jueves, 25 de noviembre de 2010

Sueños en La rima del anciano marinero

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¡Soñamos tantas veces con un mundo mejor!

Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) participó en la idea de una sociedad igualitaria: la Pantisocracia. Desde Inglaterra, su país de nacimiento, marchó a Pensilvania para ponerla en práctica, en unión de varias mujeres y de los poetas Robert Southey y Robert Lowell. Era una persona ocurrente y comunicadora, que podía convencerte fácilmente de lo que había ideado. Pero no le sonreía la realidad. Fracasaba con frecuencia. De hecho, se casó con una de las jóvenes con las que probaba la Pantisocracia, Sara Fricker, y…, al día siguiente de esta unión, se dieron cuenta de que no congeniaban. Al no ser partidario del divorcio, tardó en formalizarlo, a pesar de que llegaron a tomarse auténtica manía. (Su amor, Sarah Hutchinson, no le prestó demasiada atención.)

Tal vez huyendo de estos dos fracasos –el social y el del matrimonio–, colaboró estrechamente con Wordsworth (1770-1850), dando nacimiento en 1798 al influyente Baladas líricas, en la que Coleridge incluye «La rima del anciano marinero», poema en siete cantos, antecedente de otros textos de la literatura universal, tal Moby Dick de Melville. Más adelante, se daría al estudio de la filosofía y continuaría con el consumo de laúdano –opio líquido–; pero esa es otra historia y pertenece al tiempo en que Eliot diría de Coleridge que «ya era un hombre echado a perder. A veces, sin embargo, ser un hombre echado a perder es por sí mismo una vocación».
…
Se retorció mi cuerpo en ese instante,
con dolorosa angustia,
que me obligó a contar toda mi historia;
y después me dejó libre de pena.

Desde entonces, en horas imprevistas,
esa angustia me vuelve:
y hasta que no se cuente mi relato espectral,
me quema el corazón.

Paso, como la noche, de país en país;
tengo un poder extraño de lenguaje;
…

Su biznieta, Mary Elizabeth Coleridge (1861-1907), fue poeta -Anodos- y profesora en el Colegio para mujeres obreras de Londres.

[La traducción –enorme– es de José María Valverde y está en Poetas románticos ingleses (BackList, 2010). La ilustración, de G. Doré].

lunes, 22 de noviembre de 2010

Las duendes cambian nacimientos. La escritura permanece

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Los errores en Internet se dan en cascada. En demasiadas ocasiones no puedes fiarte de lo que lees. Por ejemplo, en el caso de la fecha de nacimiento de Ana María Matute, la cual nace el 26 de julio de 1925. Pues en sitios que pueden parecernos fiables (así en escritoras.com o en biografiasyvidas.com o en escritorasypensadoras.com [tan académica], por no hablar de esa conocida enciclopedia interactiva) aparece el año 1926 (seguramente porque alguien hizo coincidir [automáticamente] día con año). Este error se produce en muchas noticias sobre la susodicha autora; tantas, que ésta se aqueja de ello en la entrevista que, con motivo de la recopilación de cuentos La puerta de la luna (Destino), recientemente ha publicado un conocido periódico nacional, el cual −los duendes jugando−, en ese mismo artículo, al facilitar la ficha personal de la autora, repite el desaguisado: 26-07-1926.

Pero no nos quedemos ahí, en la anécdota. Dice Ana María Matute que ella nació escritora, que nadie le ha enseñado a serlo. Es lo mismo que nos relata Jorge Luis Borges (Buenos Aires, Argentina, 24 de agosto de 1899 / Ginebra, 14 de junio de 1986) en el prólogo a una recopilación de sus obras:
«Como De Quincey y tantos otros, he sabido, antes de haber escrito una sola línea, que mi destino sería literario. Mi primer libro data de 1923; mis Obras Completas, ahora, reúnen la labor de medio siglo. No sé que mérito tendrán, pero me place comprobar la variedad de temas que abarcan. La patria, los azares de los mayores, las literaturas que honran las lenguas de los hombres, las filosofías que he tratado de penetrar, los atardeceres, los ocios, las desgarradas orillas de mi ciudad, mi extraña vida cuya posible justificación está en estas páginas, los sueños olvidados y recuperados, el tiempo....La prosa convive con el verso; acaso para la imaginación ambas son iguales».

Seguramente es así. Aunque no se contradice con sentirse en deuda literaria con quienes les antecedieron; así lo hace Virginia Woolf (1882-1941) en el prólogo a su estimable Orlando.

[Las imágenes son de Cecilio Pla y Berthe Morisot].

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Diccionario de desenfados

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Hicimos mención, hace un tiempo, del diccionario de Les Luthiers −constructores y reparadores de instrumentos musicales−, elaborado con los términos que han ido construyendo durante más de cuarenta años de hilarantes actuaciones.

Anómalo: Hemorroides
Barbarismo: Colección exagerada de muñecas Barbie.
Berro: Bastor alemán.
Cacareo: Excremento del preso.
Cachivache: Pequeño hoyo en el pavimento que está a punto de convertirse en vache.
Chinchilla: Auchenchia de un sitio para crencharte.
Diademas: Veintinueve de febrero.
Dilemas: Háblale más.
Elección: Lo que expelimenta un oliental al vel una película polno.
Manifiesta: Juerga de cacahuetes.
Meollo: Me escucho.
Polinesia: Mujer policía que no se entera de nada.
Sorprendida: Monja en llamas.
Telón: Tela de 50 metros… o más.
Telepatía: Aparato de TV para la hermana de mi mamá.
Zampoña: Instrumento musical venenoso.


Siempre es conveniente renovar vocabulario.
Salud.

lunes, 15 de noviembre de 2010

La lágrima en la cerveza

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«La bibliotecaria salió de casa. Llevaba en la cabeza el concierto para oboe y fortepiano (Opus 35, II, Romance) de Johann Peter Pixis. Decidió que no iría al trabajo; ya la suplirían. Valeria y Alejandro estaban en la granja escuela. Genaro, ocupado fuera todo el día. Tomó el autobús 15, el circular que recorría la playa, y se apeó junto al acantilado; enfiló el sendero de la izquierda y ascendió hasta la plataforma del faro. Sí, en los próximos días fabricarían papel en la casa del pueblo: la abuela llevaba una buena temporada recogiendo trapos; el abuelo había preparado las tinas y las mazas; a las criaturas les hacía ilusión la novedad de esta antiguo obrar; y el marido, aunque a regañadientes, se encargaría de moler el material. Ella prepararía la pasta y, con la forma que había armado, la colaría con movimientos precisos para conseguir pliegos regulares, que secarían en el antiguo gallinero.

A media mañana regresó a casa y terminó de esculpir en la plancha de madera, con la gubia mediana, los adornos que llevaría su tarjeta cuando la imprimieran. Cada cual en la familia tenía derecho a elegir un texto (que ella grababa). Darían a la luz seis modelos. El suyo era éste:

Recógeme en tu voz, pues me cerca el silencio, /
y tiéndeme un azahar de lectuarios, una /
alberca prolongada que crucen surtidores, un seto /
de arrayanes.
No hubiera sido propio /
dedicarles la vida. Pero este instante sí, /
como una última puerta abierta a la hermosura, /
mientras la tarde cierra, ya con su luz en vilo, /
el pétalo final de una rosa de piedra.
(María Victoria Atencia, El encargo (de Elena Stelmokaité), en el Libro De pérdidas y adioses)

Comió cerca de las cuatro, se adormiló en la mecedora y se acerco al mar, esta vez al muelle. Paseó durante un par de horas y, algo cansada, entró en La sirena. Le sirvieron la cerveza de trigo, se acercó a la gramola, introdujo la moneda y pulsó la canción. Sentada en el taburete, recostada en la pared, según sonaban las notas fue inclinándose hacia la mesa, colocando la mejilla izquierda sobre la mano con el brazo acodado. La voz le iba subiendo desde las piernas, anestesiando los músculos, hasta que una lágrima resbaló al alto vaso de cerveza. Era Innocent when you dream, de Tom Waits (claro), que, por extraño que pareciera, a ella le sonaba a villancico».



[La oportunidad de la canción viene de Isabel. Gracias].

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Te quiero con el corazón

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Estábamos en el banco que hay junto la puerta de la cantina situada a la entrada de la playa, enganchados al celaje del atardecer de noviembre. En ambas bandas de la proa de una de las barcas de remos varadas en la arena, detacaba un nombre pintado en azul: María. El viejo pescador con el que compartíamos el porrón se señaló el centro del pecho y dijo: «Nunca ha habitado aquí nadie, excepto ella».

Inútil decirle que aquellas palabras salían de su cerebro. Para él, María vivía en su corazón.

Si leemos (o escuchamos) con cierta atención las obras de Shakespeare, notaremos que a los sentimientos los hace anidar en este órgano central de nuestro cuerpo, y no metafóricamente sino físicamente. Era creencia popular y culta en aquel siglo; venía de tiempos pasados y no ha sido corregida hasta hace poco más de un siglo. Y ello, a pesar de que Hipócrates había dejado sentado que el centro conductor de nuestra persona no es el corazón sino el cerebro.
Pero era (y es) tentador pensar lo que pensaba el mismo Aristóteles: dar la primacía a un órgano que es caliente, que se mueve, que bombea sangre, que se ubica en el centro del cuerpo. De igual modo, se creía, en la Edad Media, que los músculos son unos conductos huecos por los que viajan una serie de humores (o casi espíritus) que condicionan nuestro estar.

Así que (por si acaso) diremos sólo: te quiero.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Lo sagrado, lo profano y... la monja (Documento)

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Marina Pawlowska siente un pálpito en 1643: peregrinará durante el tiempo que duró la vida de Cristo, imitando a quien más admira. Estaba retirada como monja en el Císter y decide salir de los muros y lanzarse al mundo. Lo hará a lo pobre, con la caridad pública, según conviene a la salvación del alma.

Esto es lo que cuentan las leyendas aúreas. Y así parece indicarlo el documento que mostramos a continuación, firmado por Mariana de Austria, madre y regente de Carlos II, dirigido a Francisco Fernández de Madrigal, gobernador de Filipinas. Pero… casi nada es lo que parece. La referida monja viajó bajo la protección de reinas (entre ellas, Cristina de Suecia), conoció países, cortes, personalidades y parece que trabajaba de espía, eso sí, con mucha devoción.

«Madrid, 9 de junio de 1671.
Mariana Paulosca, de nación polaca, que dice ser monja profesa de San Bernardo, me ha representado que tiene hecho voto de peregrinar 33 años por el mundo, de que hasta ahora ha cumplido los 28 por diferentes provincias próximas y remotas, y por lo que desea pasar a esas Islas.
He tenido por bien el concederle la licencia que pide, para que pueda hacer su viaje a la Nueva España, suplicándome la mandase dar cédulas de recomendación para que, luego que llegue a ellas, le deis los despachos que fueren necesarios para que desde esas Islas pueda encaminarse a las partes donde la guiare su devoción, sin que en ello se le ponga impedimento alguno, pues su ánimo no es otro que el de hacer estos viajes en fe de la caridad y limosna de los fieles, como le ha sucedido en los que hasta ahora ha hecho, alentada de la salud y fuerzas que Dios le ha dado para ello, fiando de su divina misericordia se la continuará hasta terminar el tiempo de su romería.
Por vuestra parte, la alentaréis y consolaréis para que pueda continuar su peregrinación, que así es mi voluntad. Yo la Reina».

[Si se desea disfrutar un rato de documentos y de monjas, se puede leer a Jesús Moya, El compás de Santa Clara. Viaje entretenido por un Archivo de Monjas castellano, Villarcayo, 2010]

viernes, 5 de noviembre de 2010

CUMPLEBLOG

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Hace ya tres años que comenzó nuestro blog, Mafi, por aquel entonces Mafaldia fue la creadora y nos mandó invitación a todos los compañeros para participar.
Poco a poco unos cuantos nos fuimos animando, al principio con miedo, temor a lo desconocido y por qué no decirlo vergüenza al qué dirán, a ver si meto la pata…, que nadie sepa quién soy yo..
En un par de meses el hielo estaba roto, y de vergüenza ni rastro, qué bien lo hemos pasado, algunos post tenían hasta 60 comentarios, ¡como nos hemos reído!
Con el paso del tiempo el asunto se ha ido enfriando, las redes sociales nos han traído nuevas aportaciones y los blogs se han ido quedando en el olvido.
Ya somos pocos los que seguimos comentando, aunque seguro que muchos más los que nos siguen día a día.
Pero gracias a la frescura de Lavela y a sus valiosas aportaciones ahí seguimos con tres añitos de andadura y listos para empezar el cole. Ah no eso no, es que parece que va acompañado a lo de los tres años, no?

Felicidades

El blog no sólo nos ha aportado buenos ratos ante el ordenador, también nos ha permitido conocer a gente muy especial, con la que hemos podido compartir algún ratillo fuera de la pantalla. Hoy uno de nuestros más fieles seguidores nos ha traído un regalo y, de ahí, esta reflexión.

Gracias Miguel

jueves, 4 de noviembre de 2010

Papel y sorpresa en Samarcanda

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Samarcarda –ya lo sabemos– es el lugar en el que la Muerte esperaba a Salim. Se habían encontrado por la mañana en el mercado de Talas. La Muerte, desde la otra punta de la plaza, le hizo señas para verse más tarde. Salim sintió desfallecer. Se asustó tanto que fue a casa, ensilló el caballo y partió a Samarcanda, a encontrarse con Latifa. A media noche llamaron a la puerta de ella. Latifa salió al balcón y se encontró con que era la Muerte quien allí estaba: «Buenas noches. Busco a Salim. Le he visto durante un momento esta mañana en Talas, pero no he logrado dar con él después. Iba a decirle que este noche, a las doce, nos citábamos en Samarcarda».

Por entonces, no solamente viajaron Salim y la Muerte de Talas a Samarcanda. También lo hizo la fórmula de elaboración de papel que en China se había mantenido en secreto durante siglos. Se dice que fue el funcionario –para que luego digan– Tsai-Lung quien diseñó el invento, al pretender dar con un soporte de escritura más barato que la seda, que era donde se escribían en aquella tierra los documentos de la corte imperial de cierto valor. Tsai-Lung observó con curiosidad en modo en que las avispas construían las paredes de sus nidos: arrancado filamentos de las plantas, masticándolos y reblandeciéndolos con saliva hasta formar una pasta (a la que daban forma hexagonal) que, al secarse, quedaba muy resistente.

En el año 751, a las puertas de Talas, se enfrentaron los ejércitos árabes (en expansión hacia Oriente) con los Chinos (en expansión hacia Occidente), saliendo vencedores los primeros y aprendiendo, de unos prisioneros, el arte de la fabricación de papel. De allí pasó a Samarcanda, que se convirtió en un importante centro productor, llegando en 793 a Bagdad. En esta época se añadieron fibras de trapos a las fibras vegetales anteriores y se utilizaron molinos de agua. Ya podían nacer las mil y una noches.

[Alguna de estas cosas (y otras muchas) aparecen en el libro de Rebeca García Palomeque, Historia de… el papel, que publica la editorial La mar de fácil, la cual sigue las indicaciones de IFLA para quien tiene dificultades de comprensión lectora].

lunes, 1 de noviembre de 2010

Hojas (vivas) de otoño

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No habíamos hecho mención expresa del otoño en la bitácora en esta temporada. Debido, fundamentalmente, a que en Burgos ha llegado hace escasos días y no hemos viajado en demasía. Es ahora cuando se muestra más visible en ciertas zonas y cuando, con las jornadas ventosas, el suelo se está tapizando de amarillo, siendo que el vuelo de los árboles continúa verde en otras.
Camino del trabajo, necesitamos salir de casa media hora antes que en verano. A nuestra derecha, el río; a nuestra izquierda, paseos y parque. Aquí, el otoñar triste de tilos y abedules; allí, el esplendoroso de chopos y arbustos. Las hojas, concentradas en un primer círculo en torno a un grueso ejemplar, van desparramándose en regueros por el césped, alejándonos cada vez más de nuestro destino laboral. Con la avaricia de la belleza, las cogeríamos todas, las palparíamos, las aventaríamos de nuevo. ¡No puede ser! ¡Aquellas copas anaranjadas que sobresalen por el fondo! ¡Si ayer apenas refulgían! Y hacia ellas dirigimos nuestros pasos, olvidando el reloj, desconociendo la obligación.

Moreras (nuestras preferidas) y arces llegarán a hechizarnos dentro de poco. Al caer la hoja, van quedando desnudos los brotes que se abrirán en la próxima primavera (un castaño, despistado, ha florecido en un par de ramas al abrigo).
Llegamos −sin saber muy bien cómo− al trabajo. Nos preguntan en el mostrador por algo sobre nanociencia. Sin vacilar, nos levantamos, vamos a la tercera estantería, tomamos uno de sus volúmenes y se lo prestamos mientras le decimos (bajo su acogedor asombro) que este libro enseña igual que las hojas de otoño.

[El cuadro es de Manena Moure]

jueves, 28 de octubre de 2010

Las manos de Juana María

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Es fácil que, poco a poco, la persona oprimida deje de amar la vida, desee otra más placentera; y es aquí donde vienen algunas religiones a ofrecérsela (a prometérsela más allá). El poeta Rimbaud (1854-1891, al que en el instituto llamaban cochino santurrón) confesaba: «Yo soy esclavo del bautismo»; y, con ello, significaba el peso que llevaba en su interior, las orejeras que constreñían su pensamiento. De ahí que, con los años, pretendiera vivificarse a través de los sentidos. Por ello, su poesía está tan llena de imágenes vívidas, despiertas, cuyo fin es procurarle un conocimiento de sí mismo (y, por ende, de la realidad). La finalidad es el amor, el amor de aquí.

Entre sus cartas figuran las escritas a Démery, conocida una de ellas como Carta del vidente, en la que manifiesta las dificultades de aprehender la realidad, que calificaba de rugosa, precisamente por el peso que en su vida tiene el cristianismo. Para él, una de las figuras en que se expresa esta religión es la Virgen María, prototipo de mujer idealizada, mediadora de las gracias, alejada de la realidad. A esta mujer divina, Rimbaud contrapone la figura de Juana María, comunera [Comuna de París, 1871], luchadora de una sociedad justa en la tierra, defensora con fusil en la barricada contra el ejército imperial [las 120 mujeres masacradas en Plaza Blanch], a cuyas manos dedica uno de sus poemas más emotivos:

Un tinte del populacho
las curte como un seno viejo
el dorso de sus manos es el lugar
que besa todo revolucionario altivo.
Maravillosas han palidecido
al gran sol de amor cargado
en bronce de ametralladoras
que cruzan el insurrecto París…

lunes, 25 de octubre de 2010

Manuscrito para un lunes de otoño

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La vida en los archivos pone en tu mano numerosos documentos, mucho más sensuales que las frías pantallas llenas de ceros y unos. Recordemos que las actas del Parlamento británico todavía se escriben en pergamino vitela. La caligrafía −‘escritura hermosa’− se desparrama ante nuestros ojos como un arroyo buscando la salida en un prado. La mano que trazó aquellas curvas, aquellas líneas, aquellos acentos…

Márcame el corazón (Bete iezaduzu)

Márcame el corazón con tu caligrafía.
Insiste hasta que se encienda algo.

Y si se enciende, cachéame,
mira a ver si tengo letras en la piel:
soy un valioso manuscrito
sellado con tatuajes de humo.

[Lo hallamos en Miren Agur Meabe, Anzalaren kodea / El código de la piel, Barcelona Bassarai, 2000, traducido por autora y Kepa Murua].

jueves, 21 de octubre de 2010

Despertar... en este día, en tu día

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«La bibliotecaria, apeada de su noche en manto de organdí, deja brotar la canción en su manantial sonoro. Comienza la mañana.
Volver a los diecisiete, después de vivir un siglo /
es como descifrar signos, sin ser sabio competente. /
Volver a ser de repente, tan frágil como un segundo, /
volver a sentir profundo, como un niño frente a Dios. /
Eso es lo que siento yo en este instante fecundo. /

Se va enredando, enredando /
como en el muro la hiedra /
y va brotando, brotando, /
como el musguito en la piedra, /
como el musguito en la piedra sí, sí, sí... /

Mi paso retrocedido cuando el de ustedes avanza, /
el arco de las alianzas ha penetrado en mi nido, /
con todo su colorido, se ha paseado por mis venas, /
y hasta la dura cadena, con que nos ata el destino, /
es como un diamante fino, que alumbra mi alma serena.

[…]



http://www.youtube.com/watch?v=QYNx1D74mtQ&feature=related

[El cuadro es de Caroline]

lunes, 18 de octubre de 2010

Organdí, para heridas más allá del cuerpo y del alma

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«La bibliotecaria atravesó la pared. Lo hacía con relativa frecuencia, llegando a lugares (que ya le eran familiares) adentro de su pecho, de su vientre, de sus muslos, de su pensamiento…, pero esa vez se encontró en un espacio nuevo. Era una habitación poliédrica, cerrada, sin ventanas, de altas paredes. Y, al tiempo, luminosa, inocente. De modo invisible, allí estaba la desorientación (con el dolor que produce), el decaimiento (con una pizca de indiferencia), la impotencia (con el sello del destino), la ansiedad (pregonera de la soledad). Era un espacio sin muebles, vacío, pero la bibliotecaria sabía que estaba rodeada de estas presencias; más, si cabe, que estaba hecha de ellas.

Tras unos momentos de punzante desazón, comenzó a tomar conciencia en aquella confusión. ¡Era ella misma! El hueco, la luz eran su esencia. Había algo anterior al cuerpo y al alma, a los deseos y a los sentimientos, al cerebro y al corazón. No, no tenía origen divino. Era humano. ¡Nunca lo hubiera sospechado! Al tiempo que aceptaba su origen, los minutos le fueron trayendo optimismo. Sabía que estaba en su núcleo, en su ser, y no sentía (como en otras ocasiones) miedo ni compasión de sí misma. La ligera brisa que entraba por una de las ventanas que había quedado entreabierta en el lado sur de la biblioteca la estremeció ligeramente, y –perezosa– se acurrucó un poco más dentro del delicado organdí que la cubría en esa tibia noche de otoño».
[El cuadro es La Dormeuse, de Tamara de Lempicka. La tela de organdí está en el Museo Lázaro Galdeano (recomendable)].

jueves, 14 de octubre de 2010

Relatos de adentro (en Sierra Morena cordobesa)

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De vez en cuando, durante nuestros paseos urbanos de la tarde, nos gusta entrar en tabernas desconocidas (o sucedáneos), del mismo modo que los domingos en la mañana deambulamos por algún barrio y tomamos café en alguno de los bares que se encuentran abiertos a esas horas. Nos colocamos al final de la barra o nos sentamos en alguna mesa de rincón y, desde allí –discretamente–, simulando que leemos la prensa, contemplamos la variedad de tipos que aparecen por el local. Tratamos de adivinar sus vidas, los motivos que les llevan a tomar café, vino, cerveza, orujo… Reparamos en el modo en que se relacionan, la conversación que mantienen, las entradas y salidas, la rapidez o lentitud en que consumen, la familiaridad que tienen con el lugar. En definitiva, el respeto que se tienen para que cada cual pueda disfrutar su momento de descanso o para que pueda ahogar, sin reproches, la impotencia vital que siente, reflejada cada día algo más en su rostro, marchitada ya la ilusión que conocieron hace ya años.

También, por este nuestro gusto en escapar a las luces de escaparate librario, leemos con frecuencia relatos de gentes que no están en el candelero literario. Preferimos, además, los que tienen alguna relación con el campo y los pueblos. Los de la ciudad nos resultan más vacuos, sin arraigo, escritos a veces con formalismo de escuela de escritura, basados en argumentos algo forzados. Es por ello que estos días disfrutamos de Relatos de Sierra Morena cordobesa (Cerro Muriano, 2010). Cada narración se entronca en detalles de la tierra –extinción del lobo, persecución a familias judías, amores perdidos, guerra civil, despoblación, etc.– y la protagonizan personajes que nos transmiten vivencias que te encuentras en el ambiente de las aldeas. Gentes ni felices ni desdichadas. Sabemos, al leerlo, que tiene una antigua relación con nuestra persona.

Por si fuera poco, la obra está editada por la asociación para el desarrollo de esta comarca. Nos trasladan a Adamuz, Espiel, Hornachuelos, Montoro, Obejo, Villaharta, Villanueva del Rey y Villaviciosa de Córdoba. Otro más de los intentos de los pueblos pequeños y alejados de las urbes por evitar la desaparición.


Saludos, pues, a la gente cordobesa.

lunes, 11 de octubre de 2010

Medianoche en la posada

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En teoría, la Poética es la ciencia que se ocupa del lenguaje literario, entendiéndose también por tal la obra o tratado sobre los principios y reglas de la poesía. Se habla mucho de lo que puede ser la poesía, pero poética resulta una palabreja que casi nadie sabe muy bien a qué se refiere y que, por ello, podemos despacharnos sobre el tema a nuestras anchas. Se da el caso de toparnos con quienes escriben poemas y creen que la poesía es una llama, una luz que solo perciben ellas/os. Como si el resto de mortales tuviéramos que estar a expensar de las migajas que nos van soltando. ¡En fin, hay gente para todo!


Por nuestro lado, creemos que la poesía es una forma como otra cualquiera de expresión (con sus peculiaridades, por supuesto, como cada hija/o de vecina/o). Y que una de estas singularidades es su capacidad de conectar con la infancia de quien escribe y de quien lee e, incluso, con los orígenes de nuestros ancestros. Josep Carner (1884-1970), entrada la noche, llega a una posada; cuando se acerca a Recepción, el dependiente (algo contrariado por la inoportunidad nocturna del solicitante) le muestra un formulario para que se registre. El poeta escribe:

Difícil registro

Quién soy no sé, ni adónde voy. Sólo sé que quisiera
reclinar la cabeza en un regazo
de mujer y dormirme
al ritmo –aún– de una canción de cuna.

Podemos imaginar la cara que pondría el somnoliento recepcionista ante semejante registro.

jueves, 7 de octubre de 2010

El alfabeto digital en burra y burro

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Ahora que está recién inaugurada la Feria del Libro de Fránckfurt, en la que se mueven millones y millones de euros y en donde un conocido buscador de Internet ha anunciado su próxima salida como editorial con unos 400.000 libros digitalizados, listos para poder ser descargados en la variedad de aparatos electrónicos de los que vamos disponiendo, nos emociona recordar gestos como los de Luis, recorriendo las veredas embarradas de Colombia para llegar a poblados perdidos en los que las escuelas no cuentan con bibliotecas ni la gente dispone de dinero para comprar libros.

La burra Alfa y el burro Beto son sus autopistas de la información.



Y recordamos, con ello, la entrada que realizó Mafi en esta bitácora hace algo más de dos años (tempus fugit).

A su salud.

domingo, 3 de octubre de 2010

Abuelas/os, nombres, libros y memoria

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Hablábamos hace un tiempo de quienes habían tenido abuela(s) y abuelo(s) en la infancia para contarles historias, refranes o batallas. Y hemos hablado aquí, también, de la poetisa chilena Winétt de Rokha. Este no era su nombre, sino el de Luisa Victoria Anabalón Sanderson (igualmente, su marido no se llamaba Pablo de Rokha, sino Carlos Díaz Loyola); pero ambos creían que podíamos ponernos nombres que sonaran bien −la belleza− aunque no tuvieran ningún significado concreto y, de ahí, que eligieran el de Winétt; lo mismo que procedieron cuando a una de sus hijas le pusieron Lukó.
El abuelo materno de Winétt −políglota y gramático− era irlandés; traducía a Safo y Ovidio; tenía un puesto técnico aceptable en las minas del norte de Chile (explotadas por capital extranjero). Él fue quien le inculcó a su nieta el amor a la literatura. En reciprocidad, ella lo recuerda en Oniromancia:

Tres o cuatro fechas y en la memoria de algunas /
estampas, una visión equívoca, /
eso, de Domingo Anderson, el políglota, /
libros, y libros a la espalda, con ellos de casa en casa, /
libros y libros y libros, /
con ellos de pensión en pensión, encajonados, llovidos, /
rodando, acumulados como piedras de piedra, /
dolor y cansancio y libros, escrituras y escrituras en /
caligrafía de dolor y sueños.
[…]
Abro los brazos estrechando lo inútil inconmensurable: mitos, libros, ríos, libros, desengaños, libros, libros, libros, tú y yo entre los doscientos crepúsculos. [Historias que nos cuenta María Inés Zaldívar en Winétt de Rokha, Fotografía en oscuro. Selección poética, Madrid, Colección Torremozas, 2008].

lunes, 27 de septiembre de 2010

Librerías, espacios de amor

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Estábamos en lo del amor. En aclarar si es verdadero o no. Es fácil que no lo hagamos, pues se ha intentado desde que existe la escritura, sin llegar a un acuerdo general. Eso sí, tenemos los sentimientos. Y ahí, en muchos momentos, notamos la invasión de presencias que nos llenan; de ligeros estremecimientos que recorren nuestra columna y nos transportan a la gloria. No lo podemos disimular: el rostro es el espejo de ello.
Como aquí, en la bitácora, apreciamos los libros, pues nos sumergimos en este amor recorriendo las estanterías de una librería.

Recorro los espacios que frecuentas
sabiendo de antemano
que no te encontraré. Me ayuda
que sean tan fijos tus horarios.

Tu aroma es lo que yo persigo,
el aire que te vas dejando
y se mantiene intacto hasta que llego,
y marco sus contornos
con el detenimiento que necesita
un ritual tan íntimo.
Mucho más que las tardes de amor y caramelos
que a veces tú y yo nos regalamos.

Observo tu silueta en el espacio
que antes ocupabas −callada
quietud entre los libros−
y voy acariciando el sitio exacto
donde tus dedos eligieron
el que te llevarás.

He aprendido a hacerlo
de manera que aquellos que me miran
imaginan que yo busco también
un libro de poemas. Y no saben
de qué manera exacta
veo la trayectoria de tu índice
desde Silvya Plath a Pound,
de izquierda a derecha, como prefieres
hacer tan a menudo.

Más tarde perfilo muy lentamente
la curva de tu mano
cuando pasas las hojas de ese libro
que has guardado bajo el brazo,
y que, un poco más tarde,
cuando llegue con retraso al café,
comentaremos.
[Nos lo cuenta Elena Escribano Alemán en Residencias (Soria, Diputación, 2007)]

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Los cuerpos, libros de vidas

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Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
–con cuatrocientos cuerpos diferentes–
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.
(Jaime Gil de Biedma)

Aquí sí que no hay libros electrónicos. Desde el despertar abrimos (o continúa nuestro empeño en dejar cerrado) el libro del cuerpo. Leído a la luz o a la oscuridad, así es de agradecido. Expuesto al aire o cubierto de tela, vive en la piel de modo constante. Proclive a la curiosidad, su índice de contenidos es inagotable. Es manantial, río, prado y volcán. Se nos figura que una de las asignaturas más difíciles de la educación familiar es la enseñanza sobre el cuerpo. Quien, desde la niñez, lo entienda bien, calmará con maestría las ansiedades y angustias venideras.

«Nadie sabe lo que puede el cuerpo», escribía Baruch Spinoza (1632-1677), nuestro vecino filósofo. Por ello, se le somete. Las tiranías y las autoridades, aun disfrazadas de cariño, lo reducen, lo encadenan, lo engalanan…
La escritura es asemejada en numerosas ocasiones con el cuerpo. Es más, se dice que escribir es construir cuerpo. La palabra somete, pero también abre un campo de batalla contra lo instituido. De ahí que no viene nada mal la lectura de antologías de poesía femenina –cuerpo con capacidad de reproducción de cuerpos– como El poder del cuerpo, a cargo de Meri Torras, que la editorial Castalia (2009) tiene en Biblioteca de Escritoras.

El cuerpo que ahora veis
viejo y decrépito tiene el valor
de un antiguo pergamino.
[…]
Con la pátina siempre
presente de este deseo intenso
de querer estar......... junto a vosotros.
(Montserrat Abelló)

lunes, 20 de septiembre de 2010

Fomento de la lectura en estado puro

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Nunca daremos con la fórmula perfecta para el fomento de la lectura. Por ello, es conveniente ir tanteando métodos. Este que aquí presentamos, sin dudar, tiene sus valores.





"Volverán las oscuras..."

jueves, 16 de septiembre de 2010

Los suicidios de la cultura. Foxconn

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Lejos quedan en Occidente aquellas fábricas en las que mujeres, hombres, niñas y niños vendían la vida por un salario de miseria. Los arrabales de nuestras ciudades han dejado de ser barrios infectos. Sin embargo, el tinglado económico que hemos montado para proveernos sí que pende sobre nuestras cabezas. Está necesitado de productos que consumir. En buena medida, hemos tranquilizado nuestra conciencia poniendo etiquetas verdes y ecológicas a esta parafernalia de supermercado. Pero, simplemente, lo que hemos hecho es alejar el problema; cerrar los ojos y desconocer de dónde viene lo que necesitamos. De ahí que se den noticias como la siguiente:


“El pasado 8 de junio, coincidiendo con el lanzamiento mundial del teléfono iPhone de Apple de cuarta generación, tuvieron lugar en Hong Kong, China continental, Taiwán y en otros lugares del mundo diversos actos de solidaridad para celebrar la Jornada Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Foxconn. Y es que desde el pasado 27 de mayo, 10 trabajadores de entre 18 y 24 años se han suicidado en las instalaciones de producción de Foxconn Technology Group, y otros 2 se encuentran en estado grave tras intentarlo. Foxconn, con sede en Shenzhen y propiedad de Taiwan es proveedora de Apple, Nokia, HP, Dell, Sony, Sony Ericsson, Nintendo y Motorola, marcas en feroz competencia y con unos plazos de entrega cada vez más cortos, lo que redunda en unas condiciones laborales inhumanas”.

¿Qué nos pasa?

lunes, 13 de septiembre de 2010

Aleluyas. El tiempo por los aires

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La aleluya es un pliego en el que están dibujadas unas escenas, distribuidas en columnas y filas, con texto debajo de ellas, por lo general de dos versos. Vienen a ser las herederas de los carteles o cartelones de ciego y serán precursoras de cine mudo. Podemos decir que tienen carácter costumbrista. Suelen tener cuarenta y ocho escaques (seis columnas de ocho filas), cuadros en los que se representa toda una vida o historia. Tuvieron gran expansión desde el siglo XVIII hasta mediados del XX.

El nombre puede venir de “alabad al Señor”, grito de alegría dado el Sábado Santo; de ahí nació el arrojar (esa misma noche) dentro de la iglesia trozos de papel o vitela con imágenes y la palabra escrita aleluya. Después se hacía en la procesión de Pascua (y otras). Se compraban en Sábado Santo, se recortaban y se tiraban en la procesión del domingo de pascua, siendo recogidas por la chiquillería que bullía en torno a esta improvisada lluvia. Los vendedores/as gritaban Aleluyas, Aleluyas finas, que pasa la procesión. Existían también tiendas especializadas, que anunciaban su producto con un Cartelón de nueve cuadros, a la entrada de las mismas.

Comenzando, por ejemplo, con “Si tenéis buena memoria / aprended aquesta historia”, pretenden un mensaje moral educativo (son tradición) y en ella aparecen personajes, adelantos técnicos, conductas (borrachera, juegos, etc.)… Lo que más abundan son las vidas. Dar cuenta de lo nuevo, conservando lo viejo. Además de moralismo, destilan marcado sentido burlesco, que se construye mediante elementos deformadores: defectos y caracteres de la figura.

Benavente dice que ahí inició su afición a la literatura. He aquí algunas:
“Las Marías son muy frías / y de puros celos rabian; / las Franciscas vocingleras, / perezosas las Tomasas, / las Isabeles altivas, / casamenteras las Juanas…”

“Ingratos, falsos, arteros, / inconstantes, bailarines, / son Danieles, Valentones, / Vitorianos y Valeros. / Los Juanes y Baldomeros, Andreses y Celestinos, / son amigos de los vinos, / aguardientes y licores”

[Más de ello en Julio Caro Baroja, Ensayo sobre la literatura de cordel, Madrid, Revista de Occidente, 1969]

jueves, 9 de septiembre de 2010

Poesía en la realidad

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Decía T. S. Eliot (en The Sacred Wood, 1920) que Blake (a quien no tragaba) tenía una honestidad aterradora, de esas que te hacen sentir incomodidad al notar tu egocentrismo. William Blake (1757-1827) fue poeta, pintor y grabador inglés. De temperamento apasionado y tendencia polemista, no dejaba títere con cabeza cuando se trataba de denunciar a quienes ejercen la represión social y política. Era un incómodo iconoclasta. Y la poesía le servía para ello. Es lo que hace en su poema Jueves Santo (incluido en Canciones de inocencia y experiencia), al denunciar los préstamos que las (piadosas) personalidades pudientes condedían a las instituciones de beneficencia a un desorbitado interés:

¿Qué tiene de sagrado ver, decidme,
sobre una tierra rica y floreciente,
niños que la miseria ha encadenado,
nutridos con mano usurera y fría?

¿Es una canción ese llanto trémulo?
¿Tal vez una canción de regocijo?
¿Con tantos nichos miserables?
¡Qué tierra de pobreza!

Además, Blake era lo que hoy llamaríamos una persona espiritual, que concebía la poesía como voz inspiradora, como parte divina de cada cual. El carácter Poético era la fuente de toda filosofía y religión (así lo desarrolla en su conocido libro El matrimonio del Cielo y del Infierno). Por si fuera poco, su escritura es con frecuencia enigmática; diríamos deliciosamente enigmática, así en esta “Segunda canción de la señorita Gittipin” en Canciones de una isla en la luna:

Oh, dejadme, dejadme con mis penas;
aquí sentada he de esfumarme
hasta no ser más que un espíritu,
perdida esta forma arcillosa.

Y si al azar en este bosque
alguien camina sin camino,
en la sombra verá mi sombra,
oirá mi voz sobre la brisa.

Gracias, Blake, por tus palabras.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Clara y Francisco, amor y dolor entre oraciones

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Clara (1193-1256) y Francisco (1182-1226) se amaban. Él era trovador en las rondas nocturnas por las calles de Asís, visitaba balcones, y coqueteaba –si se terciaba– con la pendencia. Actitudes que, unidas a su esbelto porte, le situaban en los sueños de las muchachas de su tiempo. Clara era una de ellas. Pero, cierto día, Francisco cambia de vida y, unido a otros compañeros, se retira de la vida mundana. Ella lo ve cuando le entrega la ropa a su padre. ¿Qué hacer con aquel amor de los ojos? Con dieciocho años, Clara escapa de casa y se refugia en la morada de Francisco. Allí le rapan el pelo, la despojan de sus delicadas vestiduras y la visten de sayal. No pueden arriesgarse a vestirla de hombre y dejar que permanezca entre ellos [tal vez otro día contemos alguna de estas historias]; es mujer de buena familia y podrían localizarla. Por ello, Clara queda en un convento de damianitas situado en las afueras de la ciudad.

Su enamoramiento era algo admitido por quienes les conocían. Se encontraron en alguna ocasión, sabiendo de su íntima unión. Francisco se le aparecía a Clara en sueños y le daba de mamar de su pecho. Dos años antes de su muerte, Francisco fue quedándose ciego, con crisis dolorosas, y permanecía –cecuciente– en la choza de esteras que Clara le preparaba. En los días que precedieron a su expiración, ella creyó morir de dolor antes que él. Pero falleció veintiséis años más tarde, «como enferma crónica incurable». En este tiempo, Clara seguía viendo a su santo. Una Nochebuena (encontrándose ella postrada en su convento) llegó incluso a oir los cantos de la misa que se estaba celebrando en la catedral y vio cómo Francisco le mostraba –risueño– el belén (es así que, en 1952, fue proclamada patrona de la televisión, ¡vivir para ver!).

jueves, 2 de septiembre de 2010

Papel higiénico, el reservado papel de la cultura

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Estábamos cavilando qué entrada podríamos elaborar para nuestra bitácora (y hemos de confesar que, recién llegados de vacaciones, no nos hallamos con demasiada soltura), cuando nos hemos topado con la noticia del éxito obtenido en Japón por una novela corta impresa sobre papel higiénico. Por lo visto, en este país se ha puesto de moda emplear el tiempo pasado en el reservado para culturizarse (entre otras actividades), por lo que están proliferando rollos de papel higiénico con escritos diversos: historietas manga, pedagógicas, etc.

En este caso se trata de la novela Drop −’gota’− del conocido escritor Koji Suzuki. Y no ha sido una editorial la que lo ha publicado, sino la papelera Hayashi, por lo que la novela se vende tanto en librerías e Internet como en la sección de productos de limpieza de cualquier supermercado. Por ahora lleva vendidos 80.000 ejemplares y parece que no haya tocado fondo. Al contener unas 2.000 palabras, ocupa 88 centímetros, por lo que en un mismo rollo se repite el texto 34 veces.

El problema será para las casas que tienen un solo baño.

La noticia de Efe la encontramos desarrollada en
http://bibliomistico.blogspot.com/2009/09/google.html

martes, 31 de agosto de 2010

Misterios en la literatura

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Pero madre
Estoy solo
En la espuma
En las sombras oscuras
No puedo volver a casa.

Con frecuencia oímos la expresión de que la vida es más fantástica o misteriosa que la literatura. Ciertamente, muchas de las personas que se han dedicado a las musas cuentan con anécdotas o pasajes de su existencia, dignos del argumento más exigente. No desmerece en este punto el final de la vida –¿o fue comienzo?– de Arthur Cravan (1887-1918, seudónimo de Fabian Avenarius Lloyd, sobrino de Óscar Wilde), dadaísta de pro, que un apacible día montó en una sólida goleta en Salina Cruz, al oeste de México, con el fin de llegar a un pueblo cercano, Puerto Ángel, para embarcarse hacia Argentina, pero nunca llegó a este primer destino. ¿Qué fue de él? No apareció rastro ni del cuerpo ni de la embarcación. Su compañera y esposa, Mina Loy (1882-1966), lo esperó en vano durante días en la playa.

Apenas hacía más de un año que se habían conocido en Nueva York; una para el otro y otro para la una eran el amor de su vida. Cravan, dedicado a algunas labores literarias ya en años anteriores en París, recibía sus ingresos pecuniarios de su actividad como boxeador. En la Ciudad de la Luz editaba una revista –Maintenant– que él mismo vendía en un carrito, pues decía que las librerías eran lugares en donde se oxidaba la cultura. Él tenía un concepto singular de ella. En cierta ocasión, iba a dar una charla pero acudió tan borracho que lo único que se le ocurrió fue desnudarse en público. Otra vez, había anunciado que se iba a suicidar en un lugar determinado; como la gente somos tan morbosa, el local se llenó y… entonces sí que aprovechó para dar una conferencia.

Así era Cravan, un mocetón de dos metros, que huyó de Francia al inicio de la primera guerra mundial porque era antimilitarista. Mina llevaba una hija en las entrañas cuando su marido desapareció y, lógicamente, le puso el nombre de Fabianne. Bastante mejor literata que él –también fue reconocida actriz–, compuso el sentido poema Jazz de la viuda y escribió las Letters of the unliving. Merece la pena leer a quien vislumbró «a la distancia de los muertos, el silencio opaco / del espacio no habitado».

miércoles, 4 de agosto de 2010

¿HACE UN BAÑITO? (Entrada Playera)

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¿Qué hace una bibliotecaria en vacaciones? sorprendentemente lo que todo el mundo, incluídos los usuarios, disfrutar de lo que uno tenga más a mano, el campo, la playa, el pueblo, la ciudad... y en este caso a mi me ha tocado el mar.
Os dejo este video porque estando en la playa, escuchando las olas la mente se relaja, se olvida de todas esas marañas cotidianas que impiden aprovechar los regalos que nos brinda el día a día.
En mi día playero no paro de dar Gracias y de pedir.
En mi día playero, no hay fechas, ni horas con horarios, ni se abre ni se cierra...
En mi día playero espero en la orilla apoltronada en mi toalla con mi mochila cerca donde guardo uno de los libros que en estos días deseo leer, espero, espero, espero...
Hay tiempo para todo, para pensar, para rezar, para leer pero las noches llegan tan pronto que arañan demasiado al día y ya no se cuál es más corto.
Se me olvidaba algo importante, por la noche, NO HAY CHAQUETA!!!.
Hasta pronto, me parece.


lunes, 2 de agosto de 2010

¿La cultura (biblioteca) transforma?

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¿Qué es lo revolucionario? «Lo que transforma», se decía. Hace años, en los pueblos, había muchos mozos y muchas mozas. Los domingos por la tarde era frecuente que los primeros se reunieran a merendar en las tabernas, distribuidos en varias cuadrillas. A medida que se iba comiendo y, sobre todo, bebiendo, el tono de las conversaciones subía y no era infrecuente que alguno comenzara a cantar, estableciéndose dúos cruzados entre las mesas. Pero también se daba, en muchas ocasiones, que se formaban peleas, fruto de viejas rencillas familiares o de vecindad, fruto de amores comunes por una gallarda moza. Cuando chicas y chicos comenzaron a salir a estudiar (por lo general, a colegios religiosos), fueron desapareciendo estos cuadros goyescos en los que se llegaba a los puños para resolver las diferencias. «Es la cultura», se decía, «los chicos estudian y ya no se pelean».
Narran las crónicas que en el tardofranquismo existían grandes ansias por conocer, por saber cómo se vivía en otros lugares en los que había libertad, por leer lo que se publicaba en países en los que no existía la censura. Por ello, al iniciarse la Transición, en determinadas ciudades se montaron varias librerías en las que había un rincón con sillones e, incluso, existía la posibilidad de tomarse un café o una infusión mientras se debatía sobre tal o cual libro o se comentaban los últimos acontecimientos. Se trataba de formarse críticamente. Política –en el sentido de la polis– y cultura tenían una conexión tal, que no podía hablarse de la una sin la otra.
Con el paso de los años fueron despareciendo los espacios de solaz, puesto que la economía se fue imponiendo al conocimiento. Pero no fue eso lo más preocupante. Lo evidente es que se ha desembocado en una sociedad especuladora, donde saber es igual a tener. No pinta nada (no tiene prestigio) quien tiene cultura si no tiene posición. Por ello, nos preguntamos a veces: ¿tienen las bibliotecas alguna incidencia en la sociedad?, ¿saldrán de ellas gente que valora la vida de manera culta?

jueves, 29 de julio de 2010

Las palabras y la Túnica de Neso

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Es conocida la historia de Neso, el centauro que quisó violar a Denayira –‘la que vence a los hérores’–, tercera esposa de Heracles, el cual arrojó a Neso una flecha y le impidió su felonía. Mientras expiraba, el centauro aseguró a Denayira que la sangre que estaba brotando de su corazón moribundo tenía el poder de preservar el amor en una pareja. Ella guardó un poco de líquido y, pasado un tiempo, cuando comenzaba a dudar de la entereza de su relación con Heracles, roció durante la noche la túnica de éste, el cual una vez se la hubo puesto, vio impotente cómo comenzaba a quemarse su piel, muriendo lenta y dolorosamente. De ahí que la expresión túnica de Neso aluda a un dolor moral devorador del que vanamente pretendemos huir.
Ernst Lissauer (1882-1937), judío prusiano, compuso Canto de odio a Inglaterra (conocida también como Himno del odio) en 1914, la cual fue celebrada en todos los ámbitos alemanes durante la primera guerra mundial, al punto que el emperador le concedió la Cruz del Águila Roja. Pasó de ser un desconocido a gozar de gran reconocimiento popular. Dicen que era una persona bonachona, pero que fue tragado por el ambiente de euforia guerrera que se creó en Alemania y Austria al inicio de la primera guerra mundial. Pero en 1918, al perderse la guerra, estas palabras se convirtieron en su túnica de Neso. La industria y el comercio necesitaba hacer negocios con Inglaterra; la política tenía que lavar su cara para seguir en el Poder. Así que Lissauer, amante de su patria, fue desterrado y murió en el mayor dolor que le podían infligir.

[Todo esto (y mucho más) en las memorias de Stefan Zweig, El mundo de ayer (Acantilado, 2002)]

lunes, 26 de julio de 2010

Ella y el día

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«Comienza el día con las golondrinas. La bibliotecaria se despereza al tiempo que corre las cortinas, abre la ventana y los sonidos relampagueantes de fuera le ayudan a echar a un lado el regusto amargo que le incomoda al despertar, fruto tal vez de los caóticos sueños que ha tenido durante la noche, fruto tal vez de esa tendencia –que ella cree heredada– a imaginar futuros catastróficos; imaginaciones que le recorren con su filo cortante los pasadizos del cuerpo en los momentos que preceden a la consciencia del día. El vuelo de las pequeñas aves surcando el cielo azul le trae la alegría de la jornada, la misma que experimentaba en la niñez al salir de casa en las mañanas de verano. Después de estos fugaces e íntimos momentos, torna la vista y camina hacia adentro. Pronto los rutinarios quehaceres la devuelven a la vida, borrándole la desazón primera. Podría decirse que es feliz. Bueno, también están los inconvenientes, especialmente de incomunicación, pero la velocidad del día se los traga. Digamos, entonces, que se siente dichosa entre las risas, la suave piel, las miradas reconfortantes, los besos, las pequeñas manos. La máquina, joven, comienza a andar con lavados, peinados y desayunos. Escas afluencia en la biblioteca. Alguien estudiando, que desespera de su suerte mientras recuerda que hoy tampoco podrá ir a la piscina. Los bancos junto al puente comienzan a llenarse de jubilados, así que no vendrán muchos por aquí a leer el periódico. Hay quien se acercará a devolver o recoger películas y música, y a mirar internet. Los horarios de apertura, por otra parte, se reducen y se concentra mayor número de gente trabajando en el mismo turno. «Tal vez hoy pueda despistarme de la rigidez del trabajo», piensa la bibliotecaria, «tal vez pueda atreverme con la libertad». Ella, que pasa por cumplidora ecuánime de sus tareas, se asusta un poco al reconocerse con este pensamiento. Por no caer en absurdas querencias, se levanta para colocar una enciclopedia recién incorporada a los fondos de consulta. Cuando está haciendo hueco en la estantería, se desentiende de los volúmenes del suelo, se incorpora y comienza a andar. Allá, al fondo del pasillo, ha creído ver…; no, no, tiene la seguridad de haber visto…»

[Como no puede ser menos…, continuará].

jueves, 22 de julio de 2010

Lo nuevo y lo viejo en los documentos

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Leemos y escuchamos estos días, hasta la saciedad, declaraciones y opiniones de todo tipo sobre tal o cual sentencia de estatutos de autonomía; sobre si se acepta o no; sobre lo que significa; sobre lo que puso ser. Y, en contrapartida, las posturas que sostienen sobre otros temas en la capital del reino quienes, en la periferia, se hartan de chillar. Las personas humanas tenemos capacidad de ser simbólicas, siendo ésta una de las facetas que más nos diferencian del resto de quienes pueblan la Tierra. De ahí que podamos estar días y noches con la misma cantinela. ¡Qué digo días y noches!, meses y aún años es lo que nos da de sí.

Gustamos, en la bitácora (puesto que somos del ramo cultural), traer documentos que hablen de hechos sucedidos hace años, los cuales reflejan situaciones actuales que nos parecen novedosas. En el caso que nos ocupa, hete aquí que ya se daban parecidas hechuras hace cien años. Y, si no, que cada cual juzgue este suelto que aparecía destacado en el semanario Tierra y Libertad, época 4.ª, número 40, (7 de noviembre de 1910), de Barcelona:

«¡Qué contraste!
Mientras en la Rambla de Barcelona y durante una semana andan a trompazos radicales y carlistas; mientras el Ayuntamiento de Barcelona se convierte en plaza de toros por la actitud de radicales, unionistas y catalanistas, los diputados catalanistas, unionistas y radicales, en Madrid, unidos en adecuado consorcio, firman juntos una proposición pidiendo 25 pesetas de dieta.
Ante el interés, los diputados, no encuentran diferencia.
¡Cuánta farsa!
¿Hasta cuándo, pueblo, hasta cuándo?»

Este mismo periódico anota una cita de Barón de Nervo: "La patria está donde se ama; la familia, donde se es amada/o".

domingo, 18 de julio de 2010

Ideas que traspasan regímenes

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No sólo El Quijote es un texto de monarquías absolutistas, revoluciones, repúblicas, dictaduras y democracias. Este delicioso diálogo que traemos a colación –Elefantes de la India–, lo recopiló Hervert y se encuentra en el clásico libro de lecturas escolares Pueblos y leyendas (primera edición en Seix y Barral, 1936), del no menos clásico Herminio Almendros (1898-1974), inspector de primera enseñanza (el de la Técnica Freinet), de ideas republicanas, que se exilió a México. Por uno de esos guiños del destino, el libro se siguió utilizando en las escuelas franquistas, editado por Teide, llegando, al menos, en la democracia actual a la veintiuna edición (1986).

Cuatro elefantes

—¡Que no! —Sí, madre, que sí.
Que yo los ví.

Cuatro elefantes
a la sombra de una palma;
los elefantes, gigantes.
—¿Y la palma? —Pequeñita.
—¿Y qué más?
¿Un quiosco de malaquita?
—Y una ermita.

—Una patraña,
tu ermita y tus elefantes.
Ya sería una cabaña
con ovejas trashumantes.
—No. Más bien una mezquita,
tan chiquita.
La palma
me llevó el alma.

—Fue sólo un sueño, hijo mío.
—Que no, que estaban allí,
y los vi,
los elefantes.
Ya no están y estaban antes.

[Pasaremos el verano buscando que alguien nos crea: los elefantes, por supuesto, estaban]

miércoles, 14 de julio de 2010

Los sentimientos: esas pequeñas criaturas... (De héroes)

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Alejandro Lerroux (1864-1949), el Emperador del Paralelo, tal como nos dice el título del magnífico ensayo sobre él, obra de J. Álvarez Junco, subtitulado La demagogia populista (Síntesis, 2005), llenaba grandes espacios de gente que iban a escucharlo, hombres (por lo general) que enardecían ante la palabra vibrante del orador político. En sus actos-espectáculo se producía una catarsis, un destapar los sentimientos para, una vez aireados, volver a guardarlos, no sin antes quedarse con el convencimiento de que Lerroux era el redentor (de lo que sea) y tendrían que votarlo en las próximas elecciones. En el paroxismo creado llegaba a decir que habría que entrar en los conventos y hacer el amor (entonces se decía violar) a las monjas. La gente vibraba, abrazaba a quien tenía al lado (sin conocerlo de nada), quedaba encantada de su experiencia. Tenían su héroe. [Dicho sea de paso, puede colegirse que lo virtual existe desde hace mucho tiempo]. El resultado fue que le votaron durante más de treinta años, hasta que le salpicó la corrupción próxima. José Ortega y Gasset (1883-1955), que tenía un sentido de la observación y reflexión poco común, comenzó a escribir en 1929 (en El Sol) los artículos que darían paso a La rebelión de las masas. Había entrevisto que la masa se estaba adueñando de la esfera pública; la masa sin moral, necesitada de heroicidades. Los sentimientos: esas pequeñas criaturas… (tan manipulables).
Pero también hace cien años, en grandes espacios públicos –plazas de toros, teatros, etc.– se hablaba a la gente desde otra perspectiva: desde el pensamiento. Se le decía: «¿Quién construye los edificios?, ¿quién pone los ladrillos en las frías mañanas de invierno? Y, entonces, ¿por qué no puedes acceder a una vivienda digna y, en el caso de que lo hagas, es con un sacrificio de años? Cultívate, lee, discute, no dejes la sociedad en manos ajenas. Tú eres tu única heroína, tu único héroe». Y no se le pedía que hiciera profesión de nada.

[Esta memoria mía ha olvidado a cuenta de qué escribo estas cavilaciones].

domingo, 11 de julio de 2010

Los viajes. El Viaje

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En época veraniega abundan los viajes colectivos: al pueblo, a la costa, al interior, a ver monumentos, etc. Son eventos previstos, que nos relajan de la rutina diaria, pero nos mantienen en la rueda de lo previsible. Apenas si nos dejan elegir aquello de playa o montaña. Son un acto más del rito consumista de nuestra existencia. Y… para mucha gente tienen validez, no le piden más a la vida.

Pero aquí, en la bitácora, estamos en la literatura, en el arte, en la música… Aquí se escribe, pinta o compone El viaje, aquello que emprendemos sin que tenga sentido para la mayoría de quienes nos rodean; aquello que iniciamos cuando estamos con las necesidades cubiertas y alguien cercana/o nos dice «pero por qué te vas si no te falta nada». Y, entonces, Herodoto o Kapuscinski responden «porque necesito pasar la frontera».

Bolaño, que conocía muy bien la literatura francesa, reparó en la excelente poesía que se compuso allí en el siglo XIX. Y, cómo no, hablaban del viaje. Baudelaire –fuente de muchos versos escritos con posterioridad– tiene precisamente un poema con el título El viaje; en la traducción de Martínez Sarrión (también poeta), quedan así sus primeros versos: «Para el niño, gustoso de mapas y grabados, / es semejante el mundo a su curiosidad». Parece, pues, la primera, una tierna razón para viajar. Diferente es la justificación de Mallarmé en Brisa marina, traducida por Alfonso Reyes (literato fundamental en Hispanoamérica): «La carne es triste ¡ay!, y todo lo he leído», así que… hay que buscar en lo ignoto por ver si ahí está el antídoto.

«Un buen día partimos, la cabeza incendiada, / […] meciendo / nuestro infinito sobre lo finito del mar», continúa Baudelaire, el cual, a pesar de su esperanzador inicio, termina –al igual que Mallarmé– sabiendo que sólo hay condena: «¡Saber amargo aquel que se obtiene del viaje! / Monótono y pequeño, el mundo, hoy día, ayer, / mañana, en todo tiempo, nos lanza nuestra imagen: / ¡en desiertos de tedio, un oasis de horror!». Aunque Mallarmé nos deja un pequeño consuelo: «¡Mas oye, oh corazón, cantar los marineros!».

jueves, 8 de julio de 2010

La música amansa a las fieras

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Pues sí, ahora que estamos en San Fermín, con encierros y esas cosas, es conveniente recordar a la amable gente bibliotecaria que cantando se puede realizar una eficiente extensión informativa. Incluso en inglés, para que el personal se entere que catálogo se dice carolo. Lo de las database ya es algo más difícil (de utilizar).

Felices calores

lunes, 5 de julio de 2010

Tristeza de la bibliotecaria

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«Se queda en un rincón. Ella, que siempre gusta de asomarse al mostrador de préstamo cuando alguien llega. Hace días que prefiere el silencio. Ella, que no desperdicia ocasión de jugar con las palabras. Está seria. Ella, que con frecuencia arranca una sonrisa de quien pregunta por algo sin sentido. Viste de oscuro. Ella, que combina colores en cascadas imposibles. Camiseta de cuello alto y pantalón liso. Ella, que es amiga de sugerencias, de leves volantes, de pañuelos cruzados, de rosas.
Cuando me acerco alguno de estos días a la biblioteca, la veo: está triste.Aprovechando uno de los escasos momentos en que sale a colocar por las estanterías, figuro despistarme, nos encontramos y le digo que estoy con Mendel, el de los libros y… apenas esboza una mueca de deferencia. Ella, que en cualquier otro momento tremolaría ante título tan sugerente y me hubiera hablado de no se qué novedad fantasiosa para camelarme y forzar que le contara lo que ocurre en esas páginas, para que le hablara de cómo van cayendo dentro de mí las palabras que estoy leyendo.

No sé bien qué es lo que le pasa (ni tengo confianza para preguntarle). Solamente le he escuchado, hablando a lo lejos, algo parecido a que la familia es una desgracia como otra cualquiera.

¡Me encuentro tan perdido en estas circunstancias! El silencio se me adueña. Sólo he acertado a posarle un instante la mano -nervioso pajarillo- en el hombro. La miro en su rincón y me duele».

jueves, 1 de julio de 2010

Felices fiestas

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Bien, estamos en fiestas (aunque no de fiesta). Así que desde las bibliotecas, pues deseamos que se disipen los feos humores.


Que los días sean propicios