Es muy saludable ‒dicen quienes se ocupan de ello‒ descargar
las tensiones con el humor. Así que aquí, de vez en cuando, recurrimos a él. No
viene a desmano ahora que en los ambientes públicos y en los enjambres sociales
hay tanto cruce de palabras crispadas. Nada nuevo, por otro lado. A ello ‒al
humor‒ recurría también un aguerrido semanario de Béjar (Salamanca), llamado La Victoria, católico integrista por más
señas, cuando publicaba lo que llamaba epigramas, que andaba a la gresca con Patria y Letras, y La Dinamita, allá por 1902-1903.
Conversando varias gentes
sobre materias diversas,
llegó a tratarse de sueños
y uno habló de esta manera:
yo, señores, con los piojos
soñé dos noches enteras;
a lo cual el otro dijo:
no encuentro en eso extrañeza,
pues es cosa bien probada
que por la noche se sueña
con aquello que ha pasado
de día por la cabeza.
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Robaron a un jorobado
un frac hecho a su medida
y, la pérdida advertida,
se puso muy enfadado.
Mas, como ignorase quién
pudiera ser el ladrón,
soltó aquesta exclamación:
¡Ojalá le venga bien!
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A un mentiroso
Vuestra dentadura poca
dice vuestra mucha edad,
y es la primera verdad
que se ha visto en vuestra boca.

