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lunes, 3 de marzo de 2014

Fantasía

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Cierto día, unos cuatrocientos años atrás, el escritor comienza una novela en torno a un personaje cotidiano: Alonso Quijano. Entonces ‒según le viene dando vueltas hace tiempo, aunque no sabe bien qué ocurrirá‒ deja paso a la fantasía. No es que este hidalgo sea un personaje fantasioso, no, es que la fantasía obra en él y le seca el seso. A partir de ahí cobra vida El Quijote. Otro de los motivos para considerar esta novela como la que da nacimiento al moderno arte de novelar. Pero no para ahí la historia. Después viene el fracaso. Las andanzas fracasan. Cervantes había visto muchos casos así. Gente de la calle que, en la guerra, la fantasía los desata. Y en la paz, cada vez que la vida les permite entrar en un mundo distinto, imaginario, poderoso, donde se creen con derecho a violar, maltratar, extorsionar, chantajear…
Quienes estudian (sesudamente) los fenómenos literarios, afirman que «de Cervantes a Onetti no hay nadie». Seguramente es por este modo de introducir la fantasía en las historias. Partir de personajes con los que nos encontramos cada día, creíbles, y transformar su actuación después de que se produzca la alquimia correspondiente en sus protagonistas. Para una tumba sin nombre (1959) es una muestra de este hacer. Hay fantasía y hay fracaso. El proxeneta «caminó velozmente, por costumbre, acercándose incauto al encuentro, al metro cuadrado de baldosas que le había reservado el destino para que pudiera crear su obra y ser». Santa María decadente.
Escribir es un oficio y, como tal, sus obras envejecen. ¿Será la fantasía la que mantiene vivo a Alonso Quijano?

lunes, 11 de mayo de 2009

Quijote, Sancho y la melancolía

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La psicoanalista francesa Françoise Davoine ha publicado un libro, Don Quijote para combatir la melancolía, en el que expresa su convencimiento de que el Caballero de la Mancha verbaliza las experiencias traumáticas que sufrió Cervantes a lo largo de su vida, ayudando a su autor a superarlas. Por ello, en las sesiones de esta terapeuta con sus pacientes, saca a colación las historias del hidalgo manchego y de su escudero, dando a entender que hay también otras personas con problemas similares a los nuestros y que logran superarlos. (¡Y de qué forma!)

El modo en que caballero y escudero resuelven sus situaciones (sin salida aparente) es mediante el diálogo. Don Quijote y Sancho Panza entablan extensas charlas sobre lo que se les ha venido encima, lo que les ocurre de forma inesperada, sobre lo que no entienden de primeras. En esta actividad intercambian los papeles de terapeuta y paciente (aunque es Sancho quien asume, por lo general, el papel de cuidador) e, incluso, hablan de tumbarse en la hierba para hablar con mayor fluidez. (¿Lo copió Freud?)

Y es precisamente el modo en que surgen las aventuras, en que se encuentran con lo inesperado, lo que les proporciona elementos para sobrevivir, para alejarse del pasado (que no siempre cura). Por ello, quienes están traumatizados en grado notable por experiencias anteriores, pueden tomar lección del devenir de estos dos personajes cervantinos.
¡Feliz primavera!