Al despertar esta mañana me sentía algo abatido. No sé. Era de esas veces que te entra una molesta desazón que atenta contra tu autoestima porque llega una fecha señalada y no sabes qué poner en la bitácora. "Tiene que ser algo impactante", te dices, "de eso que quien lo lea quede con honda impresión, que diga: ¡vaya acierto!". Pero no se me ocurría nada. Así que, después del café, he decidido recurrir al típico Un rey en Nueva York, del harto conocido Chaplin, en cuya cinta el papel del niño anarquista (individualista) queda en manos de su hijo Michael.
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