónica es quien le mantiene este mundo visual.

[Las fotografías son de segundo sombra y de getty]

martes, 29 de noviembre de 2011

¿Leemos lo que se escribió?

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Julio Verne (1828-1905), se decidió por el estudio y la escritura con tal ardor que no dudó en cargar con trastornos estomacales y parálisis facial, toda vez que se había quedado sin recursos para alimentarse debidamente al no seguir el consejo paterno de dedicarse a la abogacía. Es la época que está en París y forma, junto a otros amigos, el grupo Los once sin mujeres, del que deserta en 1857 cuando se casa con Honorine Morel (1829-1910), la cual será madre del único hijo de ambos: Michel (1861-1925). Verne −propenso a pasar los días en viajes− se desentendió prontamente de la vida familiar. Michel tuvo sus problemas, por lo que fue recluido en un correccional y, años más tarde, en un manicomio, a petición de su padre.

Pero la sangre se obstina en ser (como diría María Zambrano) y, con el tiempo, se convierte en secretario de su padre, máxime cuando este recibe, en 1886, unos balazos de su sobrino Gastón (con sí mantenía una relación cordial). A la muerte de Julio, su hijo, hecho editor y escritor, manipula los originales sin publicar dejados por su padre y los saca a la luz. Entre ellos figura El ácrata de la Magallanía, que saldría publicado como Los naúfragos del Jonathan, al cual le suprime cinco capítulos y le añade veinte nuevos.

Ahora, el 28 de noviembre de 2011, la editorial Erasmus anuncia su edición en español, reproduciendo el original de Julio Verne, en el que el escritor fantástico deja una especie de testamento espiritual, donde se muestra partidario de la anarquía no violenta. [Y aquí no podemos olvidar que uno de los rumores que corrían en su tiempo es que el manuscrito de Veinte mil leguas de viaje submarino se lo había comprado a la célebre anarquista Luisa Michel].

viernes, 25 de noviembre de 2011

Mujeres celebrando la lucha

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Hace veinticinco años que se creó en Burgos La Rueda, Asociación para la Defensa de la Mujer. Así pues, desde 1986, viene trabajando por una mayor participación de las mujeres en la sociedad; a ser posible, en una sociedad más justa y solidaria. Entre otras actividades, gestiona la Casa de Acogida a las mujeres víctimas de maltrato de género. Por ello, se están celebrando en la ciudad en estos días diversos actos para conmemorar estas fechas: charlas, exposiciones, manifestaciones, etc.
La literatura no es ajena a estas situaciones, a captar y a narrar esa brecha que establecemos -¡en tantas ocasiones!-, dependiendo de si quien tenemos delante es un hombre o una mujer. De ahí que, sin salirnos de la Ciudad del Arlanzón, nombremos a Sara Tapia, escritora que se va haciendo al caminar, cuya opera prima fue el conjunto de relatos agrupados bajo el título Femenino plural, en 2006, que vio la luz en la editorial burgalesa Dossoles. Libro que habla de la singularidad. De ello se ha hecho eco −¿cómo no?− el sitio Mujer Palabra.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Fútbol y versos

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Parece un oxímoron nuestro título. Viene a cuento porque hace unos días, al toparnos con la cubierta del último número de la revista Quimera, nos llevamos un chasco. Está ilustrada con el dibujo de uno de los futbolistas más famosos del momento. Por supuesto que, quienes la dirigen, pueden ilustrarla como crean más conveniente, pero nos cuesta trabajo digerir que una publicación que leemos (con fruición) con regularidad, reproduzca los millonarios deseos a los que puede aspirar la juventud de esta sociedad que construimos.

Se nos dice que eso es lo que hay e, incluso, que ese deporte representa valores de esfuerzo y de entrega. Y, además, que viene de antiguo la unión de fútbol y literatura. Sí −decimos−, es cierto. Hace ya ochenta años que Miguel Hernández compuso su poema neogongorino Elegía al guardameta, dedicado al portero y amigo del equipo de Orihuela, de nombre Lolo (Soler), basándose en el hecho imaginario de que pudiera golpearse contra uno de los postes de la portería después de volar en una estirada que impidiera la entrada del balón (tal vez, emulando el poema de Alberti a Platko):

Te sorprendió el fotógrafo el momento
más bello de tu historia
deportiva, tumbándote en el viento
para evitar victoria,
y un ventalle de palmas te aireó gloria
[...]
Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto! tino
y efecto, tu cabeza
dio al poste. Como un sexo femenino,
abrió la ligereza
del golpe una granada de tristeza.

Pero, entonces, era un deporte que causaba euforia en los barrios. Hoy…

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Animal de palabras

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Parece claro que las personas somos animales de palabras. A algunas de éstas les conferimos significados especiales, lo que las convierte esenciales en su época (pensemos en honor, progreso, revolución… en décadas pasadas; o en indignados, democracia, especulación… en la nuestra). Con ellas –en la literatura− concebimos mundos irreales, complementarios a lo que denominamos realismo, conformando de este modo (por contraste) nuestra realidad. (Esta irrealidad es diferente del ámbito virtual, un mundo paralelo en el que se nos quiere hacer vivir).

Uno de los pasajes de la cultura en donde primero se expresa esta idea seminal es en el Fedro, donde Platón nos habla sobre estas palabras, por boca de Sócrates: «Mucho más excelente es ocuparse con seriedad de las cosas, cuando alguien, haciendo uso de la dialéctica y buscando un alma adecuada, planta y siembra palabras con fundamento, capaces de ayudarse a sí mismas y a quienes las planta, y que no son estériles, sino portadoras de simientes de las que surgen otras palabras que, en otros caracteres, son canales por donde se transmite, en todo tiempo, esa semilla inmortal, que da felicidad al que la posee en el grado más alto posible para el hombre».

Por ello –se nos ocurre−, continúan siendo tan necesarios los libros.

viernes, 11 de noviembre de 2011

1964. Tierras de poesía

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Nos preguntamos a veces −la Bibliotecaria y yo− por qué una misma tierra da tanta poesía. Porque la poesía es un don (no nos cabe duda) similar a la sonrisa o al valor. Y mucho más cuando no alza el vuelo y nos habla de pateras o de la vida laboral. Y mucho más cuando nos habla de su (nuestro) origen. En 1964 nacen en Córdoba dos poetisas valientes.

Balbina Prior (en Villaviciosa de Córdoba), creyente en la palabra −¡con la que nos está cayendo!−, artificiera de pasiones, por si acaso, me tomo cada mañana la molestia, / de acudir a la fuente donde manan las palabras, / apartar residuos tóxicos, bolsas de plástico… / devolver bien condenso un mensaje alto, claro… En libros como Perversidades (1994) o Timos de la Edad Desnuda (2008).

El árbol de la ciencia

En el ordenador portátil del funcionario / puedes encontrar mi currículum académico, / mi declaración de hacienda, / mi lista de parejas de hecho, / y mi alma orinada. / Contra lo negro, más negro. / Contra el luto, más luto.

Isabel Pérez Montalbán, viene de la colonia de casas protegidas del Sector Sur. Según hemos escrito en la anotación anterior, es de las que prefieren vivir de pié. Y describir lo íntimo como público, y lo colectivo como privado. No deja de mirar alrededor, Cuántos mundos se inventan / y cuántas utopías se relatan / en los pulcros ensayos de los economistas. / Es lectura mortal: los criminales / se entrenan en sus páginas. En libros como No es precisa la muerte (1992) o Animal ma non tropo (2008) desgrana su vida enramada.

Puente romano

He tardado treinta años / en nombrarte sin miedo ni vergüenza. / Treinta años sin saber / cómo quererte o cómo hablarte. / Sin acertar ni atreverme siquiera / A decir me has abandonado madre.

[…]

Yo no te quise nunca, ya que tú no existías, / Pero tampoco pude odiarte. / En el temblor del agua te imagino / muriéndote, muy pálida…

[…]

No es verdad que te quiero sobre todo. / Es mentira la sangre.

[La fotografía de Balbina es de Cordobapedia. La de Isabel es de Culturamas].

lunes, 7 de noviembre de 2011

De rodillas... (Los documentos)

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Escuchamos el pasado viernes, en una charla, una frase de esas que nos resultan, en el momento, redondas: Prefiero morir de pié a vivir de rodillas. Hace años que la habíamos leído estampada en algunos pósteres que llevaban dibujado el rostro con boina (a lo Bonnie) de un conocido guerrillero latinoamericano. Además, en otros lugares se le atribuía a una ferviente comunista de la guerra de España de 1936. Pero no era más que otro de los efectos del poderoso aparato propagandista del estalinismo en aquellos años. ¿Quién pronunció la frase en su origen?

El marqués de Hoyos y Vinent (Antonio) fue un escritor prolífico y de vida apasionada. En 1937 publicó el libro Transformación social. Sus antecedentes, oscilaciones, plenario y la reconstrucción social, editado en Madrid por Trabajadores de Editorial Castro (colectivizada en aquellos momentos). En él habla de que, años atrás, paseando por las Ramblas barcelonesas con un amigo anarquista, éste le recordó el viejo proverbio libertario de Más vale morir de pié que vivir de rodillas.

Es decir, que tendríamos que situar su origen en el último tercio del siglo XIX. Pero albergamos dudas en estos casos. La Historia ha proporcionado ocasiones más que suficientes para que se le hubiera ocurrido a bastante gente: algún clérigo, rebelde ante los requerimientos de su superior; alguna mujer, harta de las exigencias del matrimonio; algún obrero…

[El cuadro es Reves, de V. M. Corcos]

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El oso bajo la lluvia

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Hemos comenzado la mañana leyendo unos textos sobre arquitectura de la información. Bueno, para ser el día siguiente a un puente, no deja de ser una lectura sugerente en estos tiempos en que se desea encontrar y usar la información que necesitamos en Internet. El libro clásico sobre ello se conoce como libro del oso (o libro del oso polar), por llevar en su cubierta (en la edición inglesa de 1998) la imagen de este animal, escrito por los bibliotecólogos Rosenfeld y Morville. En él se extienden en las habilidades para dominar el arte y la ciencia de reunir, de forma útil, información que circula por la red de redes.

En estas andábamos cuando ha comenzado a sonar, de forma tenue, la lluvia sobre el lucernario de la biblioteca. A pesar de no hacer frío, la primera reacción que tenemos es de encogernos un poco en el asiento y mirar hacia las gotas que se estrellan en los cristales inclinados, resbalando lentamente. Nos olvidamos del gentío que entra y sale, con el bullicio del reencuentro, trayéndonos el momento los versos de Eugenio de Andrade (1923-2005):

Lluvia en la casa

La lluvia, otra vez la lluvia sobre los olivos.
No sé por qué volvió esta tarde
si mi madre ya se fue,
ya no viene a la terraza para verla caer,
ya no levanta los ojos de su costura
para preguntar: ¿Oyes?
Oigo, mamá, es otra vez la lluvia,
la lluvia sobre tu rostro.

viernes, 28 de octubre de 2011

Rostros con palabras (Lecturas colectivas)

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Giacomo Ceruti (1698-1767), pintor nacido en Milán, se movió fundamentalmente por los pagos de Brescia. Le dieron el apelativo de Il Pitocchetto –el pequeño pordiosero−, por la tendencia que mostró a elegir personajes de la calle: muchachos recaderos cargando cestas o jugando a las cartas, lavanderas, mendigos, etc. Teniendo como clientes a rurales mecenas moralistas, que sustentaban instituciones benéficas.

Uno de los cuadros que nos conmueve, siempre que lo contemplamos, desde hace años, es Mujeres trabajando sobre mundillos de encaje, pintado en 1720, donde todo va en parejas, en tríos, en estrella de seis puntas (con un pequeño encaje); donde se duplican los gestos (o las rigideces); donde oprime el destino, desparramado en grises, marrones, pálidos blancos y esperanzadas blusas de tierra. Jóvenes trabajando en un orfanato, mientras una de ellas lee la biblia y otra… y otra... y otra...

Encajeras, demiurgas de destinos repetidos en sus rostros.

lunes, 24 de octubre de 2011

Sol de lluvia (para el aniversario)

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Queda abierta la Biblioteca. Libros, películas, ordenadores, revistas... todo a disposición, libre acceso para quien desee mirarlos, tocarlos, utilizarlos, llevarlos...

La Bibliotecaria, en este 24 de octubre, día de las bibliotecas (y aniversario de esta Bitácora), se ha marchado a la ribera, atraída por el sol fresco que asoma después de la lluviosa mañana. Mira las hojas caídas que, en algunos espacios, tapizan la hierba. De cuando en cuando, cierra los ojos y se agacha, eligiendo al azar algunas de ellas.
Al final de la tarde volverá a la Biblioteca. Ofrecerá una hoja a quienes continúen allí.

[El cuadro Observant 1 es de Eva Navarro]

viernes, 21 de octubre de 2011

Desiertos

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¿Qué tienen los desiertos? ¿Qué contienen? Se dice que son una metáfora de la vida. Y sí, atravesamos desiertos sin pisar arena. Pero, para la percepción occidental urbana acomodada que poseemos, su espacio físico ya no es un elemento de vida como lo fuera en siglos pasados. Así nos aparece en la obra de El Sherif El Idrisi de Ceuta, El paseo del Deseoso de atravesar los horizontes, escrita en el siglo XII, hablando de las rutas comerciales que subían desde Ghana o Sudán hacia Marrakesh, Tlemecén o Granada. Parecida estampa pintan los poetas beduinos preislámicos en los desiertos de Arabia.

Ahora, desde África -desde sus desiertos-, nos llegan noticias de luchas tribales, de inmigración que transita hacia el Norte, esperando mejor vida. Es una tierra desecha. ¿Al igual que nuestra cultura? Es lo que da a entender la antología Poemas para cruzar el desierto (Línea de Fuego, 2007), que ocupan sus versos en zonas desoladas de nuestro ser, abundando en la desesperanza.
Pero no decaigamos, si podemos perdernos y morir en una tormenta de arena, también llegamos a momentos de belleza sobrecogedora en el dorado paisaje cambiante.

viernes, 14 de octubre de 2011

Lirios de agua

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Hay quienes sostienen que las canciones populares son el origen de toda narración. Según ello, la literatura sería una especie de notas al margen de estos relatos-poema (al igual que la historia de la filosofía lo es respecto de Platón). No hace mucho tiempo, en el río Muga, a su paso por Pont de Molins, una joven de 20 años se subió al pretil de la presa y, sin que nada pudiera hacerse en evitarlo, se tiró al agua, desapareciendo de la vista. Al poco, uno de los que contemplaron el escalofriante suceso, cantó con voz tremante:

La canción del lirio de agua,
si la queréis escuchar,
es la canción de una joven
que el agua se va a llevar.

Lo hizo en catalán, tal cual viene en Lo lliri d’aigua, obra de Frederic Soler (estrenada en el Teatro Romea, en 1886). El Muga desemboca en el cabo de Rosas (a la postre, todo son flores).

Seguramente, la mujer del salto no pudo dejar de ser «criatura de los azares», según dice Pedro Salinas (en Razón de amor), o…

[La imagen está tomada de la bitácora de Olga Xirinacs]

martes, 11 de octubre de 2011

Páginas para los pétalos

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Le enseño a la Bibliotecaria el ebuk que me prestaron el otro día, para ver qué cara pone. Ella ya los conoce, claro, y hemos hablado del asunto en varias ocasiones, pero no tengo la certeza de saber qué opinión le merecen. «¡800 libros −le digo− caben aquí adentro! Podemos acompañar a la esbelta y pálida Maria Gravilovna en las tierras rusas, viviendo con aparente indiferencia la soledad [que ya sabemos cómo se resuelve] y, desde allí, atravesar el Atlántico para saludar a Sally Carroll, que prefiere cerrar los ojos, ansiando que el tiempo transcurra haciendo inevitable su boda con Harry, que la alejará de la dulce pereza en la que está sumida su vida de chica desocupada del Sur, corriendo el riesgo (casi seguro) de que equivocará su rumbo. Según nos relata El palacio de hielo, de Scott Fitzgerald (1896-1940)».

La Bibliotecaria coge −furtivamente− en la rosaleda del barrio unos pétalos de las flores que nos está ofreciendo este otoño sin lluvia. Me las da para que los guarde hasta que lleguemos a casa. Pero... no tengo en dónde hacerlo.

viernes, 7 de octubre de 2011

En la tempestad digital

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Pasé el miércoles por la biblioteca del barrio y me encapriché con un lector de libros digitales, de esos aparatos que llamamos ebuk. ¡Un poco pequeño, no! me pareció al abrirlo. Pero todo sea por satisfacer el cumplido afán de la curiosidad que me inundaba. Así que ahí me encuentro como una criatura con zapatos nuevos, pulsando todas las teclas, tactilando los iconos en pantalla, mirando la carga de batería, probando a sol y a sombra…

Me he metido en La tempestad en la nieve, de Pushkin (1799-1837), y allá que aparece la hermosa Maria Gravílovna «esbelta y pálida», que pretende casarse con Vladimir (que ardía en igual pasión que ella), en una apartada ermita del bosque, pues no en vano lo van a hacer sin el conocimiento del padre y la madre de Maria. Pero, hete aquí, que tengo que agrandar la letra justamente cuando se está levantando una tempestad de nieve y Vladimir ha enganchado el caballo a su trineo. El camino se desborda en la pantalla y el caballo queda cegado por la violencia de los copos que impulsa el viento que entra por la ventana. La cierro y reduzco la letra para ver en qué queda esto. No hay manera, se ha digitalizado el final del capítulo en cascada y me encuentro con Maria desmayada, sostenida por su doncella y los testigos, que la casan con un joven que aparece por allí a refugiarse de la tormenta.

Y con el correr de los bytes resulta que…


lunes, 3 de octubre de 2011

Sueños sin norte

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Paseo con la Bibliotecaria. El sol acaba de ponerse y nos hemos abrigado un poco ante el creciente frescor de la sierra. Hoy viene llena de sueños, de esos que no conducen a ningún lado. Tal vez por ello lleva entre manos un libro de poemas de Abu Tammᾱm ibn Rabᾱh de Calatrava: El cálamo del poeta (Hiperión, 2008), del que va leyendo Muchacha de piel negra, según pisamos la tierra del camino.

Es una joven negra que, cuando se descubre,
muestra sobre su piel
la frescura del agua del paraíso;
la ven mis ojos negros y de ella se enamoran,
como se atraen las cosas semejantes.

En pocas ocasiones tuvo la poesía tanto poder como en el siglo XI (ó V) en los Reinos de Taifas, cuando declinó el Califafo de Córdoba. Los soberanos pugnaban por tener ministros y embajadores literatos. Combinaron el cálamo y la intriga, sin detenerse ante la muerte (ajena) cuando la consideraban necesaria. Eso sí, distinguían a los escritores por su origen −que siempre hubo clases−. De ahí que la Bibliotecaria me dice que en los versos de nuestro barbero −ibn Rabᾱh−, a pesar del obligado preciosismo cultural, se trasluce este microcosmos.
El jilguero
Han teñido sus alas con rielar de azafrán,
y en su pico se ve sangre de drago;
pienso que, en busca de la aguada, lo engañaron
las pozas de los curtidores,
y bebe siempre en la sangre.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Silvia, mujeres en el mismo nombre

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Hace unos días anotábamos cómo una misma mujer vivía en nombres distintos: Marie Duplessis, en la realidad, se convierte en Marguerite Gautier, en La dama de las Camelias, para ser Violeta, en La Traviata. Pero también ocurre lo contrario: un mismo nombre llega a distintas mujeres.

Silvia habitaba una casa de la plaza de Recanati, aldea de la costa adriática. En una mesa de terraza de dicha plaza se sentaba Giacomo Leopardi (1798-1937) a contemplarla. Giacomo padecía una enfermedad ósea y, desde niño, mostró avidez por la lectura y el estudio, tanto que a los trece años escribe su primera tragedia y, a los quince, se maneja con siete idiomas. Silvia era costurera, hija del cochero de Leopardi, y −joven− muere de tuberculosis. Giacomo −moviéndose en su vida entre amores imposibles− añora la presencia de Silvia (a la que nunca habló) y compuso en su memoria el poema ¿Todavía recuerdas / de tu vida mortal, Silvia, aquel tiempo, / en el que la beldad resplandecía / en tus ojos huidizos y rientes…?

Los versos de Leopardi son de los que ejercen influencia en la poesía española. Años después de su muerte, Hortensia Blanch Pita (1914-2004) lee sus poemas y toma como seudónimo el nombre de Silvia Mistral, con el que escribe crónicas cinematográficas y páginas literarias, entre ellas un impagable libro: Exódo. Diario de una refugiada española −título evocador del texto bíblico y de Español del éxodo y del llanto, de León Felipe−, publicado por primera vez en México en 1940 en Editorial Minerva (repescado en 2011 en Biblioteca de la República).
Cuando Silvia Mistral publica Madréporas, en 1944, libro de exaltación a su embarazo y al nacimiento de su hija, metáfora de la superación del exilio, nos habla de que ésta también se llama Silvia, por aquella costurera del verso.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Lágrimas en el papel

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Escribir, escribir y escribir fue la pasión de Louis de Rouvroy (1675-1755), duque se Saint-Simon, historiador y político (que pasó una parte de su vida como embajador en la corte española). Durante setenta años escribió cada día y, de ellos, los últimos treinta lo hizo como actividad principal, una vez que se había retirado de la vida pública. Esta actividad no era nada barata en aquel tiempo, de ahí que gastara toda una fortuna en papel y tinta, y que a su muerte dejara una notable cuenta deudora a un proveedor de velas. Miles de páginas escritas salieron de sus manos y por ellas desfilaron cientos de personajes de la época. Además, era un gran aficionado a los libros, reuniendo una biblioteca de 6.233 volúmenes, de cuya organización se encargaba un bibliotecario.
Sin duda, su obra cumbre fueron sus Memorias. La obra ha tenido profundas influencias en la literatura moderna, algunas de ellas reconocidas, así Sthendal y Proust. En este escrito, apenas dejó traslucir intimidades. Observador penetrante de la conducta ajena, no abría resquicios a sus motivaciones personales. Era un libro para explicar lo que había sucedido, no lo que era él.

A los veinte años se casa con Marie-Grabrielle de Lorges (de diecisiete) y, al contrario de lo que solía suceder, fue una pareja unida y amante («poseía la perfección de un sentido justo y exquisito en todo», escribía sobre ella). Ya retirado el duque, cuando alcanzaba la página 1.155 de sus memorias, ocurrió la muerte de Marie-Grabielle. Abatido, dibujó una línea de lágrimas centrada por una cruz. Cerró el cuaderno y abandonó la escritura durante meses enteros.


domingo, 18 de septiembre de 2011

¿Septiembre?

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«La Bibliotecaria nota el silencio cuando recibe el contacto del viento. Lee a Solzshenitzyn (1918-2008), apoyada en la barandilla de la terraza de casa. Mejor diríamos al Solzshenitzyn bibliotecario, escritor de El primer círculo (1968), cuando el autor ruso gozaba de una etapa de relativo sosiego en lo que fuera su dantesco destino durante varios años por campos de trabajo. Ahora no había espaldas torturadas ni hacinamiento ni pies helados ni estómagos vacíos ni celdas de aislamiento. Sí –era cierto– le faltaba libertad y debía transitar frente a los humilladeros, en las salidas de caminos, con la estatua del papaíto. Pero sucedía que estaba al frente de la biblioteca del centro científico en el que trabajaban prisioneros cualificados, y podía leer muchas de las obras conocidas de la literatura universal, las cuales le abrían sus ventanas.

»La gente llega con fotografías (o postales) de mares, montañas, ciudades, grupos sonrientes, ecos de idiomas… Tienen morena la piel (y algo ajada). Hablan de lo maravilloso, de lo irrepetible, de lo lejano –“no te lo puedes creer”–. La Bibliotecaria vive en la ciudad de callejas serperteantes y esquinas afiladas, en las que el contacto le deja el cuerpo salpicado de pequeños regueros de sangre. Desciende escaleras entre espesa niebla. No obstante, en su cuerpo anida el ruiseñor, que revolotea juguetón dentro de los muslos hasta la enramada de los senos, venidos de lejos. Sabe del idioma antiguo y camina levemente dolorida en la ingle izquierda.
»Nota el silencio del viento… y cae en la cuenta de los días. Es septiembre. Las amables golondrinas se han marchado».

[La fotografía de Golondrinas es de Cass].

jueves, 15 de septiembre de 2011

#TWITTBUK LA DESPEDIDA!!!

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No, no es el título del nuevo libro que os vamos a proponer leer.... ¿por qué no lo es? porque es lo que anuncia, un adiós con la mano.
Intentamos con mucha ilusión una nueva experiencia que ha contado con algún que otro fiel seguidor, pero nos hemos topado con una cruel realidad y es que Twitter y la lectura guiada no son compatibles o no es un medio para fomentar la lectura compartida de libros.
Es un medio en el que puedes proponer una lectura, recomendar un libro o comentar que lo has leído y te ha gustado... pero hasta ahí.
Normalmente los lectores de redes sociales buscan lectura rápida porque el "estar en la red social" ocupa mucha parte del tiempo que podemos disponer para leer, suponiendo que el resto del tiempo lo dedicamos a nuestras tareas cotidianas, trabajo, casa, familia...
Esta experiencia intentaba lograr enganchar a la lectura guiada a usuarios de Twitter... no ha sido posible, ni tan siquiera con el grupo de TwittBU que era el origen del experimento.
No obstante, nos ha gustado el reto y lo hemos pasado bien, y no quiere decir que no se nos ocurra otra manera de volver a intentarlo... nos gusta nuestro trabajo, nos gusta leer y ese gustillo y regustillo nos encanta compartirlo y extenderlo a los demás.
Damos las gracias de corazón a nuestros dos autores Xabi Gassó y Mayte Arroyo quienes amablemente nos cedieron sus obras, sin su aportación nada de esto hubiera sido posible.
También agradecemos a nuestros fieles seguidores su participación.
Y aquí seguimos y seguiremos al pie del cañón a vuestra disposición para lo que gustéis.
Pedid y se os dará.
Un beso, un abrazo y nuestros mejores deseos lectores para todos.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Zíngaras para el predecible otoño

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En La Traviata (1853), de Verdi (1813-1901), discurre una mujer −Violeta− que ha nacido en La dama de las Camelias (1848), donde Marguerite Gautier encarna la personalidad de Marie Duplessis (1824-1847), llegada a París desde Normandía en una compañía de gitanos circenses a la que, según parece, la había vendido su padre. Nada extraño, pues éste tenía carácter agresivo y gastaba sus cuartos en alcohol, tal vez herencia de su progenitor: un sacerdote que nunca quiso reconocerlo.

En el segundo acto de la ópera, irrumpe un grupo de zíngaras:
Somos cíngaras
que venimos de muy lejos.
En la mano de cada uno
leemos el futuro.
Si interrogamos a los astros
nada es oscuro para nosotras.
Y podemos predecir
todo lo que el futuro nos reserva



Ni que decir tiene que la mujer, ya marquesa, muere de tuberculosis en la flor de su existencia.

lunes, 5 de septiembre de 2011

La miel del viejo caballo

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André Weil (1906-1998) fue uno de los matemáticos más sobresalientes e influyentes del siglo XX. Conforme avanzaban los años, notaba cómo su cabeza iba perdiendo agilidad para manejarse con el complejo mundo mental en el que estaba acostumbrado a moverse. Algunos de sus amigos morían y otros caían en depresiones cada vez más notorias, acusando la desventaja mental con que suponían que se hallaban frente a la gente joven que llegaba a sus cátedras.

Pero André se reconvirtió (según le gustaba decir). Pasó a elaborar historias de lo que él más amaba: los números. De ahí que tengamos que agradecer el contar con su teoría de los números a través de la historia: Number Theory. An Approach through History: From Hamurapi to Legendre (1984). Para la cubierta eligió el bajorrelieve de la tumba del emperador Taizong, representando un caballo, sobre el que su amigo matemático Shiing-Shen Chern escribió el proverbio chino: «El viejo caballo conoce el camino».

André, junto a sus amigos de juventud, pasaban por la vida con humor. Inventaron a un matemático: Nicolás Bourbaki (que vivía el no menos excéntrico país de Poldevia), nombrando así al colectivo que crearon, el cual llegó a revolucionar las matemáticas modernas.
[Son algunas de las historias que nos cuenta su hija Sylvie en el delicioso libro (y un poco caro) En casa de los Weil. André y Simone].

lunes, 29 de agosto de 2011

Poesía de agosto (y fin, por ahora)

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Llegamos a final de mes no habiendo mermado nuestros caudales poéticos, pues se acrecientan día a día con hallazgos nuevos. Pero sí finalizamos este ciclo de poesía inteligible que nos habíamos propuesto en agosto. Y lo hacemos con un poeta azul, que llenó el modernismo con sus versos, y que pasa por ser algo almibarado. De ahí que hayamos elegido un poema suyo que nos pueda sorprender por su temática. Bueno, ya sabemos que está muy difundido, es decir, que no descubrimos nada. Ahí va Rubén Darío (1865-1926).

Lo fatal

DICHOSO el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos...!

¿No está mal para comenzar septiembre con algo de ejercicio mental, no?