domingo, 24 de julio de 2022

En el hielo de la banquisa (ártica)

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En la canícula de esta temporada, cuando Sirio nos envía rayos abrasadores, he dato en caer en las llanuras de los hielos árticos por obra de Bérengère Cournut (1979) a través de las páginas de De piedra y hueso (2021, en traducción de Regina López Muñoz). Una inmersión en Beringia en la compañía de Ursulariq, mujer con planta de oso y de armiño.

Hacía tiempo que no me aparecían momentos literarios tan claros como los que he sentido en este libro. Esos en los que los símbolos empleados, los recursos verbales de texto se conjugan para enviarte palabras dirigidas a ti; «no tengo intención de contar embustes a las mujeres. Ni a ellas ni a ti», dice Ursulariq en una situación dada –¿o es Bérengère la que habla?–. Tal vez lo dice la Naturaleza, los animales, las plantas, los frutos que acompañan y alimentan a las “familias” que pululan por la banquisa en unos ciclos continuos de alimentos, hambre, vida y muerte.

Es la adolescente, mujer madura, anciana, muerta habitante del mundo subterráneo, que vive en contacto con prácticas chamánicas. «A menudo he claudicado. Ante el tiempo que pasa y el tiempo que hace. A menudo he ocultado mi identidad de chamana. Ya porque otros bastaban para la tarea, ya porque estaba cansada de combatir. A veces los espíritus me han dejado sola, desatendida, abandonada. Yo esperaba. Esperaba mucho tiempo. Y, cada vez, ellos regresaban. Hasta el día en que se me llevaron».

Tal vez se nos han llevado. Salud.

domingo, 10 de julio de 2022

Locura (de amor) en el Tártaro

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Cuerpo finito para mente infinita. El más peregrino de los Ingenios de España da a luz al Caballero de la triste figura. Los elementos –tierra, agua, fuego, aire– crean el hueco por el que transitar hacia el subsuelo –catábasis– y se desvanecen al aparecer la Amada ardiente y líquida. El beso nos despierta –anábasis– y llena de silencio el resplandor. Lo grueso y lo fino. Ciencia en poesía. Locura para escapar de la locura.

Clara Janés (1940) escribe Kráter o La búsqueda del amado en el más allá (2022), 76 páginas apenas que compendian años de estudio y exploraciones. 33 poemas de  verso breve -"Toda partícula / repite el eco / cegada / la fuente / del olvido / amor que vibra / y se hace / vida"- que conducen a ese lugar que describiera el pitagórico Zopiro en el siglo V a.n.e. con el nombre de Krater, en el que se describe el viaje de Orfeo al infierno, con similitudes a los rituales que se practicaban en el entorno del Etna. La incubación, el tumbarse de la Enamorada en la Tierra a la espera del sueño que la arrebate de la incertidumbre, del no ser, de ese estado anterior al ser.


Por su lado, Santiago Muñoz Machado (1949) da a la luz el estudio que iniciara hace décadas sobre Cervantes (2022) y nos sumerge en la narración de la vida de que fuera regocijo de musas y envidia de envidiosos. 1040 páginas que rescatan los pasajes autobiográficos del alcalaíno –y obvian la ficción de los mismos, que ha novelado tantas veces su vida o dramatizado su destino–, además de los memoriales que preparó el mismo. Se apoya, por supuesto, en los sucesivos estudios realizados sobre su figura durante los tres siglos últimos. Humaniza al literato –poeta, ingenio de comedias, novelista– y lo presenta con las cinco mujeres con las que comparte el domicilio, atareado en hacerse servidor de su majestad, sorprendido por esa pareja cómica que resulta no tan cómica.

Salud (la ilustración es de Liu Bangyi)

domingo, 26 de junio de 2022

Nebrija, temeridad de la gramática

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Dedicarse a la gramática puede parecer una profesión sin complicaciones, salvo las derivadas de dominar los entresijos propios de las palabras y su expresión. Pero no es así. La gente poderosa (y quienes ambicionan cualquiera de los muchos poderes existentes) desea tener a su servicio ese elemento tan necesario de la información, la cual se manifiesta con las lenguas.

Esta es una de las deducciones básicas que se desprenden al ver y leer el cómic Nebrija del argentino Agustín Comotto, que se ocupa del devenir del polímata lebrijano, ocurrido en circunstancias políticas convulsas entre 1444 y 1522 –tiempos de Enrique IV, Torquemada, la Beltraneja, Isabel y Fernando, Cisneros…–, en las que las intrigas y apuestas por el bando perdedor o ganador aupaban o derribaban fortunas y existencias. Y ahí estaba el gramático, bailando entre la necesidad de complacer a la gente y las propias creencias, lo que era fundamental para ocupar una cátedra de prima en la universidad o un lugar en la corte renacentista del maestre de Alcántara en Zalamea de la Serena.

Famoso por ser autor de la primera gramática del castellano (1492, a inspiración de Isabel la Católica que deseaba un instrumento para que la población mora recién conquistada pudiera aprender la lengua de la nación y, al tiempo, sirviera a las gentes religiosas [que de latín no andaban muy allá]), defendió los derechos de autor (que impuso a sus impresores), la libertad de conciencia (que le llevó a la Inquisición), y se guio por un elemento básico: la curiosidad.

Desde el Cielo de Salamanca a la expresión libre. Salud

domingo, 12 de junio de 2022

Estrella Roja (utopía en Marte con Bogdanov)

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Pasó el tiempo de las utopías en Occidente. Se han extendido las distopías. Solo con un optimismo rayano en el infinito puede suponerse que conseguiremos derribar las grandes financieras y construir una sociedad solidaria y comunal. Ahora se han desplazado esos ideales y vivencias a las comunas de Rojava o a las aldeas de América que luchan por sus recursos naturales. Pero hubo un tiempo en que la creencia en las sociedades libertarias se plasmaba en unas historias que cabían en un libro. Una de ellas se gestó en plena lucha por el poder en el bolchevismo, en 1909 (que, dicho sea de paso, afianzó a Lenin en el poder al imponerse sobre el autor de esta utopía, el cual compartía estatus con él en el partido).

Estrella Roja, de Alexander Bogdanov (Aleksandr Aleksándrovich Malinovski, 1873-1928), fue un éxito editorial incontestable. Figura una sociedad en Marte en la que prima la libertad personal. Su autor fue un humanista. Médico, economista, filósofo, naturalista, escritor de ciencia ficción, poeta, profesor, político, precursor de la cibernética y de la ciencia de la organización, pionero en transfusiones de sangre, revolucionario durante toda su vida. «Hasta el final, el coraje para experimentar, el coraje para compartir, el sueño de la fraternidad». Murió en un experimento en el que intercambia su propia sangre con la de un enfermo de tuberculosis y malaria, al intentar su curación (algo que, posiblemente, le libra de la muerte en las purgas de Stalin).

La extensión de su legado es soterrada, pero firme. Incluso la vemos en algunas obras literarias, tal la novela Proletkult de Wu Ming, o la trilogía de Kim Stanley Robinson, Marte Rojo, Marte Verde, Marte Azul, en la que se mueve el personaje Arkady Bogdanov.

Salud

domingo, 29 de mayo de 2022

Helgoland, agua y partículas cuánticas

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Helgoland, ‘Tierra sagrada’, recibe las olas atlánticas de la Frisia alemana y, con frecuencia, la niebla vela y desvela sus acantilados rojos según soplan más o menos fuertes los vientos del Mar del Norte. En esta isla pequeña filmó Murnau escenas de Nosferatu. Con menos de dos mil habitantes y características como la de que no circulan automóviles por su suelo, el lugar es frecuentado por quienes desean tranquilidad. Allí llegó el joven Werner Heisenberg (1901-1976) en 1925 para aclarar las ideas que bullían en su cabeza y, gracias a sus observaciones, recibió el Premio Nobel de Física en 1932.

Helgoland (2022), de Carlo Rovelli (1956) expone el nacimiento y evolución de «la única teoría fundamental del mundo que hasta ahora no se ha equivocado». Lo curioso del asunto es que sus planteamientos –observables, probabilidad y granuralidad– no predicen certezas. Se elabora colectivamente por una serie de físicos y matemáticos entre 1925 y 1926, fundamentalmente, que disponían con las bases puestas desde principios de siglo por la constante de Mark Plank, la relatividad de Einstein y las reglas de Niels Bohr. En la nómina figuran Max Born (que es quien acopla las diversas proposiciones), Heisenberg (con las partículas), Jordan, Schrödinger –el del conocido gato– (con las ondas), De Broglie, Pauli y Dirac (que describió el proceso cuántico en 1930, de una forma que todavía no se ha superado). Todos tienen su Nobel, salvo Jordan, que permaneció fiel al nazismo.

Agradezco estos libros, a los que vuelvo de cuando en cuando, pues me gusta comprender la realidad que nos conforma. Me permiten remozar los conocimientos que adquiero y olvido tantas veces. Y me consuela el que concluyan que nadie comprende en su fondo la teoría cuántica –o sea, que no soy solo yo–, ya que la Física no se ocupa en describir la Naturaleza, sino de lo que podemos decir de ella.

Salud

domingo, 15 de mayo de 2022

Hierba (Casa de consuelo para Japón)

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Casas de consuelo hospedadas por mujeres de consuelo. Así concebían su mundo los soldados japoneses que intervinieron en la guerra del Pacífico durante la segunda guerra mundial. Era su derecho poder desfogarse. Para ello secuestraron a una multitud de muchachas, la mayoría coreanas, y las tenían en los lugares donde estaba establecido el ejército en el este asiático, caso de China. A algunas les prometían trabajo, negociaban con las familias de otras, aunque no era necesaria razón alguna para encerrarlas; sencillamente las raptaban en poblados o en caminos y las transportaban a los lugares convenidos.

Hierba (2022, traducida por Joo Hasun), de Keum Sug Gendry-Kim, narra la historia gráfica de la coreana Lee Ok-Sun, una de estas mujeres de consuelo, eufemismo empleado por el ejército imperial japonés para denominar a sus esclavas sexuales. Lee fue raptada en 1942 y trasladada a la fuerza a una base aérea en China. No volvió a su país hasta 1996, gracias a un proyecto del canal televisivo SBS.

Lee Ok-Sun vive en la llamada Casa del compartir, refugio para las víctimas de la esclavitud sexual, con residencia y museo, ubicada en Gwanju (Corea del Sur). Allí es donde la autora la ha visitado repetidas veces y se ha atrevido a preguntarle por su vida. De este modo ha elaborado esta historia, Hierba, que da cuenta de su infancia en un hogar muy humilde de Busan, Corea del Sur, y de las sucesivas ventas que sufrió en la niñez y adolescencia.

Historias oscuras para las naciones que las propiciaron, que solo en parte pueden ser reparadas.

domingo, 1 de mayo de 2022

Canción del ocaso (allá por Escocia)

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 Hay países que quedan a desmano en la conversación. No aparecen por lo común en nuestros asuntos. Al menos, eso es lo que me sucede con Escocia, salvo en algunos momentos en que se nos habla de su nacionalismo. Pero hace poco me llamó la atención un libro de la mesa de novedades de la biblioteca del barrio, La canción del ocasoSontag Song–, de Lewis Grassic Gibbon (1901-1935), y durante un tiempo me ha absorbido su lectura. Seguramente ha ayudado a ello el que mi infancia transcurriera en un pueblo en el que se convivía con los sonidos del viento y las olas verdes de los campos. Y de que haya sido testigo de la transformación rural por la llegada de la civilización ciudadana, que, en este caso, tala los bosques primigenios y deja el páramo al albur de las tormentas.

Sorprende, en primer lugar, que este libro -parte primera de una trilogía- no haya sido traducido con anterioridad, pues está escrito en 1932, una vez que el autor, al que la muerte no le dio demasiada tregua, se alejó de su tierra y se estableció en Inglaterra. Y, en segundo lugar, llama la atención el que en aquel tiempo eligiera a una mujer como protagonista, Chris Guthrie, espina dorsal de una historia colectiva, que la vida pone ante la disyuntiva de elegir entre vivir de la cultura o vivir de la tierra.
«Y entonces tuvo una idea extraña en los campos empapados: que nada perduraba en absoluto, nada salvo la tierra por la que caminaba, removida, cavada y en perpetuo cambio a manos de los pequeños agricultores desde que los más antiguos de estos habían erigido las Piedras junto a la laguna de Blawearie y subían allí en sus días de fiesta religiosa y veían que las cosechas de sus bancales crecían al viento y al sol. El mar, el cielo y la gente que escribía, luchaba y era culta, y que enseñaban, hablaban y rezaban, duraban solo un suspiro, como la niebla en las colinas, pero la tierra era eterna; se movía y cambiaba debajo de ti, pero era eterna, estabas cerca de ella y ella de ti, y no podías dejarla, sino que te retenía y hería».

Salud

domingo, 17 de abril de 2022

Ucrania revolucionaria (con Makhno y Mollie Steimer)

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Mollie Steimer (seudónimo de Marthe Alperine, 1897-1980) nace en una aldea de Ucrania, Dunaitvsi (Poldavia), cuando formaba parte del imperio ruso. Tiene una vida de película. Cuando muere en México, Chantal López y Omar Cortés recopilan testimonios de quienes la conocieron y editan el libro Mollie Steimer. Toda una vida de lucha. La rebelión de una anarquista condenada por ambos imperios en su editorial Antorcha (pronto agotado, ahora en digital). Emigrada a USA a los 15 años, se le deporta a Rusia en 1921 por actividades “sediciosas”, de donde sería expulsada en 1923 por su anarquismo, en unión ya de su compañero Senya Fleshin. En la estancia parisina mantiene relaciones con Mujeres Libres de España. Habla ruso, yiddish, español, alemán, francés e inglés. Finalizan sus días, con Senya, en Cuernavaca, México –allí le dedica un poema León Felipe–, en donde montan el estudio fotográfico SEMO, de cierta relevancia.

Anatol Gorelik (1890-1956, del que sus biznietos mantienen viva la memoria) escribe el libro El movimiento revolucionario de las masas en Ukrania, editado en 1924 en Argentina, a donde logra llegar. Narra la historia posterior a la revolución rusa en esta zona, acosada por ejércitos austroalemanes en un principio y tomada después por el ejército rojo, que sufre en 1919 la incursión de los blancos de Denikin hacia Moscú. En el caso de la región sureste de Ucrania se organizan milicias populares que toman el territorio con sus guerrillas -"del bosque a la colina vienen los campesinos... contra los constitucionales demócratas", cantan-, pero no organizan la sociedad conforme a criterios comunistas bolcheviques, sino a comunistas libertarios. En este proceso destaca la figura de Néstor Makno, natural de Guliaipole, caudillodel pueblo que, una vez ganada la partida a los blancos, es combatido por el bolchevismo, que acaba con esta revolución anarquista, y Makhno tiene que huir. Termina sus días en París, en la precariedad, junto a su compañera Galina Kuzmenko y su hija Yelena, ambas persiguidas después por nazis y estalinistas.

Makho (1889-1934) escribe Memorias y el libro La revolución rusa en Ukrania, del que se publica en España la primera parte en 1933 [digitalizada hoy en la Biblioteca Virtual de Defensa]. Sus compañeros Gorelik, Volin (con el notable La revolución desconocida) y Archinoff (con Historia del movimiento makhnovista) narran los hechos; además de otros que viajan poco después allí, caso de Agustín Souchy en la Ukrania revolucionaria o Ángél Pestaña en La leyenda de Makhno (1922).

Salud

domingo, 3 de abril de 2022

Concha de Marco (in memoriam)

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Nacida en Soria en 1916 y fallecida en Madrid en 1989, Concha de Marco se considera a sí misma como una exiliada (triple). Se licencia en Ciencias Naturales en el Madrid de 1936, año en el que la guerra trunca su previsible «porvenir brillante». Casada con un hombre que sufre cárcel desde 1939 a 1943 y libertad condicional hasta 1954, se convierte en mujer de preso y es confinada al domicilio por su pensar republicano (y luego lo será en la Transición por estar ya descolocada). Desde mediados de los cincuenta, su situación económica mejora sustancialmente y puede permitirse joyas y viajes, pero bajo el paraguas de su marido, Juan Antonio Gaya Nuño (1913-1976), crítico de arte reconocido y amo del dinero. Una mujer dependiente que escribe, traduce, corrige, diseña y cose sus vestidos, y cocina.

Y todo lo hace con soltura, además de poseer una hermosura física de la que es consciente y presume. Su obra intelectual es amplia, de la que estima sobre todo la poética –«la poesía es una función sexual así como el amor es una función intelectual»–: 6 poemarios en vida –Hora 0,5 (1966) o Tarot (1972)–, relatos –El té del psiquiatra (1958)–, varios ensayos –La mujer española en el romanticismo (1969)– y abundantes traducciones (que le facilita Consuelo Berges) –Picasso (1959) de Penrose o La escultura moderna (1966) de Herbert Read–. A veces en colaboración con Gaya.

«Desgraciados, ignorantes, miedosos, cabrones, mierdas…», «allá se estampen, a quien no saludaré más…». Son palabras y expresiones presentes en sus cuadernos de memorias, en los que se manifiesta sin tapujos sobre la sociedad que le toca vivir. Escritos entre 1974 y 1977, han sido editados en 2018, bajo el cuidado de José María Martínez Laseca con el título La patria de otros. Memorias de una mujer libre. Concha deja el legado del matrimonio (sin descendencia) a la ciudad de Soria, que monta una Fundación con el nombre de él y escribe versos de ella en el firme de sus calles.

Salud

domingo, 20 de marzo de 2022

El santero de San Santurio (la Soria de Gaya Nuño)

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El personaje principal de Los asquerosos (2018) de Santiago Lorenzo sospecha que los ermitaños se retiraban a lo despoblado no tanto por fe religiosa cuanto por deseos de soledad, por la apetencia de contar con el tiempo y el lugar para sí mismos. Y, seguramente, tiene su parte de razón, si bien habrá que convenir que se da una gama variada en esto del aislamiento o el resguardo.

En esta línea, El santero de San Saturio de Juan Antonio Gaya Nuño (Tardelcuende, Soria, 1913 / Madrid, 1976), escrito en 1951 cuando su autor vuelve a la tierra de nacimiento tras años de ausencia obligada –desde 1936– por circunstancias graves, presenta a un protagonista singular. Publicado en 1953, se dice de él que es el libro por el que toda ciudad envidia a Soria. Desde luego que tiene su interés el que dicho santero llegue a la cueva de orillas del Duero con su biblioteca particular, «a saber: santa Teresa, Eça de Queiroz, Sartre, Baroja, La Biblia, Baltasar Gracián, Antonio Machado, san Juan de la Cruz, Unamuno, Proust, Valle-Inclán, Gerardo Diego y Dostojewski [… tenidos] en calidad de amigos». Lleva, además, lo necesario para continuar con su estudio de una Bibliografía crítica de Picasso. Y clava con chinchetas en la cabecera de la cama una estampa del santo, «y, a los lados, una reproducción del Guernica, de Picasso, y otra de La amistad de las bestias, de Paul Klee».

Este hombre desgrana en 24 capítulos los juicios que le sugieren las visitas que se acercan a la ermita, al tiempo que describe la belleza de las aguas del Duero en aquel rincón tan olvidado (a pesar de todo el dinero que viene desde hace años de Europa para que tenga vida propia, que se queda en comisiones paritarias de partidos en los que se tiran los trastos a la cabeza, sin consultar a quienes viven allí, y se reparten los caudales).

domingo, 6 de marzo de 2022

Músika y Violencia

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Leo Músika de Javier Azpeitia, novela que recoge los cinco últimos años de Eurípides –del 411 al 406 antes de nuestra era (el novelista lo llama «antes de la era común»)–, que asume la versión popular de que el poeta murió en Macedonia despedazado por una jauría de mastines. Y recoge también la historia de Mora, esclava escribiente del dramaturgo, procedente de la hispana región de Tartesos. El relato dispone de un ritmo entretenido, aunque a veces el ambiente se satura por un exceso de datos, traídos de manera aleatoria. (La obra tiene el valor añadido de incluir un mapa de la zona mediterránea clásica en las partes interiores de la cubierta y las solapas).

Violencia. En el libro se muestran las palabras que le dice la sacerdotisa Numa a su hija Mora, cuando de joven esta tiene que dejar el santuario para ir a Cartago a cohabitar con Híram, el sacerdote guerrero que se ha encaprichado de ella. Mora le pide a su madre que le enseñe embrujos para deshacerse de él: "La diosa es Músika: un poema, una canción, un baile, una historia. Sirve para conocerse y conocer el mundo, no para matar. La magia es un cuento para fenicios, Mora. Haz el favor de no creerte las historias de dioses que intervienen en la vida que te van a contar en Cartago, o acabarás tan perdida como ellos. Si quieres matar tienes que empuñar un arma, igual que hacen ellos: pero matar te destruye también a ti. Los poemas sirven como ayuda para sobrevivir, pero no hieren: te enseñan a conversar con los que murieron, a entender la naturaleza y ponerla de tu lado. Si necesitas huir, busca un barco..."

Lo paradójico es que, unas páginas más adelante, es Numa (ante una situación límite) la que mata al cartaginés con un certero tajo de espada que le rebaña el cuello.

Dilemas. Salud

[La ilustración, según puede apreciarse, es de Caravaggio].

jueves, 23 de diciembre de 2021

El Tao del viajero (con Paul Theroux)

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Hace unos días me llegó un correo con la respuesta que había hecho el grupo de practicantes del I Ching Dao de cuál sería la postura correcta como sociedad para el 2022 ante el panorama de pandemia que padecemos. La contestación era el estudio del Hexagrama 6, “El conflicto” (cuyo enlace tengo pendiente de leer). Por aquello de las coincidencias, ocurre que estoy releyendo estos días El Tao del viajero (2011) y he asociado la filosofía de fondo entre estas dos actividades.

Paul Theroux (1941) es de sobra conocido como novelista y autor de libros de viajes. En El Tao del viajero (2011) reúne temas que aparecen en los textos de sus últimos cincuenta años y, además, integra a las personalidades viajeras que le han influido en su caminar, por lo que desgrana frases (en todos los capítulos) de las mismas. Aquí está la sabiduría viajera de Freya Starck, de Samuel Johnson, de Vladimir Nabokov, de Evelyn Waugh, de Mark Twain, de Francis Galton, de Robert Louis Stevenson, etc.

Tao o camino o método o doctrina de quien viaja, que lleva a una reflexión interna del recorrido de la vida. ¿Qué es más importante, tener mucho o necesitar poco? Sin duda, lo primordial es llevarse bien consigo mismo. El subtítulo es significativo: Enseñanzas de vidas en la carretera. «No puedes transitar el camino hasta haberte convertido tú mismo en el camino». El libro está plagado de consideraciones sobre la condición de viajero (y su contraposición, turista), sobre lo forastero, sobre los miedos y neurosis, o sobre el propio escritor como misántropo.

Desde El gran bazar del ferrocarril (1972), libro que le proporcionó reconocimiento general, Theroux ha encarnado la figura viajera solitaria, optimista, curiosa y también acomodaticia, lo que ha desgranado en su obra posterior, que ahora compendia en este Tao del viajero.

Salud

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Literatura soviética (Arrecife y ciencia ficción)

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Una parte notable de la crítica literaria y de la promoción editorial sobre la literatura soviética (o de países que han incluido esa catalogación política) pretende ver en las obras que publicita rasgos de la novela rusa clásica, es decir, de los autores conocidos desde el diecinueve –Tolstoi, Dostoievski, Turgueniev, etc.–. Encontrar parecidos con alguno de ellos es dotar de una posición ventajosa de salida a los relatos del presente.

El autor que nos ocupa, Alekséi Poliárinov (1986), es considerado el «unicornio de la literatura rusa actual» al fusionar características destacables de esta literatura con el ritmo y la intriga de parte de la literatura estadounidense. No en vano, por su primera novela, Centro de gravedad, se le ha comparado con Foster Wallace (del que es traductor al ruso) e, incluso, con Borges.

Arrecife (2020) es una obra sobre la memoria histórica –se basa en una manifestación obrera reprimida con muertos en 1962–, vivida por protagonistas actuales, que dejan al descubierto las fracturas generacionales: la de madres e hijas –Kira, Li y Tania–, y la del bloque soviético y la Rusia actual. Los secretos son la puerta de entrada de la violencia, la cual se alimenta del silencio. Pero, ¿hay solución a esas situaciones? ¿Es posible descubrir la verdad sobre lo sucedido? ¿Sirve para algo el investigarlo? En cualquier caso, la novela tiene ritmo y circulamos por sus 400 páginas con soltura.

Finalizamos este viaje al noreste con Stanislaw Lem (1921-2006, nacido en la parte polaca de la actual Ucrania) y su novela corta El profesor A. Donda. No suelo leer ciencia ficción, y menos si es apocalíptica, pero esta me resulta entretenida, siendo como es una farsa amarga sobre nuestra civilización, que aquí se somete al holocausto informativo y retoma la escritura en tabletas de arcilla a la puerta de la cueva de la que somos expulsados por los gorilas.

Salud

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Un hogar en el mundo (con Amartya Sen y Tagore)

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En el territorio de la creación son frecuentes las conexiones entre sus lugares, ya sean de la ficción, del sonido o de la educación. En alguno de ellos conviven varios sin dificultad. Es el caso de Santiniketan, escuela experimental fundada por Rabindranath Tagore en 1901 en esa pequeña localidad de la Bengala occidental (en la India), que gracias al dinero que recibió del Premio Nobel en 1913 se consolidó como centro universitario de referencia mundial. Experiencia que supera –creemos– a realizaciones como Solentiname, por citar una de América (más centrada en la pintura).

Allí nace (casualmente) Amartya Sen en 1933, a donde vuelve en los años cuarenta a estudiar, con lo que inicia una trayectoria que le lleva a recibir el Premio Nobel de Economía en 1998 (y el Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2021). Emulando el título de la novela de Tagore La casa y el mundo, Amartya escribe sus memorias con el nombre de Un hogar en el mundo. Afirma que no hay por qué tener un solo hogar, lo cual molesta a muchos de los periodistas que le preguntan cuál es el suyo y les responde que «me siento perfectamente en casa aquí, ahora mismo», cuando le hacen la pregunta en alguno de los lugares en los que ha habitado: Santiniketan; Daca (Bangladés), donde crece; Mandalay (Birmania); Calcuta, donde participa en los movimientos estudiantiles; el Trinity College de Cambridge (Inglaterra), etc.

Un hogar en el mundo es un libro de personas y paisajes, además de ideas. Se navega por los ríos de Bengala con la curiosidad de una adolescente. Se asiste a las disputas nacionalistas religiosas entre hindúes y musulmanes, destruyendo los cauces participativos que ambas culturas tenían antes de que los intereses partidistas de grupos y personas “convencieran” a estas comunidades de que eran irremediablemente antagónicas. Se sale de la India para estudiar en Europa y América, y observar el comportamiento humano en los diversos países…

Más de quinientas páginas ante un conversador intuitivo y afable, de palabra precisa, en la que a veces asoma la inocencia.

Salud

martes, 9 de noviembre de 2021

El Ayer de Agota Kristof

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Hace unos días me preguntaban mis sobrinas cuál es la esencia de la literaturidad –no con estas palabras–, y se me ocurrió decirles que era la forma, la manera en la que están colocadas determinadas palabras en el texto, que las diferencia del habla cotidiana, con la pretensión de provocar en quien lee una reacción emocional, reflexiva, estética, recreativa… Según decía aquel novelista, lo que más tiempo quita para escribir es ser escritor/a.

Con Agota Kristof (1935-2011) tengo siempre la sensación de estar en esa literaturidad. No sé, es como la patria, como el mar. Sabes que existe ese lugar en el que tú sucedes (al menos durante su lectura). Ayer (1995, traducida en 2021), una novela desarrollada en siete relatos, mueve a sus personajes –¡¿cómo no?!– en las circunstancias biográficas de la autora, con una prosa de relojería. Se inicia con los versos presagio: «Ayer todo era más bello / la música en los árboles / el viento en mi pelo / y en tus manos tendidas / el sol».

Puede parecer extraño que la escritura de Agota produzca sensaciones de prodigalidad e, incluso, placenteras, pues sus historias –y esta también lo hace; hay quien lo llama feroz nihilismo– presentan el desvalimiento del ser humano que se mueve en el desamparo y desconsuelo en un mundo de alienaciones. Pero no es fácil encontrar novelas que combinen con tanta coherencia estilo y contenido, argumento y narración, gelidez de la aventura y poesía.

La editorial ha decidido que uno de sus colofones sea de Pessoa: «El corazón, si pudiese pensar, se pararía».

Salud

lunes, 25 de octubre de 2021

El canto del pájaro enjaulado (con Maya Angelou)

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 Comencé a leer el libro sin demasiado entusiasmo. Había leído unas cuantas autobiografías y me resultaba redundante. Pero esta tenía la particularidad de estar escrita en la década del sesenta del siglo próximo pasado, y me picaba la curiosidad. Se trata del primer volumen de una serie de siete, en los que la autora habla de su vida. Su título: Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado (publicado en 1969, traducido en 2016), de Maya Angelou (1928-2014, nombre adoptado por Marguerite Annie Johnson, formado por el apelativo cariñoso con el que la llamaba su hermano en la infancia y el apellido Angelos, de su marido griego).

Toni Morrison afirma que este libro abrió el camino de la escritura a las mujeres afroamericanas de Estados Unidos. Y no se ahorra los elogios sobre Maya: «Era generosa, posiblemente demasiado. Tenía diecinueve talentos y usaba diez. Y era verdaderamente original. No habrá nadie como ella». Es probable que sea la primera autobiografía de una mujer negra. Al menos, la primera reconocida universalmente.

La verdad es que sorprende la facilidad narrativa que tiene esta luchadora de los derechos humanos, la adaptación de la voz en sus páginas, que inicia con 3 años y finaliza con 17. Retrata la vida y el pensamiento de la población negra del Sur –los blancos son una quimera; ¿son personas como nosotros?; ¿somos personas acaso?–. Ella se cría, junto a su hermano, con la abuela materna, y va y viene a casa de su madre (en donde la viola a los 8 años el hombre con el que vive, y en donde tiene su hijo a los 16 años). En fin…

Me ha abierto a obras como El pozo de la soledad o la poesía de Paul Laurence Dunbar (1872-1906):

El pájaro enjaulado canta

con un trino de miedo

por las cosas desconocidas

pero aún con anhelo

y su melodía se escucha

en la colina distante

canta a la libertad.

lunes, 11 de octubre de 2021

Con los hermanos Tanner (de la mano de Robert Walser)

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 En estos días en que ha vuelto a celebrarse la Feria del Libro en Burgos, con las novedades editoriales del momento, he viajado algo más de cien años hacia atrás para embelesarme (como hiciera Kafka, exprimiendo cada gota de sus palabras –si bien él lo hacía leyendo en alto–) con Los hermanos Tanner (1907) de Robert Walser (1878-1956). Es su primera gran novela, escrita en Berlín, después de que estuviera una temporada sirviendo en un castillo de la Alta Silesia, pues había estudiado para mayordomo –servir en vez de ser servido–, lo cual se nota en la obra.

Hacía unos años que leí Jacob von Guten, tal vez su novela más conocida, y me agradaba leer de nuevo los diálogos convertidos en monólogos, e incluso los soliloquios, de una, dos o casi tres páginas en los que los personajes muestran su «extraño y fascinante espejo de la vida» (tal como dijera en su momento el poeta Chistian Morgenstern, que se convertiría a la postre en editor de estas novelas).

Experimento con su lectura sensaciones singulares. Sentir que estás con personajes fuera de este mundo –virtuales– y, poco después, con alguien que te transmite alguna de las realidades profundas de la existencia. En todo caso, figuras que no tienen inconveniente en mirar las motivaciones por las que actúan, sean o no contradictorias, y en expresarlas a quienes conviven con ellas. Singularidades que llevan a cada protagonista a que su vida transcurra en soledad, con estrechas conexiones temporales, porque no hay otra manera de hacerlo.

En la novela alterna con su hermana –era el séptimo de ocho hermanos– Lisa, maestra; su hermano Karl, artista de cierto renombre; el viaje que realizó a pie desde Stuttgart a Zúrich; y los oficios subalternos amanuenses en los que trabajó desde que tuvo que dejar los estudios a los 14 años, poco antes de que muriera su madre enferma, a la que le unía un vínculo especial, casi simbiótico.

Salud

martes, 28 de septiembre de 2021

La escuela católica (Albinati)

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 He picoteado algo en este mes de septiembre –La perra, de la chilena Pilar Quintana, una narración desoladora; Devoraluces, relatos de Ángel Olgoso, tan literarios; poemas de Jesús Aller, en su anarquismo budista; Hamnet de Maggie O’Farrel, de argumento descuidado–, pero principalmente lo he dedicado a la lectura de La educación católica del romano Edoardo Albinati (1956). Nada de extrañar este afán, pues el libro cuenta con 1282 páginas de nutrido texto en un cuerpo de letra más bien pequeño. Periodista, escritor y guionista, el autor se entrega a la elaboración de una(s) historia(s) tan en boga en la literatura actual, en la que mezcla hechos reales (biográficos) e imaginación –faena que, por otra parte, siempre se ha cultivado.

Involucrado en proyectos de refugiados, profesor en la cárcel de Rebibbia, en Roma, el autor se vale de asuntos que conoce para tramar su libro, que basa en los 7 años en que estudia en el colegio marista (privado) hasta el inicio de la juventud, muchos de cuyos personajes los recupera en la época en que escribe pasada la cincuentena –finaliza la obra en 2015–. Aunque, según él, «nueve de cada diez líneas de La escuela católica proceden de una aportación externa […] si devolviera lo que no me pertenece, me quedaría sin nada». No le preocupa ello demasiado: «ni sufro ni me avergüenzo por haber causado vergüenza y sufrimiento al tratar asuntos personales, salvo que el resultado sea juzgado mediocre».

«Es guay ser rico e imprudente», escribe para señalar ese aura de superioridad con la que cuenta la gente privilegiada, que, sobre todo, en la juventud, está convencida de que sus actos no les pasan la factura de las consecuencias que tienen para el resto de los mortales. Y se da el caso de que algunos excompañeros de colegio se ven implicados en sucesos luctuosos ocurridos en los años ochenta en el tranquilo barrio de Trieste, el suyo.

Un intento de comprender el mundo, a cuya lectura puedes abandonarte durante unas semanas.

martes, 14 de septiembre de 2021

Ciento cincuenta años de la Biblioteca Pública de Burgos

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 El día de la Exaltación de la Cruz (y del Cristo de Burgos) de 1871 se inaugura la Biblioteca Pública de Burgos o Biblioteca de San Juan, hoy ubicada en la plaza de este nombre (junto al río Vena) en la ciudad castellana del Arlanzón. Ese jueves 14 de septiembre lo hace en el edificio del Consulado del Mar, situado en el Paseo del Espolón.

Desde la Alta Edad Media, la provincia de Burgos cuenta con scriptorios en los monasterios de San Pedro de Cardeña, Oña, San Pedro de Arlanza o Santa María Valeránica, productores de abundantes códices manuscritos, alguno de valor significado por sus iluminaciones, que dieron lugar a notorias bibliotecas eclesiásticas, enriquecidas con la imprenta, caso de Silos, La Vid o Valpuesta. En las desamortizaciones de los siglos XVIII y XIX, sus volúmenes son subastados y parte de ellos pasan al Estado, que trata de agruparlos en bibliotecas –otra parte notable será llevada a París o Londres, y otra caerá en manos desaprensivas–, lo que sucede tras los varios traslados que sufren, con las consiguientes pérdidas.

Al inaugurarse, la biblioteca cuenta con 7621 volúmenes, colocados en las estanterías de roble que se sitúan en la sala del primer piso, iluminada de día por tres balcones y, en la noche, por cinco elegantes lámparas de gas. Durante años, la utilización de la misma se ve condicionada por la escasa adecuación de sus obras a los tiempos modernos. Pero todo se va andando. Ya en 1882 se inicia la Sección de Autores Burgaleses, desde la que nace la importante Sección Local actual, que recibe los ejemplares correspondientes al Depósito Legal provincial. El folleto Historia de la Biblioteca Pública de Burgos (2003) se detiene en mostrar el desarrollo de la misma (que toma por nombre el de Fray Francisco de Vitoria en 1947).

La obra de mayor valor bibliográfico que contiene es la Biblia de Gutenberg o Biblia de las 42 líneas –en papel, no pergamino, descubierta en los años treinta–, única de la que se tiene constancia en la que tomó parte el inventor en 1452. El fondo antiguo lo completa con manuscritos medievales y 119 incunables, entre ellos la traducción de la Divina comedia impresa por Fadrique de Basilea en Burgos. A ello se suman los libros expurgados, los raros y curiosos, los encadenados, más los llamativos.

Cien años después de su inauguración se traslada al edificio construido ex profeso para ella en el solar del antiguo hospital provincial (tras su incendio de 1949), renovado a cristal en 2012 (con la puerta gótica original de 1479 de Simón de Colonia). Hoy es un centro cultural, con servicios y actividades diversos, desde la Sección Infantil a la promoción de la lectura adulta (con doce clubes).

¡Salud, Larga vida!

jueves, 2 de septiembre de 2021

Septiembre

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La llegada de septiembre conlleva el plantearse la temporada próxima. Desechar o renovar actividades. Por ahora, retomamos la bitácora, agostada en los días pasados.

El verano, para nosotros, ha sido de lecturas autobiográficas. Ese género tan bipolar. Denostado por quienes lo creen un ejercicio impostor. Alabado por quienes lo tienen por un acto de valentía que plasma motivaciones vitales. Puede, en fin, que sean biografías. En todo caso –nos parece–, una actividad egocéntrica, que produce beneficios a quien la practica, ya sea escribiendo o leyendo.

Con la costumbre de los últimos años de poner una obra clásica en nuestros días de estancia en el pueblo, nos hemos acompañado de Thomas Bernhard (1931-1988) y sus cinco relatos autobiográficos: El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño. Publicados entre 1975 y 1982, todavía sorprende hoy su estilo. Lo curioso de ellos es que (en especial por el estudio psicoanalítico que les hizo Louis Huguet) «son tan novelescos como autobiográficas son sus novelas». El propio autor dice en un pasaje que «si no hubiera pasado realmente por todo lo que, reunido, es hoy mi existencia, lo habría inventado probablemente para mí, llegando al mismo resultado». Dos intenciones emergen al iniciar su lectura: leerlas completas y visitar detenidamente Salzburgo.

La otra gran autobiografía leída es la de Tove Ditlevsen (1917-1976), que también podríamos considerar clásica. Bajo el título de Trilogía de Copenhague reúne tres libros publicados entre 1967 y 1971: Infancia, Juventud y Dependencia. Poeta, en primer lugar, lo denota la frase con la que comienza estas memorias: «La infancia es larga y estrecha como un ataúd, y no se puede escapar de ella sin ayuda». Muchas de sus letras están en el acervo del pueblo danés convertidas en canciones. Y también novelista o ensayista. Una vida intensa, compleja y convulsa, de escritora de raza, que acabó con una sobredosis de somníferos. Para leer.

Salud