lunes 14 de febrero de 2011

Príncipe de la escritura (Documento, con dolor)

Amanuense, copista, pendolista… son términos con los que designamos a los monjes medievales que dedicaban horas y horas, en los scriptoria, a copiar códices, muchos de los cuales son ahora admiración nuestra. La singularidad y dureza de su oficio quedaba en parte compensada con algunos de los privilegios que gozaban; por ejemplo, poder calentarse en invierno en la cocina (al tiempo que se caldeaba la tinta). Por entonces, un libro era un objeto muy preciado, llegando a valorarse como dos bueyes.

En el siglo X existía un lugar a orillas al Arlanzón, junto al pueblo de Tordómar, en donde se hallaba el monasterio de Santa María de Valeránica, al que llegó Florencio, joven monje escritor peregrino, que sería con el tiempo −según Gómez Moreno− príncipe de los calígrafos españoles. En el Smaragdo o Libro de las homilías (conservado en la catedral de Córdoba), escribió en el colofón:

«Quienquiera seas el que vengas a leer, acuérdate del copista y pecador Florencio […] La labor de copia es alimento del que lee […] Quien no sabe escribir estima ésta una labor baladí. Pero, si lo quieres saber en particular, te diré cuán pesado es el trabajo de copiar: los ojos se nublan, la espalda se encorva, se oprime el vientre, los riñones duelen y todo el cuerpo se fastidia. Por lo mismo, te ruego que pases las hojas con lentitud y que no pongas los dedos sobre las letras porque, así como el granizo arrebata a la tierra su fecundidad, así un lector torpe destruye la escritura y el libro. Tan suave como un puerto para el navegante es para el copista la última línea del códice».

14 comentarios:

Gelu dijo...

Buenos días, Burgostecarios:

Interesantísima entrada. Me ha encantado, saber del monje Florencio y de su precioso trabajo, cerca de Tordómar; pueblo en el que teníamos estupendos amigos, y del que guardo excelentes recuerdos y fotografías.

Saludos.

Ayla dijo...

A mi me parece un trabajo muy interesante. Es más si me pudiera trasladar a otra época no me importaría, lo de ser monje..., bueno eso es otra historia.

Luis Sánchez García dijo...

Preciosa entrada.
Un abrazo de un paisano de Nebrija.

lavelablanca dijo...

Nos alegramos, Gelu, que hayas disfrutado con la entrada.

Un saludo.

lavelablanca dijo...

Bueno, Ayla, entonces existían los monasterios dúplices.

Seguro que disfrutabas.

lavelablanca dijo...

Gracias, Luis. Bienvenido y saludos para ti.

Elena dijo...

Nunca agradeceremos lo suficiente a estos monjes que dedicaran toda su vida a la copia y guarda de importantísimos textos que sin ellos no hubieran llegado hasta nosotros.
Un abrazo.

esther dijo...

Muy bonito, un saludo desde el archivo de la catedral, donde copiar lo que se dice copiar ahora no se hace, pero siento todos los males del pobre monje de Valeránica, porque leer, lo que se dice leer y transcribir...

ebge dijo...

Da un poco de vértigo pensar que estos textos fueron copiados por alguien que vivió en la época de personajes que hoy son casi leyenda.

Ayla dijo...

Lavela, para cuándo la entrada de los monasterios dúplices?

lavelablanca dijo...

Claro, Elena. Además, este libro lo tenéis por tu tierra.

Un abrazo.

lavelablanca dijo...

Bienvenida, Esther. Te devolvemos el saludo y agradecemos tus palabras.

Un saludo.

lavelablanca dijo...

Bueno, que casi duelen los riñones al leerlo, ebge.

lavelablanca dijo...

Ayla, ¡qué impaciencia!