miércoles, 27 de noviembre de 2013

La máquina de escribir (nos hace sonreir)

«¡Sabe escribir con todos los dedos!», decíamos señalando a alguien en el patio del Instituto. Era algo completo: competencia básica, habilidad, conocimiento… Lograr escribir sin mirar las teclas suponía robar demasiadas horas a los juegos, olvidarte de la diversión completa durante una buena temporada en vacaciones. Practicar... qwerty (con una sola mano, como extraterrestre). Que te prestaran un método. O te llevaran a la Academia. Utilizar la tira correctora o el líquido secante. En compensación por los baños imaginados mientras consumías las horas delante de ese aparato, recibías ese aura que propiciaba la admiración ajena.
Ese gesto de tomar el folio y asomarlo al estrecho desfiladero sin fondo conocido, mientras con la otra mano se da la vuelta al rodillo y ‒¡milagro!‒ aparece ante nuestros ojos la blanca página. Más tarde, descubrías que no sólo era un equipamiento de oficinistas, sino que quienes se dedicaban a la literatura ‒la gente más moderna‒ escribían a máquina, llenado páginas mientras el folio subía por el rodillo. Underwood, Woodstock, Olimpya, Olivetti... Qué decir de esas escenas de películas en las que el periodista tiraba del folio a medio, con el humeante cigarro colgando ladeado de los labios, y lo lanzaba a la papelera con el gesto que produce la desesperación de no encontrar esa idea brillante que exprese lo que deseas o de no atreverte a hacerlo.


Y las asociaciones obreras que, en cuanto disponían de algunas pesetas, se empeñaban con algún tendero de mente abierta y voluntad generosa, con la máquina en la que poder escribir sus proclamas de libertad.

9 comentarios:

  1. Buenas noches, Burgostecarios:

    ¡Qué estupendo concierto! Todos los músicos sonriendo mientras interpretaban la pieza de Leroy Anderson.
    Dejo a Jerry Lewis
    en un fragmento de la película ‘Lío en los Grandes Almacenes’

    Saludos.

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  2. Ese tecleo y lo que representa... Lo has descrito maravillosamente.
    Y el concierto ¡una delicia! Fernandez, lo borda :)
    Bss

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    1. Ya lo creo, Mere. El pasado... que nos nos paraliza.

      Besos.

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  3. Nostalgias de la máquina de escribir...Es cierto, casi nadie sabía usar todos los dedos tal como trataban inútilmente de enseñarnos, y cuánto elementos y procedimientos se perdieron con las computadoras, entre ellos la fuerza que había que hacer sobre las teclas mecánicas. Y yo, cuánto quise a mi Lettera!
    El concierto para máquina y orquesta, qué gracioso. Burgostecarios, gracias por hacer reír y recordar
    Isabel Garin
    www.sembrandoelviento.blogspot.com.ar/

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    1. Gracias a ti, Isabel por llegar hasta aquí y comentar la relación con tu Lettera.

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  4. aun recuerdo las clases de mecanografía del colegio. nos sentaban con un folio por encima de las manos tapando el teclado. y solo, como referencia teníamos frente sobre la pizarra el teclado gigantesco impreso. las que hacíamos trampa soplábamos el papel para que el aire lo levante, y la profesora no se diera cuenta. que buena época. una vez cuando todo evolucionó y comenzamos a utilizar los ordenadores, para mi sorpresa, conocía el teclado de memoria, y no necesitaba bajar la vista para escribir correctamente. quien me iba a decir que hoy en día es mi herramienta de trabajo fundamental....
    saludos

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    1. ¡Vaya, karin, desconocía esa manera de enseñar mecanografía! Yo aprendí en casa con un método que me dejaron un caluroso verano.

      Saludos a ti.

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  5. Una especie en peligro de extinción. Algunos saltamos directamente del boli al chip, sin pasar por el piano de letras.

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