lunes, 10 de septiembre de 2018
El guardia, el poeta y el prisionero (Yun Dong-Ju)
lunes, 28 de septiembre de 2015
Cumpleaños. Visor
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Prostitución (II)
»Marina y la Bibliotecaria caminaron por el puente romano y se acodaron en un entrante del pretil, sobre el tajamar central. Ésta no dejaba de moverse: “¿Acaso, al pagar unos euros por estos versos, nos diferenciamos en algo de los hombres que compraban los servicios de aquellas mujeres?”. Marina trató de calmarla:―Ya ves que habla en la introducción de que en China se compuso poesía algunos siglos antes que en Grecia. (¡Hasta constituyó, a lo largo del tiempo, la prueba central para hacerse funcionario!). El número de poetisas supera allí las diez mil y, entre ellas, las prostitutas conocidas pasan de doscientas. ¡No es para ponerse así ahora! Además, algunas se casaban con gente poderosa o con poetas de su tiempo.
Pero era inútil el consuelo. La cabeza de la Bibliotecaria ardía y las palabras le caían incendiadas hacia el pecho, el vientre, los muslos… –quebrado el pecíolo de la razón– al igual que desciende una irregular procesión de bacantes con su evohé camino del fondo de la gruta.
Primera respuesta a Lin Flores del peral, en soledad, igual que la luna.
La Vía Láctea baja a lanzar su luz
a la ventana de seda bordada.
Noche larga, larguísima.
La paso, como siempre,
encendiendo inciensos perfumandos,
aunque nunca pido nada al azul del cielo.
(Zhang Hongqiao, siglo XVI, concubina del poeta Lin)
jueves, 9 de septiembre de 2010
Poesía en la realidad
Decía T. S. Eliot (en The Sacred Wood, 1920) que Blake (a quien no tragaba) tenía una honestidad aterradora, de esas que te hacen sentir incomodidad al notar tu egocentrismo. William Blake (1757-1827) fue poeta, pintor y grabador inglés. De temperamento apasionado y tendencia polemista, no dejaba títere con cabeza cuando se trataba de denunciar a quienes ejercen la represión social y política. Era un incómodo iconoclasta. Y la poesía le servía para ello. Es lo que hace en su poema Jueves Santo (incluido en Canciones de inocencia y experiencia), al denunciar los préstamos que las (piadosas) personalidades pudientes condedían a las instituciones de beneficencia a un desorbitado interés:¿Qué tiene de sagrado ver, decidme,
sobre una tierra rica y floreciente,
niños que la miseria ha encadenado,
nutridos con mano usurera y fría?
¿Es una canción ese llanto trémulo?
¿Tal vez una canción de regocijo?
¿Con tantos nichos miserables?
¡Qué tierra de pobreza!
Además, Blake era lo que hoy llamaríamos una persona espiritual, que concebía la poesía como voz inspiradora, como parte divina de cada cual. El carácter Poético era la fuente de toda filosofía y religión (así lo desarrolla en su conocido libro El matrimonio del Cielo y del Infierno). Por si fuera poco, su escritura es con frecuencia enigmática; diríamos deliciosamente enigmática, así en esta “Segunda canción de la señorita Gittipin” en Canciones de una isla en la luna:
Oh, dejadme, dejadme con mis penas;
aquí sentada he de esfumarme
hasta no ser más que un espíritu,
perdida esta forma arcillosa.
Y si al azar en este bosque
alguien camina sin camino,
en la sombra verá mi sombra,
oirá mi voz sobre la brisa.
Gracias, Blake, por tus palabras.
domingo, 18 de abril de 2010
Poesía. Versos con fuerza de amor
Winétt le envió a Pablo en 1915 su tercer libro de poemas, Lo que me dijo el silencio, que acababa de publicar con el seudónimo Juana Inés de la Cruz. Ella vivía en Santiago y él en Talca. Cuando leyó sus versos y vio la fotografía de la autora que incluía el poemario, le contestó prontamente: «La belleza de tus poemas / es la expresión de tu figura». Y no se contentó con ello, sino que se acercó a Santiago, averiguó dónde vivía y, sin más, se presentó a conocerla. Al año siguiente se casaron (como suele suceder, en contra del deseo de su padre, pues era hija de Indalecio Anabalón y Urzúa, y de Luisa Sanderson Mardones, condesa de Villa Umbría, siendo el pretendiente un mozo poeta de porvenir incierto). Allá los corderos mudos,
sacrificados en el marco de la mañana;
allá los volcanes libres y los pensamientos,
los caracoles rubios besando las bocas
de la campanilla jugosas.
Fue una mujer comprometida con la sociedad. Los imponderables de los tiempos y los caprichos de las modas han hecho de Pablo de Rokha un poeta conocido en su tierra, mientras que a Winétt la han mantenido en el descuido, en una de esas claras manifestaciones de injusticia literaria. Algo que trata de enmendar María Inés Zaldívar en «Winétt de Rokha y la vanguardia en Chile», Anales de literatura chilena, núm. 6 (diciembre 2005).
[La anotación va dedicada a quien está recomponiendo su alma, a quien ha atravesado el charco y a quienes miramos].
jueves, 8 de abril de 2010
Torremozas. Editora de mujeres
Torremozas encauzó su hacer en tres direcciones: Voces nuevas, inéditas o con alguna publicación sin demasiada difusión. Voces consagradas. Voces recuperadas, para firmas del pasado, muchas de ellas de difícil localización. Después vinieron Voces hispanoamericanas y Poetisas de habla no española, traducidas al efecto. Hoy ya cuenta con nueve colecciones y, lógicamente, su selección de Imprescindibles. Además, lleva los premios Carmen Conde y Voces Nuevas, de poesía, y Ana María Matute, de relato.
Son numerosas las mujeres que han iniciado su carrera literaria pública en esta editorial que ha aportado al panorama poético español una frescura como la que solo puede salir de ciertos cuerpos y de ciertas sensibilidades. (Curiosamente, un año después nace Celeste, también vigente hoy, que acoge muchas plumas femeninas de poesía.)
A día de hoy, la editorial dispone de más de quinientas las publicaciones en su catálogo. Aquí vamos a reseñar la antología que realizó en 2002 Luzmaría Jiménez Faro con el título Poetisas españolas, por creer que es, sin duda, uno de los proyectos por los que no pasa el tiempo. De ella, extraemos este poema de Mercedes Alario:
Es hora ya de desatar las cintas
que asían tus estrellas,
desanudar el sol de medianoche
y soltar las amarras
de aquella embarcación de nuestros sueños.
Mas…
¿Cómo saber, entonces,
si es de día o de noche en nuestras viñas?
¿si mi mundo está creándose de nuevo
o agoniza?
¡Cómo sabremos si amanece Dios!
La literatura española tiene una deuda de gratitud con Luzmaría Jiménez Faro (y su compañero, Antonio Porppeta), iniciadora del proyecto y, ahora, con Marta Porpetta Jiménez, continuadora eficiente del mismo. Desde aquí ponemos nuestro pequeño grano de arena.
domingo, 28 de febrero de 2010
Poesía moderna. Desorientación y Premio
lo mismo que a la pampa le dejan
sus matorrales de deseo,
sus ríos secos colgados de las piedras.
Déjame vivir como acero mohoso
sin puño, tirado en las nubes;
no quiero saber de la gloria envidiosa
con rabo y cuernos de ceniza.
Un anillo tuve de luna
tendida en la noche a comienzos de otoño;
lo di a un mendigo tan joven
que sus ojos parecían dos lagos.
Me ahogué en fin, amigos;
ahora duermo en donde nunca despierto.
No saber más de mí mismo es algo triste;
dame la guitarra para guardar las lágrimas.
domingo, 24 de enero de 2010
Poesía clásica. El código literario
gora o Boscán, es fácil que necesitemos un bagaje literario para entenderlo, unos conocimientos de mitología griega, especialmente, pues las penas del yo literario ante la dama inmisericorde iban envueltas en ropajes adornados de elementos simbólicos. Veámoslo en el segundo cuarteto y primer terceto del soneto número 299 de Quevedo:Si el día, por Faetón descaminado,
hubiera todo el mar y aguas bebido,
con el piadoso llanto que he vertido,
las hubieran mis ojos renovado.
Si las regiones todas de los vientos,
guardar Ulises en prisión pudiera,
mis suspiros sin fin otros formaran.
domingo, 1 de noviembre de 2009
Versos y Memoria. Realidad y Ficción
Escasos fueron de ahí en adelante los momentos dulces que conoció. Entre ellos se cuenta el encuentro con Isaiah Berlin en 1945; encuentro que duró veinte horas (dando lugar –como dice Anna Caballé– a uno de los amores más fugaces de la historia de la literatura) y que le dejó perenne huella.
Réquiem es el poemario más emblemático de Ajmátova. Compuesto en los últimos veintiún años de vida, corría el peligro de quedar olvidado, ya que estaba prohibida su poesía. Era comprensible, por otro lado, que no quisiera guardar manuscritos que pudieran ser hallados en un registro policial, comprometiendo así a su hijo encarcelado. Por ello, eligió a once personas que memorizaran los versos. Las once lo hicieron y, después, recordaron los mismos. Hoy nos estremecen.
Jamás busqué refugio bajo cielo extranjero,
ni amparo procuré bajo alas extrañas.
Junto a mi pueblo permanecí estos años
donde la gente padeció su desdicha.
[…]
Cayó la palabra de piedra
sobre mi pecho aún con vida.
No es nada, siempre supe que sería así.
Seguro que el gesto de preservar el poemario nos suena.
lunes, 4 de mayo de 2009
Antonio Pereira González. Los cuentos y la muerte
Antonio Pereira González nace en Villafranca del Bierzo (León) el 13 de junio 1923 y muere en León el 25 de abril de 2009 (los caballeros castellanos van a morir a la capital). Buena parte de su obra ha quedado esparcida desde temprana edad en periódicos y revistas, pero hemos tenido la fortuna de que desde 1967 ya se publicaran sus libros de cuentos (Una ventana a la carretera), lo que ha llegado hasta 2006 (Cuentos del noroeste mágico). Entre sus antologías podemos hablar de Me gusta contar (Taller de Mario Muchnik, 1999). También echó su cuarto de espadas con la novela.
Gustaba de contar cuentos en público y, precisamente, con tal actividad intervino en la película El filandón (1984). Escritor de naturalidad, se dio temprano a la poesía, por su capacidad de condensar emociones (en 1972 sale Contar y seguir, y en 2006 Meteoros, obra completa); quedando inmerso después en el cuento, por su poder sugerente, género que exige precisión de lenguaje y atención narrativa. Aquí fue logrando una gradiente complicidad con el público lector. En este menester aportaba humor e ironía (a veces con parecido burlón).
El último tramo de su vida estuvo plagado de homenajes a su figura y de invitaciones a actos culturales. En todos ellos, con su mujer Úrsula, dejaba patente su estar natural, ocurrente y campechano, que tanto atraía a la gente joven que estaba a su alrededor.
Como no podemos ponernos aquí a contar de viva voz uno de sus cuentos, nos inclinamos por dejar una de sus poesías más resultonas, el Fado de la limpiadora:
A las seis de la mañana
fregar el Banco.
Todo de mármol.
fregar la iglesia.
A la siesta son los patios
de las señoras.
Todos de losas.
Al anochecer la esperan
largos pasillos.
Todos ladrillo.
Cuando se rinde en el sueño
un ángel le hace caricias
en las rodillas.



