Son muy numerosos los relatos sobre la suerte, buena o mala. No es de extrañar, pues está presente en muchos de los momentos de la vida. Incluso, decide alguna de las direcciones que tomamos en nuestro devenir. Quienes analizan las posibilidades que tenemos de acertar ante una ruleta, coinciden en señalar que un tanto por ciento (no muy elevado) está en manos de la suerte.
Algo inesperado llega a nuestra vida. Hay quien lo considera un golpe de fortuna, pero es el tiempo el que se encarga de mostrar si lo es o no lo es. Uno de los cuentos más citados sobre ello es el anónimo del caballo y el campesino. Se dice que es sufí, taoísta, chino…
«Había un granjero al que sus paisanos consideraban afortunado por tener un caballo que utilizaba para labrar y transportar la cosecha. Pero un día el caballo se escapó. La noticia corrió pronto por el pueblo, al llegar la noche, los vecinos fueron a consolarlo por aquella grave pérdida: “¡Qué mala suerte has tenido!”. La respuesta del granjero fue un sencillo “puede ser”.
Pocos días después, el caballo regresó trayendo consigo tres yeguas que había encontrado en las montañas. Enterados los aldeanos, acudieron de nuevo, para darle la enhorabuena y comentarle su buena suerte, a lo que él volvió a contestar: “puede ser”.
Días más adelante, el hijo del granjero trató de domar a una de las yeguas, pero está lo arrojó al suelo y el joven se rompió una pierna. Los vecinos visitaron al herido y lamentaron su mala suerte; el padre respondió otra vez: “puede ser”.
Meses más tarde, aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Por la tarde, los aldeanos que habían despedido a sus hijos se reunieron en la taberna y comentaron la buena estrella del granjero, más este, contesto nuevamente: “puede ser”».
Sonríe, es la suerte.
[la fotografía de la planta es del blog lucamaluy; la de los caballos de vientosdolo].

