jueves, 12 de abril de 2018

De la luna y los espejos a una Inmersión (Fulgencio Argüelles)


No resulta fácil pasar de la prosa del asturiano Fulgencio Argüelles (1955) a otra de las que nos están esperando en el rimero de la mesilla. Me está ocurriendo también esta vez después de abordar No encuentro mi cara en el espejo (2015), y eso que resulta una narración en exceso desbordante, en la que se percibe en demasiadas ocasiones que la escritura se apodera del relato, que el escritor aplasta al narrador. Se tiene la sensación de nadar en aguas tan densas que a veces aparece la angustia de no hacer pie. Además, hay diálogos en distintos capítulos que no aportan novedades sensibles. Todo ello pareciera sugerir cansancio por mi parte ante la obra, pero no es así. El resultado global es positivo. Tiene una gran capacidad de crear imágenes, de conseguir poesía (tono y ritmo), de mezclar lenguajes en un mismo párrafo: la voz omnisciente, el estilo indirecto libre (que se introduce en las personas), las citas o reflexiones. Asunto aparte es el punto de vista que sostiene al ambientar la historia indirectamente en el inicio de la guerra civil.
De ahí -digo- he pasado a la prosa sencilla (que no simple) de Inmersión. Un sendero en la nieve de Lidia Chukóvskaia (1907-1996, que publicó las conversaciones mantenidas con Ajmátova cuando ambas buscaban a sus maridos represaliados). Aquí nada interfiere en la narración. Los hechos se suceden sin que para su comprensión tengamos que pasar por frases y frases paralelísticas. Puede darnos la sensación de que no tiene entidad su prosa, pero enseguida nos damos cuenta de que habitamos las praderas nevadas que pasea su protagonista, la traductora y escritora Nina Sergeievna, y nos solidarizamos con la percepción que va teniendo de las compañías que le han tocado en suerte en el retiro a un albergue finlandés durante el mes que le ha sido concedido por el gobierno soviético en 1949. Apaleamos con sus palabras. Sudamos con sus sueños (de muerte tiránica). Sutilezas.
Admiradora de Pushkin (“Y visitaremos los solitarios campos / los bosques, hasta hace poco frondosos, / y la orilla, para mí tan querida”), nos enseña que esa orilla es ni más ni menos que la felicidad.
¿Soy ahora su hermano? «¿Para qué, pues, acometo esta inmersión? Todo lo que vive necesita fraternidad, y yo también la busco. Escribo un libro para encontrar a mis hermanos, aunque sea en un porvenir desconocido». Pues sí.
[Salud. A la espera de que la Vida sumerja a quienes gobiernan la res publica].

6 comentarios:

  1. Después de leer la entrada, no sabemos a qué carta quedarnos. Habrá que ir a los dos libros.

    Saludos.

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    1. Es una elección bastante adecuada, Anónimo.

      Saludos.

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  2. Me interesa mucho esta "Inmersión", dos mujeres buscando a sus maridos represialados en la URSS de Stalin. Que duro...

    Abrazos.

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    1. Casi seguro que te atrapará, Laura. Tiene contenido y forma.

      Abrazos.

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  3. Interesantes propuestas Ignacio, por un lado me llama la atención ese título No encuentro mi cara en el espejo y por el otro esa correspondencia entre dos mujeres que tienen a sus parejas presas, me parecen propuestas de las que no te dejan indiferente.
    Saludos

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    1. Ya lo creo, Conxita, creo que ambas son una elección acertada para cualquier época que deseemos leer.

      Abrazos.

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