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lunes, 10 de junio de 2013

Crucifixión

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En el Hospital Virgen del Mirón (vulgo Antiguo) de Soria cuelga de las paredes de las habitaciones la pequeña figura de un crucificado. Ignoro si sucede lo mismo en el resto de hospitales de España y si existe alguna reglamentación o costumbre al respecto. En todo caso, parece que a nadie le llamaba la atención este hecho, que a mí me resultaba (al menos) anacrónico.

Las circunstancias me han llevado hasta allí la pasada semana. La segunda noche de esta estancia –la del miércoles–, ingresaron en la cama de al lado a una mujer de cierta edad, con todos los visos de la demencia. Mientras daba gritos de significado incoherente, le pusieron las vías de los sueros y la mascarilla del oxígeno y le encarecieron que no se los tocara. En las dos siguientes entradas que hicieron a la habitación, ante el escaso éxito de las indicaciones en que le recalcaban lo dañiño para su salud de esta conducta rebelde al desprenderse de alimento y oxígeno, decidieron atarle las manos a los barras de los costados de la cama.



Así que allí me vi entre dos crucifixiones (pues no cuento la mía), sin pegar ojo durante las dos siguientes noches en que permanecí allí.

viernes, 28 de marzo de 2008

VICIOS

21 comentarios

Pasan los años y con ellos se marchan de viaje todos los minutos usados y raídos con nuestros vicios, son todas nuestras manías las que hacen de cada uno de nosotros seres especiales, diferentes, igual que el ADN nos identifica únicos, nuestras costumbres nos descubren intransigentes y beligerantes.
No puedo subrayar unas notas si no es en color naranja, los títulos en verde, y el título principal en amarillo, me gusta ducharme nada mas levantarme de la cama después de ir al excusado si la regularidad intestinal se ve alterada puedo recurrir a la fibra del anuncio o al bífidus que funciona para cumplir el ritual, el agua no tiene que estar ni muy caliente ni muy fría y siempre empiezo de la misma manera y termino igual, duermo en el mismo lado de la cama y esta me gusta que esté en una dirección concreta... no, yo no soy maniática, no más que cualquiera...




Si escudriñase un día completo seguro que me asombraría de lo rarita que puedo llegar a ser, pero insisto, estoy segura que no más que cualquiera..



Estos comportamientos constantes no se si los podemos denominar vicios o actitudes viciadas, si es así, creo que todos somos unos viciosillos y si antes hablaba de beligerancia era porque todo está bien mientras seamos tolerantes con los cambios.



No sería correcto mirar de forma asesina al usuario que me coloca todo el material para prestar a dos metros de donde estoy sentada ¿lo hace a propósito?, tampoco si me mosqueo cuando me devuelve un usuario de forma constante los libros y dvds llenos de restos de harina porque la bolsa es siempre la misma y además es la del pan, si pensase en lo amigable de Herodes cuando el enano me está aporreando el teclado ante la mirada impasible de su madre (mientras el programa se queda colgado), si me asquea que me den el carné todo sucio y mojado porque lo estaba chupando mientras esperaba la cola y para evitar el contacto utilizo la pistola de infrarrojos con la precisión de John Wayne ¿es un problema derivado de mis vicios? ¿tengo que ir a desintoxicarme?



Mientras medito sobre cual debe ser mi actitud ante estas situaciones, voy a leer un artículo que publica en EL PAIS Antonio Orlando Rodríguez (Ciego de Ávila, Cuba, 1956) cuyo vicio confesado es el de acudir a visitar todas las bibliotecas que puede, autor de las novelas Aprendices de brujo y Chiquita, ganadora esta última del Premio Internacional de Novela Alfaguara 2008