Canta, oh Musa, la cólera aciaga de Aquiles, cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves.
Cada vez tengo un mayor
convencimiento de que las alergias ‒tan usuales en estos modernos tiempos‒
están provocadas por las musas. Vamos, no es que nos deseen molestia alguna,
sino que reaccionan ante el descuido en el que las tenemos. Como su aliado,
utilizan el viento, que ha sido siempre su camino ‒pneuma‒ preferido para llegar a la mente humana. Solo hay que estar
observando tranquilamente una arboleda en estos días primaverales para ver sus
ramas entrecruzarse y comprobar los milanos y flores de castaño que desprenden
directas hacia el suelo, hacia nuestro territorio, en diagonales racheadas.
El Canto (o la Voz), la
Meditación y la Memoria fueron las tres primeras musas en llegar a este efímero
mundo. No se llevaban demasiado bien con las sirenas, así que pronto partieron
peras y se instalaron en los montes, bañándose en fuentes y arroyos. Desde
entonces han procurado susurrarnos al oído el modo en que nuestro discurso
adquiera una elegancia que lo haga presentable en cualquier foro. Pero, qué se
yo, según me han dicho, no se sienten atendidas últimamente y, de ahí…, las alergias.
De ahí ‒para aplacar su
irritación en lo posible‒ que llegue a las librerías la traducción (ya del 2013,
por Herder) de Ilíada y Odisea, el manga,
ideado y publicado en Japón por vez primera. Al parecer, les ha gustado el
detalle. Recordar Reflexionar Hablar.

