lunes, 25 de mayo de 2020
Auto de fe (Canetti y el coronavirus)
sábado, 12 de mayo de 2018
A lomos de los libros en la Biblioteca
viernes, 9 de marzo de 2018
Libros: Rosas Muros (de Lucía Sánchez Saornil)
lunes, 26 de enero de 2015
Personajes de novela
viernes, 19 de septiembre de 2014
Qué hacer. Rosales
miércoles, 26 de marzo de 2014
Libros (¿perniciosos?)
lunes, 4 de junio de 2012
Cartonera, red
Hace tiempo que le hablo de Cartonera a la Bibliotecaria, un proyecto editorial extendido en Hispanoamérica, que surge como alternativa al control de los mercados literarios por fuertes grupos neoliberales. Me gusta leer sus publicaciones y disfrutar de sus encuadernaciones, realizadas con materiales de deshecho, principalmente cartones. Pero, cuando tenemos la intención de ponernos manos a la obra, siempre surge algún tema o cuestión que desvía nuestra atención en otras direcciones. Así que hoy señalaremos aquí algunas notas esenciales de este singular movimiento.
Mucha gente, a la hora de querer publicar, se encuentra con una realidad: la producción, distribución y venta de mercancías culturales está sometida a la lógica neoliberal y no es fácil introducirse en ella (con cierta satisfacción). Por ello, principalmente en poesía, unos colectivos (denominados cartoneras) realizan libros artesanalmente, confeccionados a bajo coste, con cartones, hilos, grapas, pintura… tomados, por lo general, de la calle, haciendo después fotocopias. Su origen se sitúa en el final del siglo veinte, cuando Argentina queda sumida en la deflación y sus gentes tienen que subsistir de la solidaridad y la imaginación. Allí, en Buenos Aires, en 2003, Eloísa Cartonera inicia esta forma de producción, extendida después a México, Perú, Chile, Paraguay, Bolivia, Brasil, Ecuador, Colombia, Puerto Rico…
Estos libros, además de internet (en donde ya podemos ver archivos digitales como el de Atarraya), pueden hallarse en ciertas librerías y bibliotecas, pero lo interesante del asunto es que ha construido un movimiento, una red participativa de la que surgen muchas iniciativas creadoras, insertas en la cotidianidad de los lugares en donde viven quienes escriben.
lunes, 8 de febrero de 2010
Julia, el alma y los libros
Salimos a comprar y, así, podemos pasear un poco –«que le dé el aire», me digo–, aunque no le gusta estar mucho por la calle. Apenas hablamos, pero el silencio nos es problema. Después de comer, una cabezada y, a la tarde, leemos en voz alta. Al igual que lo hacíamos cuando vivíamos los seis. Todo en común, sin cuotas sin tareas. Cocinábamos, limpiábamos, acudíamos a las asambleas, empuñábamos el spray por las noches, increpábamos a la especulación a la política al privilegio, trasnochábamos, íbamos al campo a tomar el sol asar setas y sardinas cocinar paellas, redactábamos manifiestos, declamábamos poemas…De entonces, Julia conserva las mangas dadas de los jerseys para esconder las manos, los pómulos graciosos y el sentarse en cuclillas en el sofá. Y así se pone ahora, de espaldas a la luz. Yo me siento en la mecedora de la mesa camilla, junto a la ventana. Abro el libro. «¿Sabes que han sacado un volumen de memorias de Oriana Fallaci?» Por un instante creo ver una chispa en sus ojos; después vuelve la ausencia. Así que me adentro en Un sombrero lleno de cerezas «―Amigos míos, nadie escapa a su destino […] ¿Algo más? Ah, sí: la fe en Dios, saber leer y escribir. Los preciosos alimentos de la mente y del alma, las riquezas espirituales que deberían compensar las penas del cuerpo [...] ¡Mientras como ovejas nos comportemos, justo será que haya / un hatajo de rufianes que leyes no deje de decretar!».
Vuelve Aurora, la hija menor de Julia, y preparamos la cena. En el largo trayecto de vuelta a casa, me abandono a las sensaciones del día y reparo en el escaso poder de las palabras.
domingo, 27 de septiembre de 2009
Colofón. Entre utilidad y estética
la meso potamos o Mesopotamia, tierra ‘entre ríos’, Tigris y Eúfrates]. Su función era la de informar sobre el contenido de los mismos. Se entiende, si pensamos que las diversas tablillas que componían un libro se colocaban (boca abajo) unas encima de otras, por lo que la cara que se veía era la parte posterior de la última tablilla; de ahí que se incluyera en ella la información necesaria para no tener que remover los montones cuando deseábamos encontrar determinada ley, contrato o relato moralizante. Posteriormente, los rollos (o volúmenes), figuraba al final de la última columna. Solía contener el título y el número de tabletas u hojas de la obra.Con el otoño ya vencido, cuando Sirio
“se toma la mayor parte de la noche”,
y en la festividad de los santos
Agrícola, Casiano, Ambico
e Hilaria, en los talleres
de Simancas Ediciones
se terminó de imprimir
la tercera edición
de este libro
miércoles, 23 de julio de 2008
VA POR USTEDES NIÑOS¡¡¡¡
Y es que aunque demos publicidad a un producto tan conocido como la coca-cola es que es genial, personalmente por mis añitos me siento muy identificada con todo y cada vez que lo veo una sonrisa boba se planta en mi cara, ¡me encanta!, disfrutadlo con un libro y una coca fresquita.



















