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viernes, 25 de octubre de 2013

Amantes Libres

3 comentarios
Tengo el derecho inalienable, constitucional y natural de amar a quien yo quiera, de elegir el tiempo que va a durar ese amor y de sustituirlo cada día si es lo que me place. Y ante ese derecho intrínseco ni ustedes ni sus leyes pueden interferir.
Escribe Victoria Claflin Woodhull (1838-1927), de Ohio, en el semanario que dirige junto a su hermana Tennessee (1846-1923) a partir de 1870. Y ese derecho, claro, incluye el disfrute sexual y el empleo de anticonceptivos (pues no son partidarias del aborto). Lo cual no es tan evidente para las autoridades, que, desde 1850 persiguen la difusión y uso de los mismos (curiosamente, tolerados y publicitados en la prensa), dando en la cárcel con los huesos de quienes se atreven a contravenir las reglas.
El grupo de las Amantes Libres abogan porque la mujer pueda repudiar los matrimonios sin amor o los abusivos y que tengan potestad de decidir si desean relaciones sexuales, y llegan a decir que el sexo forzado dentro del matrimonio es violación, tal como podemos leer en el periódico Lucifer, una vez que lo llevan Lilliam Harman, Lillie D. White y Lois Waisbrooker (1826-1909), mujeres, por lo general, librepensadoras, espiritistas y prolíficas escritoras. El amor libre (dentro o fuera del matrimonio o de la unión libre) es uno de los derechos de la libertad social, e impulsa a la mujer a ser amante de su propia persona (ese quiérete a ti misma, que decimos hoy).
La mayoría de ellas pasan años de cárcel, perseguidas por obscenidad, al celebrar ceremonias privadas de unión sentimental o publicitar contraceptivos. Y fueron más allá, al relacionar la violencia con la guerra, y la desigualdad económica entre los sexos y las clases con lo que llamamos males sociales: pobreza, prostitución, injusticias…
También hay hombres en el movimiento Amantes Libres: Josiah Warren, Henry James, Canning Woodhull, etc., que durante más de cincuenta años sorprenden a la puritana sociedad estadounidense.
[Esto y mucho más en Rebeldes periféricas del siglo XIX, de Ana Muiña (La Linterna Sorda, 2008)]