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viernes, 31 de julio de 2015

Futuro... Vacaciones

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«¡O sea, que era eso lo que querían!», la Camarera está para pocas bromas esta mañana, «¿aliarse con los/as anteriores, hasta el cuello de corrupción? ¿Dónde están los procesos en común prometidos, el bienestar de la gente?  Se sientan en las poltronas y se descubren sus afanes, mejor dicho, sus ambiciones. Al final, vas a tener razón ‒dice mirándome, que acabo de entrar‒: los barrotes están ya fuertemente enraizados, solo nos dejan el espacio suficiente para que nos lancemos piedras».
«Vale, mujer», le digo, «ponme un café y echemos mano del sesgo de optimismo, que pronto comenzamos las vacaciones. Además, la provincia está llena de actuaciones, el tiempo nos deja disfrutar de casi todo. En fin, ya sabes el Futuro de Ángel González».
Pero el futuro es diferente
al porvenir que se adivina lejos,
terreno mágico, dilatada esfera
que el largo brazo del deseo roza,
bola brillante que los ojos sueñan,
compartida estancia
de la esperanza y de la decepción, oscura
patria
de la ilusión y el llanto
que los astros predicen
y el corazón espera
y siempre, siempre, siempre está distante
.

Dichosos días augustos.

miércoles, 25 de junio de 2014

La Recolectora. Lectura sin vacaciones

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Nueve meses de lecturas compartidas. Comentarios cada quince días en la Casa Redonda. Mundo sin principio ni fin. Sin centro ni periferia. Sin espacio ni tiempo. Literatura. Son:
Cualquier tiempo pasado…, de Victoriano Crémer
Los anillos de Saturno, de W. G. Sebald
Fiesta en el jardín, de Katherine Mansfield
Kafka y la muñeca viajera, de Jordi Sierra i Fabra
El amor de una mujer generosa, de Alice Munro
La metamorfosis, de Frank Kafka
Botchan, de Nausume Soseki
El intendente Sansho, de Ogai Mori
El país del miedo, de Isaac Rosa
Para una tumba sin nombre, de Juan Carlos Onetti
Sostiene Pereira, de Antonio Tabucci
Contrato con Dios, de Will Eisner
La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero
Las alas de mi padre, de Milena Agus
La abadesa de Castro, de Sthendal
El pentateuco de Isaac, de Ángel Wagenstein

Y las lecturas vinculantes. En torno del hogar cuando el tiempo es frío. Debajo del nogal cuando llega la primavera. Textos de: Janet Frame, Claes Andersson, E. L. Doctorow, J. M. Conget, Juana de Ibarbourou, Juan Gelman, Mo Yan, Levo Ivo, J. M. Coetze, Esperanza Ortega, Eugenio de Andrade…
Y el silencio. Y la música.

martes, 3 de septiembre de 2013

Por si (todavía) dispones de tiempo... y te apetece

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Si hubiera podido elegir, habría elegido la música […] Mi madre tocaba el calvincémbalo, y lo que ella tocaba con tanta perfección y pulcritud fue como la gota sin fin que penetró en mi cabeza. Así me encontré yo con el hecho de que iba por la calle y no podía dejar de cantar.
Escribe Clara Janés en una de las páginas de Jardín y laberinto (1990), texto con cuerpo de planto, y lo dialoga en La voz de Ofelia (Siruela, 2005), ese pequeño libro tan grande. La música. Parte de ese mundo que nos llega fuera de las órdenes y las imposiciones de cada día. Así que si no has gastado todo tu tiempo durante este veraniego mes, puedes (si quieres) emplear parte de él escuchando algunos acordes llegados de las manos de Khatia Buniatishvili  y Yuja Wang provenientes de Brahms. Nos vamos a lo fácil, dejando por ahora sus acercamientos a Horowitz, a Taub y a nuestro preferido: Skriabin (1872-1915), que recogió los ecos y los plasmó en partituras; ¿de dónde emergieron?; poco importa ahora si estaba interesado en vaivenes teosofistas o si –ciertamente– es el demonio quien inspira sus sonatas blancas y negras, su mesiánica, su éxtasis, su poema del fuego.



Imprescindible (para nuestra vida) la capacidad de oír colores –sinestesia– de este compositor y pianista ruso. Así como la de Clara Janés y Vladimir Holan de percibir la belleza entre el dolor del solitario destierro, presintiendo lo más allá, lo que está en la naturaleza –hojas, trinos, crepúsculos, rosas…– del entorno en que nacemos.

[La ilustración está tomada de artsandarchitecture.wordpress].

jueves, 9 de agosto de 2012

Vacaciones de la Bibliotecaria. Su palabra

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En estos días en que la Bibliotecaria está de vacaciones, noto un cierto desasosiego en mi ánimo, que combato con afable porte ante quienes me rodean. Caigo en la cuenta, así, del valor de sus palabras, de esa amabilidad contenida con que me atiende en el mostrador. Por ello, le dedico este poema de José Ángel Valente, en la ilusión de que desee escucharlo en la distancia:

Contemplo yo a mi vez la diferencia

entre el hombre y su sueño de más vida,

la solidez gremial de la injusticia,

la candidez azul de las palabras.

No hemos llegado lejos, pues con razón me dices

que no son suficientes las palabras

para hacernos más libres.

Te respondo

que todavía no sabemos

hasta cuándo o hasta dónde

puede llegar una palabra.

Quién la recogerá ni de qué boca

con suficiente fe

para darle su forma verdadera.

Haber llevado el fuego un solo instante

razón nos da de la esperanza.

Pues más allá de nuestro sueño

las palabras, que no nos pertenecen,

se asocian como nubes

que un día el viento precipita

sobre la tierra

para cambiar, no inútilmente, el mundo.

[Tomado el poema de elalmadisponible. Gracias, Ana].