martes, 12 de marzo de 2013

Del diablo a Dios (Habemus Papam)

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«Se empeñan en que nos enteremos, queramos o no, de esto del Papa», me suelta la Bibliotecaria nada más aparecer yo por allí, al tiempo que muestra su desconcierto ante la expectativa que levanta una reunión de señores de cierta edad, sin que se halle allí ninguna mujer. Ella habla a veces con el Deme, un cura casado del barrio que pasa algunos días por la Biblioteca, dejando allí revistas y libros que tienen relación con movimientos por el celibato dentro de la Iglesia. Incluso –según me cuenta la Bibliotecaria– da misa a un grupo de homosexuales de la ciudad, «fuera de la parroquia, claro». Ayer mismo dejó allí la revista Tiempo de hablar y el libro Curas casados. Historias de fe y ternura.

«¡Que casualidad de asunto! –le digo– dentro de los últimos placeres literarios a los que he tenido acceso últimamente se encuentra el libro de Adolphe (o Adolfo) Retté, Del diablo a Dios». En el momento de su publicación, en 1907 (traducido por el presbítero Ramón Picabea y publicado en Irún en 1908), se convierte en una obra de amplia difusión, gracias a que el autor había sido en los años anteriores un contumaz publicista anticatólico, escribiendo numerosos artículos en periódicos anticlericales franceses. Y cultivaba relaciones como la de Clemenceau, político que influye en la laicización de las instituciones oficiales de Francia, iniciada con decisión a partir de 1898, lo que hacía que la Iglesia lanzase al estrado toda su batería de armas defensivas y ofensivas, entre las que se encontraba la de las conversiones.

Retté (1863-1930), persona culta, es conocedor de la literatura mística española, por lo que plantea el libro como una senda de iniciación hasta llegar a la iluminación final. Todo con prosa ágil, encadenada, rica.

Se ponga como se ponga la Bibliotecaria, dentro de pocos días, Habebunt Papam (sin la participación de las mujeres).

viernes, 8 de marzo de 2013

¡Horror! A menos de seis grados

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Me dice la Bibliotecaria que en un cuento llamado Chains, de 1930, del escritor húngaro Frigyes Karinthy (1887-1938), autor entre otras obras de Viaje en torno de mi cráneo, se sugiere que cualquier persona en este mundo estamos conectada a otra a través de una cadena de conocidas que no tiene más de cinco intermediarias. Yo le digo, que eso ya lo había afirmado mi bisabuela Cándida al sostener que el mundo es un pañuelo. «Ya, ya –me contesta–, pero a tu bisabuela no le hicieron caso».

Es asunto es que años después, en 1967, el psicólogo estadounidense Stanley Milgram ideó una manera de probar la teoría, que denominó el problema del pequeño mundo. Algo en lo que abunda con posterioridad el sociólogo Duncan J. Watts, autor del libro Seis grados: la ciencia de una edad conectada (2003).

Pero no para ahí la cosa: la empresa Facebook, en 2001, realizó el estudio Anatomy of Facebook con todos los usuarios activos de su página en ese momento –721.000.000 miembros (alrededor del 10% de la población mundial)– y se analizó el conjunto de amistades en común, para sacar el promedio de cuántos eslabones hay entre un usuario y otro cualquiera. De esta prueba se excluyó a celebridades y famosos. Los resultados mostraron que el 99,6% de pares de usuarios estuvieron conectados por 5 grados de separación.

―O sea –le digo a la Bibliotecaria (y esto es algo que siempre me horroriza)–, que cuando me voy de vacaciones a Australia, estoy a menos de seis grados de distancia del tendero que me cuela siempre una o dos manzanas pochas y de la pescatera que me convence de que las merluzas tiene los ojos lánguidos y oscuros.

―Bueno –se ríe, con cierto balanceo de los ojos–, tómatelo por el lado positivo: también lo estás de quien tú sabes.

martes, 5 de marzo de 2013

De Congresos, Festivales, Jornadas... por Burgos

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Parece que la crisis no llega a la imaginación y a la acción (o, al menos, no la agudiza), por lo que en estos primeros días de marzo tenemos eventos suficientes para regalar la nieve de los campos y olvidarnos del frío febrero.

I Congreso Burgos Despierta es una iniciativa a celebrar los días 2 y 3 de marzo, cuya finalidad es promover las miradas interiores, la espiritualidad –que afirman– todo el mundo lleva dentro. Una llamada a la consciencia de la propia experiencia y el conocimiento subsiguiente en un ámbito donde quien participa aprende de quien está al lado, sin pretendidos magisterios.

III Congreso Iberoamericano sobre Redes Sociales, previsto para los días 7 y 8 de marzo. Su pretensión es analizar los cauces digitales en que circula la información, ahora posicionada en redes sociales. Se asienta en personalidades públicas de cierto reconocimiento. Cuenta con apoyos oficiales y se lleva a cabo en el nuevo palacio congresual burgalés.

Festival de Cine Anarquista de Burgos discurre desde el día 1 al día 10 de este mes. Además de la presentación de documentales y proyección de películas, cuenta con un Taller de cortometraje documental de guerrilla. Se ubica en diversos lugares de la ciudad: Centro Social Zaragalla (Pisones), Biblioteca La Maldita, Espacio Tangente, Sede CNT, Local Gacela (Inmaculada).

Homenaje a Mujeres Libres, a celebrar el 8 de marzo, Día Mundial de la Mujer Trabajadora, es organizado por CGT y se lleva a cabo en su local. Según indica el título, es un reconocimiento a la organización Mujeres Libres, nacida en 1935, con el objetivo de liberar a las mujeres de la triple esclavitud a la que estaban sometidas: esclavitud de la ignorancia, esclavitud del sexo y esclavitud del trabajo. Además, editan una antología de la jugosa revista que editaron. [El chiste es de El Roto. La imagen, de Lobo, portada de una de las revistas de 1936].

viernes, 1 de marzo de 2013

Nieve azul (seducción)

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¡Qué tendrá la nieve para nuestros ojos! Abrir la ventana, aparecer la blancura, acelerarse el corazón. Tal vez, preciso engaño o imprevisto regalo o lánguida seducción. Puede ser, sí, seducción. El sonriente maná que nos anima a acompañar los cimbreantes copos –«¡Ven, no temas, la lluvia se ha ido!»–. Y no nos mojamos. Después, cesa. La llanura sin mácula hasta que el arroyo abre vaporosos senderos hacia los que planea la cigüeña y el milano se ocupa en dar vueltas alrededor de las ramas habitadas.

¿Pero la nieve es como la literatura? ¿Atrayente y desgarradora? ¿Qué hay detrás de la mano que nos ofrece compañía? ¿Está ahí para contemplarla o para pisarla? Dice el haiku:

odio los cuervos,

pero esta mañana,

en la nieve...

La calidez está en nuestra piel. Más adelante, nos abandona.

Nieve azul.

lunes, 25 de febrero de 2013

Libro amante. Si un príncipe...

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La Bibliotecaria se pirra por el inabarcable Ítalo Calvino, de quien está releyendo ahora sus Cuentos populares italianos (vertidos de los Fiabe italiane, de Mondadori [1993]). «¡Escucha este!», me dice. «Hoy me duelen algo los oídos», respondo, mientras acerco torpemente las manos a los costados de la cabeza, por si pudiera conseguir continuar con mi entretenimiento. Según camina hacia mí, por el modo en que acoge el libro sobre el seno, al igual que Lesbia acurrucara al gorrión –passer, deliciae meae puellae,–, sé que no tengo modo de escape. Así que me resigno a ser una víctima más del fomento de la lectura y dejo abiertas las entendederas a las sáficas palabras que bajan con el carro de Afrodita de la mano de estas avecillas.

La Bibliotecaria sabe de sobra que yo sé el cuento de El príncipe canario, por lo que después de unas breves explicaciones que nos sitúan en escena, se detiene en los párrafos que le interesan. La niña ya está presa en el castillo rodeado de espesura arbórea, adorando desde la ventana a su príncipe, sin que este pueda subir. Entonces, la bruja (buena) le ofrece la solución: «Este libro es mágico. Si pasas las páginas en la dirección adecuada, el hombre se transforma en pájaro. Si las pasas en dirección contraria, el pájaro vuelve a ser hombre». Poco tarda la niña en convertirlo en canario, que vuela y entra por la ventana, transformándolo después en hombre. «Todos los días hojeaba el libro para que el príncipe volara hasta la ventana más alta de la torre, y volvía a hojearlo para darle forma humana, y lo hojeaba de nuevo para que él saliera volando, y lo hojeaba otra vez para que regresara a casa».

La mujer se metamorfosea en Lectora y, después, en amante. «¿Y no sería más sencillo –le comento– que utilizara el libro el príncipe, volviera canario (hembra) a la mujer y así escapara de la torre, pasando después a su aspecto humano?».

miércoles, 20 de febrero de 2013

La Biblioteca de "El primer hombre"

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Hablo con la Bibliotecaria sobre la reducción de costes de los libros electrónicos y su facilidad de difusión, y le digo que las editoriales lo tienen más chupado. Y me dice que de eso nada o algo menos, pues ahora (salvo en las novelas) los libros digitales están enriqueciendo su contenido con imágenes, sonidos, interactividad, etc., con lo cual la figura editora está variando y necesita integrar conocimientos informáticos, aplicaciones para dispositivos móviles y otra serie de elementos que convierten al libro en un elemento complejo, lo cual redunda en su precio final. («Y ya veremos –me dice– lo que tarda la novela en incorporar estos atractivos»).

Entonces, me acuerdo de los libros y de la Biblioteca pública que nos describe El primer hombre, de A. Camus (1913-1960), montada en Argel hacia 1920 en los aledaños del barrio pobre junto al puerto, y de los libros allí contenidos, que los dos pequeños amigos elegían de corrido en los anaqueles (siempre que no fueran novelas, reservadas estas a mayores de 15 años), los cuales sacaban después de rellenar la ficha azul de pedido y de que la Bibliotecaria (voluntaria) hiciera constar en la ficha de que disponían al haber mostrado un recibo de casa y pagado un mínimo. Le leo a la Bibliotecaria:

«Lo que contuvieran esos libros, en el fondo poco importaba. Lo que importaba era lo que sentían ante todo al entrar en la biblioteca, donde no veían las paredes de libros negros sino un espacio y unos horizontes múltiples que, no bien pasada la puerta, los arrancaban de la vida estrecha del barrio. Después venía el momento en que, provistos de los dos volúmenes a los que cada uno tenía derecho, los apretaban con el codo contra el costado, se deslizaban en el bulevar oscuro a esa hora, aplastando con los pies las bayas de los grandes plátanos y calculando las delicias que podrían extraer de sus libros, comparándolos con los de la semana precedente, hasta que, al llegar a la calle principal, empezaban a abrirlos bajo la luz incierta del primer reverbero para sacar alguna frase (por ej. «era de un vigor poco común») que los fortaleciera en su alegre y ávida esperanza. Se separaban rápidamente y corrían hacia el comedor para abrir el libro sobre el hule, bajo la luz de la lámpara de petróleo. Un fuerte olor de cola subía de la grosera encuadernación que raspaba los dedos.

»La forma en que el libro estaba impreso informaba ya al lector del placer que le proporcionaría. A Pierre y a Jacques no les gustaba la composición ancha, con grandes márgenes, en que se complacen los autores y los lectores refinados, sino las páginas llenas de caracteres pequeños, alineados en renglones poco separados, llenas hasta el borde de palabras y de frases, como esos enormes platos rústicos donde pueden comer varios a la vez y durante largo rato sin agotarlos jamás, y que son los únicos capaces de calmar ciertos apetitos enormes. De nada les serviría el refinamiento, no conocían nada y querían saberlo todo. Poco importaba que el libro estuviera mal escrito y groseramente compuesto, con tal de que la escritura fuera clara y llena de vida violenta; esos libros y sólo ésos les daban el alimento de sueños que les permitiría dormir después profundamente».

viernes, 15 de febrero de 2013

El Primer Hombre. Niñez

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¡Qué difícil es representar la niñez! Al menos, con cierta soltura. Es en la pintura donde más se echa en falta la destreza del artista: cabezas adultas, brazos desproporcionados, pies sobresalientes, cuerpos algo deformes. Parece como si fueran incapaces de contener una imagen infantil en la mente. Cuando observo cuadros de este tipo, pienso, a menudo, que uno de los favores que ha hecho Picasso a la pintura moderna es no tener que esforzarse en desarrollar la destreza de dibujar figurativamente criaturas (aunque les haya metido en otros bretes).

En cambio, la literatura toca otros timbres en sus descripciones. La palabra puede dar más el pego. No obstante, hay libros que atraviesan todas las pruebas. Tal es el caso de El primer hombre, de Albert Camus (1913-1960), autobiografía sobre la infancia, que deja inacabada aquel día en que muere en accidente de automóvil en Villeblerin (Francia), llevando en el bolsillo el billete de tren que había comprado para viajar y que no utilizó al venir unos amigos y ofrecerle viajar con ellos. Nacido para la miseria, muerto el padre en 1914, vive con su madre y su hermano en casa de su abuela en Argel. Esta es quien se encarga de administrar hasta los castigos físicos a los niños. Su inteligencia natural y voluntad, más un comprensivo maestro de primaria que le consigue una beca, hace que emerja, contra todo pronóstico, de las cloacas sociales.

En silencio, él adora a su madre, obediente, sumisa, distante, radiante. Y ansía que ella le corresponda. Así, escribe: «Estuvo por decir: “Estás muy bonita” y se detuvo. Siempre lo había pensado de su madre y nunca se había atrevido a decírselo. No porque temiera un rechazo o porque dudara de que ese cumplido le gustase. Sino porque hubiera sido franquear la barrera invisible detrás de la cual siempre la había visto parapetada —dulce, cortés, conciliadora, incluso pasiva, y sin embargo jamás conquistada por nada ni por nadie, aislada en su semisordera, en su dificultad de lenguaje, bella seguramente pero casi inaccesible, tanto más cuanto más sonriente parecía y cuanto más se volcaba hacia ella su corazón—, sí, toda la vida había tenido el mismo aire…»

En Francia, Camus se atreve a denunciar públicamente el estalinismo en 1951, echando sobre sí la ira de la intelectualidad de izquierdas, con Beauvoir y Sartre a la cabeza. Por ello, va ganando enteros con el tiempo. Es lo que nos cuenta M. Onfray en L’ordre libertaire: la vie philosophique d’Albert Camus (2011). Pero ello es una historia para otro día.

[El cuadro es Retrato de niños (Niñas de Caillebote), de Renoir].

lunes, 11 de febrero de 2013

Pornolectoras

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«La Bibliotecaria lee en la tersura de mi rostro. “¿Has estado con ella, verdad?”, me dice nada más verme esta mañana. “Sí, hemos estado juntas”, le respondo, “sabes que no puedo evitarlo”. No tiene remedio, en cuanto me sueltan alguna cita, sea de alguien que ha escrito hace siglos sea de alguien con tintes de oscuridad, me desarbolan. Me abandono a las olas con la música de las sirenas, acoplando las entrañas a la gloria o magullada en la arena apenas cubierta con los jirones de la vela. Pero, qué le voy a hacer: las páginas de Francesca se atreven con el Paraíso de Dante, con las Moralia de Gregorio Magno, con El amante de lady Chatterley de Lawrence, con Maná del alma de Segneri, con el Timeo de Platón, con Informe secreto sobre el mesmerismo, con El rizo robado de Pope, con La muerte y la doncella de Claudius…

»Las palabras de Francesca llaman a esos ancestrales códigos que nos llegan al nacer (y aun antes), que desean regir nuestro destino, que desoyen los púlpitos, que abren en nuestro cuerpo prados en los que nos tumbamos desnudas al sol.

»”Fíjate”, le digo a la Bibliotecaria, “cómo comienza el libro de Francesca Serra, Las buenas chicas no leen novelas (Ediciones Península, 2013)”. Tan animal: “Tal vez ustedes no lo sepan, pero todas somos pornolectoras. Todas las lectoras lo somos, sin excepción, incluidas las solteronas y las monjas. Cuando una niña de cualquier lugar del mundo tiene en las manos su primer libro, se convierte de inmediato en pornolectora, lo quiera o no. Probablemente lo ignorará toda la vida; sin embargo, nadie le devolverá la inocencia. A través del libro, caerá dentro de una historia mucho mayor que ella, relacionada con el arte y la cultura. Y también con la sexualidad. Y con la economía y el comercio”.

Que ya lo dejara escrito J. J. Rousseau en su novela de gran éxito, por entregas, Julia o la nueva Eloísa (1765): Jamás una virgen ‒fille caste‒ ha leído una novela».

¡Literatura!

[Fotografía tomada de Comunidad El País. Cuadro de Francisco Vidal, Lectora]

miércoles, 6 de febrero de 2013

Escritoras por encargo

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Por diversos avatares, en los últimos tiempos, he coincidido en el espacio virtual con escritoras por encargo o correctoras de estilo. Es decir, con mujeres que se toman la escritura como oficio. No (solo) una afición o una necesidad (interior) o un divertimento o un desafío. Un quehacer. Conozco, desde hace tiempo, en el espacio de a pie, a mujeres y hombres que, cual Velázquez o Goyas, se dedican a ello, con gran contento, lo que ha provocado que se diluyera en mí ese pensamiento que albergaba en la mocedad sobre la escritura gloriosa. «No somos nada», me dice la Bibliotecaria cuando hablo de esto con ella. Supongo que se refiere a que somos mortales.

Una de ellas es Concha Baeza, la cual se define «escritora por encargo. Domo palabras. Las pongo al servicio de las organizaciones para que marquen estilo, identifiquen servicios, definan contornos». No se limita a corregir un texto, sino que realiza las investigaciones necesarias para elaborarlo. Tiene la suerte de radicar en Valencia (lo digo por estar junto al mar). Y, a mi vez, he tenido la fortuna que me regalara su último trabajo: Muro, libro sobre Juan Pérez del Muro (1895-1949), ilustrador, cartelista, tebeísta, periodista… (editado por la Diputación de Valencia).

Otra es Mónica Alejandra Carrizo, «Redactora, biógrafa, correctora, lectora editorial. Me gustaría compartir contigo un viaje, en el cual tú aportarías recuerdos y yo les daría forma». Vive en una isla de las de verdad, rodeada de agua. A veces, leo historias en una de sus bitácoras: Cuentera personal.

¡Feliz travesía!

viernes, 1 de febrero de 2013

¿Para qué las bibliotecas?

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Me lo dice la Bibliotecaria, que en estos días está bastante desazonada. «Toda esta gente mangante ha pasado por ellas», me suelta, sin darme tiempo a asimilar lo que me habla, y se pierde en los pasillos estantes camino del Depósito.

Me digo que puede tener su razón, que quien más quien menos de quienes acaparan primeras planas han tenido sus épocas estudiantiles. Cierto que no es que hayan dado muchos palos al agua en oficios del vulgo (digamos vulgares), pero es que tampoco han tenido tiempo para ello, pues de bien cachorros han emprendido la senda del servicio al pueblo. Admitamos, también, que no se han distinguido durante sus años juveniles por su desprendimiento en reivindicar mejoras para el bien común, pero concedámosles que ello les hubiera distraído de sus propósitos serviciales.

¿Así es que para qué demonios necesitamos una Biblioteca en el Centro de paseo de la Ciudad, si, con lo mismo, corremos el peligro de que aumenten exponencialmente quienes agostan nuestras cosechas. Y, con lo mismo, nos quitamos de en medio unos puestos ordinarios de trabajo que podemos emplear en otro lugar a horas intempestivas?

[La ilustración es de Rob Gonsalvea].

lunes, 28 de enero de 2013

Lágrimas para la zarina

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[In memoriam]

Miro tus lágrimas

recorrer

esa umbría distancia

hasta donde nace el sol

hasta donde surgen airados gritos

regresar

entre nubes

-¿allí evaporaste su sonrisa?-

hasta la tierra

donde empapa lluvia

con letras de princesa

d a r j A n e l a

lunes, 21 de enero de 2013

Sueños de morfina

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«Hubo que recurrir a la morfina. Desde meses atrás, sus dolores se habían intensificado. Nada extraño para la mujer. Los últimos doce años fueron de sobresaltos, de crecidas de caudal que desbordaban las presas, donde ríos subterráneos comenzaron a afluir a su mente desprevenida. En ciertos momentos, el lago se calmaba y podía desplegar la vela de su barquichuela, recuperando hermosos objetos multicolores de los fondos. Pero, en general, predominaba el tembloroso dolor, la angustia nerviosa, el inconcreto miedo, porque su vida había estado dominada por la oscura amenaza del infierno.

»Así que fue un paso más –“el último terrenal”, hubiera dicho ella– en la vida. La morfina la aliviaba, pues decía que la quemaban viva al curarla –“el infierno terrenal”, pensaba, apartando con susto de mí este pensamiento–. Con el indoloro sopor del opiáceo, llegaron las alucinaciones. Los ojos lucían un saludo sonriente, indicador de que el caudal de lava no abrasaba las profundidades. Tendía la mano, curvando el cálido aire, creando alivio al contacto con otra piel.

―¡Veo ángeles!

―¿¡Ángeles!? ¿Cómo son?

―Pequeños… revoloteando sobre unas islas colgadas en el inmenso cielo… hay casas con prados en ellas… entran y salen por las ventanas y balcones abiertos… a veces se elevan como colibríes…

―¡Pues tienen que ser muy hábiles! –le decía, por seguirle la conversación. Y añadía–: ¿Hay más gente? Cuéntame.

―¡No, solo ángeles! Y uno… si vieras… uno es muy bonito… el que más… con sus rizos, mejillas sonrosadas, delicada piel, pies de armiño… su estrella… un zaborrillo.

―Y tú, ¿cómo sabes que es el más bonito? ¡A lo mejor es que no te has fijado bien en los demás!

―Lo sé porque se parece a ti.

―¡Oh, yo no he sido nunca así!

―¿¡Acaso hay alguien que te conozca mejor que yo!?».

[El cuadro La morfina es de Rusiñol].

lunes, 14 de enero de 2013

Por primera vez. Mala reputación

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«Los cómics son un excelente roró», le digo a la Bibliotecaria. Ella no es que sea completamente de mi opinión, pero se aviene complacida a compartir la afición si se los leo y dramatizo, incluyendo en la puesta en escena verbal todo un arsenal de recursos sonoros. En la elección que hago de ellos en la biblioteca de barrio, procuro que no contengan demasiada violencia, pues no se me da muy bien escenificar la roja sangre.

Este fin de semana le he llevado una pequeña sorpresa (que, además, todavía no tienen en la Biblioteca) que me han regalado para Reyes. Algo referido al primer músico que obtuvo el Premio Nacional de Poesía en Francia (y digamos, de paso, que también era el primer anarquista a quien se lo concedían): Georges Brassens (1921-1981), compositor que no entendía muy bien qué era esa basura de los derechos de autoría. Precisamente el cómic lleva por título Georges Brassens, la libertad, que sirvió de catálogo en la exposición que se le hizo en París al cantautor francés en 2011, elaborado por Joann Sfar, sobradamente conocido por sus películas de Gainsburg y El gato del rabino, y sus cómics, que reflejan su semitismo.

La edición española, llevada adelante por Fulgencio Pimentel (2012), incluye comentarios de cuatro periodistas, en los que nos informan de múltiples facetas del poeta, entre ellas que la música de Brassens ha influido extensamente en cantautores españoles, adentrándose en melodías como Mediterráneo y Penélope, de Serrat; Pongamos que hablo de Madrid, de Sabina; Feo, fuerte y formal, de Loquillo; etc. Amén de las versiones que le hacen Javier Krahe (La tormenta, Marieta), Paco Ibáñez (La mala reputación), Loquillo, Luis Rueda, Arbolito, etc.

Todo sea por una efectiva lullaby.

miércoles, 9 de enero de 2013

Paraíso de olas

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Cierro los ojos y veo el mar. No otra imagen se me representa del paraíso en los días pesarosos. La luna en su desdibujado recorrido de día. Las olas llegando despiertas hasta las rocas donde me siento. Unos niños correteando, ahí a la derecha, en la naciente arena que se expande hasta la colina. La ropa tendida en la ladera, moviéndose al vaivén de los cuidados que le lleva el viento después de arrebatármelos. En estas épocas leo a Ralph Waldo Emerson (1803-1882), el filósofo y poeta naturalista que dijera que «la verdad es más hermosa que el fingimiento del amor». Sus Hombres simbólicos (el Poeta, el Escéptico, el Escritor, el Hombre de mundo…), su Diario íntimo, sus Poemas.

El Pasado

La deuda está saldada,

El veredicto dicho,

Las furias aplacadas,

La peste está detenida.

Los destinos hechos;

Gira la llave y traba la puerta,

Dulce es la muerte para siempre.

Ni elevadas esperanzas, ni antiguos disgustos,

Ni odios mortales, pueden entrar.

Todo está ahora seguro e inalterable;

Ni los dioses pueden sacudir el Pasado;

Moscas - a la puerta adamantina

Clausurada para siempre.

Nadie puede volver allí,-

Ni un ladrón muy atildado,

Ni Satán con un truco espléndido

Puede filtrarse por la ventana, fisura o agujero,

Para anudar o desatar, agregar lo que faltaba,

Insertar una página, fraguar un nombre,

Mejorar o terminar lo que está cerrado,

Alterar o enmendar un hecho eterno.

Cierro los ojos.

viernes, 4 de enero de 2013

Reyes. Noche y Día

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«Había nacido mi prima Encarna. Mi madre me urgía para ir a verla, pero yo no encontraba el momento. Eran vacaciones y restaban por disfrutar muchos partidos y por explorar la zona de El Rejete, barranco arriba, especialmente la ladera donde el tío Encinas estaba excavando una mina. Cuando pasábamos por allí, ello me recordaba lo de mi prima, pues su padre era hijo del tío Encinas y (según puede colegirse) estaba casado con mi prima Pura. ¡A quién se le ocurre nacer en vacaciones de Navidad!

»Los días iban trascurriendo sin pensar. Ya habíamos pasado Año Nuevo. Al finalizar la comida, mi madre me conminó:

―De hoy no pasa que vayas a ver a tu primica. Si no lo haces, se lo digo a tu padre.

―¡Vale! Ahora cuando bajemos a las eras del barranco, entro.

―Y dile a su madre que la niña se parece a la abuela Paquica.

»Saqué el balón de debajo de la silla pequeña de anea, orillada en la parte alta del hogar y bajé las escaleras corriendo, atravesando la carpintería sin entretenerme en nada, y salí a la calle enfilando hacia la Placilla. Antes de torcer la esquina del Marto, oí a mi madre: “¡Si no lo haces, te quedas sin Reyes!”.

»Regateaba las piedras, los hoyos. Tiraba a gol a las puertas de los corrales. Había estrenado balón ¡de cuero! esos días. Me lo habían dado con los cromos de las libras de chocolate. En realidad me faltaba uno para completar el cuadernillo, pero el tío Amancio, que era grandullón y de buen corazón, hizo la vista gorda ante aquella minúscula falta y me dio el balón. El tío Amancio no era tendero ni nada por el estilo, era carretero y viajaba con madera desde los Pinares (de Soria) a los pueblos de Navarra, de donde subía chocolate y algún otro producto, que vendía en su casa.

»¡Eran así los tiempos! Nacían primas, se jugaba al balón y venían los Reyes: tres barricas de guirlache, dos lapiceros y una goma».

jueves, 27 de diciembre de 2012

Palabras para bibliotecas (¿cerradas?)

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Se acerca Año Nuevo. En la política se dice que hay que hacer gestos. O sea, parecer que se mueve ficha, aunque no tenga beneficio alguno para la partida. Pero -como canta Cohen- tienen las fichas cargadas. Uno de estos gestos es reducir los servicios de bibliotecas: cerrar suscripciones de revistas, no adquirir libros, música o películas, dejar de contratar personal, cerrar bibliotecas y llevarlas a otras dependencias municipales (tal los centros cívicos)... Y un largo ecétera para salvar la poltrona: cambiarlo todo para que nada cambie.

Por ello, viene a cuento el poema de Valente:

No inutilmente

Contemplo yo a mi vez la diferencia

entre el hombre y su sueño de más vida,

la solidez gremial de la injusticia,

la candidez azul de las palabras.

No hemos llegado lejos, pues con razón me dices

que no son suficientes las palabras

para hacernos más libres.

Te respondo

que todavía no sabemos

hasta cuándo o hasta dónde

puede llegar una palabra,

quién la recogerá ni de qué boca

con suficiente fe

para darle su forma verdadera.

Haber llevado el fuego un solo instante

razón nos da de la esperanza.

Pues más allá de nuestro sueño

las palabras, que no nos pertenecen,

se asocian como nubes

que un día el viento precipita

sobre la tierra

para cambiar, no inútilmente, el mundo.

¡Ánimo y Feliz Año Nuevo!

viernes, 21 de diciembre de 2012

Suerte blanca

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Son muy numerosos los relatos sobre la suerte, buena o mala. No es de extrañar, pues está presente en muchos de los momentos de la vida. Incluso, decide alguna de las direcciones que tomamos en nuestro devenir. Quienes analizan las posibilidades que tenemos de acertar ante una ruleta, coinciden en señalar que un tanto por ciento (no muy elevado) está en manos de la suerte.

Algo inesperado llega a nuestra vida. Hay quien lo considera un golpe de fortuna, pero es el tiempo el que se encarga de mostrar si lo es o no lo es. Uno de los cuentos más citados sobre ello es el anónimo del caballo y el campesino. Se dice que es sufí, taoísta, chino…

«Había un granjero al que sus paisanos consideraban afortunado por tener un caballo que utilizaba para labrar y transportar la cosecha. Pero un día el caballo se escapó. La noticia corrió pronto por el pueblo, al llegar la noche, los vecinos fueron a consolarlo por aquella grave pérdida: “¡Qué mala suerte has tenido!”. La respuesta del granjero fue un sencillo “puede ser”.

Pocos días después, el caballo regresó trayendo consigo tres yeguas que había encontrado en las montañas. Enterados los aldeanos, acudieron de nuevo, para darle la enhorabuena y comentarle su buena suerte, a lo que él volvió a contestar: “puede ser”.

Días más adelante, el hijo del granjero trató de domar a una de las yeguas, pero está lo arrojó al suelo y el joven se rompió una pierna. Los vecinos visitaron al herido y lamentaron su mala suerte; el padre respondió otra vez: “puede ser”.

Meses más tarde, aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Por la tarde, los aldeanos que habían despedido a sus hijos se reunieron en la taberna y comentaron la buena estrella del granjero, más este, contesto nuevamente: “puede ser”».

Sonríe, es la suerte.

[la fotografía de la planta es del blog lucamaluy; la de los caballos de vientosdolo].

lunes, 17 de diciembre de 2012

Infierno prometido

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«El cafishio saludó cortésmente al dueño de la cabaña y, agachando ligeramente la cabeza, entró. La mujer estaba detrás de la mesa de tablas con un recipiente humeante. El cabello apenas dejaba el rostro al descubierto. Al fondo, semi en penumbra, se dibujaban las siluetas de unas criaturas junto a la lumbre macilenta. Él no se quitó el abrigo, que mantuvo con los botones desabrochados, dejando ver la pulcra camisa y el traje bien planchado.

―¿Un té? –ofreció el dueño, con ojos expectantes, mientras mostraba una silla en el lado de la mesa donde había una taza de porcelana algo desconchada y un trozo de bizcocho.

―Gracias. El viaje desde Plov es algo fatigoso –dijo el recién llegado, que tomó su tiempo en tragar el brebaje y sacar un blanco pañuelo con el que limpiarse los labios–. Ya le habrán dicho. Emigré hace unos años a Argentina. He hecho fortuna y vuelvo a Polonia en busca de una mujer judía para convertirla en mi esposa. Y, según tengo entendido, por su virtud, esa puede ser Ruchla.

―¡Pero Ruchla es muy joven, señor! –saltó la mujer–, creíamos que se interesaba por la mayor, por Sara. –Pronto se arrepintió de haber hablado, al recibir la mirada que le dirigía su marido.

―¡Oh, siento que se haya producido este malentendido! Si ese es su deseo, no les molesto más.

[…]

Un mes después, Luba subía al barco en Le Havre. Ya amainaban las lágrimas que le produjo la noticia, dejar el pueblo, sus hermanos. Eran cuarenta y cinco. No verían a sus maridos hasta llegar a América, les dijeron. Entretanto, quedaba tiempo para comer en abundancia, dormir plácidamente y contemplar las estrellas. A la llegada a Buenos Aires les esperaban unos carruajes que las condujeron al hotel ¡en el que tenían habitación propia!

Allí podrían hacer vida de sociedad y conocer a un hombre cada diez o quince minutos…»

******************************

Es el modo en que operaba la mafia Varsovia en Buenos Aires durante las primeras décadas del siglo veinte. Después se llamaron Zwi Migdal. Organización judía dedicada a la prostitución. No diferente de las italianas, españolas o alemanas. Pero de un potencial que llegó a contar con más de 400 “empleados”, montar unos 2.000 burdeles y controlar unas 4.000 mujeres. Beneficios millonarios con los que construir sinagogas propias, hoteles, y hasta un cementerio, pues la comunidad judía luchó contra ellos con ahínco y los estigmatizó.

Numerosos libros se hacen eco de su existencia. El último de ellos, de Elsa Drucaroff, El infierno prometido (2006, El Aleph, 2010) donde la protagonista escapa de este mundo con un anarquista. Pero también puede leerse (no diremos que con placer) el de Albert Londres, El camino de Buenos Aires (1927) o el de Myrtha Schalom, La polaca (2003), novela sobre Raquel Liberman (la mujer que denunció a la mafia) o el del comisario Julio Alsogaray, Trilogía de la trata de blancas (1933), salpicado de antisemitismo sin fundamento.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Victoria mortal. Boudica

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El cine ‒La reina de la guerra, 2003‒ y la literatura refieren las hazañas de Boudica, la reina del pueblo británico de Icenos (hacia Norfolk) que en los años sesenta de nuestro siglo primero lidera una importante rebelión contra los romanos, la cual termina con sangrienta derrota en la batalla de Watling. El historiador romano Tácito en sus Anales y el historiador griego Casio Dio en Historia de Roma dan cuenta de los hechos, a su manera (podíamos decir hoy, a la manera nacionalista). El asunto es que en Roma era costumbre, entre las clases pudientes, realizar lecturas entre plato y plato durante los banquetes, de lo que se encargaban los epitomadores, los que eligen los textos, los cuales gustaban de que tuvieran retórica.

Uno de estos celebrados epítomes es el supuesto discurso o arenga que Tácito atribuye al gobernador Suetonio Paulino antes de la decisiva batalla:

«Ignorad el alboroto de esos bárbaros y sus huecas amenazas, hay más mujeres que hombres en sus filas. No son soldados, ni están debidamente equipados, los hemos vencido antes y cuando vean nuestras armas y nuestro valor, se desmoronarán… ¡Qué gloria os espera! Nuestra pequeña fama obtendrá el reconocimiento de todo el ejército; manteneos juntos; arrojad las jabalinas, cargad con vuestros escudos, rematadlos con vuestras espadas, olvidaos del botín, arremeted y ganad y lo tendréis en abundancia».

Nada probable que fuera algo tan extenso. Lo que sí es cierto es que la masacre fue casi total. Boudica parece que se suicidó para no ser hecha prisionera. Significa Victoria.

viernes, 7 de diciembre de 2012

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¿Por qué aprendemos a leer y a escribir? Ello nos supone considerable esfuerzo. ¿No podíamos desarrollan una civilización basada en formas de conocimiento más sencillas?

Alguna de las posibles respuestas las hallamos en las situaciones en las que la enseñanza se hace por maestros ambulantes. Ha sucedido en España hasta hace pocas décadas. Se produce en zonas bastante dejadas de la mano de los gobiernos, especialmente en ambientes rurales, habituados al trabajo en el campo de sol a sol, pero en el que muchos de sus habitantes tienen ansias de conocimiento y, en especial, pretenden dotar a su descendencia de medios con los que poder ganarse la vida con mayores garantías que lo que han dispuesto ellos.

Es así que nos agradan los sitios en internet en los que se nos ofrece información sobre estas singulares experiencias. De ahí que celebramos el montado sobre el área de Tarifa, lugar dejado para actividades militares, donde el señoritismo ha sido dueño de vidas y destinos. Beatriz Díaz Martínez nos adentra en un mundo que tiene muchas de las respuestas a preguntas que nos hacemos durante la vida.

[La imagen es del texto La triste realidad, de Feliciana Rodríguez, presente en el sitio de Tarifa]

lunes, 3 de diciembre de 2012

Desacuerdos. Amor en el tiempo

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Hay personas con las que estamos en desacuerdos profundos y que, al tiempo, nos producen una corriente de simpatía hacia ellas. Nos resultan cálidas y atractivas. Pensamiento y sentimiento. Dos realidades que no siempre caminan juntas en nuestro interior. Y en nuestro exterior, claro. Bien lo vemos todos los días, por ejemplo, al convencernos de la corrupción en nuestra clase política y, no obstante, acudimos a las urnas como si nada. O al quedar demostrado que el dinero va a las esferas financieras y, sin embargo, dejamos que continúen los deshaucios.

Una de las personas que (en mi caso) da cobijo a esta contradicción es Ernesto Cardenal. Ni su posición marxista ni su posición cristiana terminan de llenarme, pero desde hace muchos años leo con fruición sus epigramas (Te doy, Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña […] Me contaron que estabas enamorada de otro / y entonces me fui a mi cuarto / y escribí este artículo contra el gobierno / por el que estoy preso) (Ella fue vendida / a Kelly & Martínez / Cía Ltda., // y muchos le enviarán / regalos de plata. // Y otros le enviarán / regalos de electroplata, // y su antiguo enamorado / le envía este epigrama.) y sus salmos (Escucha mi protesta / porque no eres tú un Dios amigo de los dictadores / ni partidario de su política / ni te influencia la propaganda / ni estás en sociedad con el gánster) y su epitafio para Joaquín Pasos (Aquí pasaba a pie por estas calles, sin empleo ni puesto / y sin un peso) y la oración por Marylin Monroe (Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia) y…

Y yo soñaba, incluso, con el viaje a las islas del hospedaje, a Solentiname, antes de que se llenara de artistas, cuando los tiburones todavía daban miedo y se leían estrofas del evangelio de Cardenal.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

La mil caras de la realidad. Proteo

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Si fuera enseñante de periodismo y alguien del alumnado me entregara un artículo con título semejante al que aquí intitula esta entrada, le rebajaría la calificación de inmediato, pues me resulta de lo más tópico, pero… al no ser lo uno ni lo otro, puedo permitirme hacerlo y exponerme únicamente a la reconvención de la Bibliotecaria (que, de seguro, comparte este gusto conmigo).

Diego López en su libro Declaración magistral de los Emblemas de Andrés Alciato, que vio la luz en Nájera (Logroño), en 1615, por obra de los talleres de imprenta Juan de Mongastón, dedica uno de ellos a Proteo. Se dice que la obra del italiano Alciato (1492-1550), aparecida por primera vez en 1531, conoce más de 170 ediciones en varios idiomas. El emblema (en-blema griego, ‘poner dentro’, lo que podemos denominar jeroglífico) es un género que suele consistir en una imagen alegórica que explica el epigrama (o frase) que viene a continuación.

Por otra parte, Proteo es Dios mitológico relacionado con el mar y con la adivinación. Pero tiene sus rarezas y, cuando se le cruza el día, no le apetece realizar predicciones, por lo que cambia de forma y solo se aviene a predecir a quien es capaz de capturarlo, lo cual es preferible intentarlo cuando sale del agua y se echa la siesta en la playa, allá por Creta o por Faro. Lo bueno que tiene es que suele cansarse de tanto cambiar y, al final, el hombre nos echa la buenaventura. Pero vayamos al emblema de la Declaración magistral…, que dice así:

"Lector: Proteo, que, al parecer, representante / semejas y otra vez fiera pareces, / siendo otra vez al hombre semejante, / ¿por qué en diversas formas tantas veces / trasmudas y conviertes tu semblante?"

"Proteo: Soy de la Antigüedad, a quien te ofreces, / y del primero siglo suma y cuenta, / del cual cualquiera como quiere inventa".

La verdad, no sé si nos interesa cultivar demasiadas relaciones proteicas.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

As. Valor de las palabras

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Hay autores de narraciones o poemas con propensión a que los incluyamos en libros explicativos de literatura. Uno de ellos, por su sencillez y hondura, es Pedro Salinas Cuando leemos poesía, nos topamos con las palabras. En principio, parece que todas tienen valor poético similar, pero no es así. Si leemos ruiseñor, pena, mariposa… sentimos una predisposición distinta hacia el poema que si nos topamos con adoquín, hierba o murciélago.

Mañana. La palabra

iba suelta, vacante,

ingrávida, en el aire,

tan sin alma y sin cuerpo,

tan sin color ni beso,

que la dejé pasar

por mi lado, en mi hoy.

Pero de pronto tú

dijiste: «Yo, mañana…»

Y todo se pobló

de carne y de banderas.

Se me precipitaban

encima las promesas

[…]

¡Mañana! Qué palabra

toda vibrante, tensa

de alma y carne rosada,

cuerda del arco donde

tú pusiste, agudísima,

arma de veinte años,

la flecha más segura

cuando dijiste: «Yo…»

(de La voz a ti debida) [La mariposa es de Noelia76]

viernes, 16 de noviembre de 2012

Conectar anotaciones a lápiz y paseos

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Uno de los juegos preferidos que realizamos la Bibliotecaria y yo es hablar de asuntos o lecturas que estamos teniendo y hacerlo según nos parece, sin sentido aparente, para después, a lo largo de la jornada o días, enlazar los contenidos de manera más o menos imaginativa. Siempre nos sorprendemos del resultado.

Es así que la Bibliotecaria me habla de la presentación que elabora André Maurois para el libro Aproximations, de Charles du Bos (París, Ed. Fayard, 1965) ‒magníficos ensayos y acercamientos críticos a temas y personas de la cultura‒. Maurois recuerda que Du Bos llevaba siempre «en el bolsillo interior de su traje, varias docenas de lápices maravillosamente afilados. Se le veía en Pontigny anotar un libro a mano, utilizando uno de esos lápices de punta muy fina, subrayando lentamente páginas enteras» (A. Maurois, "Introducción a Aproximations de Du Bos", pág. 15). Muchas de las entrevistas recogidas en este volumen fueron preparadas con un seguimiento de las obras de quienes son entrevistados, con la atención de la lectura y los útiles de trabajo afinados ‒es decir, a través de esas anotaciones- y, a la vez, con un conocimiento intelectual de las personas.

Yo soy menos leído y le hablo a la Bibliotecaria de que Guy Sorman, también en un libro de entrevistas, Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo (Barcelona, ed. Seix Barral, 1989), evoca (en su página 5) cómo «la larga tradición que encontramos tanto en la Europa de la Edad Media como en el Asia clásica requería que el aprendiz, colegial o novicio, recorriera largas distancias para ser instruido por algún maestro lejano».

¿Qué conexiones hallaremos?

lunes, 12 de noviembre de 2012

Lucha de libro con capucha y tres palabras

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Si vives (o pasas) por Perú y te acercas (o estás) en Lima y deseas publicar un libro y no tienes medios para hacerlo y te empeñas en ello y no te importa quedar las noches de los lunes… pues apúntate al próximo torneo de lucha libro, pues el anterior acaba de celebrarse este otoño e el Bar La Noche en la zona de Barranco y allí, además de tomarte un café, puedes participar en el concurso, te vistes con indumentaria apropiada a la lucha, incluida la capucha, te anuncia una chica de la hora, te sientas en un cuadrilátero mesa, te proporcionan tres objetos (palabras) y, en el plazo de cinco minutos, vas escribiendo una historia que se va proyectando en la pantalla gigante que hay detrás de ti, concluida lo cual, un jurado dictamina si tu narración es la ganadora con quien ha ido antes (o después) de ti, es decir, con quien se postula como contrincante de letras, si pierdes tienes que desprenderte de la capucha, si ganas continúas compitiendo con otra gente escribiente hasta que solamente quede una persona, la cual tiene derecho a que la editorial local Mesa Redonda publique su ansiada historia.

Una idea de Christopher Vásquez y Angie Silva que permite al público gritar y vocear sus relatos favoritos, ya hay participantes que nos hablan de su experiencia. Y parece que se va iniciando en esta parte del Atlántico.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

¿Es revolucionaria la resignación?

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La escritura es fruto, en múltiples ocasiones, bien de la pasión bien de la casualidad. Estos son dos de los motivos que impulsaron al mexicano Octavio Paz (1914-1998) a elegir los poemas que traduce al español. La gran capacidad de este literato (tan vivo) no se manifiesta solo en la propia creación, sino que se extiende a campos tan exigentes como este de recrear en otro idioma, máxime tratándose de la poesía (con obras tan concentradas). En 1973 dio a luz un libro con parte de lo realizado hasta entonces, que lleva por título Versiones y diversiones, el cual ha sido actualizado y completado en la edición de Galaxia Gutenberg en el año 2000 (imprescindible para quienes gusten y degusten con esta música). Es tal la amplitud que presenta, que hay quien la considera una antología de la poesía terrestre.

Si traduce a Pessoa o a Michaux por pasión, con otros poetas lo hace por casualidad, como le sucede con Harry Martinson (1904-1978), poeta sueco, también Nobel (compartido con Eyvind Johnson) como Octavio, tempranamente huérfano, cedido a familias de agricultores que lo explotan (y maltratan), hasta que se embarca y recorre mundo; experiencias que cuenta en Las ortigas florecen y El camino de la libertad [las dos traducidas]. Pero paremos aquí su periplo y leamos unos de los poemas traducidos por Paz:

La mejor solución

La resignación se encarga de arreglar casi todo:

poco a poco se forma una suave costumbre del dolor.

Eso acontece sin protestas y sin vivas.

Uno se esfuerza hacia arriba

y se acostumbra hacia abajo.

No son las revoluciones, sino las resignaciones

las que han permitido al hombre que viva,

si es que en realidad ha vivido.

Nadie, sin embargo, ha sobrevivido.

Es posible arreglar las jubilaciones,

pero las resignaciones se arreglan sin nadie.

Alivian poco a poco y sin cesar todas las instituciones

de las obligaciones y de las opiniones.

Y el ocaso, sonríe.

En los discursos públicos actuales, no tiene mucha cabida Martinson, pero en la vida privada cuenta con muchos seguidores.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Libre te quiero. In memoriam Agustín García Calvo

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Cuando en la juventud encuentras a alguien que piensa y que te hace pensar, has hallado un tesoro. Eso es lo que era Agustín García Calvo (1926-2012) para mucha de la gente que andábamos discutiendo cómo funciona el mundo y cómo nos gustaría que funcionara. Además, alguien que nos descubría mundos diferentes –más personales, colectivos y libres– a los pintados por el marxismo imperante en la izquierda española. Cuando pasábamos por Zamora (hacia Sanabria, Portugal o, simplemente, a la feria de los ajos), nos acercábamos al caserón de la Rúa de los Notarios para ver las novedades de Editorial Lucina, llevada por sus parientes, claro, porque Agustín era lo más negado que hay sobre la tierra para administrar su patrimonio.

Y, cosa extraña, era un autor que nunca se preocupaba por ir a las librerías (algo de incógnito) a ver si sus libros se vendían y que nunca preguntaba a la editorial cuándo iba a salir al mercado el texto que les había entregado. Tal vez se pueda encontrar otras dos o tres personas que actúen así, pues quienes escriben suelen padecer de un considerable grado de autoestima. Él tendía más a lo teatral, a expresarse en el escenario de salas de conferencias con gesto amplio y palabra exacta y grandilocuente. Los miércoles del Ateneo madrileño conocen bien de esto en la sala romántica de la Cacharrería.

Por si fuera poco, para los grupos que no disponíamos de solvencia económica, siempre estaba dispuesto a acudir donde lo llamaras de forma gratuita (incluso aportaba cuando podía su grano de arena para el viaje), sin preguntar quién más acudiría o dónde se iban a celebrar las charlas o las jornadas. Todo un catedrático de la Complutense, que, además, aseguraba lleno ese día.

Poeta, ensayista, filólogo clásico… Entre sus posturas consecuentes, estaba la de no acudir a la televisión, medio y aparato que consideraba funesto para la civilización.

Cómo no escuchar ahora su poesía musicada por Amancio Prada. Que la tierra te sea leve.