
Se acercan los exámenes, los agobios, las larguísimas horas de estudio y son muchos quienes prefieren afrontar esta labor en un lugar tranquilo y confortable, la biblioteca.
Aunque, en honor a la verdad, otros encuentran en ella un lugar ideal para establecer relaciones sociales, y usan la biblioteca como coartada perfecta para emplear su tiempo en otros menesteres. Quién no la ha usado como excusa para reunirse con los compañeros, los amigos, los coleguitas, y pasar una tarde tan ricamente. Claro, entre café y café hay que fumar un cigarrito, y le pides fuego a ese chaval con el que hace tanto que no hablas, por supuesto hay que ponerse al día de vuestras vidas... cuando ya entras en la sala y te dispones a concentrarte en tus apuntes te suena el móvil... en fin, está visto que hoy tampoco se va a poder estudiar.
Pero hay quien encuentra un aliciente poderoso para acudir cada día, con o sin la intención de estudiar; para ilustrarlo qué mejor que recordar un anuncio un poco viejo que se desarrolla en una biblioteca, vean:
Puro amor de biblioteca, aquí¿No es bonito? El amor flotando en el aire, las hormanas desatadas, el corazón a mil por hora, las mariposillas revoloteando en la tripa... y el bibliotecario cagándose en lo más barrido por tener que aguantar semejantes escenitas... y todo sin cobrar un plus de penosidad, en fin, nadie dijo que esta profesión fuera perfecta.