miércoles, 27 de mayo de 2015

Violencia y poder (en el sexo)

Escuchábamos ayer una charla que hablaba de la lucha de las mujeres latinoamericanas por sus derechos sexuales y reproductivos, organizada por la Red Alternativa de Grupos de Burgos, la cual lleva realizando esta actividad un martes mensual desde los últimos años.
Educación sexual para decidir sobre su cuerpo y disfrutarlo. Acceso a la anticoncepción para prevenir embarazos no deseados. Aborto para evitar la muerte. Tres sencillas reivindicaciones de estos grupos de mujeres. Y aquí venía uno de los datos escalofriantes: la enorme cantidad de violaciones que se producen en esa tierra, en las que casi dos terceras partes son sobre menores, la mayoría de las cuales se llevan a cabo en el ámbito familiar. Aun así, parte de los países prohíben el aborto, ni siquiera por razones de salud vital, para estas niñas que o bien mueren o bien son estigmatizadas de por vida, y, cuando lo contemplan sus leyes, los inconvenientes que plantean los Juzgados si eres pobre e indígena suelen llevar a que se niegue. (El reciente caso de Nicaragua que, después de más de cien años de estar contemplado el aborto terapéutico en su legislación, ha sido suprimido por influencia de la jerarquía católica y líderes de grupos espirituales).

Daba la casualidad de que ayer había echado una ojeada a Guerra en el club de la miseria, de Paul Collier (autor que se hizo popular en 2008 cuando publicó El club de la miseria, centrado en lo que él llama «Estados fallidos»), que echa una ojeada a África, continente que es, junto a esta zona de América, la parte del mundo donde hay más embarazos de menores. Parece que la enfermedad y la violencia acompaña a la humanidad desde sus inicios; la primera ha retrocedido por efecto de la ciencia; la segunda no está tan claro que lo haya hecho en estas zonas, si bien en una primera mirada se emplea menos para la conquista del poder (pues no está bien visto en los países ricos, que son quienes dan las ayudas o imponen embargos), resulta que las democracias que se han instalado están fuertemente condicionadas por grupos que no dudan en el empleo de la violencia ‘pacífica’.

9 comentarios:

  1. A veces parece que los problemas concretos no lo son, pues la regla general no ha de tener excepciones o no es regla general. Pero resulta que las que no existen son las excepciones cuando equivalen a vidas humanas, pues cada persona es la regla general.

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    1. Por aquí, las reglas generales las establecemos en los asientos. Las tragedias llegan en las casas particulares.

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  2. Algo tan simple y resulta tan difícil de solucionar.

    Los colectivos oprimidos van siempre por delante de los opresores en sus planteamientos.

    Saludos

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  3. Esto parece tan cerca de la marcha que se llevará en Argentina Ni una menos: basta de la muerte por haber sido mujer.

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    1. Así parece ser, madame Butterfly, vamos hacia atrás, como los cangrejos.

      Saludos.

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  4. Las mujeres siempre ciudadanas de segunda o de tercera, y en el punto de mira de los violentos y de los "violentos pacíficos", encarnando mitos como el honor de la familia o la honra de su casa...y muriendo, sufriendo y pagando por ello. Horrible y por lo menos se escuchan voces en contra, aunque sea tan difícil acabar con esto.

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    1. Todo lo que describes, Esther, sucede ininterrumpidamente. ¿Cuándo nos ocuparemos de ello en vez de ficciones?

      Un saludo.

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  5. Mientras desde el poder a nivel universal, no se legisle una ley contundente sobre las violaciones a menores y no tan menores, el asunto es peliagudo y las leyes en muchos países están hechas por hombres en su mayoría sin escrúpulos.
    Un abrazo.

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    1. Así es, Conchi, pena sobre pena.

      Un abrazo.

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