viernes, 25 de abril de 2014

Margaritas, violetas... en el dolor

Marie Curie (1867-1934) comienza un diario, después de la reciente muerte de su esposo Pierre Curie (1859-19 de abril de 1906), el treinta de abril. Habían estado unos días en Saint-Rémy-lès-Chevreuse, a donde solían ir a descansar, con sus hijas: Irene, de ocho años, y Ève, de catorce meses. Allí la primavera estaba por los prados en los que se tumbaban, riendo las gracias de la pequeña y pendientes de las correrías en bicicleta de la mayor. Se sorprendían de que las aulagas ya estaban florecidas y de que en algún recodo, junto a las charcas, encontraban vincapervincas y violetas.
Camino hacia el trabajo cruzando el silvestre parque de El Parral, una vez que pasado junto a las violetas vincapervincas de La Isla. Voy leyendo las palabras que brotaron de Marie al escribir la presencia de la muerte del ser que más amaba en el mundo, todavía sin creer demasiado en lo que había visto y en la ausencia que la acompañaba. La hierba ha crecido con las últimas lluvias, las margaritas forman alfombras que se me antojan tupidas, pues, al leer, no llevo puestas las gafas. El sol, entre las nubes blancas de este mediodía, ilumina el amarillo del diente de león y de los botones dorados que destacan en estatura del resto de flores en el prado. Desaparece el sendero ante mis pies, que zigzaguean ignorantes de los horarios. Como me ocurre en estas ocasiones, aparezco tarde en el trabajo por lo que me toca salir ya de noche.
Sabemos que Marie y Pierre Curie reciben un Nobel de Física y que Marie repite con otro de Química, el mismo galardón que también alcanzaría la hija de ambos, Irene, y que Ève escribe la conocida biografía Madame Curie (1938). «Me lo trajeron por la tarde. Primero, en el coche, te besé la cara, que apenas había cambiado. Luego te llevamos a la habitación de abajo y te colocamos sobre la cama. Y te volví a besar…».

7 comentarios:

  1. terrible la ausencia del ser querido, aquí ni la danza sirve... tristeza entre flores

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    Respuestas
    1. Ya lo creo, Esther. Los libros en la vida.

      Saludos

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  2. Leer contigo ese diario ha sido como estar allí, sobre aquel manto de margaritas. Una familia dedicada a las ciencias "en cuerpo y alma"... Pero una familia con sus lazos y su gratos momentos. Seres humanos, a fin de cuentas.

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  3. Ya lo creo, Mere, tenían mucha pasión (por lo tanto, mucho dolor).

    Besos.

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  4. A que ha valido la pena quedarse un rato mas tarde para recuperar el tiempo no se ha perdido...
    un beso

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  5. Bonitas palabras que iluminan con amor y dolor el camino que zigzaguea entre las flores.
    Esos jardines que pueden llenar los pulmones de oxígeno, o de polen, y también de ideas traviesas.

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