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miércoles, 15 de mayo de 2013

Siempreviva para la Sombrerera Revolucionaria

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Los periódicos conservan noticias sorprendentes, como es la vida de María del Tránsito Caballero, nacida hacia 1879 en San Felipe (Chile) y migrada a los diez años a la capital, Santiago, donde comienza a trabajar de aprendiz en una floristería de lujo, para, después, trocarlo por el oficio de sombrerera, en una de cuyas fábricas trabajaba doce y trece horas diarias. Es lo que podemos leer en los órganos progresistas La Idea y La Luz, de la capital chilena, y en Tierra y Libertad de Casablanca (Chile).

Tanto Magno Espinoza como Luis Pardo nos relatan que María, con una instrucción escolar elemental, “por la contracción en el trabajo y la claridad de su inteligencia”, no se doblegó a su suerte y, robándole horas al descanso, se instruyó en lecturas sociológicas de Tolstoy, Kropotkin o Grave, alejándose de la situación que tenía encadenados a muchos hombres y mujeres, que “vivían fanatizados por la religión, el orgullo o la estúpida moral del día”. Desde el Centro de Propaganda Anticlerical Giordano Bruno o el Grupo Anarquista Luz o la Sociedad Artística a la que pertenecía, colaboraba en el apoyo a las reivindicaciones obreras, fabricando “una gran cantidad de ramilletes de flores artificiales que vendió, con cuyo producto llevó pan y vestidos a muchos infelices”.

Su idea era luchar por cambiar la sociedad y, como tal, asistía a las asambleas públicas (a veces era la única mujer), con el consiguiente asombro de la mayoría de mujeres y de muchos hombres, “rompiendo con las rutinas y los prejuicios impuestos a la mujer”. Al tiempo, escribía en la prensa anarquista y obrera de la época con los seudónimos de Una Sombrerera Revolucionaria y de Una Rebelde.


Pero un accidente comenzó a restarle salud y una “cruel enfermedad” le obligó a elegir entre la muerte o la amputación del brazo derecho, prefiriendo lo primero, lo cual precipitó el derrumbe del Teatro Lírico, donde murieron unas veinte personas, a donde asistía a una conferencia. Dicen las crónicas que la enterraron en el Cementerio General (19 de marzo de 1905) y que los compañeros adornaron su tumba con una siempreviva.