En la acera
Es una vieja vendedora de periódicos
que cada día llega cojeando hasta aquí...
Cuando agotada ya no tiene fuerzas para llevarlo,
suelta el paquete de "Ediciones extraordinarias",
se sienta encima y se adormece...
Los que pasan delante
están tan acostumbrados que ni siquiera la ven,
y ella, misteriosa y muda como una sibila,
esconde lo que debiera ofrecer...
Cuando agotada ya no tiene fuerzas para llevarlo,
suelta el paquete de "Ediciones extraordinarias",
se sienta encima y se adormece...
Los que pasan delante
están tan acostumbrados que ni siquiera la ven,
y ella, misteriosa y muda como una sibila,
esconde lo que debiera ofrecer...
Empieza a llover…
Camino hacia el trabajo en esta cálida mañana con ausencia
de viento y de voces humanas. Los patos agradecen la lluvia de tormenta caída
hace escasas horas y el esquelético río Arlanzón revitaliza las cintas de sus
riveras. En paralero al camino arbolado, los coches circulan con estridente zumbido.
Leo a Vladimír Holan (1905-1980), una vida entregada a la poesía, traducido por
Clara Janés Nadal (1940-), tal vez la persona que conoce su enigmático mundo de
manera más singular. Es uno de sus libros esenciales: Avanzando (1943-1948), escrito en la época en que sus versos
esperanzadores y de resistencia estaban en la boca de los habitantes de Praga
durante la ocupación nazi; pero llegaron los rusos –a quienes saludó– y
concluyeron que su posterior poesía –la que arriba leemos– era decadente, por
lo que fue prohibida.
Pienso en que lo que puede hacerme hermoso no es el brillo
que encontraré (y tanto atrae) al cruzar la puerta del nuevo edificio. Pienso en la la partera de Van Gogh
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podemos llamarlo a su paso por Burgos), es inevitable no fijarse en el caudal –escaso, por lo general– que corre y renueva continuamente sus aguas, que, en estos días, desbordan la rivera adentrándose en la ribera. Los ánades y alguna garza suelen juguetear en la corriente.