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jueves, 22 de enero de 2015

Compañía en la nieve

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…porque doquiera el hombre va, lleva consigo su novela(Fortunata y Jacinta, B. Pérez Galdós)
Nieva de modo intermitente, a ratos con abundancia, esta mañana. Así que salgo hacia el centro, subiendo por la orilla del río, para ver el desconcierto de la vida ciudadana en días como este. Después de recorrer las plazas cercanas al paseo principal, entro en la cafetería. La Camarera me ve sacar el libro del bolsillo del abrigo y me pregunta qué es lo que estoy leyendo. Le digo que eso hoy no tiene importancia, pues llevo el libro simplemente como compañía, aun a sabiendas de que no voy a leer nada. Hay bastante en lo que entretenerse mirando por la calle. «¡Eso sí que tiene gracia! ‒me suelta‒ ¡Vaya manera que tienes de pasear con alguien!».
Nos reímos un poco de este sentido eremita de la soledad y comentamos la frase de Galdós. Al fin y al cabo, es lo que suele hacer la literatura, ¿no? Novela, entendida como ese «equipaje de experiencias y emociones con el que se construye la identidad del individuo» (que nos dice Pablo Valdivia). Parece evidente que la llevamos en nuestro deambular.
Así pues, la cita no solo tiene significado literal, sino también simbólico. De ahí que Muñoz Molina la hubiera destinado para iniciar su Sefarad, novela de novelas; la cual sustituye a última hora por unas palabras de Kafka: «”Sí ‒dijo el ujier‒, son acusados, todos los que ahí ve son acusados”. “¿De veras? ‒dijo K.‒, entonces son compañeros míos”».

Para no desviarnos a la tragedia y continuar con lo blanco, le digo a la Camarera que ponga la luna de Caetano Veloso.


La novela de la Camarera. La luna de nieve.

miércoles, 9 de abril de 2014

Golondrinas

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Hace unos días que me asomo al balcón, oteando hacia el sur, por ver si aparece alguna golondrina. No recuerdo bien cuándo llegan otros años, pero es que las estoy echando de menos ya. Será que mi cuerpo las presiente. En realidad (si dejo a un lado las rosas), los gladiolos y las golondrinas son dos de las compañías que más me agradan. Realizan un viaje de treinta días a través de África, cruzan desiertos y cada vez encuentran un ambiente más hostil. Parece que cada año se merma su población en España alrededor de un millón.

La bella golondrina y el viento (Badajoz, 2009), es un breve texto de María José Fernández Sánchez, ilustrado por Juan Manuel Calderón, que podemos llevar (sin necesidad de abrirlo) en el asiento libre del coche, cuando vamos en busca del pájaro azul. O El canto triste de la golondrina (2001), de María Trinidad Crespo. A las que podemos sumar otras muchas golondrinas impresas de este nuestro siglo veintiuno: La golondrina peregrina, Corazón de golondrina, La golondrina roja, Los dos amigos de la golondrina, La golondrina valiente, La golondrina y el colibrí, La golondrina viajera, Liberación de una golondrina, Mariana o La golondrina hija de la libertad, Paulina y la golondrina azul, Sofía la golondrina, La torre de la golondrina, Trayectoria de una golondrina, etc.

El cuento La golondrina enamorada. La novela del maquis La golondrina. Construir El palacio de las golondrinas. Observar Las golondrinas de Kabul. Sin privarnos de los poemas de La risa de la golondrina me despierta, de Dobrina Nikolova. Casi todas ideadas por mujeres.