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domingo, 3 de abril de 2022

Concha de Marco (in memoriam)

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Nacida en Soria en 1916 y fallecida en Madrid en 1989, Concha de Marco se considera a sí misma como una exiliada (triple). Se licencia en Ciencias Naturales en el Madrid de 1936, año en el que la guerra trunca su previsible «porvenir brillante». Casada con un hombre que sufre cárcel desde 1939 a 1943 y libertad condicional hasta 1954, se convierte en mujer de preso y es confinada al domicilio por su pensar republicano (y luego lo será en la Transición por estar ya descolocada). Desde mediados de los cincuenta, su situación económica mejora sustancialmente y puede permitirse joyas y viajes, pero bajo el paraguas de su marido, Juan Antonio Gaya Nuño (1913-1976), crítico de arte reconocido y amo del dinero. Una mujer dependiente que escribe, traduce, corrige, diseña y cose sus vestidos, y cocina.

Y todo lo hace con soltura, además de poseer una hermosura física de la que es consciente y presume. Su obra intelectual es amplia, de la que estima sobre todo la poética –«la poesía es una función sexual así como el amor es una función intelectual»–: 6 poemarios en vida –Hora 0,5 (1966) o Tarot (1972)–, relatos –El té del psiquiatra (1958)–, varios ensayos –La mujer española en el romanticismo (1969)– y abundantes traducciones (que le facilita Consuelo Berges) –Picasso (1959) de Penrose o La escultura moderna (1966) de Herbert Read–. A veces en colaboración con Gaya.

«Desgraciados, ignorantes, miedosos, cabrones, mierdas…», «allá se estampen, a quien no saludaré más…». Son palabras y expresiones presentes en sus cuadernos de memorias, en los que se manifiesta sin tapujos sobre la sociedad que le toca vivir. Escritos entre 1974 y 1977, han sido editados en 2018, bajo el cuidado de José María Martínez Laseca con el título La patria de otros. Memorias de una mujer libre. Concha deja el legado del matrimonio (sin descendencia) a la ciudad de Soria, que monta una Fundación con el nombre de él y escribe versos de ella en el firme de sus calles.

Salud

lunes, 8 de enero de 2018

Celebraciones de Reinas en Penumbra

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El fuego en el hogar. El agua en la playa. La lluvia en el aire. Elementos básicos. Palabras verdaderas de la poesía. La nieve que ahora baja por el aire servirá para que renazca lo hundido en la tierra hacia la primavera (aunque sería deseable que ciertas cosas que mueren no volvieran a resurgir).
“Celebremos… / los afanes de siempre: / mirar la lluvia fuera, / sentir la niebla dentro, / querer y que nos quieran”. No, no, no es eso, pienso cuando leo los sencillos versos de Rafael Juárez en Una conversación en la penumbra (2015). Precisas, recatadas, hermosas incluso sus palabras, pero no es eso de que “Estoy en esa edad en la que un hombre quiere / por encima de todo ser feliz, cada día. / Y al júbilo prefiere la callada alegría / y a la pasión que mata, la renuncia que hiere”. O, para mayor exactitud, no es solo eso. Está la vida fuera, a nuestro alrededor: gente refugiada, nieve, ira, pobreza, rebeldía, latrocinio… No se puede ser feliz sin su permiso.
Ya, ya sé que es un libro de poemas. No hay que exagerar o pedirle peras al olmo. Y, como dejó escrito Eliseo Diego en Nombrar las cosas, “un poema no es más que la felicidad, que una conversación en la penumbra” (según nos recuerda Pablo Jauralde en la jugosa introducción). Este libro -es cierto- dispone igualmente de reflexiones que ayudan a proveerse para la travesía del año que comienza: “Recoge agua, que también te espera / el camino y no vas hacia la fuente”. Y avisa de lo que nos sucederá cuando tomemos el tren de los acontecimientos y no deseemos estación alguna en la que apearnos: “Adiós una vez más a estos lugares / donde me esperan siempre y nunca llego. / Con la velocidad vuelve el sosiego”.
Abro el libro al azar y, tras el juego inocente -“Tres colorines / y dos palomas / y uno que mire / pasar las cosas”- caigo en alguno de sus sonetos -mi perdición consonante-: “Al ordenar los libros nuevamente / desordeno mis días… / Vuelvo a la inútil condición esclava / de organizar en cada estantería / mi ausencia plena y su presencia hueca”.
Salud.

[Las ilustraciones son Reinas de Fernando Vicente, y Penumbra de Paolo Nozolino].

miércoles, 13 de mayo de 2009

FRANCISCO UMBRAL. OBRA POÉTICA (1981-2001)

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Este es el título de la última obra de Francisco Umbral, que saldrá a la calle esta semana.

No os asustéis, que no ha resucitado entre los muertos, sino que tras su muerte aparecieron más de 300 poemas entre sus cosas, unos escritos a máquina y otros de su puño y letra, donde expresa sus pensamientos diarios sobre los temas actuales.


De estos 300 poemas, García-Posada y María España seleccionaron 126, y a ellos le sumaron el único poemario que el gran prosista y maestro de la metáfora escribió en su vida Crímenes y baladas, publicado en 1981 y de ello surge esta magnífica obra.


Este es el comienzo de la obra:
«Voy a poner primero
donde empieza este libro,
un cuchillo de tiempo que he visto en la cocina,
voy a poner delante, porque el lector lo use,
un bruñido abrecartas, pulcro de asesinatos
».

Buscando información sobre este estupendo escritor, me he encontrado con esta página:
http://www.franciscoumbral.com/ donde se pueden consultar todos los artículos por él publicados en El País, El Mundo, El Cultural, Hermano Lobo…

Datos sobre Francisco Umbral (mayo 1935- agosto 2007):
Francisco comenzó tarde su formación escolar, a los diez años, pero con once dejó sus estudios - mejor dicho, le echaron - para no volver a retomarlos de forma oficial

Estudiante autodidacta, la literatura para él se convirtió en una verdadera maestra.
Sus primeros pasos literarios se vieron publicados en la revista Cisne, del S.E.U.

A comienzos del año 61 se instala en Madrid, donde desarrolla su intensa actividad periodística y literaria. Como escritor ha forjado su faceta en distintos géneros como novela, ensayos, poesía, cuentos, biografías, e incluso teatro, pero en este último género no ha tenido éxito.

Casado con la fotógrafa María España Suárez Garrido en 1959, tuvo un hijo - Pincho - que falleció con tan solo seis años de leucemia. Este acontecimiento marcó enormemente su vida, como se demuestra en su obra 'Mortal y Rosa' (1975), considerada además por los críticos como una de las obras literarias más importantes de la segunda mitad del siglo XX.


Umbral ha recibido numerosos premios por sus obras.


Entre los que destacan el Premio Nadal en 1976 por su obra 'Las Ninfas' y fue finalista del Premio Planeta en 1985 con 'Pío XII, la escolta mora y un general sin un ojo'. En el 90 le concedieron el Premio Antonio Machado con su narración corta 'Tatuaje'.



En 1996 recibe el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y un año después el Fernando Lara por 'La forja de un ladrón'. El 97 fue un año exitoso porque el Ministerio de Cultura le otorgó el Premio Nacional de las Letras por el conjunto de su obra, la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, y el León Felipe a la Libertad de Expresión.



El 2000, obtuvo el Premio Cervantes, uno de los más prestigiosos de las letras hispanas. Y hasta el momento el Premio Periodismo Mesoneros Romanos, de 2003, es el último premio obtenido.