jueves, 15 de mayo de 2014
¿Madurar? (Paredes de Salamanca)
lunes, 2 de julio de 2012
Jara y piedra (semejanzas en flor)
Paseamos por el sendero que lleva al antiguo lavadero. Bajo las encinas no es aplastante el agobiante calor de campo abierto. La jara ha abierto sus puertas y deja de ser una planta anodina para alegrar el paisaje con esa flor tan característica. «No me considero una persona lectora», le digo a la Bibliotecaria. «¡Cómo puedes decir eso! –me contesta–, ¡si has leído miles de libros!». «Todo lo que tú quieras, chica, pero es así. Cuando leo un libro no lo tomo como una obra acabada, redonda, con sentido en sí misma. Leo y me quedo con unas partes o con otras, un diálogo, unas frases, una descripción… sin sentir que todo va en el mismo paquete. Seguramente es lo mismo que me sucede con las personas». La hierba, con humedad suficiente, va cubriendo los muretes biselados en los que se restregaba la ropa.
*****************
Recorremos Salamanca. Las ménsulas sujetan los pilares que nacen a mitad de la pared exterior de la cilla, descargando el edificio de la pesadez de la piedra, en el huerto de los dominicos. Le digo a la Bibliotecaria que son jaras, coqueterías, adornos de lucidez, pesares, enseñanzas de maestros arquitectos que ponían allí su libertad. Al contrario de lo que me sucede con los libros, esta ciudad sí que la percibo como una obra única, acabada. Ella ríe, me mira sin disimular la sonrisa y dice que me alimento de ideas peregrinas. La invito (para algo estamos en mi ciudad).

