Caminar hacia los orígenes.
Sentimos la necesidad de danzar
con sonidos de caracolas porque en la vida cotidiana quienes habitan los
Olimpos son de oro y no nos proporcionan la satisfacción del vientre. El ruido
del enjambre está alejando las abejas polinizadoras.
Por ello, el viernes, rostros
desconocidos hasta ese momento viajan a El Tilo, casa-jardín en Ribota de Ordunte (Norte de Burgos). Llega el sonido que convoca ‒Shalom Aleikhem‒. Los pasos se dirigen al umbrío salón. Se va
conformando el círculo en las manos que ofrecen y que reciben ‒Hassapikos‒; las mismas que convierten
los ojos en fuentes. El cansancio es sudor; el sudor, euforia ‒Hora romaneasca‒. Los Urales no son
fronteras para el vuelo eterno de los cuerpos armonizados, distraídos a veces
de su curso natural ‒Pivna yagoda‒. En
un movimiento que ya es espiral.
En otro lugar, la política juega
con las urnas. Todo tiempo es propicio para comprender el mareo:
«Que no dé más vueltas. Que crea
otra vez en la vida verdadera. Que me enfrente a mis derrotas. Que suba una
montaña. Que vigile un panal. Que llore, que ría, que luche, que rece. Que
empuñe una hoz, una tiza o un verso.
He descubierto que hay millones
de gavillas. No tienen la fuerza de un bosque pero son dueñas del cordel que
sujeta sus espigas. Así que, con vehemencia, me he unido a ellas». (Viene el
texto de Voces del extremo. Poesía
antidisturbios).
[Allí, en las Merindades están
Cuca y Javi. Gracias. La próxima parada en el XIV Festival Anual de Danzas sin Fronteras].
Un reportaje gráfico del lugar y del fin de semana lo hace Margarita en Más que danzas del mundo Valencia.
Regresar al futuro.Un reportaje gráfico del lugar y del fin de semana lo hace Margarita en Más que danzas del mundo Valencia.

