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jueves, 14 de febrero de 2019

Las aventuras de Nono (Juan Grave)

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Al iniciarse el siglo XX, en 1901, cuando se creía posible la implantación de la justicia social en la tierra, se escribió como libro de lectura para las escuelas racionalistas el cuento Las aventuras de Nono por el zapatero francés Jean Grave. Un año después fue traducido por Anselmo Lorenzo y editado en las Publicaciones de la Escuela Moderna, impulsadas por Ferrer i Guardia, con  las que tuvo una gran difusión en el ámbito del español durante las siguientes décadas. (Aunque en Francia no lo fue tanto, sí dejó algunas huellas, tal el apodo adoptado por Jean Vigo; además de estar profusamente ilustrado por Hermann-Paul, Camille Lefèvre, Luce, Mab, Lucien Pissarro, Rysselberghe, etc.).
Sin que se diera cuenta, un niño de nueve años, que deseaba un cuento ilustrado, es transportado al país de Autonomía. Allí, Solidaridad le da la oportunidad de vivir sus propias aventuras, alimentándole este placer. No pasa demasiado tiempo sin que sucumba a las tentaciones de Monadio, rey de Argirocracia, país en el que Nono despierta a la vida a través de los distintos paisajes sociales que atraviesa, hasta dar con sus huesos en la cárcel. Pinzones o abejas que hablan, carrozas tiradas por cigüeñas, barcas que naufragan, prados floridos, cumbres nevadas, criaturas que sufren, golondrinas que le llevan una lima para seccionar los barrotes… La sociedad se asemeja a la Naturaleza en las diversas gradaciones de la existencia.
Leído hoy, pueden sonarnos sus páginas a ingenuas, pero no deja de ser emocionante saber que hubo un tiempo en que, en las escuelas, se creía que era posible la implantación de la justicia social en la tierra.

lunes, 12 de octubre de 2009

Francisco Ferrer Guardia. La Escuela Moderna. El Asesinato

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Hace cien años –trece de octubre de mil novecientos nueve– que fue fusilado en los fosos del castillo de Montjuich, de Barcelona, Francisco Ferrer Guardia (1859-1909), acusado de haber sido el instigador de los Sucesos de la Semana Trágica, ocurridos a finales de julio de ese año. Variados actos y artículos lo están recordando en diversos lugares. Hoy sabemos que, por aquellas fechas, Francisco no se hallaba en Barcelona, pero… órdenes superiores al tribunal que lo juzgaba, testigos amañados, necesidad de una cabeza de turco… hicieron una pantomima del consejo de guerra que lo juzgó, acabando con su vida.

Había tenido una existencia singular –intrigas políticas, huidas a última hora, apuñalamiento por su esposa, destierros, relaciones con una dama millonaria de la que hereda, convivencia con una joven maestra–, culminada (podemos decirlo con este término) en la creación de La Escuela Moderna en 1901 (en la barcelonesa calle Bailén): organización educativa laica basada en coeducación de los sexos, demolición de dogmas y prejuicios, higiene en las criaturas, luz en la aulas, textos científicos avanzados (publicados en la editorial del mismo nombre). Sistema, en fin, que fue extendiéndose en los siguientes diez años a lugares ibéricos y del exterior, siendo adoptado o alabado en Francia, Italia, Bélgica, Argentina, Estados Unidos, Uruguay, México…

Tenía difícil escapatoria. En su escuela se pretendía el pensamiento crítico; por entonces, él ya era anarquista. En su escuela, las creencias religiosas pasaban al plano de lo personal; él era ateo. En su escuela, los libros de lectura incluían textos humanistas y antimilitaristas. Negaba el sistema. Despojaba a la Iglesia de uno de sus más influyentes poderes. Había adquirido muchas papeletas para que le adjudicaran el primer premio en aquella rifa.

[Puede verse su obra y las publicaciones de la editorial La Escuela Moderna (1901-1914) en esta bibliografías.]