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martes, 4 de mayo de 2021

Revisiones... (con la familia Oz)

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A la literatura le afectan las revisiones que (por fortuna) realiza la sociedad sobre el enfoque de sus asuntos. En quienes escriben y en quienes leen. En la actualidad, nos encontramos con dos de estas renovaciones, que remueven las actuaciones patriarcales, que sacan a flote el uso y el abuso del poder: los malos tratos en ámbitos familiares –no tienen por qué ser físicos– y el feminismo. Sería deseable que contara cada cual con recursos y con tiempo suficiente para reflexionar sobre ello, y no dejarse arrastrar por las apariencias (que pueden presentarse con formas alarmantes), con lo quel suele pagar gente justa por pecadora. Pero, en fin, algo se mueve.

Hace un par de meses que ha saltado a la palestra el testimonio de Galia Oz Salzberger (1964), escritora de literatura infantil, en el libro autobiográfico Algo disfrazado de amor, en el que afirma que su padre le golpeaba, maldecía y humillaba, de forma habitual, con la intención de quebrar su personalidad. Galia había nacido en un kibutz israelí, se crió allí en la casa comunitaria infantil, y es hija de Nili Salzberger y de Amos Oz (1939-2018), autor este de Mi querido Mijael, Una historia de amor y oscuridad o Una pantera en el sótano, además de textos contra el fanatismo, pues no en vano es una personalidad muy valorada en los círculos pacifistas de izquierda por haberse opuesto a la política de colonización israelí contra el pueblo palestino.

Tanto la madre, Nili, como su hermana mayor, Fania, y su hermano menor, Dean Maccabi, han desmentido estas afirmaciones, y afirman que Amos era un hombre cálido y afectuoso. Aunque el hermano ha matizado que tampoco hay que desoír a Galia y comenta: «En conclusión, tengo una cosa inteligente que decir sobre todo esto. Si en tu familia hay un distanciamiento, relaciones turbias, residuos de años, por la razón que sea, haz todo lo posible por intentar arreglarlo. Yo no sé cómo arreglar tus cosas, solo tú lo sabes. (Cada familia es diferente. Sí, sí, incluso las familias felices)».

lunes, 4 de marzo de 2019

Leer lo que vemos o lo que queremos

12 comentarios
Al leer el libro Madre e hija (2016) de Jenn Díaz (1988), se me ha ocurrido buscar en internet comentarios a la obra. Los hay variados, desde aquellos que afirman sentirse algo decepcionados, después de haber leído con gusto la producción anterior de la autora, puesto que es una repetición sin pretensiones de intentar dar más profundidad a los personajes, los cuales, con mínimas diferencias, ya han aparecido antes, hasta los que se congratulan que haber encontrado una forma de escribir que les llena, con lo que han disfrutado en la lectura de la misma.
Al tiempo, están quienes dicen que dibuja unos personajes femeninos anticuados, dependientes de los hombres; que la mujer moderna ya no se sustenta en el apoyo que le supone el tener una figura masculina en la cercanía. Argumentan que no les resulta un texto adecuado para los tiempos que corren y se extrañan de que sea una mujer joven ‒tenía 27 años cuando publicó la novela‒ la que la ha escrito.
Por mi parte, estoy disfrutando la lectura de estos personajes (salidos de La tía Tula, Niebla o Entre visillos), por la gracilidad que tiene al narrar las situaciones, las cuales van poniendo sobre la página las múltiples versiones que hay de nuestras vidas. Con la facilidad que le da esa tercera persona para desparramarse -que ya lo dice el título-. ¡Tantas maneras diferentes de vivirla! No hay personajes importantes que desempeñen papeles relevantes en la sociedad, pero están esas casas algo oscuras ‒tal vez húmedas‒ con las habitaciones para sus habitantes y las casas con jardín. ¡Hasta una iglesia!

Eso sí, lo que no queda muy claro es lo de la traducción, pues la obra se editó un año antes en catalán. ¿La escribió en español?

Y, parece que después de esto, llegó Mefistóteles.