Mostrando entradas con la etiqueta bibliotecarias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bibliotecarias. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Lecturas sorprendentes

12 comentarios
Es necesario amar para saber escuchar las mil lenguas del Silencio.
Ayer por la mañana me acerqué a la biblioteca Cervantes, del barrio, a devolver un libro que caducaba ya. En el mostrador, me entretuve charlando con las bibliotecarias solventes (y, con frecuencia, ilustradoras) que allí hay. Entonces, me indicaron el centro de interés que han montado para estas fechas. Según puede verse en la fotografía, han elegido libros y los han envuelto en papeles de colores, a los que han incorporado un detalle floral o alado (realizado también en papel tintado). Completan la adehala propuesta con una frase que vela y desvela el contenido de la obra literaria vestida.
Así, leemos: «En este libro / no aparece nunca / la palabra amor / o cualquier / combinación / que lleve esas / letras», «Este es el libro / más difícil de / escribir, / que habrás leído / jamás, porque / quien lo escribe / no sabe escribir», «Microhistorias / que crepitan. / Un escalofrío / te recorrerá la / espalda», «Un marido podrido, / un padre asqueroso, / una pésima fuente de ingresos, / un fracaso total / y para colmo se topa con / un perro idiota», «Otra historia de / infidelidad, solo que / esta da lugar a / una novela perfecta / con la que encima / te reirás», «Evoca el lugar / que ocupan en nuestra / vida los libros… / o una relación epistolar».
Me llevaría unos cuantos, pero decido quedarme con este: «Una Mary Poppins / muy inquietante». Todavía no lo he abierto, prefiero prolongar la emoción, al igual que hace la protagonista de Felicidad clandestina, aquel delicioso cuento de Clarisse Lispector.
(La cita del inicio está tomada de un entrefilete de Tierra y Libertad, diciembre de 1931, sin que recuerde ahora la fecha exacta ni el número).

Salud (y venturosos días).

viernes, 10 de abril de 2015

Las Bibliotecarias (Homenaje)

9 comentarios

A las Compañeras

«Érase que se es un padre superlativo. Con arraigadas convicciones, que abandera con orgullo. Con la virtud de saber apreciar una mesa adornada y un vino de calidad. Creyente en las benefactoras fuerzas que llevarían a la sociedad por caminos de abundancia si dejáramos que la libre iniciativa, el mercado libre y el beneficio privado guiaran su devenir. Con el suficiente tino de haber sido puesto y, abundando, haber elegido el lugar que permite mirar el tráfago por la supervivencia desde cómoda altura.
»Un buen día se acercó a una biblioteca pública ‒¡horror!‒, pues le habían dicho que a su hija podrían gustarle las historias que allí se contaban. Así que, alimentando su escepticismo, se acercó al lugar, pero… olvidó (en un inexplicable error, vista su inmaculada tabla de conducta) que él no era el protagonista de aquel espacio ‒¡para qué relajarse!‒, sino que había en ese entorno otros seres acostumbrados a danzar por aquellos parajes, y eran quienes debían de construir la situación. Aquello lo enajenó y buscó palabras para olvidarlo.
»Pasados los años, recibió la noticia. Su hija, saltando de gozo, le dijo: “¡Papá, ya soy Bibliotecaria”».

lunes, 26 de julio de 2010

Ella y el día

8 comentarios
«Comienza el día con las golondrinas. La bibliotecaria se despereza al tiempo que corre las cortinas, abre la ventana y los sonidos relampagueantes de fuera le ayudan a echar a un lado el regusto amargo que le incomoda al despertar, fruto tal vez de los caóticos sueños que ha tenido durante la noche, fruto tal vez de esa tendencia –que ella cree heredada– a imaginar futuros catastróficos; imaginaciones que le recorren con su filo cortante los pasadizos del cuerpo en los momentos que preceden a la consciencia del día. El vuelo de las pequeñas aves surcando el cielo azul le trae la alegría de la jornada, la misma que experimentaba en la niñez al salir de casa en las mañanas de verano. Después de estos fugaces e íntimos momentos, torna la vista y camina hacia adentro. Pronto los rutinarios quehaceres la devuelven a la vida, borrándole la desazón primera. Podría decirse que es feliz. Bueno, también están los inconvenientes, especialmente de incomunicación, pero la velocidad del día se los traga. Digamos, entonces, que se siente dichosa entre las risas, la suave piel, las miradas reconfortantes, los besos, las pequeñas manos. La máquina, joven, comienza a andar con lavados, peinados y desayunos. Escas afluencia en la biblioteca. Alguien estudiando, que desespera de su suerte mientras recuerda que hoy tampoco podrá ir a la piscina. Los bancos junto al puente comienzan a llenarse de jubilados, así que no vendrán muchos por aquí a leer el periódico. Hay quien se acercará a devolver o recoger películas y música, y a mirar internet. Los horarios de apertura, por otra parte, se reducen y se concentra mayor número de gente trabajando en el mismo turno. «Tal vez hoy pueda despistarme de la rigidez del trabajo», piensa la bibliotecaria, «tal vez pueda atreverme con la libertad». Ella, que pasa por cumplidora ecuánime de sus tareas, se asusta un poco al reconocerse con este pensamiento. Por no caer en absurdas querencias, se levanta para colocar una enciclopedia recién incorporada a los fondos de consulta. Cuando está haciendo hueco en la estantería, se desentiende de los volúmenes del suelo, se incorpora y comienza a andar. Allá, al fondo del pasillo, ha creído ver…; no, no, tiene la seguridad de haber visto…»

[Como no puede ser menos…, continuará].

lunes, 5 de julio de 2010

Tristeza de la bibliotecaria

6 comentarios
«Se queda en un rincón. Ella, que siempre gusta de asomarse al mostrador de préstamo cuando alguien llega. Hace días que prefiere el silencio. Ella, que no desperdicia ocasión de jugar con las palabras. Está seria. Ella, que con frecuencia arranca una sonrisa de quien pregunta por algo sin sentido. Viste de oscuro. Ella, que combina colores en cascadas imposibles. Camiseta de cuello alto y pantalón liso. Ella, que es amiga de sugerencias, de leves volantes, de pañuelos cruzados, de rosas.
Cuando me acerco alguno de estos días a la biblioteca, la veo: está triste.Aprovechando uno de los escasos momentos en que sale a colocar por las estanterías, figuro despistarme, nos encontramos y le digo que estoy con Mendel, el de los libros y… apenas esboza una mueca de deferencia. Ella, que en cualquier otro momento tremolaría ante título tan sugerente y me hubiera hablado de no se qué novedad fantasiosa para camelarme y forzar que le contara lo que ocurre en esas páginas, para que le hablara de cómo van cayendo dentro de mí las palabras que estoy leyendo.

No sé bien qué es lo que le pasa (ni tengo confianza para preguntarle). Solamente le he escuchado, hablando a lo lejos, algo parecido a que la familia es una desgracia como otra cualquiera.

¡Me encuentro tan perdido en estas circunstancias! El silencio se me adueña. Sólo he acertado a posarle un instante la mano -nervioso pajarillo- en el hombro. La miro en su rincón y me duele».

viernes, 19 de septiembre de 2008

martes, 25 de marzo de 2008

SIEMPRE LOS PRINCIPIOS SON DUROS... A VECES CONTINUAR PEOR º[º?

44 comentarios

Llevamos ya 150 años dando la lata, digo ofreciendo nuestros servicios al usuario, esto es como la guerra de los 100 años más o menos... aunque según podemos ver en este artículo parece que algo se está removiendo en los intestinos de la burocracía, igual los bibliotecarios existimos como carrera y como profesión, igual el reconocimiento a nuestra tarea está por llegar, igual se dan cuenta que no pueden asimilar los auxiliares de biblioteca con los auxiliares administrativos con los que no tenemos nada que ver (ni en forma de acceso a la administración, ni en conocimientos, ni en tareas, ni en categoría, ni en escala)


150 años de profesión bibliotecaria

En el enlace de abajo podeis ver un video de la escuela de bibliotecarias de cataluña de los años 20 del siglo pasado....
escuela de bibliotecarias

Hasta ahora hemos hablado de bibliotecarias, reconocemos que somos mayoría, pero, también están los bibliotecarios, hombretones capacitados por igual (como no podía ser de otra manera) para aguantar usuarios, dispuestos a brindarles la atención informativa y material que requieran, cuyo origen es aún más remoto que el nuestro, lo único que como ya estaban hartos de atender bibliotecas en las que tenían que encadenar los libros para que no se los mangasen, y dedicarse a copiarlos a mano, se fueron dispersando hacia otras actividades y nos dejaron al cargo porque ya no podían mas.

Así que hoy por hoy atendemos al público por igual bibliotecarios (dicen que existe un bibliotecarius macizorrus) y bibliotecarias (todas estupendas) con idéntica fortuna.

Miguel Vivanco nos trae para el recuerdo este singular contrato de maestras, a nosotros no nos consta que nos pidieran este testamento vital, parece ser que en los anales de la profesión bibliotecaria si que el atuendo de la bibliotecaria (falda larga y gris, chaqueta oscura), el peinado (moño prieto) y el gesto (mirada asesina con profundo arqueo de cejas 0_Ô) eran inseparables a su condición.


DOCUMENTO HISTÓRICO: Contrato de maestras en 1923 Este es un acuerdo entre la
señorita .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
maestra, y el Consejo de Educación de la Escuela . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . por la cual la señorita . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . acuerda impartir clases
durante un periodo de ocho meses a partir del . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . de septiembre de 1923. El Consejo de Educación acuerda pagar a la
señorita . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
la cantidad de . . . . . . . . . mensuales.
La señorita . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . acuerda:
  1. No casarse. Este contrato queda automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa.
  2. No andar en compañía de hombres.
    Estar en su casa entre las 8:00 de la tarde y las 6:00 de la mañana, a menos que sea para atender función escolar.
  3. No pasearse por heladerías del centro de la ciudad. No abandonar la ciudad bajo ningún concepto sin permiso del presidente del Consejo de Delegados.
  4. No fumar cigarrillos. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encontrara a la maestra fumando.
  5. No beber cerveza, vino ni whisky. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encontrara a la maestra bebiendo cerveza, vino o whisky.
  6. No viajar en coche o automóvil con ningún hombre excepto su hermano o su padre.
  7. No vestir ropas de colores brillantes.
  8. No teñirse el pelo.
  9. Usar al menos dos enaguas.
  10. No usar vestidos que queden a más de cinco centímetros por encima de los tobillos.
  11. No usar polvos faciales, no maquillarse ni pintarse los labios.
  12. Mantener limpia el aula:
    a) Barrer el suelo al menos una vez al día.
    b) Fregar el suelo del aula al menos una vez por semana con agua caliente.
    c) Limpiar la pizarra al menos una vez al día.
    d) Encender el fuego a las 7:00, de modo que la habitación esté caliente a las 8:00 cuando lleguen los niños.
    Gracias Miguel.