Llevo el fin de semana con un
cabreo respetable únicamente paliado por la llegada de las golondrinas que bajan
a beber al río y pasan por debajo del puente con una suave destreza que siempre
he deseado tener. Resulta que las mafias traen gente del sur y ‒asegura la
televisión‒ se ofrecerán para que los trabajos sean más precarios abarrotarán
los consultorios de la seguridad social y sestearán en las plazas ocupando los
bancos en los que podrían descansar nuestros mayores. ¡Vaya faena! ¿Quién puede
sacar lo puro de lo impuro? exclama el libro de Job (14, 4) según el ácape del
poema «Pureza» de Antonio Praena: «Del barro el labrador, y la
maestra / de tiza. / De oscuridad cada poema, / y yo, que soy el aire, del
rosado / fulgor de vuestras alas / me mancho día a día hasta ser puro».
Las aves migran Vuelan hacia climas
templados Las personas emigran Huimos de nuestras vergüenzas Las mafias son solo
el esperpento que juega con los caminos de agua y coloca nuevas banderas en las proas.
La veda permanece abierta y a
decir de Praena lo impuro es la ruleta:
Caza
Mucho más que perder
el vigor de tus alas,
más que ser derribado
del cielo por un hombre,
lo que ahora te entristece
es no saber qué manos
te cerrarán los ojos.
[El libro de Antonio Praena, Yo he querido ser grúa muchas veces (Visor, 2013). La fotografía de la golondrina rasante es de la bitácora La vida en 52 clicks].

