Mostrando entradas con la etiqueta cárceles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cárceles. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de febrero de 2019

Amor de lobo (Cixous) encarcelado (Kopp)

6 comentarios

Mientras se lee El amor del lobo y otros remordimientos (2009) de Hélène Cixous (1937), no queda espacio para otros asuntos. La densidad de la escritura de esta argelina, profesora universitaria en París desde 1968, exige atención total. Es la única forma de alejarse de la claridad cegadora que nos impide ver y adentrarse en el espacio noche que nos permite ver. Reflexiona sobre la escritura (femenina, en su caso), y nos dice que «el libro es un personaje del libro», el cual se impone al autor y arrima su pie al marco de la puerta para que esta no pueda cerrarse, aun cuando su creador lo deseara. «Hay para beber y para comer, y para llorar de risa, en los libros donde el libro es un escándalo y “carece de coartada” como diría mi amigo Derrida». El cuerpo es el lenguaje del inconsciente. Ella desearía escribir el libro que persigue en sueños, pero… el libro quiere que lo escriba a él.
Ante esta exigencia lectora, he entremezclado las páginas de Las confesiones a medianoche de Constance Kopp (2018), de Amy Stewart, librera en California, escritora de éxito de obras sobre los peligros y los placeres del mundo de la botánica. No he leído los dos libros anteriores de la trilogía ‒Una chica con pistola; Mujer policía busca problemas‒ en los que rescata la vida de Constance, Norma y Fleurette Kopp en los años primeros del siglo pasado en Estados Unidos. La fórmula empleada es conocida: fuentes de la época, sobre todo prensa, rellenadas con la ficción en los aspectos necesarios.
En 1916, Constance era la primera ayudante de sheriff de sexo femenino en Nueva Jersey, y una de las primeras en todo el país; su particularidad residía en que le permitieron llevar pistola, placa y la potestad de arrestar. Llegada a la cárcel de Hackensack, queda horrorizada ante el trato dispensado a las internas, por lo que decide investigar sus casos y, en bastantes ocasiones, conseguir la liberación de las encarceladas por inercia del sistema.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Cárcel (Emmy Hennings, de Ángel Dadá a Monte Verità)

19 comentarios
Ha llegado la garza de otoño al Arlanzón. Cada año solemos verla posada en las aguas o en el vaivén de las ramas en los chopos del paseo. Qué casualidad, su figura me recuerda algunos retratos de Emmy Hennings (1885-1948), escritora y actriz alemana, cofundadora (junto a su compañero sentimental de entonces Hugo Ball) de Cabaret Voltaire en Zúrich en 1916, local en el que se produce el nacimiento del movimiento Dadá, al que ella se adscribió en el primer momento, pero del que renegó (con Ball) muy pronto, para llevar una vida ascética en el cantón suizo de Tesino (en el conocido Monte Verità, al que también llegaron H. Hesse, Isadora Duncan o Jung).
Parte de su azarosa existencia la narra en Cárcel, novela autobiográfica editada en 1919, que refleja la estancia que tuvo que pasar entre rejas, después de que fuera denunciada por un hombre al que había robado, en la época en que ejercía la prostitución para la supervivencia, más o menos hacia 1914. La singularidad del relato, apoyado en frases breves y espontáneas, en un primer momento; los tipos de personas que dibuja, en especial con los diálogos y con párrafos secuenciales, hacen de este texto un espacio inesperado y de denuncia del sistema judicial alemán de momento hacia las mujeres. Sorprende que esta denuncia la haga una mujer sin apoyo de estatus burgués, lo que era corriente en las mujeres que se atrevieron a hacerlo (caso de Else Lasker-Schüler o Sophie Taeuber-Arp).
La traducción que se ha hecho en 2018 incorpora poemas del primer libro de Hennings, Estrofas del éter (1913). «En el sur el agua susurra como seda, / vivimos en estrechas celdas, / a través de los barrotes penetra en pequeñas olas / la añoranza por el lejano brezal».
"A donde dirigimos nuestros pasos voluntariamente, ahí está nuestra casa".

lunes, 10 de septiembre de 2018

El guardia, el poeta y el prisionero (Yun Dong-Ju)

2 comentarios

Lo cojo lo dejo lo retomo lo orillo levemente… Así he estado con este libro del surcoreano Lee Jung-Myung, El guardia, el poeta y el prisionero (2014), construido sobre tópicos ‒la quema de libros, el guardia cruel que se humaniza con la poesía, la memorización de textos, los palimpsestos, etc.‒ y, al tiempo, engranado sobre unos personajes definidos, que en muchos momentos muestran profundidad, además de ambientarlo en la cárcel japonesa de Fukuoka en los años 1944 y 1945. Entre sus temas, el de la lucha del pueblo coreano por zafarse del yugo imperialista japonés.
Una notable parte de la trama la sustentan un guardián, carcelero despiadado ‒obediente‒ que será asesinado en circunstancias oscuras, y el poeta coreano Yun Dong-ju (1917-1945), el cual había estudiado en universidades japonesas, para lo que tuvo que cambiarse de nombre, lo que le producía una vergüenza tal, que impregnará sus poemas. A causa de experimentos médicos con sustancias químicas, el poeta fallece en febrero de 1945. No había publicado nada en vida, pero en 1948 se editaron juntos, bajo el título Cielo, viento, estrellas y poesía, los tres manuscritos que había dejado (que vieron la luz en español en el año 2000).
Sus poemas tuvieron un gran impacto. Combinaban ingenuidad, belleza y resistencia.  La otra patria: «La noche de mi regreso a casa / mi sombra me sigue y se acuesta a mi lado. // Mi habitación oscura conduce al universo / y el viento me sopla en la cara desde algún sitio, desde algún cielo. // Contemplo la sombra que se marchita dulcemente en la oscuridad. // ¿Soy yo el que llora? // ¿O la sombra? / ¿O mi alma bella? // El perro fiel / ladra toda la noche a la oscuridad. // El perro que ladra a la oscuridad / debe de perseguirme a mí. // Corre, corre, / corre como un fugitivo. / Huye de la sombra, / ve en busca de otra patria hermosa».

viernes, 17 de julio de 2015

Carmen (versos y jardines. Documentos)

6 comentarios
Ayer pensaba haber escrito esta entrada sobre lo que me impresiona la poesía de Luo Ying. Pero lo dejaremos para otra ocasión, pues esta mañana he recordado la conversación mantenida anoche con mi amiga Carmen, cuando le felicité el santo, y, además, me he encontrado con Piedad, que estaba dando un paseo de primera hora en los jardines del paseo de la Quinta y me inclino por hablar del nombre Carmen. Todavía recuerdo la sorpresa de conocer en el bachillerato que, en lengua romana, carmen, carminis… era verso o poema (convertidos en profanos en los carmina) y, poco después que, en la cultura árabe, era la casa de campo con huertos y jardines.
Hace 110 años, en Béjar (Salamanca), «á las siete de la tarde, descargó sobre esta ciudad una horrorosa tormenta, acompañada de violentísimo huracán que tronchó bastantes árboles. Los truenos eran imponentes y se dice que cayeron algunas chispas en las inmediaciones, aunque sin causar desgracias. Cuando la tempestad era más violenta, recorría las calles un procesión [la del Carmen], que tuvo que refugiarse en la iglesia de El Salvador, desde donde hoy ha continuado su itinerario
»Durante la procesión interrumpida ayer y continuada hoy, ha surgido un lamentable incidente. El conocido librepensador don José María Blázquez que regresaba del cementerio, á donde había ido en el acompañamiento de un entierro, se encontró en la calle Mayor con la procesión y siguió su camino sin descubrirse. Esta actitud le valió millares de insultos de las devotas, que además le zarandearon de lo lindo, sin que él, según me han referido, perdiera la calma ni contestase á las ofensas». Así escribe el corresponsal de El Adelanto salmantino (20 de julio de 1905, pág. 4).

Lo curioso es que el zarandeado fue procesado y condenado a cinco días de cárcel, por su gesto del Carmen, que penó en los calabozos de la antigua villa.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Los libros, los libros... Siempre a vueltas con su no sé qué

7 comentarios
Los aspectos estilísticos no parecen ser una preocupación de los regímenes totalitarios. Más bien prefieren lo soso (y machacante). Si se trata de libros, no se afligen porque en las librerías se disponga o no de textos con valores literarios. (Lo mismo cabe decir de las existencias en las bibliotecas.) Pero –¡ay!– no pasan por alto el contenido de los mismos y ni siquiera se permite la simple posesión de semejantes objetos, cuando se habitan lugares en los que se practica la represión y se procede a la reeducación (léase los presidios). Siguiendo con nuestra costumbre de ilustrar con documentos de época lo que aquí afirmamos, transcribimos a continuación un mandato, de 1938, promulgado en plena euforia franquista:
«Prisión Central de Pamplona. Orden de la Dirección.
Haciendo uso de las facultades que me confieren las disposiciones vigentes, en el día de hoy he dispuesto: El Sr. Jefe de Servicios ordenará que por los funcionarios encargados de los distintos departamentos se proceda a la inmediata recogida de TODOS los libros que se encuentren en poder de los reclusos, los cuales los entregarán con una relación firmada por ellos, haciendo constar los títulos y autores de los mismos. Al hacerse cargo de ellos los funcionarios, harán saber a los reclusos, que si una vez hecha la recogida de libros se encontrara alguno en su poder, será corregido severamente.
Una vez que se haya hecho la recogida de dichos libros, el Sr. Jefe de Servicios los entregará en esta Dirección, juntamente con las relaciones firmadas por los reclusos.
Pamplona, 4 de octubre de 1938 (III Año Triunfal). La Dirección.»

[Este y otros documentos relacionados con el mundo del penal, se hallan en el cedé que acompaña a la obra de Félix Sierra e Iñaki Alforja, Fuerte de San Cristóbal, 1938. La gran fuga de las cárceles franquistas (Pamiela, 2005).]