Leí no hace mucho que en épocas
remotas la tradición de la edad dorada estaba difundida universalmente. El cielo de las religiones sucesivas
deriva, en gran manera, de este concepto de edad
dorada. La casta sacerdotal, hábilmente, situó uno donde debía de estar la
otra, con el fin de establecerse como paso obligado entre el pueblo y la
divinidad. En fin, eso leí.
Esta edad de oro coincidía con
una vida dulce antes de que sobreviniera el último período glacial. Es decir,
antes incluso del diluvio universal. La felicidad pasada, el paraíso perdido…
Desde ahí no es difícil llegar al socialismo primitivo (llamado utópico por el marxismo autoritario),
enraizado en hombres y mujeres que reclaman su independencia, su libertad
arrebatada. El bello socialismo popular.
Ovidio, refinado poeta, describe
la edad de oro en su Metamorfosis:
Aurea prima nata est
aetas, quae vindice nullo,
sponte sua, sine lege
fidem rectumque colebat.
Poena metusque
aberant, nec verba minantia fixo
aere legebantur, nec
supplex turba timebat
iudicis ora sui, sed
erant sine vindice tuti.
Nondum caesa suis, peregrinum ut viseret orbem…
(Más o menos, sería): Nació la
edad dorada como la primera edad que practicaba sin coacción y sin ley, por
voluntad propia, la buena fe y la rectitud. No existía el castigo ni el miedo,
no se leían expresiones amenazadoras sobre los bronces públicos [prohibiciones
legales]. No había multitud suplicante que esperara con temor las palabras del
juez. Todos vivían sin juez. Todavía no estaban rodeadas las ciudades de
profundos fosos…
Nos gusta pensar que existió existe existirá... como en la película.