jueves, 15 de marzo de 2018

Montse Watkins. Japón esencial


Tiendo a quedarme sorprendido ante lo que desconozco. Y la experiencia me muestra repetidas veces que el deslumbramiento que tengo ante el brillo de lo novedoso suele impedirme calibrar la profundidad de lo que tengo ante los ojos por primera vez. Me ha ocurrido con un reportaje que incluía El Norte de Castilla el pasado sábado en el suplemento cultural sobre Japón. Las imágenes del exotismo del país del Sol Naciente, sus colores atraen sin duda y prolongan el idilio que tenemos desde Occidente hacia esa cultura. Pero ‒ahí viene el pero‒ descubro después que una notable parte de las personalidades que ahí se nos presentan como pioneras y posibilitadoras actuales de los textos que llegan a nuestras librerías, lo han hecho y lo hacen sin conocer el idioma japonés, por lo que traducen del inglés, fundamentalmente, y algo del francés.
De ahí que valore el trabajo de personas alejadas de la primera fila mediática y traiga a esta bitácora aMontse Watkins (1955-2000), periodista y escritora barcelonesa, que desarrolló una gran actividad en Japón desde 1985 hasta su muerte, conocedora de este idioma, del que se constituyó en abanderada de la traducción al español y, además, de la publicación de las mismas en su editorial Luna Books, activa desde 1990, trabajando con personas japonesas, tal Ota Masakuni (de Editorial Gendaikikakushitsu, relacionada con Iberoamérica y España), o con españolas radicadas allí, tal Elena Gallego Andrade, igualmente conocedoras del japonés, que trata de perpetuar ahora la memoria de su colega.
Montse Watkins, además, cumplía con otro de los rasgos que definen a una persona comprometida con su tiempo: se (pre)ocupó por conocer y mejorar la situación de quienes emigran desde América Latina a Japón en busca de trabajo (por lo general, descendientes de quienes habían salido de Japón en una generación anterior), y contribuyó a la fundación de CATLA (Comité de Apoyo a Trabajadores Latinoamericanos), organización que trata de resolver problemas y asistir a las necesidades de esta gente venida de fuera a una sociedad muy centrada en sí misma.
Todo ello lo descubro en Ensayos en homenaje a la traductora e investigadora Montse Watkins (editado en 2015 por el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Estudios Extranjeros de Kioto).
[Salud. A la Espera de que la Vida enseñe la traducción directa a quienes gobiernan la res publica].

10 comentarios:

  1. Me gusta que se reivindique el papel tan importante que tiene el traductor en una obra y traducir como bien dices no es solo conocer el idioma, es preocuparse de entender la cultura y la manera de vivir del autor y del país, y ese estudio y documentación creo que se refleja en la traducción. Hay traducciones que son terribles y que hacen que un buen libro lo llegues a descartar y otras que ayudan a disfrutar de la buena literatura.
    Un abrazo

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    1. Sí, sí, Conxita. Una traducción puede ser una obra distinta. En el caso que nos ocupa, Japón, parece necesario que se conozca la cultura y el idioma.

      Abrazos.

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  2. Totalmente de acuerdo. Tampoco es que pueda decirse que lo oficial no es de calidad, pero hay demasiado tongo y, en el caso que dices, resulta descorazonador que se traduzca del inglés o francés en los círculos "cultos".

    Saludos.

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    1. En ello estamos, Anónimo. A ver si se consigue que los libros indiquen las traducciones originales.

      Saludos.

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  3. Si me pudieras escuchar te aplaudiría ; )

    Tienes tantísima razón y me parece tan merecido tu atención a esta escritora/ traductora investigadora que la pena es que como comentas no fuera imprescindible que quien tradujera un poema lo hiciera desde el idioma original porque al pasar de un idioma a otro se va perdiendo sin remedio la esencia de la obra, no digamos cuando hablamos de idiomas comeos chino o el japonés cuya grafía no se refiere a letras o sonidos si no a conceptos. En fin, que enhorabuena por esta reseña tuya a esta investigadora a la que si puedes le haces llegar de mi parte mi carió y admiración ; )

    Un abrazo grandísimo y adelante IGNACIO, la gente como tú hace que este mundo sea bastante mejor de lo que parece ; )

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    1. Gracias por aplaudir, María.

      La traducción, efectivamente, precisa de honradez. Ella, unida a los conocimientos, da como fruto bocados apetecibles.

      (Eso sí; a Montse ya no se le puede dar la enhorabuena, pero seguro que lo agradece; a quien sí se la daré es a Elena Gallego).

      Abrazos.

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  4. Genial esta entrada que rescata y valora el trabajo de una mujer excepcional, estas mujeres a las que se silencia y se relega al olvido. Fundamental la labor de Montse Watkins y Elena Gallego en sus traducciones directas del japonés, con todo su saber y conocimiento. Un libro mal traducido hace malo al mejor autor, así que las traducciones por favor del idioma original y que se valore a los traductores y estudiosos de la obra como se merecen. Un abrazo

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    1. Estamos de acuerdo, Esther, en lo que pierden los libros si pasan por varios canales intermedios. Algo que evitan en manos de estas mujeres cuando es desde el japonés.

      Un abrazo.

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  5. Hay una larga tradición de mujeres traductoras que han permanecido en la sombra (de los libros). Esta que tu destacas es un excelente ejemplo para mi completamente desconocida.

    Abrazos.

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    1. Sí. Poco a poco va saliendo a la superficie este trabajo tan sepultado.

      Abrazos.

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