El anciano titán Crono,
padre de Júpiter, trata de comerse a todos sus hijos (ante el augurio de que
uno de ellos lo destronará), argumento que se convierte en asunto favorito de
muchos pintores a lo largo de la historia. En el firmamento, el planeta que lo
representa es Saturno, nombre latino, una vez que Zeus lo ha expulsado del
Olimpo y se instala en el Lacio, desde donde enseña la agricultura a los
hombres, estableciendo la Edad de Oro. Entre los cuadros más conocidos de su
criaturafagia se encuentra el de Rubens, ejecutado en 1636, el cual tiene un
curioso detalle en la parte alta, pues entre los nubarrones que aumentan el
desasosiego de la escena aparecen tres estrellas, en clara alusión al planeta
de los anillos.
No es que sea un capricho
del pintor, sino que refleja el modo en que Galileo describe el astro cuando lo
observa con su primer telescopio en 1610 –«la estrella de Saturno no es una
única estrella, sino que está compuesta de tres, que casi se tocan […] el ojo
desnudo no distingue ninguna de estas formas sin el telescopio»–. No parece que
Rubens se enterara de que el científico vuelve a mirarlo dos años después y ya
no se encuentra con las pequeñas estrellas de los lados, por lo que bromeó
diciendo que ahora el Dios sí había devorado a todos sus hijos. El italiano no
logra explicarse lo que ve –¿habrá sido una ilusión?– y será el holandés
Huygens quien comprenda poco después que ello es debido a los anillos de que
dispone, cuya posición varía con respecto al ángulo que mantenga con la tierra.
No resulta fácil comprender
el mecanismo de nuestra visión. Se tardaron siglos en saber que las imágenes se
crean en el cerebro, una vez que los fotoreceptores de nuestros ojos le envían
incesantemente información (y este la descomprime, a manera del ordenador). La
filosofía clásica desconfiaba de la vista y daba más crédito a la razón.
Después, la tecnología telescópica y microscópica, nos abre la sorpresa de ver
lo invisible a simple vista. Es tanta la importancia de la vista, que un 80% de
las palabras de nuestro idioma relativas a los sentidos se refieren a ella.
Conocemos con ella. Por mi parte, me he ayudados estos días de El ojo desnudo (2016), de Antonio
Martínez Ron, para situarme mínimamente en este ámbito. Se disfruta.
[Salud. A la espera de que
la vida transcurra por sus visiones].

