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jueves, 13 de noviembre de 2014

VIII Salón Libro Infantil & Juvenil en Burgos

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Ahora que las lluvias han hecho brotar la hierba entre la hojarasca y que, en los paseos alejados del centro de la ciudad, es posible pasear con las hojas caídas, cumplimos nuestra cita anual con el Salón del Libro Infantil y Juvenil de Burgos, organizado por las bibliotecas municipales, con la colaboración de la biblioteca pública. Casi somos quintos, pues va por su octava celebración. El cartel anunciador es obra de Miguel Maestro Cerezo. Y cuenta con bitácora realizada por el Colegio público Juan de Vallejo.

La ubicación de este año es novedosa, pues se sitúa en el Monasterio de San Juan, ocupando la exposición el claustro del monasterio y utilizando su preciosa sala capitular para diversos espectáculos y talleres. El teatro se centra en tres clásicos de literatura para gente menuda: Caperucita, La isla del tesoro y Las aventuras de Sherlock Holmes. No faltan actividades creativas y participativas, tal las de pintura de escenas favoritas o de diseño de cómic por parte de las criaturas. Los colegios pueden aprovechar las mañanas de lunes a viernes para concertar visitas.

Interesantes son los encuentros con quienes escriben, Así hacen Alfredo Gómez Cerdá, Ana Alonso, Rocío Antón, Rafael Ordóñez y Manuel Ferrero.

Tenemos la seguridad de que el diligente personal que trabaja en estas bibliotecas de Burgos proporciona al evento un más que lo convierte en experiencia duradera.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Nochada Intensiva. Jornada Trovadora

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A Kike, con afecto

El pasado jueves, día 18, las bibliotecas municipales de Burgos celebraron una Nochada Intensiva con el fin de hallar algún método adecuado de extensión bibliotecaria, a la que fueron invitadas/os algunas/os reputadas/os colegas. Y a fe que lo lograron. Las impresionantes instalaciones utilizadas para el evento dan muestra del buen hacer de estas gentes. Se trataba de ahondar en formas lectoras arriesgadas, modernas, pero sin dejar de lado las tradicionales. A la entrada del recinto, quienes participaron podían departir tranquilamente o bien apuntarse a la Comisión de Sustento, que llevaba trabajando hacía ya tiempo ocupándose en la elaboración de documentos y expedientes, los cuales se repartieron en los puestos asignados a la asistencia.

Cambiadas las primeras impresiones, se pasó a tomar asiento. El material distribuido fue estudiado con escrupulosidad y, una vez asimilados los primeros dictámenes, se pasó a debatir hasta tocar fondo. Fue la parte más sólida. ¿Las aportaciones?, sabrosas. Qué decir de ello para que podamos hacer justicia a los encendidos argumentos con los que constantemente se cruzaba de lado a lado de las mesas. Nada sobraba. Cada gesto, cada indicación tenía su objetivo. Todo se pulía. Huelga decir que las conclusiones a las que se llegaron fueron enjundiosas. Algunas de ellas –por pintorescas– no nos resistimos a transcribirlas («Para ir a Nueva York no hace falta saber inglés», «Está de rechupete, me apunto a esa esquinita», «¡Como pille al del pimentón!», etc.); según puede colegirse, hubieran merecido una mayor profundización pero el tiempo era limitado y había que acabar con el total del temario propuesto. A cada tema, pues, le llegó su hora. En este punto, se escuchó el esperado discurso de fin de la sesión teórica, el cual emocionó por su clarividencia, arrancando los aplausos de las delegaciones, y siendo enriquecido puntualmente por la oportuna explicación (muy plástica) de algún asistente.

Restaba la parte más práctica (y, al tiempo, la más complicada), la culminación de esta Nochada. En vez de comisiones, se decidió que el trabajo fuera por parejas. Y aquí apareció la sagacidad y pertinencia de las propuestas. Sin renunciar a la tecnología, alternando programas de base líquida con amplificadores, se potenció lo tradicional: la voz. Pero qué digo voz, eran trinos cautivadores, sueños de la mejor literatura. Allí se musicaron los versos de Homero, las aventuras de Tintín, los cuentos del Decamerón, La vida es sueño, los espacios siderales, El arte de amargarse la vida, los cuentos de Grimm, El hereje, las dudas cartesianas, La puerta y un poblado etcétera. Al frente, destacaba la capacidad anfitriona de Iván, Pilar –¡qué vida!–, Fede –sobrao–, Sara –nada decae–, los Ignacios –Inigualables, sobre todo José–, Ana –¡tanto entusiamo!–, Juan Carlos –¡qué valor!–, Florinda –¿alguien da más?–, Javi –barriendo–, Celia –arte en movimiento–, Kike –atento–, Carolina –la sensibilidad–, Fernando –quien sabe, sabe–, Almudena –dominio de los nervios–. Trovadoras/es (no olvidemos que trovar es "encontrar") que han hallado lo nuevo en lo viejo.

Alrededor del tablado se alzaban los brazos en señal de adhesión o réplica (aunque, en todo caso, de admiración) de las intervenciones. Había quien llegaba con destacada participación en la comisión inicial: María, Toñi, Pilar. Teresa volvía con su sonrisa. El trabajo había sido intenso y hubo quienes lo acusaron pronto, teniendo que abandonar el recinto, con la consiguiente pena (y alguna lagrimilla) propia y ajena: Almudena, Sara, Josu, Sandra, Ricardo, Arantxa, Lola, Marian, Santi. En el recuerdo… las/os ausentes.

¿No hay voces que claman ante la desorientación de los momentos presentes? Pues aquí esta la almáciga que ansían las bibliotecas.

lunes, 3 de agosto de 2009

Aire Nuestro. Revista de bibliotecas

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Las bibliotecas (incluidas las municipales) tienden a establecer puntos de contacto con quienes las visitan. Pretenden eso que denominamos con el término fidelizar. Hacer que la gente se acostumbre a utilizar los servicios que ofrece y, además, que lo integre en su actividad, que lo perciba como algo afable (además de útil). Día a día se van imponiendo los métodos electrónicos, la creación de productos que conforman las redes sociales: bitácoras, foros, perfiles, agregadores, wikis, etc. Pero es muy de agradecer que no se olviden algunos modos tradicionales de expresarse, formas físicas de contacto: clubes de lectura y revistas.

La revista impresa encima del mostrador siempre sorprende –«¡Anda, qué bien, tenéis un nuevo número!»–. Pues eso ocurre, cada primavera y otoño, al pasar por las bibliotecas municipales de Burgos: que nos topamos con la reciente salida de Aire Nuestro-Aire Nuestro Infantil. Dos en uno, pues la cubierta se compone de dos planas: por un lado hallamos los contenidos del mundo adulto; por el otro, los de infantil. Así se ha mostrado en las cuatro ocasiones en que ha visto la luz.

Con una presentación desahogada de los contenidos, generosamente ilustrada, alegre de colores; prefiriendo las columnas, a las que, con acierto, resalta con corondel (en azul) en buena parte de los artículos, distribuye los contenidos en secciones –local, al día, colaboraciones, cuentos, matarratos, etc.–, entre las que no faltan las relativas a airear los fondos con que cuentan las bibliotecas municipales de Burgos y las lecturas recomendadas.

Vaya con esta anotación nuestro ánimo para continuar imprimiendo.