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miércoles, 22 de julio de 2015

Libro destructor. Libros constructores (China)

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Los patitos, en recua zigzagueante, van creciendo cada día detrás de su madre. Conocemos a Luo Ying a través del colombiano Fernando Rendón, iniciador de ese evento tan singular como es el Festivalde Poesía de Medellín, que pone la palabra recitada en las calles. Luo es un constructor a gran escala, incluido en la lista Forbes, que edifica un enorme jardín en las afueras de Pekín para homenajear a los cien poetas mayores de la historia humana ‒a mí, eso del número nunca me ha parecido acertado, pero como mi opinión no va hasta allí…‒. Y, sobre todo, es un enorme poeta. Alguien con quien me estremezco.
Nace en 1956, en la provincia de Ningxia, donde a los tres años fusilan a su padre por contrarrevolucionario, siendo que había peleado por la revolución. «Los recuerdos de mi patria empiezan con el hambre y la pobreza abyecta / Pero los recuerdos de mi padre terminan con su arresto en público». Su madre, con tres hijos y una hija, amasa barro para vender y, en una escombrera, queda coja. «Cuando pasaba, los niños en la calle imitaban sus gemidos y pataletas / Cuando pasaba, los vecinos a lo largo de la calle fruncían sus labios con desprecio». «De rostro sombrío», su madre, «nunca parecía bañarse ni ponerse ropa nueva […] en una furia repentina podía golpearme hasta que yo temblara de miedo [pero …] Una vez incluso gastó 5 centavos en una torta de frijol verde para mí / Aquel pastel tenía un sabor celestial que nunca olvidaré».
Si le golpeaba a su hijo, tenía sus razones. Este era algo asilvestrado, casi rufián, peleaba sin medir las consecuencias, tiraba objetos a la gente, destrozaba ventanas… y era sometido a sesiones de vergüenza. Entonces, a los ocho años, se publica el Libro Rojo de Mao, obligatorio en colegios y en citas científicas, da inicio en 1966 a la Revolución Cultural, en la que Luo Ying ‒entonces Huang Yuping‒ se hace guardia rojo y, con otros compañeros, humillan y ridiculizan a los maestros, campando por la ciudad, envueltos en la vorágine de distintas facciones, en unos años en que la vida deja de tener valor ‒«la revolución no olvida el odio de clases ni las rencillas de sangre».
Y, a finales de 2012, Luo Ying escribe Memorias de la Revolución Cultural (que publica Visor de Poesía), con esos largos versos impactantes de su autor. Integrante del Movimiento Poético Mundial.

"Finalmente, una vez más, permítanme maldecir lo que pasó -en nombre de la poesía".