miércoles, 30 de octubre de 2013

¡FELICIDADES BURGOSTECARIOS! ¡6 AÑOS EN MARCHA!

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Otro año más, un 24 de octubre de 2007 nació este blog como un intento de que se diera la confraternización y camaradería bibliotecaria, como un intento de bucear en los incipientes beneficios sociales que parecían provenir de la  Web 2.0 , twitter no tenía el tirón que tiene actualmente ni Facebook existía como tal y los blogs se descubrían como un mundo nuevo en el que interactuar con otros era sencillo y francamente divertido.

Y así sin más ni más sólo porque el día era propicio, "El día del libro" nos metimos de lleno en un mundo desconocido.

Gracias al cual, nos conocimos mejor nosotros mismos como bibliotecarios, conocimos a otros, como Frikitecaris (geniales e inspiradores), Bibliotekaro desde Chile, Bipolar en la Universidad, Blogófago impulsor de la Burgosfera, Kokicid, La Acequia y Pedro Ojeda Escudero, Raquel de Gamonal, Manzacosas... nuestro querido manzacosas..., desde Edimburgos nos llegaban habitualmente mensajes y regalos varios, Caín San... y muchos más.... y todo esto se nos regaló por navegar y bucear en la Red, impresionante el conocimiento, la diversión y todo lo obtenido.

Gracias también y de manera muy especial a su continuador que le ha dado al blog un prestigio y una clase fuera de duda, por sus conocimientos, cultura y buen hacer y sobre todo por ser una excelente persona, Lavelablanca, bibliotecario hasta la médula y por lo tanto trabajador infatigable, muchas, muchas, muchas gracias, esta felicitación es casi toda para tí.

Nada más, que este trabajo tan grato e intenso se mantenga todo el tiempo que "gugle" nos deje jejejeje.

Un brindis y unas pastas con "Ruibarbo" para todos. Besos enormes.

viernes, 25 de octubre de 2013

Amantes Libres

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Tengo el derecho inalienable, constitucional y natural de amar a quien yo quiera, de elegir el tiempo que va a durar ese amor y de sustituirlo cada día si es lo que me place. Y ante ese derecho intrínseco ni ustedes ni sus leyes pueden interferir.
Escribe Victoria Claflin Woodhull (1838-1927), de Ohio, en el semanario que dirige junto a su hermana Tennessee (1846-1923) a partir de 1870. Y ese derecho, claro, incluye el disfrute sexual y el empleo de anticonceptivos (pues no son partidarias del aborto). Lo cual no es tan evidente para las autoridades, que, desde 1850 persiguen la difusión y uso de los mismos (curiosamente, tolerados y publicitados en la prensa), dando en la cárcel con los huesos de quienes se atreven a contravenir las reglas.
El grupo de las Amantes Libres abogan porque la mujer pueda repudiar los matrimonios sin amor o los abusivos y que tengan potestad de decidir si desean relaciones sexuales, y llegan a decir que el sexo forzado dentro del matrimonio es violación, tal como podemos leer en el periódico Lucifer, una vez que lo llevan Lilliam Harman, Lillie D. White y Lois Waisbrooker (1826-1909), mujeres, por lo general, librepensadoras, espiritistas y prolíficas escritoras. El amor libre (dentro o fuera del matrimonio o de la unión libre) es uno de los derechos de la libertad social, e impulsa a la mujer a ser amante de su propia persona (ese quiérete a ti misma, que decimos hoy).
La mayoría de ellas pasan años de cárcel, perseguidas por obscenidad, al celebrar ceremonias privadas de unión sentimental o publicitar contraceptivos. Y fueron más allá, al relacionar la violencia con la guerra, y la desigualdad económica entre los sexos y las clases con lo que llamamos males sociales: pobreza, prostitución, injusticias…
También hay hombres en el movimiento Amantes Libres: Josiah Warren, Henry James, Canning Woodhull, etc., que durante más de cincuenta años sorprenden a la puritana sociedad estadounidense.
[Esto y mucho más en Rebeldes periféricas del siglo XIX, de Ana Muiña (La Linterna Sorda, 2008)]

jueves, 24 de octubre de 2013

FELICIDADES BURGOSTECARIOS! 6 AÑOS EN MARCHA!

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Otro año más, un 24 de octubre de 2007 nació este blog como un intento de que se diera la confraternización y camaradería bibliotecaria, como un intento de bucear en los incipientes beneficios sociales que parecían provenir de la  Web 2.0 , twitter no tenía el tirón que tiene actualmente ni Facebook existía como tal y los blogs se descubrían como un mundo nuevo en el que interactuar con otros era sencillo y francamente divertido.
Y así sin más ni más sólo porque el día era propicio, "El día del libro" nos metimos de lleno en un mundo desconocido.
Gracias al cual, nos conocimos mejor nosotros mismos como bibliotecarios, conocimos a otros, como Frikitecaris (geniales e inspiradores), Bibliotekaro desde Chile, Bipolar en la Universidad, Blogófago impulsor de la Burgosfera, Kokicid, La Acequia y Pedro Ojeda Escudero, Raquel de Gamonal, Manzacosas... nuestro querido manzacosas..., desde Edimburgos nos llegaban habitualmente mensajes y regalos varios, Caín San... y muchos más.... y todo esto se nos regaló por navegar y bucear en la Red, impresionante el conocimiento, la diversión y todo lo obtenido.
Gracias también y de manera muy especial a su continuador que le ha dado al blog un prestigio y una clase fuera de duda, por sus conocimientos, cultura y buen hacer y sobre todo por ser una excelente persona, Lavelablanca, bibliotecario hasta la médula y por lo tanto trabajador infatigable, muchas, muchas, muchas gracias, esta felicitación es casi toda para tí.
Nada más, que este trabajo tan grato e intenso se mantenga todo el tiempo que "gugle" nos deje jejejeje.
Un brindis y unas pastas con "Ruibarbo" para todos. Besos enormes.

sábado, 19 de octubre de 2013

Compromiso. Dime con sinceridad...

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No tengo la completa seguridad de que seamos esa mezcla de cómo nos vemos nosotros y de cómo los demás nos ven. A veces atribuimos a otras personas virtualidades que no poseen. Al menos eso ocurre hacia mí cuando alguien conocido me pasa el reciente libro que ha escrito y me dice quiero que lo leas y que me des tu opinión; pero, sobre todo, que sea sincera, ¿¡eh!? ¡Buf!, la vista se me nubla un tanto y alargo la mano algo temblorosa, aceptando el volumen que me ofrece sonriente, temiendo que pueda caérseme y rogando a los cielos que no sea de poesía.
¿Qué te está pareciendo? ¡Es increíble que con esa persona los días transcurran tan rápidos! ¡Bien, bien! ¡A ver si quedamos a tomar un café y me dices! ¡Ya, ya. Tiene fuerza expresiva, tiene fuerza expresiva! Y no sé bien qué hacer durante una temporada, entrando con precaución a los sitios que nos son comunes, mirando antes por los cristales de las cafeterías… Al final, me decido -porque deseo volver a tener agradables despertares- y quedamos y le suelo decir lo que me parece y… tengo una amistad (o conocencia) menos.
Y es que, a la hora de prestar mi opinión me rijo por (si el texto susodicho atiende) aquella indicación de Juan Ramón Jiménez: Tú me llevas, conciencia plena, deseante dios, / por todo el mundo.
Además de lo que escribe Borges en La cifra (1981):
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.
¡Todo por la manía de escribir!

 [Las ilustraciones son Safo y Erinna, de Samuel Solomon (1880). Y Libro nido para la lectura, de Mark Reigelman].

sábado, 12 de octubre de 2013

Los daños del libro. Novelas y mujeres

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Divino favente numine inventa
‘Don precioso del cielo’ llamó la Iglesia a la imprenta en su aparición. Pero el correr del tiempo le hace deplorar que se hubiera descubierto esa «rueda terrible». Así lo pone de manifiesto Antolín López Peláez (1866), leonés de Manzanal del Puerto, muchacho de memoria prodigiosa, habitante de tierras gallegas, que llega a Burgos con una canojía de la catedral en 1893, y a partir de 1905 es obispo de Jaca y Tarragona, desde entonces senador permanente del reino. En 1907 publica su décimo octava obra: Los daños de libro (Barcelona, Editorial Gili), en la que despacha a gusto con la producción editorial que sale de las cada vez más perfeccionadas máquinas impresoras, impregnadas estas maravillas de la mecánica moderna de grande espíritu de irreligiosidad y de inmoralidad. De sus abismos, «brotan con ímpetu de catarata diluvios de tinta venenosa; la inmensa ola negra […] sumerge el orbe en sus más impuras heces y en sus amargos posos y corrompe la atmósfera con sus deletéreas emanaciones».
Por ello, La censura eclesiástica –otra de sus obras, de 1904– se hace imprescindible en la lucha contra el engaño de esas obras que constituyen el cibus animarum, ‘el alimento del alma’, adornadas taimadamente con la galanura de la frase y el brillo de la elocuencia –el fulgor operis y el sermonis pulchritudo (decía Orígenes)–, con la pureza de una dicción sin tacha y la estructura galana y castiza de la frase, con donosos giros del idioma y preseas resplandecientes de estilo, lo cual seduce al lector y le adormece dulcemente con sus arrullos y, como Dalila a Sansón, le corta la cabellera del temor santo. No otra cas realizan esos «bellos espíritus de la incredulidad» como Rousseau, Víctor Hugo, Hoffman, Zola, Renán…
«La lectura de novelas puede concluir por alterar violentamente la regularidad del funcionamiento de los nervios, produciendo trastornos cerebrales muy profundos. Persona tan competente é imparcial en la materia como lo era Tissot, ha hecho esta afirmación: “de todas las causas que han dañado la salud de las mujeres, la principal ha sido la multiplicación de las novelas en estos últimos tiempos”. Las mujeres, sobre todo, reciben intensas emociones con su lectura; y es una verdad, que, como escribe don Rafael Salillas en La teoría básica (Madrid, 1901), “fisiológicamente, la emoción produce constricción ó dilatación de los vasos y espasmo de los músculos orgánicos…. Por causa emocional se producen igualmente exaltaciones y depresiones, claridades y obscurecimientos de la mente”. No es raro que las mujeres entregadas á estas perturbadoras lecturas padezcan de histerismo, tengan pesadillas, y prorrumpam por el menor motivo en llanto nervioso; y algunas hay que al concluir una novela que las ha impresionado mucho, sienten que se les obscurece el entendimiento y les falta la memoria, quedando durante algún tiempo sin saber siquiera dónde están…» (página 150).

No sabemos dónde han ido a parar hoy este tipo de novelas.

lunes, 7 de octubre de 2013

Pasado y presente

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 Y en lugar de la casta y orgullosa flor de lis, llevaban la más modesta de todas las flores: la violeta. (Joseph Roth, Cien días)
«Vi cómo llegaban. Nos acompaña el dolor. Al nacer, se acerca a nuestra cuna y, en adelante, nos iguala y nos diferencia. Resulta ficticio soñar que nacemos libres y disponemos de los mismos derechos. Únicamente los íntimos dolores que aparecen a lo largo de la vida (y sus correspondientes gozos) nos asemejan. El otro dolor, el que proviene de la necesidad, del hambre o de la miseria no se reparte con equidad.
»Por ello, aquella mañana de mayo (cuando vi cómo llegaban) llevaban prendidas violetas en las solapas. Esa pequeña flor inundaba los pechos de morado naciente en una catarata que se derramaba hasta los pies y tenía los bordes de los caminos que conducían a la gran casa de diminutas estrellas que fueron esparciéndose en las curiosas espigas.
»Me hallaba limpiando de hierba los setos de la parte trasera del palacio, cerca del prado donde la familia y los invitados jugaban al cróquet, cuando una niña señaló hacia los balcones de la primera planta, donde las sirvientas gritaban y gesticulaban ostentosamente con los brazos indicando hacia el otro lado del edificio.
»Creo que eran tres los tropeles que llegaban por distintos caminos, confluyendo, a poco de asomarnos, frente a las verjas del jardín de la entrada principal. Niños, ancianos, mujeres, hombres… emitían un solo sonido –enorme– en el que podían distinguirse la palabras Libertad, Pan, Trabajo, Justicia. El enjambre se convirtió seguidamente en una ola que fue trepando el enrejado. Las espinas de los rosales que rodeaban los barrotes hacían saltar pequeñas gotas de sangre…
»Sin verme, pasaron por encima y expiré cuando las llamas comenzaban a salir por las ventanas de la planta baja. La ayudante de cocina más joven, que ha muerto hace un par de semanas, me ha contado que el humo se vio durante días en kilómetros a la redonda, hasta que la lluvia apocó las brasas».

martes, 1 de octubre de 2013

Cosecha y lluvia

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Se acerca el tiempo de cosechar. Es hora de proveer para alimentar el sensible espíritu durante los largos días invernales. Las ramas miran al suelo bajo el peso del agua. Las hojas maduran. Llega –corriendo– el segador viento con su afilado soplo, voltando el tomento de los tilos hasta posar terciopelo en el suelo. Los pétalos de las tardías rosas se acoplan gustosos, en el volumen de la mesilla de noche, en el diario orillado en los días veraniegos y recuperado en el mimoso octubre. El fruto siena de los álamos se esconde muy conforme entre los poemas. El néctar palmeado de los arces gusta de las páginas valientes de las autobiografías. El trasparente amarillo redondo de las moreras prefiere el dolor. Los olivos… el recuerdo.
Lluvia en la casa
La lluvia, otra vez la lluvia sobre los olivos.
No se por qué volvió esta tarde
si mi madre ya se fue,
ya no viene a la terraza para verla caer,
ya no levanta los ojos de su costura
para preguntar: Oyes?
Oigo, mamá, es otra vez la lluvia,
la lluvia sobre tu rostro.
(Eugenio de Andrade, que repetimos)

Se acerca la primavera de la nieve.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

¿Quién es quién? El cristal de la muerte

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¿Quién es quién? Nuestra cara es la máscara del carnaval cotidiano. Busquemos donde busquemos, busquemos en quien busquemos, nunca nos encontraremos a nosotros mismos sino cuando ya no podamos contárselo a nadie. Entonces, cuando ricos de silencio se nos revele claramente quiénes fuimos, empezará otro teatro, otra escena que nadie podrá ver: la elocuencia de una nueva infancia, un principio que es un final, la mentira visible de nuestra identidad. La Muerte es una máscara de cristal.
Escribe así Dionisio Cañas, tomellosino recogiendo en Nueva York literaturas hispánicas y derramando versificaciones como la que dedica a la vida de Billy Tipton (1914-1989) en La balada del hombremujer (2008, Colección Desatada de Editorial Egales). Ese hombre –Billy– enamorado del jazz a tal punto que disfrazó su ser femenino –Dorothy Lucille Tipton– en apariencia masculina y vivió el malditismo nómada de la cultura norteamericana, envuelto en su pasión musical, con cierto renombre como pianista y saxofonista, aunque sin lograr un virtuosismo que le hiciera sobresalir.
 

¿Cómo era su vida amorosa? ¿Puede entenderse que ni sus esposas ni sus tres hijos (adoptivos) estuvieran al tanto de su transformación, sucedida en los años cuarenta? Los últimos veinte años de su vida, desahuciado de los escenarios por una artritis, serían de soledad cuando los vivió en una casa rodante.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Cuentos de familia

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En estos días finales de verano coloreados por las rosáceas flores del árbol de Júpiter y de las rosas de Siria –asientos de Asia Menor–, mientras los coches amanecen sudados en la rosada de la mañana, me viene a la mente la niña del cuento que deseaba ser huérfana y ansiaba quedarse sola en el mundo para disponer de todos los juguetes y contemplar la llanura despreocupadamente.
Homero. Ilíada es un texto basado en el relato homérico clásico, de cierta consistencia, necesitado de varias horas para su lectura, lo que no fue óbice para que fuera leído en el otoño de 2004 en espacios públicos de Roma y Turín, a los que había que asistir pagando entrada y a los que acudieron más de diez mil oyentes-videntes. La sesión de Roma se retransmitió en directo por radio, teniendo constancia de que numerosas personas permanecieron hasta su final dentro de sus coches en los aparcamientos.
Su autor, Alessandro Baricco, es de sobra conocido por regentar una escuela de escritores (de nombre Holden [que, por cierto, a su creador, Salinger, le están amargando el descanso eterno]) y por ser un excelente novelista, es decir, un agudo observador de costumbres y de la condición humana. Pues bien –decimos–, su autor, a la hora de explicar el éxito de prolongada audiencia en los aparcamientos, se inclina por admitir que no lo fue tanto por la emoción del texto (al imaginarse, por ejemplo, a Eneas herido en el fragor de la batalla, protegido por los dioses al esconderlo bajo un pliegue de su manto), sino “a lo mejor solo fue porque estaban hartos de su familia”.
Literatura y familia.

[Niña con juguetes es de Nelson Romero, tomado del interesante blog El hurgador, arte en la red]

viernes, 13 de septiembre de 2013

Pacíficas bibliotecas (incendiadas en el sueño)

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En fácil asociación de palabras, podemos unir bibliotecas y paz o sitio en el que se favorecen sentimientos pacíficos. Seguro que si les preguntamos a madres y padres acerca de los lugares en los que sienten que sus adolescentes retoños les proporcionan menos quebraderos de cabeza, en las respuestas ocuparía uno de los primeros puestos la biblioteca del barrio (aunque otra cuestión sea lo que opine el amable personal de estos centros sobre ello).
Charles Bukowsky –El incendio de un sueño– tiene un poema significativo sobre la capacidad de influjo de las bibliotecas en templar caracteres:
La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles
muy probablemente evitó
que me convirtiera en
un suicida,
un ladrón de bancos,
un tipo que pega a su mujer,
un carnicero o
un motorista de la policía
[…]
Aquella biblioteca estaba
allí cuando yo era
joven y buscaba
algo a lo que aferrarme
y no parecía haber
mucho.
No nos asombran estas palabras viniendo de todo un Bukowski. Y menos nos extraña la conmoción que sufrió cuando, en 1986, su biblioteca sufre un incendio que permanece activo durante siete horas. El fuego y el agua (de los bomberos) inutilizaron unos 400.000 ejemplares, muchos de aquellos en que este adolescente se había salvado del naufragio primero.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Vladimír Holan. La partera

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En la acera

Es una vieja vendedora de periódicos
que cada día llega cojeando hasta aquí...
Cuando agotada ya no tiene fuerzas para llevarlo,
suelta el paquete de "Ediciones extraordinarias",
se sienta encima y se adormece...
Los que pasan delante
están tan acostumbrados que ni siquiera la ven,
y ella, misteriosa y muda como una sibila,
esconde lo que debiera ofrecer...

Empieza a llover…

Camino hacia el trabajo en esta cálida mañana con ausencia de viento y de voces humanas. Los patos agradecen la lluvia de tormenta caída hace escasas horas y el esquelético río Arlanzón revitaliza las cintas de sus riveras. En paralero al camino arbolado, los coches circulan con estridente zumbido. Leo a Vladimír Holan (1905-1980), una vida entregada a la poesía, traducido por Clara Janés Nadal (1940-), tal vez la persona que conoce su enigmático mundo de manera más singular. Es uno de sus libros esenciales: Avanzando (1943-1948), escrito en la época en que sus versos esperanzadores y de resistencia estaban en la boca de los habitantes de Praga durante la ocupación nazi; pero llegaron los rusos –a quienes saludó– y concluyeron que su posterior poesía –la que arriba leemos– era decadente, por lo que fue prohibida.


Pienso en que lo que puede hacerme hermoso no es el brillo que encontraré (y tanto atrae) al cruzar la puerta del nuevo edificio. Pienso en la la partera de Van Gogh

martes, 3 de septiembre de 2013

Por si (todavía) dispones de tiempo... y te apetece

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Si hubiera podido elegir, habría elegido la música […] Mi madre tocaba el calvincémbalo, y lo que ella tocaba con tanta perfección y pulcritud fue como la gota sin fin que penetró en mi cabeza. Así me encontré yo con el hecho de que iba por la calle y no podía dejar de cantar.
Escribe Clara Janés en una de las páginas de Jardín y laberinto (1990), texto con cuerpo de planto, y lo dialoga en La voz de Ofelia (Siruela, 2005), ese pequeño libro tan grande. La música. Parte de ese mundo que nos llega fuera de las órdenes y las imposiciones de cada día. Así que si no has gastado todo tu tiempo durante este veraniego mes, puedes (si quieres) emplear parte de él escuchando algunos acordes llegados de las manos de Khatia Buniatishvili  y Yuja Wang provenientes de Brahms. Nos vamos a lo fácil, dejando por ahora sus acercamientos a Horowitz, a Taub y a nuestro preferido: Skriabin (1872-1915), que recogió los ecos y los plasmó en partituras; ¿de dónde emergieron?; poco importa ahora si estaba interesado en vaivenes teosofistas o si –ciertamente– es el demonio quien inspira sus sonatas blancas y negras, su mesiánica, su éxtasis, su poema del fuego.



Imprescindible (para nuestra vida) la capacidad de oír colores –sinestesia– de este compositor y pianista ruso. Así como la de Clara Janés y Vladimir Holan de percibir la belleza entre el dolor del solitario destierro, presintiendo lo más allá, lo que está en la naturaleza –hojas, trinos, crepúsculos, rosas…– del entorno en que nacemos.

[La ilustración está tomada de artsandarchitecture.wordpress].

martes, 27 de agosto de 2013

Nacer (celebración en las Bibliotecas)

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Prácticamente, en todas las entradas de la bitácora mencionamos alguna obra de creación, ya sea literaria, pictórica o musical. Así, libros, canciones y cuadros pasan por nuestras líneas, en la mayoría de ocasiones porque nos han sorprendido agradablemente.

Y hoy celebramos algo más universal: el nacimiento, tal vez la creación más impactante que conocemos. El momento más demiúrgico que nos da la Naturaleza. El más humano. El más divino. Dos criaturas han venido en este verano dentro del personal de las Bibliotecas Municipales de Burgos.



¿Quién dice que las bibliotecas están en crisis? Felicidades.

(A quien ella sabe, pronto se las daremos. ¡Animo!)

[El cuadro de Caro-Delaville es Mi mujer y sus hermanas, 1904].

lunes, 19 de agosto de 2013

Leer en agosto

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Me limita la sencillez
Leer en agosto, en este tiempo aislado de la cotidianidad, sintiendo la compañía del calor del día y el frescor de las noches, en estos días de calles semivacías. No me acostumbro a la literatura. Me solivianta en muchas ocasiones. Desconozco si por el vacío suyo o por el mío. Así, leo Lluvia de hielo, de Peter Stamm, con lo enigmático de sus personajes, con la desorientación con que se mueven en el mapa de sus páginas, y no logra entusiasmarme.
En cambio, el lenguaje escuchado desde la niñez tiene –para mí– calidez en su solo deslizarse musical. Por ello, releo despreocupadamente los poemas de Ceremonia de la inocencia, de Ángel Sánchez Pascual, transpirados de exactitud (de lenguaje) y belleza:
Olvídate del alba y abandona
ese temblor de tanta amanecida
como llevas. Tú te hallarás más tuyo
si avanzas con el sol y con la sombra,
si sigues la creación del horizonte
como una línea al trazo de los ojos.
Déjate que te acoja la jornada,
que te aloje su huella, que te estalle
su inclinación al fin, y su declive
te clave los destellos del crepúsculo.
[…]
Mides el miedo con amor, que más
que miedo tiene timidez, y más
que todo el mundo tus razones para
poner la vida en el perdón, y para
desprender muy de ti los que más es tuyo:
tu pureza, que es tu comportamiento
más íntimo, y es el que más estimas,
porque, ¿qué hay tan importante como
sentir la exactitud de darse limpio?
Y es que el perdón es acto que no pierde
su propio sacrificio, porque es don,
no solo ofrecimiento que produce
piedad, sino también arriesga, vence,
redime la venganza, el egoísmo,

hasta alegrar tu sangre gota a gota.
[Read es de Isaac Salazar.]

martes, 13 de agosto de 2013

Martes y trece

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La palabra une la huella visible con la cosa invisible, con la ausente, con la cosa deseada o temida, como un frágil puente improvisado tendido sobre el vacío

                 (Italo Calvino)

En estos días en los que las golondrinas van dejando algo vacíos los cielos de Burgos y en los que vienen las magnolias a sus calles y parques, andamos en compañía de los pensamientos de Calvino. Y entre vuelos y nacencias nos visitan los negros sonetos del místico Jean-Baptiste Chassignet (1571-1635), así este CCCLXXXI (con traducción de Marie-Cristhine de Michel y Luis Alberto de Cuenca, en Clarín):

He querido viajar, pero al final el viaje
me ha hecho retirarme –malcontento– a mi casa.
He querido quedarme a solas en mi estudio
y, al fin, la soledad me ha resultado odiosa.

He querido embarcarme, mas la navegación
de la vida a la muerte me ha hecho desesperar.
He querido, por puro placer, labrar la tierra
y, al fin, he despreciado la vida del labriego.

He querido probar las ciencias y las artes,
y, al fin, nada he sabido. He corrido los riesgos
de cruentos combates: la guerra ahora me ofende.

¡Ah, la imbecilidad del ánimo curioso
que todo lo desea, descontento de todo,
y, dudando, no llega a saber nada cierto!
 

Lo dicho, martes y trece. Salud.

jueves, 8 de agosto de 2013

Ramas y raíces

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No tengo país natal y, por supuesto, me alegra esta falta de raíces pues me libera de un sentimentalismo inútil.
Escribe Ödön von Horváth (1901-1938), autor de una interesante producción literaria. De Viena había viajado a Budapest, Praga, Teplitz-Schönau, Milán, Zúrich, Bruselas, Amsterdam y París con el objetivo de continuar hasta Estados Unidos y salvar así la vida, pues estamos en 1938 y el nazismo persigue a los judíos. Parece mentira pero es así. Uno de los personajes de la obra de Horváth Juventud sin Dios (1937) muere por una rama. Y a este autor tan dado a los presentimientos, a las premoniciones, le da un vuelco el corazón al encontrarse una tormenta en la mañana del 1 de junio y enterarse de que uno de los rayos cae en la cúpula del Pantheón. Por la tarde, mientras camina por los Campos Elíseos, se cobija, al igual que otros siete transeúntes, debajo de un castaño… que atrae un rayo y él, que mide más de metro noventa, cae fulminado, tal vez comprendiendo que le estaba destinado.

En sus bolsillos se encuentra un poema, dos páginas de una novela por escribir y algunas fotografías de mujeres de la mala vida. En su habitación de hotel –l’Univers, refugio de inmigrados– quedaba el manuscrito de Adiós Europa y dos vasos de vino vacíos.
Afirmaba que la conciencia es la auténtica censura de que disponemos, de la que nunca deberíamos de desprendernos.

jueves, 1 de agosto de 2013

Pintar historias

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Los frutos nutritivos del árbol del conocimiento son los que llevan encerrados en su pulpa, cual una preciosa semilla (pero carente de sabor), el tiempo histórico
Así escribe Walter Benjamin (1892-1940), acomodado judío berlinés, ensayista y filósofo, interesado por la Historia y las historias, ya que tiene gran capacidad de crearnos, como bien pronto comprendió desde que su madre le contara cuentos en la niñez. El nazismo le destruye la vida, abocándolo a morir en extrema desnudez junto al mar. Nada puede desperdiciarse.


Y así pinta Eduardo Arroyo al llevar al lienzo a Constantina Pérez Martínez, rapada por la policía fascista en Sama de Langreo, Asturias [que encabeza esta anotación] en septiembre de 1963. Pintar para el presente, no para conservar el pasado. Nos lo cuenta en ese ilustrado y sugerente libro: El trío Calaveras. Goya, Benjamin, Byron-boxeador (Círculo de Lectores, 2003).
Pintar contra la cercana barbarie.

viernes, 26 de julio de 2013

Santiago

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«Era el día grande del verano. El 25 de julio. Sin duda, uno de los destacados del año para niños y jóvenes. No sabría decir cuándo se había iniciado la costumbre, pero el día de Santiago era fecha de estreno en el pueblo. Me refiero a estrenar ropa. Chicas y chicos salíamos esa mañana de casa con faldas, pantalones cortos, blusas, camisas y hasta chaquetillas (aunque el sol amenazara con caerse a cascos, algo que bien podía ocurrir) bien relucientes, todo nuevo. Incluso no le protestábamos ni poníamos malas caras al remojón de pies a cabeza en el balde con agua caliente y jabón de marsella. Cuando el campanillo tocaba la primera, una vez echada la brillantina y escuchadas las últimas advertencias –«¡a ver dónde te metes, no sea que el color se torne dolor!»–, ya se podía salir de casa. Claro que había que andar con cuidado en el juego de pelota para no llevar algún raspón antes de entrar en la iglesia y salir de procesión.

»Lo recuerdo como si fuera hoy. Mis pantalones cortos de ese año llevaban unas rayas amarillas de arriba abajo que me tenían ensimismado. Los miré cientos de veces durante la misa y, a la salida, mientras los hombres se jugaban a las cartas el vermú con dos aceitunas en un palillo, sin acertarme a imaginar de dónde podrían haber llegado hasta este rincón donde vivíamos. Volví a comer a casa y entré al hogar. «¡Fíjate, con la luz parece que desaparecen y vuelven las rayas!», decía mientras caminaba hacia atrás jugando con los rayos del ventano. Mi madre acababa de sacar las patatas del puchero y había puesto el plato de mi padre en un orillo del hogar para que se enfriara, precisamente en el sitio hacia donde yo reculaba. Topé con el frente del hogar y, automáticamente, me senté… en algo blando y cálido, que por un momento me hizo creer que se había producido el milagro. Pero no, era el plato de patatas».
Día grande.

lunes, 22 de julio de 2013

Bibliotecas voladoras

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Ahora entro en la Biblioteca desde el cuarto de estudio de mi casa, aquí, al lado de la ventana que tengo a mi izquierda, la cual cubro con visillos por no convertirla en escaparate. Y encuentro en las inclinadas baldas digitales el periódico El Motín. Extiendo sobre la pantalla el ejemplar de 23 de marzo de marzo de 1909 y en su página tercera leo la noticia «Preludios»:
“El alcalde de Bilbao ha suspendido la apertura de las bibliotecas populares creadas por el Ayuntamiento, y el gobernador de la provincia ha aprobado la conducta del alcalde. En el índice de las bibliotecas figuraban autores como Zola, Darwin, Schopenhauer y Voltaire al lado de Santa Teresa, San Agustín y fray Luis de León. Y en una nación católica –según esas autoridades– no puede consentirse que una biblioteca oficial contenga obras heréticas.
Y esto ha hecho antes de que la mezquina y reaccionaria autonomía en proyecto, haya comenzado á regir. El día que se implante, veremos á alcaldes y gobernadores quemar en la plaza pública libros y periódicos.
Y si el pueblo español permanece como hasta aquí, pasando de todo, harán perfectísimamente.
El pueblo que es esclavo, debe serlo”.
Vuelvo la cabeza hacia la ventana, la barbilla apoyada en la mano acodada sobre la mesa, y miro el vuelo chillón de las golondrinas (que no disponen de bibliotecas).

miércoles, 17 de julio de 2013

Ajedrez

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Hace muchos muchos años, bueno unos mil quinientos y pico, el rey Sheram reinaba en la India, pero su imaginación no iba muy allá por lo que se aburría sobremanera. La pequeña princesa le dijo que si mandaba tanto y era tan obedecido en extensos territorios por qué no hacía que los súbditos inventaran juegos y bailes para él. Así fue como, desde su arrogancia real, mandó publicar un bando que fue leído en todas las poblaciones del reino indicando lo que la princesita le había sugerido.
Llegaron los meses de otoño y mucha gente se acercó a palacio proponiendo entretenimientos nunca vistos, los cuales entusiasmaron al rey al conocerlos, pero los días de invierno –con sus largas noches– los volvieron aburridos. La primavera prometía ser alegre y divertida como el brotar de las plantas, pero al inicio del verano el monarca daba signos de que se iba cansando de las últimas propuestas. Hasta que en la luna llena de julio apareció por la corte el joven Sissa con un pequeño saco a la espalda. Pidió audiencia a los desganados ayudantes de palacio y le indicaron la cortina que tenía que traspasar para llegar ante su majestad, que en esos momentos dormitaba la siesta.
Fue la hija menor, precisamente, la que primero asistió a la apertura del saco, del que emergió un tablero cuadrado con sesenta y cuatro escaques, alternando en blanco y negro, sobre el que el joven puso treinta y dos pequeñas figuras de barro, la mitad de ellas en dos lados enfrentados. Y ahí comenzó la primera partida de ajedrez. La niña despertó a su padre con tal entusiasmo que éste, sin otra opción, se interesó por el extraño juego que tenía ante sus ojos, quedando prendado muy pronto de él, aunque sin dejarse llevar por la euforia, pues prefirió que pasara un tiempo prudencial antes de calificarlo, vistos los desengaños anteriores.
«Pídeme lo que desees, joven Sissa», le dijo el monarca a finales de agosto. «Majestad, me conformo con que me dé un grano de trigo por la primera casilla, dos por la segunda, cuatro por la tercera, ocho por la cuarta… e ir doblando hasta llegar a la última». El avaro rey aceptó al instante, ante la risa contenida de sus consejeros, a los que guiñó un ojo de modo casi imperceptible mientras estos se tapaban la boca con el pañuelo, pensando lo barato que iba a salirle la ingenua petición. Llegado septiembre, después de la siega y la trilla, los silos de palacio quedaron vacíos. Los funcionarios iban de aquí para allá echándose las manos a la cabeza mientras calculaban que harían falta unos dos mil años para cumplir la promesa. Vamos, ya todos calvos. Pues eran necesarios 18.446.744.073.709.551.615 de granos para llenar el tablero.
[Es alguna de las anécdotas narradas en el libro del conocido comentarista Leontxo García, Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas. Aunque he de decir que, a pesar de sus numerosos datos, no me entusiasma tanto como los comentarios que le escucho en la radio].