Estaban cansadas, estaban hartas y decidieron armarse con lo único que tenían a su disposición, cogieron todos aquellos libros que eran la razón de su trabajo diario y detrás de la trinchera fabricada con las estanterías y la argamasa del resentimiento decidieron que ya estaba bien, que el silencio que todos los días pedían a sus usuarios no debía ser el que obtuvieran siempre como respuesta ante sus peticiones, estaban encantadas con su trabajo y les gustaba estar rodeadas de todo aquel saber plasmado en el papel, eran muy capaces de valorarlo al haber dedicado una parte importante de su vida a estudiar, mucho, y más de lo que su administración suponía que hacía falta para desempeñar su trabajo, nunca era el momento oportuno para atender sus peticiones y los años pasaban y acostumbradas como estaban al silencio, se propusieron gritar, lanzar los libros y terminar con tanto desprecio hacia su existencia de una vez.Pasó lo que siempre pasa, nada.
Nada de nada, tantos años de silencio habían quemado sus gargantas, sus ánimos y sus esperanzas, clavadas como estatuas, insensibles a todo no tienen ganas ni de hacer una mueca, no tienen ganas de nada.