miércoles, 5 de diciembre de 2018
El libro de los libros (Buchholz)
domingo, 19 de marzo de 2017
Altazor (desde los cielos de Huidobro)
Hay palabras que tienen sombra de árbol
Otras que tienen atmósfera de astros
Hay vocablos que tienen fuego de rayos
Y que incendian donde caen
Otros que se congelan en la lengua y se rompen al salir
Como esos cristales alados y fatídicos
Hay palabras con imanes que atraen los tesoros del abismo
Otras que se descargan como vagones sobre el alma
Altazor desconfía de las palabras
Desconfía del ardid ceremonioso
Y de la poesía
Trampas
Trampas de luz y cascadas lujosas
Trampas de perla y de lámpara acuática
Anda como los ciegos con sus ojos de piedra
Presintiendo el abismo a todo paso
domingo, 10 de julio de 2016
Jade

Algunas mujeres (vietnamitas) eligen las pulseras de jade como su joya. Comparable a los diamantes. Dan la medida de la calma, de la solidez dentro de la aparente fragilidad que proyecta la superficie lisa de su curva. A ella puede acudirse cuando se siente inseguridad, incluso cuando se tiene miedo. Puede que una madre decida ponerle una a su hija. La cual, fácilmente, deja que la muñeca crezca en su interior hasta el punto de que no pueda salir al hacerse mujer. Jade de por vida.
Ahí, en la piel cambiante, adquiere su tonalidad oliva joven o liquen, en un proceso único, acrisolado en los latidos de su poseedora. No se raya ni absorbe calor. Pero sabe de los amamantamientos, de ira desechada y de las manos que se acercan –tan distintas– desde el exterior.

¡Ahí: gansos salvajes, nadando lado a lado,
mirando hacia el cielo!
Plumas blancas contra un azul profundo,
pies rojos ardiendo en olas verdes.
Jade en nuestro cuerpo.
jueves, 27 de diciembre de 2012
Palabras para bibliotecas (¿cerradas?)
Se acerca Año Nuevo. En la política se dice que hay que hacer gestos. O sea, parecer que se mueve ficha, aunque no tenga beneficio alguno para la partida. Pero -como canta Cohen- tienen las fichas cargadas. Uno de estos gestos es reducir los servicios de bibliotecas: cerrar suscripciones de revistas, no adquirir libros, música o películas, dejar de contratar personal, cerrar bibliotecas y llevarlas a otras dependencias municipales (tal los centros cívicos)... Y un largo ecétera para salvar la poltrona: cambiarlo todo para que nada cambie.
Por ello, viene a cuento el poema de Valente:
No inutilmente
Contemplo yo a mi vez la diferencia
entre el hombre y su sueño de más vida,
la solidez gremial de la injusticia,
la candidez azul de las palabras.
No hemos llegado lejos, pues con razón me dices
que no son suficientes las palabras
para hacernos más libres.
Te respondo
que todavía no sabemos
hasta cuándo o hasta dónde
puede llegar una palabra,
quién la recogerá ni de qué boca
con suficiente fe
para darle su forma verdadera.
Haber llevado el fuego un solo instante
razón nos da de la esperanza.
Pues más allá de nuestro sueño
las palabras, que no nos pertenecen,
se asocian como nubes
que un día el viento precipita
sobre la tierra
para cambiar, no inútilmente, el mundo.
¡Ánimo y Feliz Año Nuevo!miércoles, 16 de noviembre de 2011
Animal de palabras

Parece claro que las personas somos animales de palabras. A algunas de éstas les conferimos significados especiales, lo que las convierte esenciales en su época (pensemos en honor, progreso, revolución… en décadas pasadas; o en indignados, democracia, especulación… en la nuestra). Con ellas –en la literatura− concebimos mundos irreales, complementarios a lo que denominamos realismo, conformando de este modo (por contraste) nuestra realidad. (Esta irrealidad es diferente del ámbito virtual, un mundo paralelo en el que se nos quiere hacer vivir).
Uno de los pasajes de la cultura en donde primero se expresa esta idea seminal es en el Fedro, donde Platón nos habla sobre estas palabras, por boca de Sócrates: «Mucho más excelente es ocuparse con seriedad de las cosas, cuando alguien, haciendo uso de la dialéctica y buscando un alma adecuada, planta y siembra palabras con fundamento, capaces de ayudarse a sí mismas y a quienes las planta, y que no son estériles, sino portadoras de simientes de las que surgen otras palabras que, en otros caracteres, son canales por donde se transmite, en todo tiempo, esa semilla inmortal, que da felicidad al que la posee en el grado más alto posible para el hombre».
Por ello –se nos ocurre−, continúan siendo tan necesarios los libros.
viernes, 25 de marzo de 2011
Aforismos en la cama

Joubert −sumido en la revolución que llegó a decepcionarle− conoció en 1800 a Chateaubriand y se hicieron amigos, lo cual le ha dado celebridad. Pero él mismo era un personaje singular. No escribió una gran obra, pues le gustaba demorarse. Sainte-Beuve decía de él que se daba a «sus lecturas, sus sueños, sus charlas, bastón en mano, prefiriendo pasear diez millas que escribir diez líneas». Editorial Periférica, de Cáceres, publicó en 2007 Sobre arte y literatura (vertida al español por Luis Eduardo Rivera). La obra había sido traducida al inglés por Paul Auster y en su primera edición (1982) no tuvo demasiado éxito editorial, hasta que fue pasando de mano en mano de esa manera insospechada en que lo hacen algunos libros; el mismo Auster cuenta la anécdota de cómo anduvo uno de sus ejemplares de cama en cama en un hospital, leyéndose con verdadera fruición, a tal punto que cuando su dueño lo reclamó (al ser dado de alta), le contestaron con un «es nuestro».

lunes, 20 de diciembre de 2010
Palabras de rocío

E. Allan Poe, por su parte, afirmó que un poema breve puede producir una «excitación que sea capaz de elevar el alma» con mayor fortuna que uno extenso, pues «toda excitación, por mera necesidad física, es transitoria».

El mundo de rocío
es mundo de rocío.
Y sin embargo…
jueves, 29 de julio de 2010
Las palabras y la Túnica de Neso


[Todo esto (y mucho más) en las memorias de Stefan Zweig, El mundo de ayer (Acantilado, 2002)]
jueves, 4 de febrero de 2010
Palabras saqueadas

lunes, 18 de enero de 2010
Palabras internas. Acúsmata

Pero hay un espacio al que se llega no con dinero ni con tiempo disponible, sino con fortuna. Es la tierra de los acúsmata [no la de sentencias pitagóricas o symbola], de los paraísos formados (si hay suerte) dentro de nuestro cuerpo, de los estados de encantamiento que (quizá) nos invaden, de las alucinaciones sonoras que (tal vez) disfrutamos. Escuchamos voces o cánticos. Reinos que no se pueden comprar ni se pueden vender. Para quien no los conoce, este es un mundo extraño, del que no le hablan ni le ofertan, al que no puede visitar por placer, en el que ni siquiera puede disponer de la posibilidad de sentirse extranjera/o. Simplemente no puede acceder a él.
martes, 5 de mayo de 2009
LA IMPORTANCIA DE LAS PALABRAS
jueves, 8 de enero de 2009
Diccionario de palabras olvidadas
