
A estas alturas todo el mundo se habrá hecho eco de la noticia: el desvío estará en funcionamiento a mediados de diciembre. No sólo eso, sino que seguidamente se procederá al desmantelamiento del viejo trazado que durante décadas ha partido la ciudad en dos. Una nueva oportunidad para modernizar la ciudad a través del “bulevard”, que espero que tenga mejor aspecto que el MEH, jijiji.
Este cambio produce en mí un gran nostalgia, ya que una gran parte de mi niñez viví a menos de 50 metros de la vía. Mi piso era interior, una cualidad muy despreciada a no ser que tu hipotético balcón vibrara como si se fueran a caer las ventanas cada vez que pasaba un tren, cosa muy frecuente. La vía era una preocupación constante para nuestras madres, sabedoras que muchos días tendríamos que pasar por ese paso a nivel para poder hacer vida normal. Yo tenía suerte: podía ir al colegio sin tener que cruzar.
Sabía que las vías eran un rollo, que la vida en las casas de muchos amigos míos estaba condicionada por los horarios del talgo. Pero no era consciente del peligro real. ¿Qué podía pasar por cruzar en rojo? ¡Si tardaba un rato en llegar la locomotora! ¿Y a quién no se le había enganchado la zapatilla por hacer el tonto? Dos trágicas muertes de gente cercana me abrieron los ojos. Los chismorreos que llegaron a mis oídos hablaban de accidente, aunque desgraciadamente he comprendido con los años que el tren era una vía de escape para muchos.
No todo van a ser malos recuerdos. De peque venía a visitar a mis abuelos en tren cuando nevaba desde Aranda. Mi primer viaje de larga distancia trajo un precioso amanecer, una visita al zoo y otra al parque de atracciones. Además, descubrí el enigma de dónde iba el pipí de los baños del tren. Menos mal que no me entraron ganas de hacer otras cosas :P Ya de mayor he viajado menos, aunque sigo considerando que es un buen y seguro medio de transporte.
¿Qué recuerdos tenéis de las vías?
Este cambio produce en mí un gran nostalgia, ya que una gran parte de mi niñez viví a menos de 50 metros de la vía. Mi piso era interior, una cualidad muy despreciada a no ser que tu hipotético balcón vibrara como si se fueran a caer las ventanas cada vez que pasaba un tren, cosa muy frecuente. La vía era una preocupación constante para nuestras madres, sabedoras que muchos días tendríamos que pasar por ese paso a nivel para poder hacer vida normal. Yo tenía suerte: podía ir al colegio sin tener que cruzar.
Sabía que las vías eran un rollo, que la vida en las casas de muchos amigos míos estaba condicionada por los horarios del talgo. Pero no era consciente del peligro real. ¿Qué podía pasar por cruzar en rojo? ¡Si tardaba un rato en llegar la locomotora! ¿Y a quién no se le había enganchado la zapatilla por hacer el tonto? Dos trágicas muertes de gente cercana me abrieron los ojos. Los chismorreos que llegaron a mis oídos hablaban de accidente, aunque desgraciadamente he comprendido con los años que el tren era una vía de escape para muchos.
No todo van a ser malos recuerdos. De peque venía a visitar a mis abuelos en tren cuando nevaba desde Aranda. Mi primer viaje de larga distancia trajo un precioso amanecer, una visita al zoo y otra al parque de atracciones. Además, descubrí el enigma de dónde iba el pipí de los baños del tren. Menos mal que no me entraron ganas de hacer otras cosas :P Ya de mayor he viajado menos, aunque sigo considerando que es un buen y seguro medio de transporte.
¿Qué recuerdos tenéis de las vías?