viernes, 3 de abril de 2020
Ruta de la Seda (coronavirus)
martes, 16 de octubre de 2018
El abogado descalzo (Chen Guangcheng)
viernes, 20 de noviembre de 2015
La escritura describe tu vida (en China)
Quisiera gritar pero tengo que bajar la voz lo más posible: no debe sonar a blasfemia, sino a oración, no debe retumbar como un cañón, sino silbar como el viento. Un latido más fuerte acompañado de una mayor quietud
miércoles, 22 de julio de 2015
Libro destructor. Libros constructores (China)
"Finalmente, una vez más, permítanme maldecir lo que pasó -en nombre de la poesía".
miércoles, 24 de septiembre de 2014
China, ese país... en la escritura de Mai Jia
[El profesor Jan Liseiwichz] delante de sus discípulos, de pie sobre su plataforma, parecía un poeta, o tal vez un general.
[El alumno Rong Jinzhen lograba desconcertarlo, ya que] a menudo los cálculos demuestran ser un método muy torpe para determinar el futuro, porque hacen pasar lo posible por imposible. Con frecuencia, las personas no se comportan con la pulcritud de los números. Pueden hacer que lo imposible se vuelva posible y que la tierra se convierta en cielo, lo que significa que, en realidad, la distancia entre la tierra y el cielo no es insalvable.
viernes, 21 de marzo de 2014
Engaños y Universidad
Cuando Kangjie observó por primera vez los dibujos de las huellas de los pájaros y creó la escritura, la vida se llenó de engaño y artificio.
lunes, 1 de octubre de 2012
Nu Shu. Escritura de mujeres en China
Vetada la escritura a las mujeres en China, crearon este sistema transmitido de madres a hijas o entre cuñadas, conocido ya en el siglo tercero de nuestra era. Los adelantos agrícolas dejaban tiempo a las mujeres para poder reunirse y dedicarse a tareas artesanales y a la elaboración de zapatos de seda. La tradición dice que fue ideado por Hu Yuxiu, concubina imperial que ingenió un modo de hacer partícipe a su familia de los sufrimientos que padecía en la corte, bordando sus lamentos en un pañuelo con signos singulares.
Buena parte de los escritos nü shu lo forman poesías. Entre sus obras características figuran los libros encuadernados en tela que se daban el tercer día después de la boda a las hijas o hermanas dadas en matrimonio (conocidos como ‘cartas del tercer día’), ya que iban a vivir a casa de la suegra y, de este modo, podían acceder a la inspiración materna; abanicos de papel, pañuelos de seda u otros objetos ornamentales e, incluso, en las palmas de las manos. Los bordados recogían reflexiones y miedos, sueños, hechos cotidianos, correspondencia, consejos. Una vida dentro de la vida, que permanecía oculta a los hombres. Ello creaba hermandades entre las muchachas que lo aprendían de pequeñas, lazos más allá de la sangre. Cuando moría, cada mujer era enterrada con los objetos personales de su escritura.
La revolución de 1949 receló de unos caracteres que no entendía y destruyó buena parte de los objetos que la contenían. La de 1966 –llamada cultural– se deshizo de buena parte de los vestigios del pasado. La puntilla a la desaparición de esta escritura la dio el acceso de las mujeres a la enseñanza reglada; ya no necesitaban usarla. Se esfumó esta camaradería femenina, que ahora se intenta perpetuar –disecada– con dinero público y que ya comienza a dar trabajo a reputadas/os estudiosas/os.