lunes, 16 de noviembre de 2020

El mar en Grecia

 

Leía esta temporada los versos de Anne Carson en La belleza del marido (2000), esa mezcla de ensayo, narración y poemas que ella suele hacer en una misma composición, en las que no son infrecuentes las referencias al mundo clásico griego, no en vano se doctoró con un trabajo sobre Safo. Sin ser muy consciente del ambiente en que se movía mi espíritu, llegué la semana pasada a la biblioteca del barrio y, tras pasar un momento por la mesa de novedades, decidí coger la novela La sonrisa olvidada, de Margaret Kennedy. Con ella bajo el brazo, me acerqué a la zona de poesía (en la que tenía que consultar unos romanceros) y (hecho lo anterior) tiré de un poemario para llevarlo en préstamo, que resultó ser Aquel vivir del mar, reunido por Aurora Luque. Ya en casa, mirando una fotografía en el móvil hecha hacía poco en una exposición sobre la ruta de migrantes (clandestinos) en el Egeo, caí en la cuenta de la conexión de lo que me rodea.

Aquel vivir del mar –que proviene del verso de Arquíloco, «Olvida Paros, aquellos higos y aquel vivir del mar»– lo subtitula su traductora y recopiladora Aurora Luque como El mar en la poesía griega. Antología. La Europa mítica nace en el mar, con la princesa fenicia raptada por el toro Zeus que navega a las playas de Creta; al igual que la histórica nace en las aguas de Salamina, fecha de libertad. Es un mar hiperpoblado de presencias. La traductora se ha propuesto la misión imposible de devolver algo de sabor lírico a las viejas palabras helenas, para que no atraigan solo a pedagogos, sino que satisfagan a oyentes y degustadores de poemas. Así, nos muestra una delicada jarcha de Anacreonte: «Qué bien me haría / que me llevaras, madre, / a la mar amarga, // y a sus olas granates, / con remolinos, / tú me arrojaras»; el cual prosigue la idea de suicidio en «Tras subir –otra vez– a lo alto / de la roca de Léucade / en las canosas olas me sumerjo / de pasión embriagado». Mimnermo, Safo, Hédile, Erina, Antípatro, Filodemo…

En La sonrisa olvidada, Margaret Kennedy (1896-1967) concentra su hacer literario de años y despliega una prosa cuidada y culta, que proporciona vida a unos personajes singulares y, sobre todo a una isla, Keritha, rodeada (y custodiada) por ese mar heleno, en la que se simboliza el lugar imposible, donde habita la sonrisa olvidada. Lectura amable para tiempos raros.

8 comentarios:

  1. Eso es muy bueno, distraer el pensamiento con libros es muy gratificante.
    El presente es tan triste que hay que viajar de la mano de los autores que nos transportan a distintos lugares.
    Saludos

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    1. Ya lo creo, Karin, distraerse con libros. Viajar a otros lugares. Para saber que estamos aquí.

      Saludos.

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  2. Haces un recorrido atractivo por ese mar de hojas. Con la ventaja de que puede hacerse desde casa.

    Saludos.

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  3. Que placer poder ir a las bibliotecas y servirnos a nuestro gusto todo lo que nos agrada.

    Un abrazo.

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    1. Ya lo creo, Conchi, aunque ahora aquí, en Burgos, nos tienen cerradas todas las bibliotecas.

      Esperemos que las podamos visitar pronto.

      Abrazos

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  4. Que buena pinta tiene, me lo voy a apuntar. Gracias

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    1. Espero que las faenas te dejen tiempo para leerlo y saborearlo.

      Abrazos.

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