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lunes, 27 de julio de 2015

Servicio público. Paisajes

7 comentarios
Hace tiempo ‒demasiado‒ que deseo escribir aquí sobre el Servicio Público para proponer algo así como que tendríamos que idear una máquina del Sentido Común por la que pasaran quienes desean dedicarse a la Cosa Pública. Pero, claro, esta es una bitácora cultural y, al iniciar el borrador de la entrada susodicha, termino pensando que los polituits que he leído estos días no se parecen nada a la creación humana. En todo caso me darían para hablar de la logorrea y no me siento capaz de tratar, con un mínimo de rigor, las impulsividades expresivas.
Además, aparte de que esta mañana estaban acampadas tres tiendas en el prado libre de la rivera del Arlanzón por la zona de Fuentecillas, estoy embebido en otros paisajes, los de Johan Moritz Rugendas (1802-1858), pintor al que Alexander Humboldt (1769-1859) admiraba por su destreza y su espiritualidad. El naturalista había ideado una manera de aprehender gráficamente lo que nos rodea: la Physique du Monde o Erdtheorie, suerte de geografía artística, captación estética del mundo y ciencia del paisaje, pues en ella no ponía el punto de interés en un elemento o símbolo, sino en el conjunto de imágenes coordinadas dentro de un cuadro ‒fisionomía del paisaje‒, las cuales reproducen los rasgos característicos de la naturaleza. Ello es lo que logra transmitir a la sensibilidad (intuitiva) de quien lo observa la suma de información deseada: clima, historia, costumbres, economía, raza, fauna, flora, régimen de lluvias, de vientos…
Y, para ello, nada mejor que los trópicos. Es César Aira ‒«escritor original, imaginativo, inteligente y delirante»‒ quien nos hace la narración del viaje central de Rugendas, en el que se interna en el centro de lo impensable, en el núcleo de lo existente, en la esencia de su respirar, a través de un recorrido por la pampa, viniendo desde Chile, tras atravesar las altas montañas y llegar a Mendoza.

Allí ocurrió… nada que ver con la política.