No voy a dar aquí gato por
liebre, ya que sí he leído la novela con la que tenía intención de elaborar
esta anotación: La presa, de Irene
Némirovsky (1903-1942). Entre las numerosas ofertas a la última del mercado, cuesta esfuerzo reservar tiempo para la
literatura precedente. Pero, en este caso, lo he hecho y como suele suceder he
agradecido el abandonarme a la prosa certera de la Némirovsky. La obra se
publicó en 1938 y se mueve en un ambiente contemporáneo, los años posteriores a
la crisis de 1929 en Francia, con exteriores muy presentes e interiores
resueltos con trazos precisos en las ambiciones, estados de ánimo y proyectos de sus personajes (incluidos los monólogos que
modernizaban aquella literatura heredera de Proust).
De familia acaudalada de Kiev, logró huir a París meses después de la revolución de octubre de 1917, en donde se licenció en La Sorbona. No tuvo la misma fortuna con el dominio nazi. El régimen de Vichy –el de la Francia libre– le negó la nacionalidad, por lo que fue internada en Auschwitz, junto con su marido Michel Epstein, en donde murieron en 1942.



