miércoles, 11 de junio de 2014

Cadenas. Cartas desde la Tierra

Memoria
Escucho siempre
tu eterno silencio
en la montaña.
Otros tiempos, otras horas,
dificultan el recuerdo.
«¡Fíjate, qué significativo, para pedir la independencia forman cadenas (humanas)!», dice Ana, la dueña del kiosko del Paseo, y en escasos minutos se forma un lío de aquí te espero en la Cafetería. En realidad, Ana es la que regentaba el kiosko en los años pasados, pues ahora está jubilada, con lo que puede tomarse el café sentada tranquilamente en el lado corto de la barra, y no llegar y salir corriendo con la taza humeante como hacía antes. A mí me resulta simpática, tiene esa visión de lo que sucede a su alrededor similar al del díscolo ángel twainiano que, desterrado por una temporada en este planeta, describía lo que aquí pasaba en las Cartas desde la Tierra que enviaba a sus celestiales compañeros (si así los podemos llamar, pues la Escolástica no consiguió discernir a qué sexo pertenecen).
La voz de la Camarera, aprovechando los respiros del personal (que le da su experiencia), nos ilustra: «Ya decía el káiser Guillermo, en 1914, que no existen proletarios en Alemania, sino el pueblo alemán. Y les contó que estaban rodeados por todas las partes, por lo que era necesario una actitud defensiva (lo cual corearon muchos intelectuales)». No estaba enterado yo de estos extremos, aunque algo me sonaba de los diálogos de Günther Anders con Hannah Arendt en La batalla de las cerezas el haber leído que varios filósofos tragaron el anzuelo.
Uno de la mesa violeta, próxima al ángulo del mostrador, pregunta a Ana: «¡Oye! ¿Por qué dices que es significativo lo de las cadenas?». Ésta apura el café con cierta pesadumbre al ver que se terminaba y dice: «Porque es un símbolo de la política. Les están señalando que, si la independencia llega, no se va a escapar ni el apuntador. Pero eso gusta al personal. Tienen empeño en que les aten corto. Es erótico». Y dijo esta última frase sonriendo y guiñando el ojo izquierdo mientras se balanceaba ligeramente en la banqueta.

[Los versos son de Salvador Espriu en Las horas. Ilustración de Kienerk, arte Liberty].

8 comentarios:

  1. Las quiosqueras son gente acostumbrada múltiples tipos de comentarios. La verdad que su observación es ingeniosa.

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    1. Ya lo creo, los cafés son singulares con su presencia.

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  2. las kiosqueras, los taxistas, camareros y peluqueros tienen una visión del mundo muy peculiar.
    Yo escucho siempre lo que tienen que decir....

    lavelablanca, con respecto a la propuesta yo a eso lo puedo llamar coincidencias, casualidades o destino. Creo que es un buen tema para desarrollarlo pero tal vez en haiku me cueste mas tiempo. Acepto el desafío, en cuanto la tenga escrita te aviso.

    Gracias por hacerme pensar siempre.

    saludos

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    1. Gracias a ti, Karin. No tienes por qué apresurarte en crear el haiku.

      Buen día.

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  3. He venido por primera vez a su blog. Me gusta, tanto en su diseño como en lo que escribes. Me apunté como seguidor suyo y lo invito a que venga a mi blog, se apunte de seguidor para quedar enlazados y seguirnos comunicando.

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    1. Bienvenido, William, por supuesto que nos haremos seguidores.

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  4. Gracias por llegar a mi blog, me gustan las velas blancas, de navegar y de iluminar y tu blog. Entonces me quedo agragada si no tienen inconveniente.
    Andaré navegando por tus entradas : ) Gracias y mucho gusto!
    Abrazo de anís.

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  5. Oído abierto en el café. Esa es una actitud muy poco defensiva.

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