viernes, 17 de febrero de 2017

Antes del fin (Sábato y Matilde)

Compruebo que no hemos dedicado ninguna entrada a Ernesto Sábato (1911-2011), a pesar de que el argentino es una de las personalidades más atractivas del siglo pasado. Otra mucha gente piensa así. Cuando comenzó a escribir sus memorias, a las que da el título de Antes del fin (1899), le animaban a continuarlas diciéndole «tiene el deber de terminarlas; la gente joven está desesperanzada, ansiosa y cree en usted; no puede defraudarlos». Es un científico escorado hacia la literatura. Con estudios de matemáticas y física, incluso con una beca que le permite trabajar en 1938 en el Laboratorio Curie de París, se deja arrastrar por profundas crisis personales y obedece el mandado de su interior. Será ensayista, articulista y novelista, con tres obras icónicas: El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961) y Abaddón el exterminador (1974).
Le añade, además, atractivo el compromiso social que no elude durante su vida. Lo inicia siendo estudiante en La Plata, hasta el punto de abandonar los estudios y entregarse a la actividad sindical de emancipación obrera (cuando el mundo estudiantil y el obrero confluían en las corrientes progresistas).
Sin duda que Antes del fin es uno de los regalos más apreciados que pude hacerme (y no dudo en regalarlo cuando me encuentro en el compromiso de no saber qué elegir). En sus páginas trata de expresar de la manera más delicada los «graves defectos» de los que es consciente, en su octava década, cuando los semisueños aparecen intemporales, mezclados con los recuerdos de infancia. Pero hay otros textos en los que sí aparecen «mis verdades más atroces»; es en las novelas «en mis ficciones, en esos bailes siniestros de enmascarados que, por eso, dicen o revelan verdades que no se animarían a confesar a cara descubierta. También los grandes carnavales de otros tiempos eran como un vómito colectivo, algo esencialmente sano, algo que los dejaba de nuevo aptos para soportar la vida, para sobrellevar la existencia, y hasta he llegado a pensar que si Dios existe, está enmascarado».

Junto a él, desde la adolescencia, vive Matilde Kusminsky-Richter (1916-1998), escritora y poeta que aceptó publicar lo suyo poco antes de morir.

9 comentarios:

  1. Otro que me apunto, Ignacio.
    Gracias y que pases un buen fin de semana.
    Besos.

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    1. De nada, Celia. Estamos para eso, para expandir algo lo que nos llena.

      Me alegre escucharte con los ojos (que diría Quevedo).

      Besos.

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  2. Había leído algún artículo de Sábato, pero no sus novelas ni autobiografía.

    Saludos.

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    1. En fin, Anónimo, creo que no es pretencioso si te digo que te animes a ello.

      Saludos.

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  3. Como el comentarista anónimo he leído algún artículo pero ninguna novela, la apunto.
    Un saludo

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    1. Creo que te atraerá, Conxita. Esa manera de escribir como si nada...

      Saludos.

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  4. Delicioso este libro... su obra más celebre y por la que se encumbró fue el túnel pero estas memorias aunque él no quiera que se les llame así, muestran un Sábato tan entrañable, tan frágil y sincero que cuando cierras la tapa al terminarlo, le quieres.

    No me extraña que lo regales cuando no sabes qué libro recomendar. Gracias por recordármelo ... mira que eres majo tú ... jaja tb se te toma cariño así aun de mil años en mil años que es cuando nos escribimos. De corazón gracias IGNACIO!

    Muchos besos y perdió por lo poquito que te escribo, últimamente tengo un poco abandonado el blog pero en nada intentaré ponerme la día ...

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    1. Perdió nooooooo....
      PERDÓN
      ( me odia el corrector ; )

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    2. Lo había entendido, María. Cada cual llevamos nuestros ritmos. Creo que lo importante es saber que la calidez de la otra persona está ahí.

      Abrazos, chica.

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