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viernes, 3 de abril de 2020

Ruta de la Seda (coronavirus)

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Es uno de los caminos míticos desde hace siglos, ya conocido en años anteriores a nuestra era (cuyo nombre nos dejó Richthofen en Viejas y nuevas aproximaciones a la Ruta de la Seda, de 1877). Desde China a Europa o África, pasando por Mongolia, Persia y Cercano Oriente. Lugares que había transitado la Ruta de Jade. Ciudades de cuentos y leyendas: Xi’an, Karakorum, Kashgar, Samarcanda, Cachemira, Tabriz, Astracán, Constantinopla… Las Etimologías de Isidoro de Sevilla, Los viajes de Marco Polo o los relatos de Ibn Battuta contribuyeron a tejer la maraña de cuentos y leyendas de los pueblos que habitaban a su vera (del que beben historias recientes como Seda de Baricco). Comerciantes, peregrinos, salteadores, monjes, ladrones, pilluelos... Importar piedras preciosas, marfil, cristal, perfumes, tintes o telas. Exportar seda, pieles, cerámica, porcelana, especias, jade, bronce, laca o hierro.
Comprar a bajo precio en China, vender a precios desorbitados en Europa; esa era la práctica de los mercaderes islamistas durante siglos, que tenían en la Ruta de la Seda su principal fuentes de ingresos, por lo que no dejaban que nadie se entrometiera en su recorrido. Tal vez, nos suene ello con lo realizado en estos tiempos por parte de la industria occidental, asentada en salarios de miseria; sin más, por alguna de las marcas conocidas de ropa en España. Eslabones de la Ruta de la Seda.
Cuando Estados Unidos entró en liza en la primera guerra mundial, estaba devolviendo a Europa las ayudas humanas y tecnológicas que había recibido; a cambio, se convirtió en líder; Nueva York fue eclipsando a París, Berlín o Londres. China fue primera potencia mundial durante siglos, hasta que la industrializada Europa –Inglaterra– encontró la forma de emplear la pólvora de una manera muy persuasiva. Desde entonces, China es utilizada por Occidente o sirve con sus macrogranjas para proveer de carne a Rusia. Ahora, con el coronavirus, puede estar cobrándose ese papel de sirviente y, tras la crisis, alzarse como líder.

martes, 16 de octubre de 2018

El abogado descalzo (Chen Guangcheng)

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Hoy, que he dado un rodeo para llegar al trabajo por no atravesar por el paseo de los castaños (pues te puede caer alguna en la cabeza), he terminado de leer El abogado descalzo (2015), de Chen Guangcheng (1971). Hace un tiempo, un amigo extremeño me comentó que había estado en la biblioteca del barrio de Villaverde (Madrid) y, en la estantería de novedades, se detuvo en ojear el libro de ensayos de Lewis Mumford, Interpretaciones y pronósticos (1922-1972), estudios sobre literatura, historia, biografía, técnica y sociedad contemporánea, y El abogado descalzo, el cual se llevó prestado y, a pesar de sus ocupaciones, leyó, quedando impresionado por la lucha de este hombre.
Chen Guangcheng había nacido en la China rural y perdió la vista. Entrado en la adolescencia, asistió a una escuela especial para invidentes, de la que pasó a cursar medicina tradicional china en la universidad, una de las escasas carreras que le estaba permitido estudiar. Volvió a la aldea y dedicó sus energías a defender a la gente discapacitada y al empeño por conseguir que llegase agua potable a la población, además de a denunciar las esterilizaciones forzosas que conllevaba la política del descendiente único.
Su activismo era molesto y traspasó fronteras. Era acusado de abogado descalzo ‒abogado sin título‒. Tanto que, en 2006, fue condenado a cuatro años de cárcel y, a la salida, a permanecer dos años más recluido en su casa. Fue en esta época cuando planificó la huida, que emprendió en una mañana de abril de 2012. En su invidencia, tenía interiorizado el recorrido, que pudo finalizar sin toparse con ningún guardia de los que le vigilaban. Llegó a la embajada de EE. UU. en Pekín y, desde allí, a Wahsington C. D.
Como bien decía mi amigo, es un libro duro, pero un ejemplo de quien lucha contra los monstruos que agitan la ley y se oponen con violencia a los atisbos de dignidad humana.

viernes, 20 de noviembre de 2015

La escritura describe tu vida (en China)

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Quisiera gritar pero tengo que bajar la voz lo más posible: no debe sonar a blasfemia, sino a oración, no debe retumbar como un cañón, sino silbar como el viento. Un latido más fuerte acompañado de una mayor quietud
Vivir en una sociedad autoritaria pone a prueba a cualquiera que tenga la pulsión de la escritura. Ya en las distintas etapas de una persona, ya en los distintos grados de opresión del poder, los textos que produzca irán variando según se acomoden unas a otros. La cita con la que comienza la anotación es el conocido poema de Xi Chuan, escritor chino contemporáneo que se mueve entre lo clásico y lo moderno, entre lo poético y lo narrativo, algo místico y algo escéptico, en fin, nada fácil de clasificar.
En su juventud estaba cercano a la poesía oscura, corriente reunida en torno a la revista Jintian (Hoy), que se posicionaba contra la vaciedad de los mensajes de la propaganda oficial en torno a la Revolución Cultural de 1976, con textos algo herméticos, antipoéticos, pero con la satisfacción de luchar contra un gigante (“El tren se abalanza tumultuoso hacia el puente. / Me refugio debajo y siento cómo se estremece”). Aunque se viva la soledad, queda compartirla (“En la ribera opuesta del río / arde una llama. / Una llama / que hace arder mayo / y agosto […] Su fuego será inextinguible. / Un poeta la ve, un campesino la ve…”), aunque se corre el peligro de perderlo todo (“fuera de las montañas hay llanuras / llanuras donde mis cuatro caballos se han extraviado”). Es el recorrido de la década de los ochenta. En el que no pueden faltar los símbolos naturales, inherentes a la escritura china.

Después viene la poesía posterior a Tiananmen, de la que es muestra el poema Salutación con el que iniciamos la entrada. Época de desesperanza y, por tanto, para el poeta, de sacrificio, en la que el caballo lírico no puede desbocarse. De ahí que, en la visita que hace a España en 2013, declare: «quiero ser un mal poeta».

miércoles, 22 de julio de 2015

Libro destructor. Libros constructores (China)

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Los patitos, en recua zigzagueante, van creciendo cada día detrás de su madre. Conocemos a Luo Ying a través del colombiano Fernando Rendón, iniciador de ese evento tan singular como es el Festivalde Poesía de Medellín, que pone la palabra recitada en las calles. Luo es un constructor a gran escala, incluido en la lista Forbes, que edifica un enorme jardín en las afueras de Pekín para homenajear a los cien poetas mayores de la historia humana ‒a mí, eso del número nunca me ha parecido acertado, pero como mi opinión no va hasta allí…‒. Y, sobre todo, es un enorme poeta. Alguien con quien me estremezco.
Nace en 1956, en la provincia de Ningxia, donde a los tres años fusilan a su padre por contrarrevolucionario, siendo que había peleado por la revolución. «Los recuerdos de mi patria empiezan con el hambre y la pobreza abyecta / Pero los recuerdos de mi padre terminan con su arresto en público». Su madre, con tres hijos y una hija, amasa barro para vender y, en una escombrera, queda coja. «Cuando pasaba, los niños en la calle imitaban sus gemidos y pataletas / Cuando pasaba, los vecinos a lo largo de la calle fruncían sus labios con desprecio». «De rostro sombrío», su madre, «nunca parecía bañarse ni ponerse ropa nueva […] en una furia repentina podía golpearme hasta que yo temblara de miedo [pero …] Una vez incluso gastó 5 centavos en una torta de frijol verde para mí / Aquel pastel tenía un sabor celestial que nunca olvidaré».
Si le golpeaba a su hijo, tenía sus razones. Este era algo asilvestrado, casi rufián, peleaba sin medir las consecuencias, tiraba objetos a la gente, destrozaba ventanas… y era sometido a sesiones de vergüenza. Entonces, a los ocho años, se publica el Libro Rojo de Mao, obligatorio en colegios y en citas científicas, da inicio en 1966 a la Revolución Cultural, en la que Luo Ying ‒entonces Huang Yuping‒ se hace guardia rojo y, con otros compañeros, humillan y ridiculizan a los maestros, campando por la ciudad, envueltos en la vorágine de distintas facciones, en unos años en que la vida deja de tener valor ‒«la revolución no olvida el odio de clases ni las rencillas de sangre».
Y, a finales de 2012, Luo Ying escribe Memorias de la Revolución Cultural (que publica Visor de Poesía), con esos largos versos impactantes de su autor. Integrante del Movimiento Poético Mundial.

"Finalmente, una vez más, permítanme maldecir lo que pasó -en nombre de la poesía".

miércoles, 24 de septiembre de 2014

China, ese país... en la escritura de Mai Jia

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«Oriente es Oriente y Occidente es Occidente», expresa el dicho popular. Parece que solo por conquista o por colonización aumenta o disminuye el nivel del fluido de cada uno cuando están juntos. O en la literatura. La escritura de la mente matemática de Mai Jia (Jiang Benhu) no desorienta nuestras costumbres lectoras, si bien muestra un singular juego de voces en el desarrollo de El don (traducido en 2014), al que hemos llegado por casualidad.
[El profesor Jan Liseiwichz] delante de sus discípulos, de pie sobre su plataforma, parecía un poeta, o tal vez un general.
[El alumno Rong Jinzhen lograba desconcertarlo, ya que] a menudo los cálculos demuestran ser un método muy torpe para determinar el futuro, porque hacen pasar lo posible por imposible. Con frecuencia, las personas no se comportan con la pulcritud de los números. Pueden hacer que lo imposible se vuelva posible y que la tierra se convierta en cielo, lo que significa que, en realidad, la distancia entre la tierra y el cielo no es insalvable.
Y casi todo parece inmenso por allá. Mai Jia (que ha sido militar) pasa tres años en el Tíbet, durante los cuales lee un único libro. Después, comienza a escribir este Decoded en julio de 1991, en Pekín, y lo termina en agosto de 2002, en Chengdu. «Durante dos años pasé todas mis vacaciones en los trenes del sur de China, recorriendo el país para entrevistar a los cincuenta y un testigos, de edad media o avanzada, que habían presenciado los acontecimientos de esta historia». Después viene el éxito de ventas y, con sus posteriores novelas, supera los cinco millones de ejemplares. ¿Cómo medir algo así, cuando aquí el vender trescientos ya es motivo de notable orgullo?

Jinzhen se casa con Di Li a los tres días de conocerse, pues ella lo ama como ama a su patria. Apenas unos días después, él ya no aparece por casa y vive en un edificio cercano. Pero ella abriga la esperanza de que él albergue amor en algún espacio de su cuerpo. Así, Mai Jia le hace escribir en su libreta un pasaje del Cantar de los Cantares: «Levántate, viento del norte; ven tú también, viento del sur; soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado al jardín y coma de su dulce fruta».

viernes, 21 de marzo de 2014

Engaños y Universidad

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Cuando Kangjie observó por primera vez los dibujos de las huellas de los pájaros y creó la escritura, la vida se llenó de engaño y artificio.
Así habla la tradición china respecto de la invención de la escritura por parte del ministro del Emperador Amarillo. Y otros poetas de esta civilización ‒Li Bai (Alzo mi copa y convido a la luna. / Con mi sombra, ahora somos tres), Du Fu (La guerra fue la causa de mi vagar. / Si he logrado sobrevivir, / ha sido por casualidad), o Bai Juyi (¿Quiénes son esa gente? / pregunta un curioso. / Son los mandarines / que nos gobiernan)‒ llegan a ser consejeros del emperador y, al ver que el engaño y la adulación es la monedad corriente del Poder, reniegan de sus cargos y vuelven a su beatus ille.
Yo, en esta isla de conocimiento como es una biblioteca universitaria, me conformo con volver de vez en cuando a Krisnamurti (1895-1986), el hombre al que quisieron endiosar y entronizar, pero que se negó a fundar su religión. En una conferencia que da en la argentina Universidad de La Plata, en 1935, le preguntan: «¿Qué hacer de la universidad oficial?» Y responde: «Estáis educando aparte. Un sistema semejante crea desórdenes en el mundo. Se os prepara para profesionales o educadores. Se os prepara para ensamblaros en un régimen hecho; os guste o no. Este régimen se basa en el espíritu de adquisición, miedo y explotación. Estos tres factores dejan libres en el hombre ciertos deseos que son los que crean entre los individuos las divisiones y las barreras.
»Tomemos por ejemplo el problema de la Historia. Veréis que cada país ensalza sus héroes y patriotas en detrimento de los de otros países. En esta forma se cultiva el nacionalismo. Con libros, diarios, discursos, mítines hemos sido forzados a aceptar el nacionalismo como un hecho real, de modo que gradualmente se nos va preparando así para ser usados con fines de explotación. En esta forma, el nacionalismo se convierte en una barrera para la humanidad».

¿Será verdad lo que dice la tradición china?

lunes, 1 de octubre de 2012

Nu Shu. Escritura de mujeres en China

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Hoy en día es bastante conocida la existencia de Nü Shu, ‘escritura de mujeres’ –contrapuesta a Nan Shu, ‘escritura de hombres’–, usada durante varios siglos en secreto entre las mujeres de la región de Jiangyong (provincia central de Hunan, en China). Se desveló en 1983 y tomó carta pública en 1995 cuando Yang Huanyi, la última mujer conocida que hablaba con soltura este idioma (fallecida en 2004), entregó buena parte de las cartas, poemas y artículos que había escrito en Nü Shu. Curiosamente, tratándose de China, es una lengua fonética –contrapunto a la ideografía–, que representa sílabas, constando de unos dos mil caracteres, provenientes del chino tradicional y de una personalización en muchos de sus signos.

Vetada la escritura a las mujeres en China, crearon este sistema transmitido de madres a hijas o entre cuñadas, conocido ya en el siglo tercero de nuestra era. Los adelantos agrícolas dejaban tiempo a las mujeres para poder reunirse y dedicarse a tareas artesanales y a la elaboración de zapatos de seda. La tradición dice que fue ideado por Hu Yuxiu, concubina imperial que ingenió un modo de hacer partícipe a su familia de los sufrimientos que padecía en la corte, bordando sus lamentos en un pañuelo con signos singulares.

Buena parte de los escritos nü shu lo forman poesías. Entre sus obras características figuran los libros encuadernados en tela que se daban el tercer día después de la boda a las hijas o hermanas dadas en matrimonio (conocidos como ‘cartas del tercer día’), ya que iban a vivir a casa de la suegra y, de este modo, podían acceder a la inspiración materna; abanicos de papel, pañuelos de seda u otros objetos ornamentales e, incluso, en las palmas de las manos. Los bordados recogían reflexiones y miedos, sueños, hechos cotidianos, correspondencia, consejos. Una vida dentro de la vida, que permanecía oculta a los hombres. Ello creaba hermandades entre las muchachas que lo aprendían de pequeñas, lazos más allá de la sangre. Cuando moría, cada mujer era enterrada con los objetos personales de su escritura.

La revolución de 1949 receló de unos caracteres que no entendía y destruyó buena parte de los objetos que la contenían. La de 1966 –llamada cultural– se deshizo de buena parte de los vestigios del pasado. La puntilla a la desaparición de esta escritura la dio el acceso de las mujeres a la enseñanza reglada; ya no necesitaban usarla. Se esfumó esta camaradería femenina, que ahora se intenta perpetuar –disecada– con dinero público y que ya comienza a dar trabajo a reputadas/os estudiosas/os.