lunes, 31 de mayo de 2010

Vamos de Feria... con Andrés Sorel

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Hace años que leímos uno de los libros que más nos ha impresionado: Castilla como agonía; no porque sea más profundo o más erudito que otros, sino porque se acercó en el momento justo en que estábamos sensibles a esos temas, allá por los tiempos en que se editaba El Pendón. Desde entonces, cada vez que escuchamos el nombre de Andrés Sorel, notamos que surge de nuestro interior una corriente de simpatía hacia este segoviano, nacido en 1937 (que en realidad se apellida Martínez López, pero que tomó el apellido Sorel del personaje de Stendhal en Rojo y negro), aunque no concordemos siempre con sus posiciones políticas.
Viene a cuento este nombre porque está presentando en Burgos su último libro, Miguel Hernández, memoria humana (Vitrubio, 2010), justo en vísperas de la celebración de la XXXIV Feria del Libro, ubicada en el paseo del Espolón. Durante los días 28 de mayo a 6 de junio, tendremos posibilidad de pasarnos ante cualquiera de sus 27 casetas y adquirir algún libro, e incluso acercarnos a las paradas en que se encuentren quienes escriben y publican para que nos lo dediquen. Entre las autorías locales, podremos toparnos con Carlos Contreras Elvira, Fernando Ortega Barriuso, Esther Pardiñas, Eduardo Battaner, Ramón Peñacoba, Manuel Cámara, Manuel Aparicio, Jorge Sáiz Mingo, Matilde S. Galerón, Tino Barriuso, J. M. Antúnez, Teresa Arroyo, Yzquierdo Perrín y Carlos Serrano.

Aun en tiempos de crisis, no deja de ser una aconsejable inversión.
[Es título de la ilustración el Huelga minera, sin que conozcamos su autoría]

jueves, 27 de mayo de 2010

La imprenta en Bañuelos de Bureba (Burgos)

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Hace cien años (por poner una fecha) se descubrió la infancia, esa etapa de las personas en la que todavía no accedemos al trabajo y en la que comenzamos a formarnos intelectualmente. Surgieron, por ello, formulaciones pedagógicas (Decroly, Montessori, Piaget, etc.) que pretendían la idoneidad en las labores de enseñanza, procurando que las mentes infantiles se inquietaran y mostraran interés durante los procesos de aprendizaje. Varias de estas formulaciones se llevaron a la práctica, bien en proyectos concretos bien incorporando sus planteamientos en modalidades amplias de educación.
Una de las fórmulas que tuvo aceptación en España fue la propugnada por el pedagogo francés Celestin Freinet, llamada aquí La imprenta en la escuela, que se introdujo en nuestro país hacia 1930. (En Francia tenía el nombre de Escuela Moderna y, para su difusión, creo la Cooperativa de Enseñanza Laica [CEL].) En la provincia de Burgos solamente se conoce de una escuela que la adoptara: Bañuelos de Bureba, pequeño pueblo, apartado de la modernidad, al cual llegó un maestro de Cataluña que sí estaba puesto al día, llamado Antonio Benaigues. Ya hemos anotado aquí algunas de las coplas y refranes que contiene uno de sus cuadernos: Folklore burgalés.

Compraron una prensa, dos tipos de letras, tinta, papel... y se dieron al oficio de imprimir. Las criaturas elaboraban textos de redacción libre, basándose en la experimentación de lo que encontraban a su alrededor, según sus intereses y necesidades; se elegían varios de ellos y se iban escribiendo en el encerado, donde se corregían; después componían los textos y los imprimían en la sencilla prensa escolar, dando lugar a la elaboración de unos cuadernos –cuadernos de la vida los llamaban– que hacían la delicia de propios y extraños; una especie de revista a la que había gente que se suscribía. No contaban con manuales de enseñanza; el profesorado confeccionaba unas fichas-guía sobre los diversos temas e iban sacando libros de la pequeña biblioteca para las lecturas.
Para proporcionar material –prensa, tipos, fichas…– a escala nacional, se creo la Cooperativa española de la Técnica Freinet. Y para intercambiar experiencias contaron con la revista Colaboración, la imprenta en la escuela, en la que leemos repetidamente el nombre de Bañuelos de Bureba (Burgos).

domingo, 23 de mayo de 2010

La poesía que nos da ojos

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¿Estás triste hoy? ¿Crees que la vida tendría que ser más amable contigo? Bueno, aquí lo único que podemos hacer es contar historias. Así que si quieres…
A menudo desearíamos tener la clave para deducir si un poema es interesante, si dentro de cien años conservará la frescura que le vemos ahora. ¡Buf, qué complicado! René Char (1907-1988) –ese poeta imprescindible, algo hosco y malhumorado– decía en una entrevista en 1948: «para mí un poema no es bello, curioso, original o lo que se te ocurra. Es una cima en sí mismo. Algo duro, que no tiene necesidad de ser apreciado, admirado o saboreado. Lo que hace falta es que, al leerlo, descienda dentro de ti».

Robert Browning (1812-1889), por su parte, sí que daba pistas. Decía que un poema corrientillo es aquel que te dice que afuera pasa algo o, a lo sumo, te relata lo que ocurre; sin embargo, un poema de calidad es el que te asoma a la ventana. Browning tuvo una vida curiosa. Como si fuera un joven de hoy, vivió en su casa hasta los 33 años; entonces se enamoró de la poesía de Elizabeth Barrett, poetisa inválida que sufría en lo más parecido a una cárcel con su familia. Se casan al año siguiente, viviendo apasionadamente hasta 1961, en que muere Elisabeth. En esos años, ella escribe mucho más fluidamente, pero Robert conservó su maestría y la ejerció después. Veamos

Cita nocturna

El mar gris y la costa, larga y negra;
y el creciente amarillo, grande, bajo;
las olas asustadas y menudas que brincan
con fiero cabrilleo, a su sueño arrancadas,
al llegarme a la rada, con proa decidida,
y detener su marcha veloz en blanda arena.

Luego –una milla– tibia y oliendo a mar, la rada,
y cruzar tres bancales, antes de la alquería;
un golpe en el postigo, el roce áspero y breve
y el destellar azul de un fósforo en la sombra,
y una voz aun más queda, por miedo y alborozo,
que los dos corazones, latiendo confundidos.

Tal vez la traducción pudiera haberse hecho de otra manera, pero aún así en seguida estamos metidos en la escena, llegamos a la casa y escuchamos el «roce áspero y breve», contenemos la respiración para que no se apague el fósforo y, pasado el primer destello azul, se abre nuestra mirada. La poesía que nos da ojos.

jueves, 20 de mayo de 2010

Volar

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Volaba. Había escalado a lo alto del mástil, me encaramé en la cofa, abrí los brazos y me dirigí hacia la costa. Suelo hacerlo con frecuencia. Apenas aparece la luz del alba, me levanto; realizo unos estiramientos en cubierta para desperezarme; desayuno algo ligero –kéfir y fruta, por lo general–; y me subo a los cielos. Aquel día llegaban de las montañas del interior nubes de tormenta, pero me dirigí hacia ellas. Recordaba los poemas de Boscán y Garcilaso, que para mí eran incompresibles en su tiempo y que ahora tenía delante de los ojos: Aurora de pómulos rojos precediendo al carro de Febo, coronado de amarillo, tirado por hermosos corceles; pronto se verían envueltos por las nubes traídas por Céfiro y tendrían que elevarse para evitarlas. Lo mismo que yo hacía de ordinario, pero aquel día me introduje en la tormenta.

Empapado en la fuerte lluvia, comencé a temblar de frío. No sabía cuánto podría resistir en aquel estado. Las ráfagas de luz procedentes de los rayos iluminaban de manera intermitente la vorágine, dejando al apagarse una profunda oscuridad. Con fortuna pude ir sorteando las aristas del paisaje rocoso que atravesaba, hasta que un rayo impactó de lleno en mi costado derecho. Retorcido, con la herida abierta, caí en picado, aullando de dolor. Los truenos simulaban esa maldita voz, tantas veces escuchada: «Tú eres humano, recuerda, y no puedes volar en la tormenta». Noté cómo las ramas cedían ante la velocidad de mi cuerpo precipitado al vacío, lastimándome el rostro antes de que se produjera el impacto contra el barro.

Desperté aturdido. En los labios sentía el sabor de las briznas de hierba mezcladas con sangre. Miré mis brazos magullados y… me encontré sereno: mi cuerpo estaba inundado de la dulce certeza del combate

domingo, 16 de mayo de 2010

La crisis (a través de la cultura popular)

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Ya nos lo advertían desde la niñez

Este dedito fue a pescar,
este lo limpió,
este lo guisó,
éste puso la mesa
y este que está aquí,
el picarón del gordo,
se lo comió.

[Pequeña adaptación de un poema de Roberto Ferrer Hernández, tomado de la revista Al Margen, editada por el ateneo del mismo nombre]

jueves, 13 de mayo de 2010

Lugar donde se calma el dolor. Pausilipo

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Seguro que cada cual tenemos ese lugar en el que nos sentimos a salvo de cualquier peligro, en el que no conocemos la desdicha, en el que dejamos que el aire nos arrulle, que la vista vague confiada. Si la fortuna nos ha sonreído, incluso podemos montar allí la casa a la que acudir cuando ansiamos descanso; o subirnos a la barca donde sentiremos el vaivén de las olas. En el antiguo imperio romano, la gente pudiente se hacía construir villas de recreo en una colina cercana a Nápoles, teniendo a la vista la bahía y sus verdes contornos. Una de estas mansiones se llamaba Pausilypo, ‘lugar donde se calma el dolor’. [Si alguien tiene interés en conocer varios de estos sitios, puede acudir al libro de César Antonio Molina, Lugares donde se calma el dolor].

Siendo una expresión tan hermosa, pasó a ser nombre propio, que las modas han dejado por anticuado (al igual que le ocurre a Eustaquio o Eufemia, y es fácil que ocurra con Jéssica o Jenifer). Todavía queda quien se llama así. Es el caso de Pausilipo Oteo Gómez –Pausi, para la gente allegada–, soriano de Santa María de las Hoyas, emigrado a Gerona, poeta que canta a su tierra de origen, a su niñez pastoril o al discurrir del río Lobos por su conocido cañón. Sus poemas recuerdan a la pintura románica o gótica, no sujeta a las proporciones que ahora nos gustan, pero llena de colorido e ingenuidad. Juglares en la jubilación (que nos entretienen con su rima).

No digáis que esto es mentira
porque es verdad y no miento;
la historia que ahora relato
pasó en Vallejo Concejo
interviniendo conmigo
el Pedrito del Pañero.

Estábamos de pastores
con ovejas y corderos
pacían por los Matones
la Jabiná y el Ricuenco.

[El cuadro es de Iván Aivazovsky, 1817-1900]

domingo, 9 de mayo de 2010

Editoriales. Autoras/es. Y el asesinato

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Hoy nos hemos encontrado con varias noticias, con varias posibilidades de elaborar la anotación de la bitácora. Por ello, intentaremos una entrada múltiple. Primero, las editoriales y, entre ellas, una apenas conocida: Veintisiete letras; animada por María Moreno y Viviana Paletta, cuenta con dos años de existencia, en los que se ha propuesto difundir la literatura hispanoamericana. Todo ello a un ritmo pausado, que permita elegir bien lo que se edita; de ahí que lleven un total de 24 libros publicados en todo este tiempo. Nada que ver con la vorágine de las grandes editoriales que inundan cada día las librerías de títulos nuevos.
Uno de los libros que ha visto la luz en esta editorial es Cuentos completos, de Rodolfo Walsh; autor argentino, del que García Márquez afirmaba que había escrito algunos de los cuentos policíacos más significativos de nuestro tiempo. Y es que esta editorial pretende publicar literatura clásica en narrativa, poesía y ensayo –las tres colecciones que tiene por ahora–, textos que queden en nuestras estanterías como obras perennes. Un empeño que tienen muchas de las editoriales que no quieren someterse al dictado del mercado, aunque haya pocas que logren subsistir sin hacer algunas concesiones. Les deseamos suerte.
Rodolfo Walsh (1927-1977), escritor, periodista, traductor… intentó resolver el conflicto entre intelecto y acción, participando intensamente de la ficción y del compromiso revolucionario. En marzo de 1977, un pelotón especializado lo emboscó en las calles de Buenos Aires para prenderlo. Walsh, militante revolucionario, se resistió, hirió y fue herido a su vez de muerte. Su cuerpo nunca apareció.
[La fotografía es de Ricardo Torres, en el artículo de la revista Leer, 212]

jueves, 6 de mayo de 2010

Europa en papel ¡Qué delicia!

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Así lleva por título una de las exposiciones que están en curso en la Biblioteca Nacional, en Madrid, en la Sala Hipóstila (o de las columnas). Dejando a un lado las connotaciones políticas que conlleva un evento como el presente (hacia las cuales cada vez nos sentimos con menos atracción), hemos de reconocer que los documentos presentados son de gran calidad.
Se trata de la formación de Europa, así que comienza en la Europa medieval, en cuya sección podemos admirar el Beato de Liébana (siglo XI, 1047) y otros manuscritos deliciosos. Pasa después a la Europa moderna y nos sorprendemos allí con Cabeza de muchacha, de Velásquez (hacia 1620), o los dibujos de Rembrandt; por supuesto, nos detenemos en libros como la edición de La Odisea, de Homero (Florencia, 1488). Termina con la Europa contemporánea, donde están las obras de Darwin o Dios y el Estado, de Bakunin, en la edición de 1900 por Biblioteca de La Revista Blanca; además de textos e ilustraciones sobre sufragismo y abolicionismo; junto a partituras, como Don Giovanni de Mozart, impresa hacia 1801, o el Concierto para piano y orquesta, compuesto por Beethoven para el Archiduque de Austria en 1811. Todo ello sazonado con una interesante serie de mapas.
Solo hay que elevar una queja, en estas exposiciones, hacia la combinación de la tenue luz (a que obliga la conservación de lo expuesto) con una letra diminuta en las fichas explicativas de cada documento.

domingo, 2 de mayo de 2010

La ceguera, el paraíso perdido, las despedidas

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John Milton (1608-1674) era trabajador, poco flexible, por lo que no disponía de las cualidades por las que una persona es tratable y, en su momento, amable, dada a que la amen. Hablaba y leía con soltura en hebreo, griego y latín, ya desde la juventud, además de desenvolverse sin cuidado en otras lenguas modernas. Hombre de conciencia, tomó partido por la fracción puritana, aquella que defendía al parlamento frente al rey y a la Iglesia. El latín era entonces la lengua internacional en Europa, por lo que Milton desempeñó la secretaría latina en este movimiento, la secretaría de prensa.

No le salió gratis: lo pagó con la vista. A los cuarenta y cuatro años quedó ciego. Él, que en la palabra escrita cifraba parte de su vida. Perdida la causa puritana, salvó la vida por una gracia. Entonces concibió lo que años después sería el poema épico inglés por excelencia: El Paraíso perdido. La forma en que el hombre y la mujer perdieron la inocencia. Con cerca de sesenta años, se levantaba a las cuatro de la madrugada y, mentalmente, daba forma a un centenar de versos. Después, quedaba a expensas de que alguno de los sobrinos tomara nota de lo que Milton le dictaba. –¿Cómo no estremecernos un poco ante la impaciencia de este hombre?–. Y así se compuso una magna obra (dividida en doce libros), en la que el diablo resulta más convincente que la figura divina que viene a salvar el mundo (W. Blake dirá que Milton es «del bando del Diablo sin saberlo»). No es sencillo leer los versos, pero es una historia la de Adán y Eva que cautiva: Adán está tan pendiente de Eva, que ésta le pide un respiro, el cual aprovecha el Diablo para ofrecerle la manzana del Conocimiento; Eva se la pasa a Adán y éste la muerde sabbiendo que perderá el Paraíso, pero no tiene más remedio: sin Eva no podría vivir. Milton los despide del Edén:

Su llanto, natural, muy pronto fue enjugado.
El mundo todo ante ellos, podían elegir
su lugar de reposo, guiante Providencia;
asidos de la mano con paso incierto y lento
cruzaron el Edén por senda solitaria.

Pocas despedidas tan hermosas en la literatura. Y, como arte trascendente, no solo es de Adán y Eva, sino la despedida de toda pareja humana que desee vivir su aventura unida, pues para ello necesita dejar su mundo anterior atrás. De lo contrario, no funcionará el empeño o lo hará a medias.

[La fotografía es un capitel de Estíbaliz, por J. A. Olañeta]

viernes, 30 de abril de 2010

LA IMAGEN DE LA LECTURA

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Con este lema, la biblioteca municipal de Burgos ha organizado el primer concurso fotográfico relacionado con la lectura, con motivo del día del libro.

Las fotos ganadoras se pueden ver en esta dirección
http://www.aytoburgos.es/biblioteca/noticias-y-avisos/resolucion-del-concurso-de-fotografia-la-imagen-de-la-lectura

Para mí las más bonitas son:

Lectura con historia




No hay edad para leer un libro

Un lugar en la mirarda I


Enhorabuena a los premiados y que disfruten de los libros que adquieran con el premio.

Ojala esta iniciativa se repita más veces.

jueves, 29 de abril de 2010

La llegada de las hojas. Sitios, lugares, espacios públicos en línea

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Paseamos estos días por los parques y las orillas del río. Desde el fin de semana se han poblado los árboles de hojas, se ha cubierto el cielo más inmediato de verde. Nos gusta acercarnos de manera especial a un lugar de El Parral: a la rotonda de los tilos. Es un espacio aislado dentro del parque, escasamente visitado, a la vista y, sin embargo, alejado de las transitadas sendas. En apenas unas jornadas, se ha cubierto el suelo de verde, blanco, amarillo, morado…; los árboles que lo componen han llenado sus copas, han convertido en crómlech lo que hasta ahora era una alineación en círculo de menhires. Situarte en el centro, cerrar los ojos y transportarte es todo uno.
Atravesando a diario por este lugar, pensamos que en internet, en la realidad en línea, apenas existen espacios públicos como éste. Incluso los más utilizados, los que creemos más libres –facebukes, tuentis y todo eso–, son productos de una empresa en la que aceptamos sus servicios de tal forma que renunciamos a nuestros derechos de intimidad, de libertad de expresión y de propiedad intelectual; lugares de los que nos pueden arrojar en cualquier momento sin que nos podamos defender. Es como si estuviéramos en una urbanización privada, con escasas llaves repartidas para acceder a ella y ese «abstenerse de entrar todo persona ajena».

Pero no nos queda tiempo para las reflexiones. Tenemos que cumplimentar contraseñas, conceder permisos, elaborar entradas, ir de aquí para allá en un constante trasiego, contestar, intervenir… Será verdad aquella afirmación de Étienne de la Boétie (1530-1563), en la que sostenía que personas y pueblos vivimos en la servidumbre voluntaria.

lunes, 26 de abril de 2010

Memoria, ciudades e imprescindibles

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Las ciudades conforman a la gente que las habita(mos), pero hay personas que infunden sabia a las ciudades en las que viven. Hace apenas cinco meses –regalo de solsticio de invierno– vio la luz el libro Burgos. Memoria de una ciudad (Burgos, Autor, 2009, impreso en Aldecoa), que incorpora colorista cubierta de Néstor Pavón, con algo más de trescientas cincuenta páginas en las que se pasea por los trece siglos de historia de la Ciudad del Arlanzón. Cada capítulo representa, sucesivamente, una época del burgo, en el que en primera persona habla de sí mismo, de cómo se expande o cómo se recoge, de cómo grita o de cómo calla, de cómo reniega o de cómo espera. Fundamentalmente, respira, porque la visión de su autor tiene el optimismo de los amaneceres. Es un libro de archivo, de biblioteca, no de pega; es decir, de innumerables horas de trabajo solitario, de redacción pausada, de contraste, de eliminación, de duda, de café, de cerrar los ojos demasiado tarde, de postergar compromisos, de caminar con él. Por si fuera poco, despliega citas y decires como si tal cosa, como si tomando un vino te deleitara con unos versos de Pessoa o un epigrama de Kundera -«¡En efecto, quien busque el infinito, que cierre los ojos!».

Y decíamos que hay personas que infunden sabia a las ciudades en las que viven. Una de ellas es el autor del libro que comentamos aquí: Fernando Ortega Barriuso. ¡Cuántas páginas anónimas llevan su impronta! ¡Cuánta gente de la que publica libros en Burgos tiene que agradecer sus colaboraciones en la sombra! ¡Cuántas actividades culturales! Es de las/os imprescindibles –aquellas/os a quienes se refería Bertolt Brecht–, de quienes empujan la rueda de la fortuna, de quienes construyen barricadas de agua, de quienes mantiene el rescoldo del fuego.

[Pueden leerse algunos otros libros de Fernado: Breve historia de la ciudad de Burgos, Burgos, la ciudad vivida (con Carlos de la Sierra), Diccionario de la cultura en Burgos, siglo XX, o La ciudad de Burgos durante el régimen de Franco]

jueves, 22 de abril de 2010

Releer. Pasan los días

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Hemos tenido ente manos en el club de lectura La Recolectora, durante estas semanas vacacionales, el libro de Carmen Martín Gaite Nubosidad variable. Es una delicia dejarse atrapar por su prosa, que despliega, con naturalidad, los acontecimientos que se suceden en un día cualquiera y las evocaciones y cavilaciones que tenemos, de modo que parece una actividad sencilla el escribir. (¿Por qué será que casi todo lo que resulta sencillo a los ojos de la gente, es algo que suele costar mucho el hacerlo?). Era un libro que habíamos leído hace más de quince años y se nota el paso del tiempo o, mejor dicho, de nuestro tiempo. Aunque la forma de narrar sigue pareciéndonos igual de sugerente, el argumento nos resulta algo más desfasado, inverosímil en buena medida; nos resulta menos creíble el que, a los cincuenta, dos amigas puedan reencontrarse treinta años después de haber tenido una separación por “amores” compartidos, y que su relación vuelva a ser el centro de su vida al igual que lo fue en la adolescencia.

En fin, tiempo aparte, sus páginas son una grata compañía.

«Las velas iza, en busca de mejores
aguas, la barquichuela de mi ingenio
que deja atrás aquel mar de temores…»
(Dante en el Purgatorio)

domingo, 18 de abril de 2010

Poesía. Versos con fuerza de amor

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Son varias las parejas que se han unido desde la lectura de unos versos. Algunas de ellas han llevado vida en común perdurable; otras, no tanto (pero ello es una historia que ahora no viene a cuento). Entre las primeras –las que han iniciado una relación de por vida–, se encuentra la de la poetisa chilena Winétt de Rokha (1894-1951) y el poeta, también chileno, Pablo de Rokha (1894-1968).
Winétt le envió a Pablo en 1915 su tercer libro de poemas, Lo que me dijo el silencio, que acababa de publicar con el seudónimo Juana Inés de la Cruz. Ella vivía en Santiago y él en Talca. Cuando leyó sus versos y vio la fotografía de la autora que incluía el poemario, le contestó prontamente: «La belleza de tus poemas / es la expresión de tu figura». Y no se contentó con ello, sino que se acercó a Santiago, averiguó dónde vivía y, sin más, se presentó a conocerla. Al año siguiente se casaron (como suele suceder, en contra del deseo de su padre, pues era hija de Indalecio Anabalón y Urzúa, y de Luisa Sanderson Mardones, condesa de Villa Umbría, siendo el pretendiente un mozo poeta de porvenir incierto).

Tuvieron cinco hijas y cuatro hijos, de los cuales Carmen y Tomás murieron tempranamente. Winétt recuerda a Carmen en uno de los poemas de Cantoral (1936): «Su llanto de árbol en tiniebla, / es encogido y amargo; / y su cuerpecito no pesa más que una golondrina […] Yerbas con olor a tierra húmeda / y a toronjil, / aroman su aliento de fantasma». Para Tomás también tiene palabras en Canción de Tomás, el ausente, «Voy a deshojar los innumerables pájaros / para tu navío de sombra». Ella siguió escribiendo.

Allá los corderos mudos,
sacrificados en el marco de la mañana;
allá los volcanes libres y los pensamientos,
los caracoles rubios besando las bocas
de la campanilla jugosas.

Fue una mujer comprometida con la sociedad. Los imponderables de los tiempos y los caprichos de las modas han hecho de Pablo de Rokha un poeta conocido en su tierra, mientras que a Winétt la han mantenido en el descuido, en una de esas claras manifestaciones de injusticia literaria. Algo que trata de enmendar María Inés Zaldívar en «Winétt de Rokha y la vanguardia en Chile», Anales de literatura chilena, núm. 6 (diciembre 2005).

[La anotación va dedicada a quien está recomponiendo su alma, a quien ha atravesado el charco y a quienes miramos].

jueves, 15 de abril de 2010

Si dispusiera de más tiempo, hubiera sido más breve

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Así termina una extensa carta apócrifa, la cual se cree escrita por Mark Twain (1835-1910), y ahora que se celebra en centenario de su muerte, no está de más recordarla. Y lo hacemos porque alude al arte de saber contar las historias en su esencia, a saber tutearse con la brevedad (que ya decía nuestro clásico aquello de «lo bueno, si breve, dos veces bueno»). Nos referimos a los microrrelatos, tan en boga hoy en día. Bueno, la verdad es que también hay quien opina que están de moda no por que el personal esté tocado con el don de la redacción literaria, sino porque es vago y, entonces, no le cuesta tanto escribir una historia en medio folio; lo que pase de ahí ya es otra cosa, pues exige sentarse con seriedad en el duro banco.

Y todo esto viene a cuento porque está abierto el plazo del certamen de microrrelatos de Bar de Blas, un clásico ya en Burgos que va por el cuarto año en que saca esta convocatoria. El plazo de presentación termina el 23 de abril, por lo que hay que animarse rápidamente. Los relatos pueden tener un máximo de ciento setenta y cinco palabras (título aparte), pudiendo presentar dos por cabeza. Como es costumbre en estos trances, se presentará de un lado los relatos, con seudónimo, y junto a ellos la plica.

Está dotado con un primer premio de 300 euros; un segundo de 150 y un tercero de 100. Además, lo cual es interesante, existe un Premio Especial Pura Gula, consistente en cena para cuatro personas, premiando el microrrelato más divertido -¡Qué difícil es serlo escribiendo!-. El fallo se hará público el 27 de mayo.

Pues, bueno, a ver si hay suerte y alguien se invita a una cena.

domingo, 11 de abril de 2010

Las violetas (bolas de cristal)

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Cada inicio de primavera aparecen las violetas en Burgos. Los árboles todavía de invierno, salvo el leve amarilleo de los sauces y algún brote que comienza a abrirse en los castaños. La ciudad es renuente a las flores; solamente, aquí o allá, sorprende el blanco de los almendros, el rosa de los ciruelos y los matorrales de la orilla del río. Y a esta ciudad del frío llegan las violetas. Se agolpan en un arriate del paseo de la Isla –paralelo al Arlanzón–, salpicando el tierno verde de las recientes matas de hiedra que tupen el suelo de este trozo de jardín y se prolongan hacia arriba en los troncos de su centro. Alrededor del follaje rastrero, unos recios ejemplares de almez y de tuya; algo más allá, la pila románica traída de una iglesia en ruinas.

Cada primavera nos acercamos a esta zona, agradeciendo su regalo. Son bola de cristal y alcancía de nuestro sosiego. Las visitamos, mañana o tarde, hasta que se marchita su color, apocándose, y las flores van desapareciendo entre las hojas vecinas. Nos recuerdan nuestra estancia en esta ciudad, que ya se prolonga en todo este siglo. Lo que quedó atrás. Las pérdidas. Los sueños. Los fracasos. Lo que ha llegado. La difícil aventura de comenzar la vida en un lugar nuevo, fuera de la juventud. La casa. La muerte rondando y venciendo algunas amistades. El ciberespacio. El nacimiento de la Vela Blanca -tan alejada la mar-. Las amigas de Burgostecarios. La alfabetización de inmigrantes. La Recolectora.

Crecen desparramadas, sin tocarse, bellas. Lo más difícil y precioso de la vida es la soledad entregada.

Cuando nos ven leyendo por la calle, hay quien nos dice que el exterior es para verlo y disfrutarlo; pero no hay cuidado: escuchamos los pájaros, saludamos a quien se nos cruza, sabemos de las hojas y… nos vemos con las violetas.

jueves, 8 de abril de 2010

Torremozas. Editora de mujeres

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Ya ha llovido bastante desde que nace Ediciones Torremozas. Sucedió en 1982. Lo hizo con la intención de facilitar un cauce de expresión a la poesía escrita por mujeres y al relato corto. Sin ánimos de marginalidad ni de revanchismos. Intentando que los escaparates acogieran estas obras, que las librerías las colocaran en sus estantes, que fueran engrosando los fondos de las bibliotecas públicas, que las pudiéramos adquirir para la mesilla de noche o nos las pudieran prestar para las vacaciones. Que habláramos de ellas. Escasas eran las plumas femeninas disponibles a nuestra vista hasta entonces.

Torremozas encauzó su hacer en tres direcciones: Voces nuevas, inéditas o con alguna publicación sin demasiada difusión. Voces consagradas. Voces recuperadas, para firmas del pasado, muchas de ellas de difícil localización. Después vinieron Voces hispanoamericanas y Poetisas de habla no española, traducidas al efecto. Hoy ya cuenta con nueve colecciones y, lógicamente, su selección de Imprescindibles. Además, lleva los premios Carmen Conde y Voces Nuevas, de poesía, y Ana María Matute, de relato.

Son numerosas las mujeres que han iniciado su carrera literaria pública en esta editorial que ha aportado al panorama poético español una frescura como la que solo puede salir de ciertos cuerpos y de ciertas sensibilidades. (Curiosamente, un año después nace Celeste, también vigente hoy, que acoge muchas plumas femeninas de poesía.)

A día de hoy, la editorial dispone de más de quinientas las publicaciones en su catálogo. Aquí vamos a reseñar la antología que realizó en 2002 Luzmaría Jiménez Faro con el título Poetisas españolas, por creer que es, sin duda, uno de los proyectos por los que no pasa el tiempo. De ella, extraemos este poema de Mercedes Alario:

Es hora ya de desatar las cintas
que asían tus estrellas,
desanudar el sol de medianoche
y soltar las amarras
de aquella embarcación de nuestros sueños.
Mas…
¿Cómo saber, entonces,
si es de día o de noche en nuestras viñas?
¿si mi mundo está creándose de nuevo
o agoniza?
¡Cómo sabremos si amanece Dios!

La literatura española tiene una deuda de gratitud con Luzmaría Jiménez Faro (y su compañero, Antonio Porppeta), iniciadora del proyecto y, ahora, con Marta Porpetta Jiménez, continuadora eficiente del mismo. Desde aquí ponemos nuestro pequeño grano de arena.

lunes, 5 de abril de 2010

Biblioteca en Escalada (Burgos)

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¿Qué va a ser de los pueblos castellanos? Recientemente leíamos que una comisión de expertos recomendaba la fusión de pueblos para que puedan resistir la despoblación. Cada vez cuesta más dotar de servicios a las pequeñas localidades y, en especial, mantener una mínima actividad cultural. El desánimo campesino de dentro y la desidia política de fuera no son fáciles de doblegar.
Por ello, nos alegramos de noticias como la presente: «Apertura del Centro Cívico y Biblioteca de Escalada». No todo va a ser megaproyectos y espacios digitales. Este pueblo se halla situado a 60 km de Burgos siguiendo la N-623 en dirección a Santander. El 31 de octubre de 2009 se procedía a dicha apertura, que leemos en sus propias palabras:

«En un ambiente otoñal cálido y sugerente, y auspiciado por la Junta Vecinal y la Asociación Amigos de Escalada, tuvo lugar en el edificio del antiguo Concejo de la localidad, la inauguración del Centro Cívico y de la Biblioteca. Ésta cuenta con más de 500 volúmenes procedentes de diferentes donaciones particulares, que se espera sirvan de entretenimiento y apoyo cultural a vecinos y simpatizantes.
»Acompañados por un vino dulce con pastas (a la antigua usanza), se desarrolló un acto entrañable en el que la lectura colectiva de poemas de Lope de Vega, Machado, Rafael Alberti, José Hierro, García Calvo, Rina Lastres y Whitman, entre otros, se añadió una agradable charla sobre posibles actividades culturales de futuro, a la vez que sobre la importancia de que el pueblo cuente con un espacio público para compartir, en el que cabrán charlas entre vecinos y amigos, lectura, juegos de pasatiempo, etc.»

Desde Burgostecarios les deseamos una cultura propicia.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Éxito de IV Salón del libro infantil y juvenil

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Finalizado ya el IV Salón del libro infantil y juvenil es hora de hacer balance. Unos 4000 alumnos han pasado por la exposición central de la FEC. Las visitas libres han supuesto una cifra cercana al millar. Los encuentros con autores, talleres de escritura, cuentacuentos... han sido de un gran nivel. Eso mismo cabe decir de las visitas al Museo de la Física del IES Diego Porcelos y del film "Mar de nadie".

La ciudad de Burgos puede estar orgullosa de haber albergado un evento de estas características, además con una duración de 15 días. Además organizado con muy pocos medios y un equipo humano muy entregado. Especial agradecimiento a Chema Tejadas, director de Abubel (Asociación burgalesa de bibliotecas escolares y lectura) y Manolo Iglesias, de Sintagma (Servicios editoriales y educativos), que me consta que ya están preparando la V edición. Esperamos ansiosos.

martes, 30 de marzo de 2010

Hoy, última jornada del IV Salón del libro infantil y juvenil

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Hoy se clausura el IV Salón del libro infantil y juvenil, que se inauguró el pasado 15 de marzo. Ha sido una excelente oportunidad para que los burgaleses se acercaran al mundo de los libros y al mundo de la creación literaria, así como conocer a prestigiosos autores en persona o conocer más a fondo nuestro gran legado de Atapuerca. La ciencia ha tenido también un lugar destacado, y se ha podido visitar el Museo de Física del Siglo XIX del IES Diego Porcelos y ha tenido lugar el estreno del documental científico "Mar de nadie".

Todo ello sin grandes medios, con grandes dosis de entusiasmo, tanto que los organizadores, ya están pensando en la edición del próximo año. Ojalá haya más iniciativas que tengan al libro como protagonista.